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LA
COLUMNA
Problema
de doble moral
Durante la noche, la 49a. Avenida Sur
y el Bulevar de los Héroes ofrecen un escenario que impresiona:
hombres y mujeres travestidos lucen minifaldas y pelucas rubias.
Todas se dedican a la prostitución, marcadas con
un precio en la frente y condenadas a sonreír siempre mientras
se tragan sus sueños.
La metamorfosis que de noche sufre esta arteria transitada por
estudiantes, empresarios, turistas y trabajadores por el día
es inquietante, sobre todo para los vecinos del lugar, ya que los sitios
donde las trabajadoras del sexo suelen esperar a sus clientes están
demasiado próximos a hospitales y a lugares donde hay abundante
turismo por estar cerca de hoteles y un centro comercial muy reconocido.
Vista desde cualquier ángulo, esta situación no es más
que una muestra de cómo la prostitución se está
expandiendo en la capital, aún hacia lugares que antes eran conocidos
por tener diversión sana.
Sin embargo, también es cierto que la situación social
que viven muchos salvadoreños es crítica, la abundancia
de escasez da miedo y el canje de los valores por dinero se está
poniendo de moda ¿Hacia dónde vamos? Los más grandes
problemas que nuestra sociedad afronta: las pandillas, la prostitución,
el robo y la violencia tienen como factor común el hecho que
derivan de la marginación social.
Muchas personas que terminan ejerciendo este oficio lo hacen
impulsadas por situaciones de desamparo. Y, a su manera de ver, no tienen
otra salida que vender el cuerpo, lo que les conduce inexorablemente
a agravar sus circunstancias personales.
La drogadicción, la ignorancia y la pobreza, a los que se suma
la migración a la capital de mujeres desempleadas del interior
del país, han incrementado la oferta de servicios sexuales.
La amplia demanda por el oficio más viejo del mundo
ha generado, además, delitos graves como la explotación
sexual de menores.
A pesar de que este problema ha sido tratado con medidas prohibitivas
y restrictivas, hasta ahora no se ha logrado obtener un resultado positivo
que merme la situación a nivel mundial.
No obstante, para que esta industria se mantenga en pie, es necesaria
la existencia de una demanda creciente; es decir, que haya hombres y
mujeres de nuestra sociedad que estén dispuestos a pagar por
la compañía de trabajadoras del sexo.
Esta situación de doble moral, en donde se condena y a la vez
se hace uso de los servicios de las prostitutas, contribuye a que, en
vez de detenerse, aumente.
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