28 de marzo de 2004


DÍAS DE CRISIS

El principio del fin

La abrumadora derrota electoral, hace una semana, provocó lágrimas y tristeza
al interior del FMLN. Sin embargo, para algunos miembros del partido, no hubo
sorpresa, ellos conocían de antemano la apabullante diferencia de votos que
separaría a Antonio Saca de Schafik. Una realidad que se veía venir desde muchos
meses atrás y que estaba escrita.

E. Lemus, W. Hernández,
A. Miranda, M. Cáceres y L. Martínez

vertice@elsalvador.com


La euforia de haber ganado las elec-ciones municipales de 2003 le mostraba a los ortodoxos un Frente ganador en las presidenciales de 2004 a toda costa. Marzo era alegría.

Por eso es que meses más tarde, la noche del domingo 27 de julio, Schafik Handal estaba convencido de una cosa: la divulgación de los resultados en las elecciones primarias, en la que habían votado 30 mil efemelenistas, no debía esperar. Él debía ser proclamado ganador cuanto antes.

Ahora, tras meses de guardar silencio, aquellos que toleraron la prepotencia de la Comisión Política, saben que el inicio del fin del Frente empezó el domingo 27 de julio.

A lo largo de todo aquel día, decenas de militantes inscritos en el padrón electoral interno del FMLN habían acudido para seleccionar al candidato que los conduciría a la victoria.

Las dos opciones eran la juventud y la ortodoxia, representadas en el alcalde carismático de Santa Tecla que sobrevivió a los efectos del terremoto de enero de 2001 y, en la otra esquina, el ícono del liderazgo comunista e histórico salvadoreño.

Aquel domingo habían sido convocados 95,107 afiliados y el crecimiento que tuvo Óscar Ortiz durante las últimas semanas prometía una reñida lucha en contra del líder ortodoxo, quien controlaba los organismos de mando.

A media tarde, las filas de Ortiz le auguraron buenos resultados. “Tenés que proclamarte ganador. Los votos están a tu favor”, le sugirieron, pero el alcalde de Santa Tecla prefirió esperar a que la Comisión Política (dominada por los comunistas) hiciera público el resultado final.

Horas más tarde, cuando el reloj marcaba poco más de las 10:30 de la noche, Leonel (Salvador Sánchez Cerén) salió de la reunión con una frase contundente: “Gane quien gane, el candidato de la CP es Schafik”. Punto. Esa noche pudo arder Troya. Una porción del Frente sólo aguardaba la orden para quemar los barcos; pero ésta nunca llegó.

“Estoy convencido de que es el momento del cambio en el país y que tenemos todas las posibilidades de ganar. Debemos unir a la nación, y con el FMLN se puede hacer”, dijo Ortiz unas horas antes. Pero, luego, las palabras y el poderío ortodoxo se llevó su frases como hojas secas.

Las cartas estaban echadas y el liderazgo histórico empezó a construir la candidatura de su líder legendario, del mismo hombre que junto a otros acordó el fin de la guerra en 1992, del mismo hombre que cedió al saco y la corbata hace una década, del mismo sujeto que echó al traste —en un día— toda la acumulación y racha triunfadora del partido FMLN. He ahí la gran paradoja; Handal cavó la tumba del mismo partido que él originó a inicios de los ochenta en sus tiempos guerrilleros.

El bollo de lana

Pero hilar el desenlace fatídico de la candidatura de Handal con los oríge-nes de ella es vital porque ahí está la razón del debate interno del Frente.

Sobre todo cuando se comprende el entorno del poder ortodoxo que rodea a Schafik: Salvador Sánchez Cerén, Norma Guevara, Ramiro Vásquez, Miguel Sáenz Varela y otros que han gozado las mieles de la transición. No es fácil decir adiós a las inversiones (que administra Vásquez) y a los beneficios que les ha concedido la democracia, en su calidad de diputados, por ejemplo.

