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La
49, jungla nocturna
"Deseo,
lujuria, sexo y trabajo"
Cuando
la noche invade las calles de la capital, la 49a. Avenida Sur, Bulevar
de Los Héroes, se convierten en un sector de comercio sexual.
La creciente demanda de estos servicios ha permitido que travestidos,
mujeres y menores de edad encuentren en ambas arterias una forma segura
de ganarse la vida. Karla, un travesti que trabaja en esa zona, asegura
que la noche es propicia para obtener dinero complaciendo a hombres
que prefieren ocultar sus rostros en la oscuridad
El día ha sido malo. Paola se toca la bufanda que cubre su cabeza
y se acomoda los pelos
cenicientos que caen desordenados en su cuello.
Suspirando, mete en el costal un suéter y se enrolla el borde
de su vestido para masajear sus rodillas inflamadas.
Aliviada, agarra un bastón improvisado e intenta incorporarse;
pero su gordura la vence. No saqué para la semana,
dice mientras guarda las pocas monedas que obtuvo durante el día.
Tras un segundo esfuerzo, esta anciana de 94 años comienza a
caminar refunfuñando hasta perderse entre un tumulto de personas
que caminan de un lado a otro en la parada del Pops de Metrocentro.
Son las cinco y media de la tarde y, como Paola, muchas personas buscan
terminar con una terrible jornada; aunque el día aún no
acaba.
Entre los ansiosos que esperan transporte está una secretaria
que sube a un microbús de la ruta 44 resignada ante la insistencia
del cobrador. La joven busca un espacio cómodo y mira a través
de la ventana.
La noche comenzó a caer.
El microbús continúa su recorrido sobre el Bulevar de
Los Héroes en donde caminan cientos de empleados públicos
y privados que buscan llegar cuanto antes a sus casas. Pero una horas
después, los transeúntes buscan otra cosa. Uno de ellos,
Carlos, un joven de 28 años, espera paciente a que no queden
testigos en la 25a. Calle Poniente.
Después de echar un rápido vistazo, Carlos saca, uno a
uno, los implementos necesarios para darle vida a una rubia despampanante.
... En la noche también se trabaja, dice mientras
se acomoda las medias que tornean dos largas y perfectas piernas.
La rubia resultante es Karla, una mujer atrapada en un cuerpo
de hombre..., tal como se describe a sí misma. Tiene diez
años de trabajar en las calles y por eso sabe qué buscan
los conductores que merodean en la oscuridad.
La noche oculta los rostros pero no los deseos, explica
poco antes de inclinarse sobre un auto, cruzar sus brazos sobre el techo
y acomodarse los mechones rubios hacia adelante. Los carros que pasan
disminuyen la velocidad al ver aquella escena; pero la rubia apenas
mira de reojo. Me gusta lo que hago, remacha.
¿Cómo describiría una noche en esta calle?.
Karla guarda silencio y después de pensarlo varios segundos responde
con cuatro palabras. Lujuria, deseo, sexo y también trabajo.
Remuneración
En una noche de suerte, con buenos clientes y con ganas de trabajar,
Karla puede ganar hasta 160 dólares, haciendo tres o cuatro ratos.
Hay quienes cobramos más que otras, dice. Sin embargo,
explica que la tarifa promedio va de 15 a 30 dólares. ¡Si
lo puede pagar y yo quiero!, añade sonriente.
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Una
noche puede ser linda pero también puede ser trágica.
Todo depende del tipo de hombres que nos busque, sostiene
KARLA.
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-¿Qué tipo de cliente
puede pagar hasta 30 dólares por un rato?
-¡Uhhh! Clase media y alta. No sé, tal vez diputados
y empresarios, explica con una sonrisa pícara. Luego se
queda en silencio durante unos segundos.
Pero enseguida interrumpe el vacío que dejó su comentario
para aclarar, con tono maternal, que la discreción es imprescindible.
Jamás digo lo que veo y por eso regresan otra vez. ¡Pero
pagan bien!.
Sin embargo, Karla trata de mantener una tarifa similar a la de sus
compañeros travestis de la 27a. y 29a. Calle Poniente, y las
de sus buenas amigas de la calle Lamatepec.
La Negra es una de ellas. Mejor conocida en las noches como
Naomi, es una joven prostituta que trabaja en las calles que rodean
la ex Autoisla. Desde hace cuatro años sale a vender su cuerpo
y, pese a sus 21 años, conoce bien el negocio.
