28 de marzo de 2004


POLÍTICA

Vientos moderados

Con su propuesta de construir un partido de izquierda moderada
y democrática, Héctor Silva logró construir, rápidamente,
un muro contra las críticas internas. A pesar de ello, éstas no
desaparecen totalmente.

Vértice
vertice@elsalvador.com
Los dos máximos dirigentes de la coalición que compitió en los pasados comicios están siendo duramente criticados.

Por más esfuerzos que hicieron, los principales dirigentes de la coalición de centro por evitar que se les colocara en el cadalso, no lograron escapar a la rendición de cuentas.

Sectores tradicionales de los dos partidos que conformaron esa coalición se han empeñado en cercar a esos dirigentes para responsabilizarlos del fracaso electoral, aunque todavía no consiguen hacerlo con tanto éxito o bulla como sucede en el FMLN.

La chispa rebelde está encendida en la coalición del centro.

Tanto el abogado Rodolfo Parker, en el Partido Demócrata Cristiano, como Héctor Silva en el CDU, soportan duras ventiscas de críticas que todavía no acaban.

A Parker le embisten la vieja guardia del PDC y algunos miembros de su fracción legislativa que, una vez muerto, legalmente, ese partido, intentan apoderarse de una marca que, por sí sola, otorga conexiones y hasta subvenciones de la internacional socialdemócrata.

A Parker le acusan sus detractores de “acabarse el partido”, después de constituir una alianza con el ex alcalde Héctor Silva y compañía.

Propósitos

Parker se empeñó, junto a Silva y un importante grupo de intelectuales, en tratar de construir una opción política de centro.

Pretendían crear una tercera vía aunque, al final, no recibieron los apoyos que muchos de ellos estimaron tener en sus manos, desde el principio.

Pero, al final, todos esos esfuerzos se transformaron en una brutal derrota y en la extinción legal de los socios partidarios.

Fue entonces cuando surgió la tradición de los dirigentes políticos locales: pedir cabezas y decirle a quienes se colocaron en la vanguardia que se corran y les entreguen sus puestos.
Envuelto por ese marasmo se encuentra, actualmente, el abogado Rodolfo Parker.

Hasta ahora ha salido bien librado. Ha logrado saltarse las embestidas de René Aguiluz, Roberto Alvarado y Agustín Díaz Saravia.

Pero, nadie sabe qué ocurrirá en el futuro, sobre todo después de que antiguos dirigentes trataron, ayer, de reclamar la secretaría general del PDC, en medio de bullangueras posturas.

Algunos dicen que Parker no tiene interés en mantenerse dentro de las estructuras principales del PDC y que, por el contrario, su propósito es salirse de la vorágine democristiana con buen paso y sin mucha pérdida personal.

Pero, cualquiera que sea su estrategia personal, Parker sería, de los principales dirigentes de la coalición del centro, quien más embestidas resiste, en la actualidad.

El turno de Silva

En el caso de Héctor Silva, y sus principales colaboradores y hombres más cercanos, la estrategia fue otra.

Silva actuó con más rapidez que parker en su partido. la estrategia le valió y acalló las criticas.

Muy pocas horas después de conocer la derrota, alzó una nueva bandera: planteó la construcción de un nuevo partido de izquierda democrática.

Silva actuó con mucha mayor rapidez, para tratar de esquivar la rendición de cuenta frente a las organizaciones que le apoyaron.

Con una propuesta de esa naturaleza trató de acallar las críticas y asumió el papel de un nuevo constructor político.

Para detener la ventisca, Silva decidió construir un muro propositivo de muchos metros de altura. La medida fue, sin duda, inteligente.

Con la propuesta también trata de garantizarse y de colocarle algún tipo de barniz a su liderazgo.

Pero, a pesar de eso, tampoco ha escapado de las críticas de algunos miembros de la Iniciativa Ciudadana y de otras organizaciones que, desde el principio, sostuvieron su candidatura presidencial.

Todos ellos creen que Silva no debe escapar del juicio de cuentas. Tampoco otros personajes acompañaron al ex alcalde, desde el principio, como Ignacio Paniagua o el mismo Héctor Dada.

Quienes asumen esa postura recuerdan las historias de indecisiones de Silva, los tiempos de espera para obtener una respuesta clara suya, su candidatura tardía, la débil estrategia seguida y, sobre todo, los resultados obtenidos.

Agregan a todo eso otros cargos contra Silva como el supuesto hecho de haber apartado de su camino a los renovadores.