De hecho, fue el mismo Sánchez Cerén quien ofreció su palabra aquella noche, después de anunciar la decisión irrevocable de la CP respecto a la candidatura de Handal.

- “Si perdemos... les vamos a pedir la renuncia...”, advirtió Ortiz
- “Si perdemos, yo mismo te voy a entregar mi cabeza en una bandeja”, respondió.

LA PRESENCIA DE SHAFIK EN MOMENTOS ÁLGIDOS
Ha sabido ganar protagonismo en momentos convulsos. Su astucia lo hace sobrevivir los momentos duros. Algunos creen que es hora de pasarle la factura, igual como cuando se hizo con Facundo Guardado

1- Habría participado, aunque en el anonimato, en la purga practicada a Facundo Guardado, lideran-do el ala ortodoxa, luego de perder los comicios en 1999.

2- la primer razón que lo llevó al declive fue su intolerancia a los medios de comunicación y al estilo de vida que prefieren los salvadoreños.

3- Luego de expulsar a los disidentes, la tendencia ortodoxa adquiere todo el poder al interior del frente en su trabajo legislativo y electoral.

4- Su fracaso como candi-dato a la presidencia lo ha ubicado en el ojo de un huracán que cada vez alcanza mayores dimensiones de impaciencia.

Ocho meses después, nadie de la dirigencia farabundista habla de renuncia y, al contrario, se aferra al poder con todo el arsenal que le confiere el dominio de la totalidad de los organismos de dirección al interior del partido.

- “Se lo advertimos, pero no nos hicieron caso. Ahora tienen que darnos la oportunidad de dirigir el partido”, dice una voz disidente que aún no se atreven a salir a la luz pública por miedo a las represalias.

Para algunos militantes este verticalismo en las decisiones de la vieja cúpula ha venido minando la confianza de amplios sectores de la militancia.

“Estamos hartos de esos manejos amañados bajo la excusa de que todo se hace por el bien del partido”, explica uno de esos tantos que propugnan el cambio en la dirección.

“Aquí todo aquel que no está de acuerdo con las decisiones de los líderes es rebelde, hay que apartarlo a como dé lugar, sucedió con Facundo (Guardado), luego quitaron del camino a Héctor Silva y a Mauricio Funes para dejarle el campo libre a Schafik”, afirma un voz desencantada.

Funes contaba con un enorme respaldo de las bases y de los alcaldes Ortiz, René Canjura (Nejapa), Orlando Mena (Santa Ana); otros sectores efemelenistas importantes apostaron a su candidatura. Pero una vez más la dirigencia liderada por Handal entró en acción y recurrió a las amenazas:

- Si no te apartás, vamos a poner en tu contra a todas las bases.
La amenaza al parecer surtió efecto. Funes declinó.

“Nosotros desde un principio queríamos a Funes. Y les dijimos que con Schafik no íbamos a ganar; pero no nos hicieron caso. Nos da cólera que por su tozudez, por su intransigencia, hayan destruido la esperanza de todo un pueblo”, afirma otra fuente.

Los que ahora reclaman y piden explicaciones recuerdan porqué no apoyaban la candidatura de Handal. Habían números en contra.

Por eso los resultados no sorprendieron a muchos. De hecho, un sondeo preliminar y discutido a puertas cerradas el pasado jueves 18 de marzo entre los críticos de Handal, tuvo la certeza del desastre.

La encuesta revelaba una victoria aplastante de ARENA sobre Handal en una relación de 57 a 36. Casi atina a los resultados del Tribunal Supremo Electoral (TSE). Pero igual, la derrota estaba escrita.

Sin embargo, en la mente de Handal todo pintaba bien; incluso, hasta las cinco de la tarde del pasado 21 de marzo, él estaba seguro que iba a ganar. “Es que Leonel y otros crearon una especie de burbuja en torno a Schafik que no le permitió conocer que no ganaría las elecciones”.