Nosotras ganamos 23 por los 45 minutos y 18 por la media hora,
comenta como si se tratara de combos de hamburguesas. Y bueno,
no lo hacemos por atrás, subraya.
Para eso estamos nosotras, mi vida, interrumpe Linda, un
travesti que trabaja en la misma zona desde hace seis años.
Al escuchar la acotación, Estéfani y Jennifer, dos jóvenes
compañeras de Naomi, lanzan una carcajada.
Aunque no es una regla, travestis y mujeres trabajan por separado; sin
embargo, entre Naomi y Karla existe una amistad que surge de la convivencia
en las calles y que sellan con un hecho: ninguna de las dos trabaja
con chulos o proxenetas.
Hay muchos mareros de estas zonas que nos quieren obligar a pagar
impuestos por estar aquí, asegura Estéfani. Pero
yo les digo que no se dejen, que no sean tontas, que no se dejen. ¡¿Cómo
crees que van a pagar hasta 20 dólares semanales?!, interrumpe
Karla.
Naomi observa que una camioneta con vidrios obscuros pasa por segunda
vez. Tal vez algún cliente, pero ella prefiere la plática.
Nosotras nos ponemos aquí desde hace mucho tiempo y nos
sabemos defender de los..., la joven duda y mira a sus compañeras
como buscando ayuda hasta que Linda añade el término justo:
¡los proxenetas, mi vida!.
La palabra provoca comentarios entre todas. Nos amenazan con matarnos,
pero no les tenemos miedo. Si nos salen altaneros pues les salimos más
altaneras nosotras, dice Naomi. El resto asiente con la cabeza.
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Regulaciones al comercio sexual
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Contravencional
Art.
39.-
Sobre el ofrecimiento de servicios sexuales y hostigamiento sexual
en espacio público. Será sancionado con una multa
de cincuenta a mil colones.
Art.
40.- Respecto
a la práctica de actos sexuales en lugares públicos.
La ordenanza contravencional
establece una multa de cien hasta mil colones.
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Código penal
Art.
170,
inciso A.- La mera demanda o solicitud de servicios de prostitución
será sancionado. Las penas que se establecen van
desde 4 a 8 años de prisión.
Art.
171.-
El que hiciere exhibiciones obscenas en
lugares públicos será sancionado. Las penas
establecidas en este artículo van desde los 2 a 4 años.
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Todas tenemos necesidades y no le vamos a pagar
a nadie para que nos cuide. Nosotras lo hacemos solas, agrega
Estéfani.
Y si alguien quiere trabajar aquí, que lo haga, no le vamos
a cobrar por hacerlo pero tiene que decirnos primero... si no le damos
verga, dice en tono amenazante Naomi, una joven que bien podría
pasar como menor de edad y que ha encontrado en los alrededores de la
49a. Avenida Sur una entrada económica para mantener a sus dos
hijos.
Como Naomi, Estéfani y Jennifer llegaron a esa zona después
de buscar, durante mucho tiempo, trabajo. Saben que el comercio sexual
está prohibido por las leyes y por la costumbres morales de este
país; no obstante, ellas siguen en la calle por necesidad,
aseguran.
La misma justificación defiende Ezequiel, un
señor que vende pan por las noches desde la 25a. Calle Poniente
hasta la 49a. Avenida Sur.
El problema de la gente es que no hay trabajo y es una forma de
ganarse la vida. Si alguien decidió hacerlo creo que hay que
respetarlo y dejarlos trabajar tranquilos, indica convencido.
El vendedor observa de lejos varias sombras que caminan de un lado a
otro de la calle mientras descansa en una silla de plástico que
se encuentra en un chalet.
Para los que no conocen podría darles miedo, pero uno se
acostumbra a verlos trabajar. Y si no te metes con ellos, no se meten
contigo. Tienen derecho de ganarse la vida, explica.
Sector perdido
Pero no todos comparten la misma opinión. Las noches ya
no son iguales en el Bulevar de Los Héroes, se lamenta
don Tomás.
El músico, que ahora tiene 40 años, recuerda cómo
en la década de los 80, los militares y los ministros pedían
alguna canción al son de los tragos y las cervezas; y aunque
después del toque de queda tenían que esconderse debajo
de las mesas, don Tomás dice que eran mejores tiempos: Entonces
se podían ganar 200 colones en una noche tranquila. Yo me hice
de mi casa a pura cantada... pero ahora es otra historia.