También el haberse comportado como un líder que magnificó su verdadero liderazgo y lo transformó en largas esperas y pocas decisiones productivas.

A pesar de todo eso, Silva ha logrado mantener, con un bajo perfil, las críticas en el interior de las agrupaciones que le apoyaron.

En sus apariciones públicas, Silva también ha hecho esfuerzos por alejarse de comentar los errores cometidos durante la campaña política.

Cuando los periodistas le halan a ese terreno, escapa a él con buena habilidad política.

Se concentra en una tesis principal: la marejada provocada, por los dos principales partidos fue tan fuerte, durante la campaña electoral, que jamás encontraron vientos favorables para su propuesta.

Silva ha logrado que el agua no le llegue más arriba de sus tobillos, mientras concentra todas sus fuerzas para que se le perciba como el gran constructor de un nuevo partido político.

No se salvan

Al igual que Silva, otros de los actores principales de la coalición del centro, como Rubén Zamora y Jorge Villacorta, tampoco escapan a las embestidas en el Centro Democrático Unido (CDU).

Dentro de esa agrupación también existen —aunque más pequeños— focos de ataques contra el papel que desempeñaron en la última contienda electoral.

Eso obligó a ambos dirigentes a advertir, a título personal, que “es necesario que esperemos a que baje el calor de las elecciones porque en este ambiente se pueden decir muchas cosas de las que luego se pueden arrepentir”.

Esas manifestaciones se produjeron como reacciones a las solicitudes de personas que, como Jerónimo Saa, ha pedido las cabezas de ambos.

Todo eso muestra que no hay un sólo dirigente importante de la coalición del centro que no esté sujeto a un juicio por las acciones y resultados que lograron en la última campaña.
La bolita del bingo está girando. Nadie sabe cómo parará.

¿Por el camino correcto?
Diversas organizaciones, como la fundación social demócrata alemana, Friedich Ebert, están interesadas en contribuir a crear una izquierda democrática.La coalición del centro siempre encaró varios problemas que desgastaron sus esfuerzos por atraer electores.


Se pretende seguir un camino recomendado por muchos analistas: fundar un partido con clara definición política frente a la decisión de llamarse centro.
Los principales tropiezos posiblemente quedarán registrados en la más reciente historia electoral.
Uno de ellos fue la carencia de un verdadero vehículo electoral que se transformase en una afinada organización partidaria, en todo el país, que no sólo permitiese elevar el proselitismo, sino que también se convirtiera en una caja recaudadora de votos.
El segundo problema fueron las indefiniciones, tardanzas y errores en la estrategia cometidos por el candidato Héctor Silva.
El tercer gran yerro estaría dibujado por una definición política que poco le significó a la gente: advertir que se trata de un esfuerzo de centro siempre tendrá poco significado para crear esperanzas y adhesiones entre los electores.
La extinción legal de los partidos que constituyeron ese centro y el examen de este último elemento de análisis, habría sembrado, rápidamente, la semilla de la recomendación que plantean casi todos los analistas: el camino para despolarizar un país es la creación de un nuevo partido que muestre una clarísima definición política, frente a los electores, cualquiera que ésta sea.
Eso habría llevado a Héctor Silva, y a casi todos los dirigentes que le rodearon en la reciente campaña política, a proponer que se funde un partido de izquierda democrática moderada para luchar contra ARENA y el FMLN.
Una de las organizaciones que ha convocado a un diálogo para examinar esa posibilidad es la fundación alemana Friedich Ebert, una organización que representa el camino de la social democracia.
En la reunión que sostuvieron ayer participaron varios ex dirigentes de la democracia cristiana. Esta corriente ideológica también posee, en Alemania, su propia fundación.
¿Significa eso que hasta viejos dirigentes de la democracia cristiana estarían dispuestos a tomar el camino de la social democracia?
¿La fundación Friedich Ebert participa, únicamente, como un órgano que ejerce su poder de convocatoria, sin que signifique que el camino del pensamiento que siguen se convierta, necesariamente, en el instrumental ideológico que seguirán los dirigentes del extinto centro?
La respuesta únicamente la tendrán, en el futuro, quienes participan de estas primeras conversaciones. Sin duda, en éstas el proyecto de crear un partido de izquierda moderada y democrática lleva consigo una ventaja frente a otros partidos: lo que fuera el antiguo centro posee consigo a más intelectuales que los que podría mostrar el partido ARENA o el FMLN.
Eso garantizaría que los arquitectos que ahora discuten el nuevo proyecto podrán hacer un buen trabajo de reingeniería ideológica.


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