- Muy bien, 18 de los 22 municipios que definen la presidencia hacen 750 mil votos y esos los tenemos. Ya tengo el gane- dijo.

Ese fue el cálculo de Schafik que expuso en una reunión con su equipo cercano unos días antes de los comicios. Su certeza partía de los resultados que les favorecieron en las elecciones legislativas y municipales del año pasado. El Frente ha ido creciendo e iba a seguir en esa lógica.

“Esa derrota electoral ha dolido, he visto gente llorando por eso. Cuando más cerca estábamos de ganar el ejecutivo, ellos dejan escapar la victoria”, observa quien toma la palabra.

Tiempo de la diáspora

No es seguro que la juventud sea capaz de virar el timón de mando y conseguir el cambio que prometió Leonel González aquella noche del 27 de julio si Handal perdía.

“Ellos no sólo no quieren dejar el poder, sino que ellos quieren mantener el status quo, el modo de vida que ellos llevan, porque ellos viven de la política, de nada más”, afirma otro militante.

“Leonel es un títere de Handal”, dice otro. Su cercanía hacia el ex candidato lo hace gozar de un enorme poder dentro del partido y lo convierte en el segundo dentro de la jerarquía. José Luis Merino, Leonel Búcaro, Domingo Santacruz completan la lista de los ortodoxos con influencia.

- “¿Cuál es el nombre de nuestro movimiento? Si quiere un nombre, diga que nos llamamos ‘La Diáspora’ porque en este esfuerzo están todos aquellos que han ido y venido luchando por el cambio”, señala este sujeto mientras bebe un sorbo de limonada con soda. Él habla de los ‘tulipanes’, ‘terceristas’ y todos aquellos que han sido derrotados por la fuerza de los comunistas.

La propuesta de quienes integran “La Diáspora” es simple: que renuncie la comisión política (como lo garantizó Leonel el año pasado) y adelantar la asamblea general.

Todo o nada

Ahora, los vientos de cambio cobran fuerza y quienes los impulsan están dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias con tal que el partido no se convierta en un eterno perdedor.

Por eso la reactivación del movimiento por la renovación del partido parece tomar fuerza.
“La Diáspora” busca aglutinar a los sectores alcalde, veteranos, diputados y profesionales amigos en busca de una salida a la crisis.

Con todo y los riesgos que eso significa, los rostros evidentes son Óscar Ortiz, René Canjura y Orlando Mena y Mauricio González (Roque), quienes, si bien cuentan con enorme respaldo, saben que deshacerse de esa vieja cúpula -y con Schafik a la cabeza de ella- no será tarea fácil.

“Queremos que el partido cambie, queremos renovar el partido, ellos ya cumplieron su tiempo, es tiempo de que se hagan a un lado, ya es tiempo de un cambio generacional, eso es lo que creemos”, son algunos argumentos que sostienen el movimiento.

Esta coyuntura pos electoral se torna clave para este movimiento. De hecho, tienen una consigna y una especie de consigna: “Ellos se tienen que ir porque se tienen que ir. Estamos dispuestos a todo y si es necesario llegar a las tomas, pues lo haremos”.

¿Acaso el lema de Schafik ahora gira en su contra? ¿En lugar de ARENA, será Schafik quien se vaya?
Por ahora, todos los sectores han sesionado a puertas cerradas, mientras la cacería está latente.

Unos presuntos policías municipales vigilan los pasos del alcalde de San Salvador Carlos Rivas Zamora y del alcalde de Mejicanos Carlos Meléndez, por ejemplo. Y no hablamos de resguardo policial.

Pero, en la otra banda, no faltan quienes quieran pasar de la retórica de los comunistas a la acción. Roque niega haber hablado sobre la posibilidad de la toma de los locales, en los departamentos y en la capital, como medida de presión para que renuncie la alta dirigencia. Sin embargo está de acuerdo con que “sí hay un descontento y gente que sugiere medidas de hecho”. A estos “La Diáspora” les ha pedido calma.