También asegura que esa arteria principal apunta a convertirse
en otra calle Celis. Hay ladrones, ventas de drogas y mucha prostitución,
comenta en un tono apagado mientras se acomoda su guitarra y se marcha.
Don Tomás sigue cantando pero hace cinco años abandonó
esa calle.
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el infográfico
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La queja del músico no es la única. Durante
los últimos años, los vecinos que viven en las colonias
aledañas a la 49a. Avenida Sur y el Bulevar de Los Héroes
han formado asociaciones para exigirle a las autoridades que intervengan.
Sin embargo, el comercio sexual aumenta en lugar de disminuir. La Policía
Nacional Civil contabiliza 15 barras shows, cinco burdeles y dos moteles
sobre ambas arterias viales.
Después de las 9:00 de la noche, es fácil identificar
estos lugares. A la vista de todo el que pasa y bajo las luces neón,
tres o cuatro jóvenes vestidas de negro hacen la parada.
Si una persona muestra interés y disminuye la velocidad de su
carro, ellas invitan al potencial cliente a entrar a los locales.
A esto se suma la prostitución en las calles, en donde la demanda
por los travestis supera al resto. La policía asegura que el
85 por ciento de trabajadores del sexo en ambas calles son hombres vestidos
como mujer.
Un guardaespaldas que espera, cerca de la Alameda Roosevelt, a que su
patrón salga de un evento, argumenta sus razones. Es que
se ven bien estos hijos de puta mariposones.
¡Así es como engañan a cualquiera!, le dice
a su compañero. El comentario quedó en el aire porque
su compañero está embobado con los encantos de dos jovencitas
que hacen parada a los carros que pasan sobre la Alameda Roosevelt.
Pero la noche esta vez no pinta bien en la esquina. Son
las 12:30 y no hay clientes. Los carros pasan levantando polvo y, de
vez en cuando, disminuyen la velocidad sin detener su marcha.
A veces las cosas no van bien. Ayer me fui temprano porque no
me salió nada, dice Karla. Por eso, cuando no sale
algún cliente que nos paga bien yo ahorro para los días
en que no sale nada, asegura mientras se retoca el labial.
La poca demanda provoca que, muchas veces, las que se
dedican al comercio sexual tengan que estar con personas indeseables
y arriesgarse a hacer cosas que uno no quiere, dice Linda. Por
ejemplo, a que te obliguen a tener relaciones sexuales con más
de uno. Nos gritan insultos o nos tiran cosas desde los carros. A las
mujeres a veces las violan o les pegan.
Karla es lo más parecido a un milagro viviente, al menos en lo
que se refiere a estar, varias veces, al borde de la muerte.
¿Alguna vez te han disparado?
Sí. Yo soy la única sobreviviente del matalocas,
en 1995. Esa vez me dieron nueve balazos. Y hace un año me dispararon
cinco balazos más, dice.
Entonces ¿por qué seguís en las calles?
Karla se encoge de hombros, reflexiona unos segundos y responde con
resignación: Se vuelve una adicción. Uno se acostumbra
a ganarse la vida de esta forma.
Ella (o él, si lo prefiere) dice que se prostituye desde los
15 años en las calles que rodean el Bulevar de Los Héroes
y la 49a. Avenida Sur.
Su amiga Naomi explica que es una vida difícil.
La gente dice que esto da porque es dinero fácil y mal
agüero. Pero no es así. Nosotros a diario nos arriesgamos
a varias cosas. Tenemos muchas necesidades y es difícil encontrar
trabajo, manifiesta.
Ima Guirola, de la organización feminista Cemujer, reflexiona
al respecto: ¿Será una vida feliz que te estén
viendo como un pedazo de carne y que por la actividad a la que te dedicas
te excluyan de los derechos que tienes como humano?.
Guirola va más allá. Esas calles no tendrían
tanto comercio sexual si no tuviera tanta demanda.
Pero esta madrugada de sábado está apagada. Un pequeño
recorrido por algunos puntos claves de la 49a. y el Bulevar revela que
la suerte no cambió.
Después de las 3:00 de la madrugada todo se calma,
comenta don Ezequiel.
Algunos travestis y prostitutas abandonan las sombras sin ganar lo que
esperaban. Resignados, se despojan de sus prendas y las sustituyen por
otras menos llamativas. No siempre nos va bien. No es una vida
fácil, dice Karla mientras ojea los cuatro dólares
que saca de su cartera.
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