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POLÍTICA
Vientos
moderados
Con
su propuesta de construir un partido de izquierda moderada
y democrática, Héctor Silva logró construir, rápidamente,
un muro contra las críticas internas. A pesar de ello, éstas
no
desaparecen totalmente.
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Los
dos máximos dirigentes de la coalición que compitió
en los pasados comicios están siendo duramente criticados. |
Por más esfuerzos que hicieron, los principales
dirigentes de la coalición de centro por evitar que se les colocara
en el cadalso, no lograron escapar a la rendición de cuentas.
Sectores tradicionales de los dos partidos que conformaron esa coalición
se han empeñado en cercar a esos dirigentes para responsabilizarlos
del fracaso electoral, aunque todavía no consiguen hacerlo con
tanto éxito o bulla como sucede en el FMLN.
La chispa rebelde está encendida en la coalición del centro.
Tanto el abogado Rodolfo Parker, en el Partido Demócrata Cristiano,
como Héctor Silva en el CDU, soportan duras ventiscas de críticas
que todavía no acaban.
A Parker le embisten la vieja guardia del PDC y algunos miembros de
su fracción legislativa que, una vez muerto, legalmente, ese
partido, intentan apoderarse de una marca que, por sí sola, otorga
conexiones y hasta subvenciones de la internacional socialdemócrata.
A Parker le acusan sus detractores de “acabarse el partido”,
después de constituir una alianza con el ex alcalde Héctor
Silva y compañía.
Propósitos
Parker se empeñó, junto a Silva y un importante grupo
de intelectuales, en tratar de construir una opción política
de centro.
Pretendían crear una tercera vía aunque, al final, no
recibieron los apoyos que muchos de ellos estimaron tener en sus manos,
desde el principio.
Pero, al final, todos esos esfuerzos se transformaron en una brutal
derrota y en la extinción legal de los socios partidarios.
Fue entonces cuando surgió la tradición de los dirigentes
políticos locales: pedir cabezas y decirle a quienes se colocaron
en la vanguardia que se corran y les entreguen sus puestos.
Envuelto por ese marasmo se encuentra, actualmente, el abogado Rodolfo
Parker.
Hasta ahora ha salido bien librado. Ha logrado saltarse las embestidas
de René Aguiluz, Roberto Alvarado y Agustín Díaz
Saravia.
Pero, nadie sabe qué ocurrirá en el futuro, sobre todo
después de que antiguos dirigentes trataron, ayer, de reclamar
la secretaría general del PDC, en medio de bullangueras posturas.
Algunos dicen que Parker no tiene interés en mantenerse dentro
de las estructuras principales del PDC y que, por el contrario, su propósito
es salirse de la vorágine democristiana con buen paso y sin mucha
pérdida personal.
Pero, cualquiera que sea su estrategia personal, Parker sería,
de los principales dirigentes de la coalición del centro, quien
más embestidas resiste, en la actualidad.
El turno de Silva
En el caso de Héctor Silva, y sus principales colaboradores y
hombres más cercanos, la estrategia fue otra.
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| Silva actuó con
más rapidez que parker en su partido. la estrategia le valió
y acalló las criticas. |
Muy pocas horas después de conocer la derrota,
alzó una nueva bandera: planteó la construcción
de un nuevo partido de izquierda democrática.
Silva actuó con mucha mayor rapidez, para tratar de esquivar
la rendición de cuenta frente a las organizaciones que le apoyaron.
Con una propuesta de esa naturaleza trató de acallar las críticas
y asumió el papel de un nuevo constructor político.
Para detener la ventisca, Silva decidió construir un muro propositivo
de muchos metros de altura. La medida fue, sin duda, inteligente.
Con la propuesta también trata de garantizarse y de colocarle
algún tipo de barniz a su liderazgo.
Pero, a pesar de eso, tampoco ha escapado de las críticas de
algunos miembros de la Iniciativa Ciudadana y de otras organizaciones
que, desde el principio, sostuvieron su candidatura presidencial.
Todos ellos creen que Silva no debe escapar del juicio de cuentas. Tampoco
otros personajes acompañaron al ex alcalde, desde el principio,
como Ignacio Paniagua o el mismo Héctor Dada.
Quienes asumen esa postura recuerdan las historias de indecisiones de
Silva, los tiempos de espera para obtener una respuesta clara suya,
su candidatura tardía, la débil estrategia seguida y,
sobre todo, los resultados obtenidos.
Agregan a todo eso otros cargos contra Silva como el supuesto hecho
de haber apartado de su camino a los renovadores.
También el haberse comportado como un líder que magnificó
su verdadero liderazgo y lo transformó en largas esperas y pocas
decisiones productivas.
