Del 28 al 5 de diciembre de 2004



LA COLUMNA

Nathalie Villarroel
vertice@elsalvador.com

Problema de doble moral

Durante la noche, la 49a. Avenida Sur y el Bulevar de los Héroes ofrecen un escenario que impresiona: hombres y mujeres travestidos lucen minifaldas y pelucas rubias.

“Todas” se dedican a la prostitución, marcadas con un precio en la frente y condenadas a sonreír siempre mientras se tragan sus sueños.

La metamorfosis que de noche sufre esta arteria —transitada por estudiantes, empresarios, turistas y trabajadores por el día— es inquietante, sobre todo para los vecinos del lugar, ya que los sitios donde las trabajadoras del sexo suelen esperar a sus clientes están demasiado próximos a hospitales y a lugares donde hay abundante turismo por estar cerca de hoteles y un centro comercial muy reconocido.

Vista desde cualquier ángulo, esta situación no es más que una muestra de cómo la prostitución se está expandiendo en la capital, aún hacia lugares que antes eran conocidos por tener diversión sana.

Sin embargo, también es cierto que la situación social que viven muchos salvadoreños es crítica, la abundancia de escasez da miedo y el canje de los valores por dinero se está poniendo de moda ¿Hacia dónde vamos? Los más grandes problemas que nuestra sociedad afronta: las pandillas, la prostitución, el robo y la violencia tienen como factor común el hecho que derivan de la marginación social.

Muchas personas que terminan ejerciendo este “oficio” lo hacen impulsadas por situaciones de desamparo. Y, a su manera de ver, no tienen otra salida que vender el cuerpo, lo que les conduce inexorablemente a agravar sus circunstancias personales.

La drogadicción, la ignorancia y la pobreza, a los que se suma la migración a la capital de mujeres desempleadas del interior del país, han incrementado la oferta de servicios sexuales.

La amplia demanda por el “oficio más viejo del mundo” ha generado, además, delitos graves como la explotación sexual de menores.

A pesar de que este problema ha sido tratado con medidas prohibitivas y restrictivas, hasta ahora no se ha logrado obtener un resultado positivo que merme la situación a nivel mundial.

No obstante, para que esta industria se mantenga en pie, es necesaria la existencia de una demanda creciente; es decir, que haya hombres y mujeres de nuestra sociedad que estén dispuestos a pagar por la compañía de trabajadoras del sexo.

Esta situación de doble moral, en donde se condena y a la vez se hace uso de los servicios de las prostitutas, contribuye a que, en vez de detenerse, aumente.


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