A pesar de todo eso, Silva ha logrado mantener, con un bajo perfil,
las críticas en el interior de las agrupaciones que le apoyaron.
En sus apariciones públicas, Silva también ha hecho esfuerzos
por alejarse de comentar los errores cometidos durante la campaña
política.
Cuando los periodistas le halan a ese terreno, escapa a él con
buena habilidad política.
Se concentra en una tesis principal: la marejada provocada, por los
dos principales partidos fue tan fuerte, durante la campaña electoral,
que jamás encontraron vientos favorables para su propuesta.
Silva ha logrado que el agua no le llegue más arriba de sus tobillos,
mientras concentra todas sus fuerzas para que se le perciba como el
gran constructor de un nuevo partido político.
No se salvan
Al igual que Silva, otros de los actores principales de la coalición
del centro, como Rubén Zamora y Jorge Villacorta, tampoco escapan
a las embestidas en el Centro Democrático Unido (CDU).
Dentro de esa agrupación también existen —aunque
más pequeños— focos de ataques contra el papel que
desempeñaron en la última contienda electoral.
Eso obligó a ambos dirigentes a advertir, a título personal,
que “es necesario que esperemos a que baje el calor de las elecciones
porque en este ambiente se pueden decir muchas cosas de las que luego
se pueden arrepentir”.
Esas manifestaciones se produjeron como reacciones a las solicitudes
de personas que, como Jerónimo Saa, ha pedido las cabezas de
ambos.
Todo eso muestra que no hay un sólo dirigente importante de la
coalición del centro que no esté sujeto a un juicio por
las acciones y resultados que lograron en la última campaña.
La bolita del bingo está girando. Nadie sabe cómo parará.
¿Por
el camino correcto?
Diversas organizaciones, como la fundación social demócrata
alemana, Friedich Ebert, están interesadas en contribuir
a crear una izquierda democrática.La coalición del
centro siempre encaró varios problemas que desgastaron sus
esfuerzos por atraer electores.
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Se
pretende seguir un camino recomendado por muchos analistas:
fundar un partido con clara definición política
frente a la decisión de llamarse centro. |
Los principales
tropiezos posiblemente quedarán registrados en la más
reciente historia electoral.
Uno de ellos fue la carencia de un verdadero vehículo electoral
que se transformase en una afinada organización partidaria,
en todo el país, que no sólo permitiese elevar el
proselitismo, sino que también se convirtiera en una caja
recaudadora de votos.
El segundo problema fueron las indefiniciones, tardanzas y errores
en la estrategia cometidos por el candidato Héctor Silva.
El tercer gran yerro estaría dibujado por una definición
política que poco le significó a la gente: advertir
que se trata de un esfuerzo de centro siempre tendrá poco
significado para crear esperanzas y adhesiones entre los electores.
La extinción legal de los partidos que constituyeron ese
centro y el examen de este último elemento de análisis,
habría sembrado, rápidamente, la semilla de la recomendación
que plantean casi todos los analistas: el camino para despolarizar
un país es la creación de un nuevo partido que muestre
una clarísima definición política, frente a
los electores, cualquiera que ésta sea.
Eso habría llevado a Héctor Silva, y a casi todos
los dirigentes que le rodearon en la reciente campaña política,
a proponer que se funde un partido de izquierda democrática
moderada para luchar contra ARENA y el FMLN.
Una de las organizaciones que ha convocado a un diálogo para
examinar esa posibilidad es la fundación alemana Friedich
Ebert, una organización que representa el camino de la social
democracia.
En la reunión que sostuvieron ayer participaron varios ex
dirigentes de la democracia cristiana. Esta corriente ideológica
también posee, en Alemania, su propia fundación.
¿Significa eso que hasta viejos dirigentes de la democracia
cristiana estarían dispuestos a tomar el camino de la social
democracia?
¿La fundación Friedich Ebert participa, únicamente,
como un órgano que ejerce su poder de convocatoria, sin que
signifique que el camino del pensamiento que siguen se convierta,
necesariamente, en el instrumental ideológico que seguirán
los dirigentes del extinto centro?
La respuesta únicamente la tendrán, en el futuro,
quienes participan de estas primeras conversaciones. Sin duda, en
éstas el proyecto de crear un partido de izquierda moderada
y democrática lleva consigo una ventaja frente a otros partidos:
lo que fuera el antiguo centro posee consigo a más intelectuales
que los que podría mostrar el partido ARENA o el FMLN.
Eso garantizaría que los arquitectos que ahora discuten el
nuevo proyecto podrán hacer un buen trabajo de reingeniería
ideológica. |
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