“Queremos un partido que dé una nueva imagen; nosotros queremos gobernar, ya no ser por siempre oposición, ya no queremos seguir siendo el partido que joda en las calles, quemando llantas, gritando. No, nosotros queremos gobernar el país”.

En esta semana se han mencionado algunos nombres. Óscar Ortiz y Hugo Martínez son rostros potables para liderar un nuevo FMLN.

De Ortiz dicen unos que tiene el apoyo de ocho de los catorce departamentos. Otros estiman que “tiene cierta credibilidad entre las bases”.

De Martínez, una fuente aseguró que se está promoviendo por sí sólo como una de las cartas, y que no tiene el suficiente peso.

¿Lo conseguirán? Si nos dejamos ir por la fuerza de los hechos, desde la primera división, “La Diáspora” tiene todo en contra.

“Son ingenuos quienes piensan que si el FMLN pierde se producirá una recomposición”, dijo Salvador Samayoa y, por ahora, habrá que esperar al tiempo para ver a quién le da la razón; si a los analistas que auguran la revalidación de Handal y los comunistas en el poder, o si “La Diáspora” es capaz de barajar las cartas. “Nosotros vamos con todo y no vamos a permitir que nos expulsen bajo acusaciones de contrarrevolucionarios o al viejo estilo que les funcionó con otros”, afirman.

El ex efemelenista Dagoberto Gutiérrez piensa que el FMLN “ganó una victoria política que debe potenciar” (porque mejoró su caudal de votos); pero objeta el relevo. “Es un criterio infantil” pensar en una derrota, dice. Pero, al margen de su punto de vista, un sector está decidido a luchar por cambiar el presente del Frente.



DÍAS DE CRISIS

Las voces que piden cambio



Los vientos transformadores dentro del FMLN tienen nombre y apellido. Lo acepten o no, las miradas están dirigidas a un grupo de dirigentes jóvenes visionarios que piden una oportunidad dentro de la dirigencia farabundista.

En ese sentido resulta lógico que, en medio de la vorágine que ha provocado la derrota electoral del partido, aparezcan nombres como los de los alcaldes Óscar Ortiz, Orlando Mena, René Canjura, Carlos Rivas Zamora, el diputado Hugo Martínez, entre otros, como los sucesores naturales de los dirigentes históricos aferrados a los órganos de dirección del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

Este grupo está convencido de que la renovación del partido es necesaria y está dispuesto a llevarlo a cabo. Pero, ¿es necesario el cambio en este momento? Muchas posturas de politólogos abogan por eso y le dan su visto bueno.

Óscar Ortiz ya lo dejó claro que sí. Martínez, por su parte, está seguro de que habrá cambio “sean las elecciones en noviembre o antes”, dice. Pero advierte que serán las bases las que decidan. Para mientras, algunas voces de afuera ya empiezan a darles la razón.

Los externos

Orlando de Sola aconseja que son necesarios el reagrupamiento y el reposicionamiento, pues no es nada despreciable la marca de votos que alcanzó el 21 de marzo. “Si no lo hace, dice, entonces el problema en su interior podría ser más grande”.

Otros, como el investigador universitario Luis González, de la UCA, cree que la llegada de Ortiz y otros jóvenes constituirá la construcción de una oposición más moderada que ya aprendió la lección de que la agresividad y la pérdida de los estribos no lleva a nada bueno.

En la misma sintonía parece estar Napoleón Campos cuando afirma que si el FMLN maneja la lectura que los casi 800 mil votos alcanzados le reclaman cavar trincheras para definir las líneas de resistencia está cometiendo un gravísimo error. “El entendimiento debe ser la decisión política principal”, arguye Campos, esa misma que los ortodoxos parece no están dispuestos a practicar.

El cambio parece inevitable. Así como dice René Canjura: “si toca hay que hacerlo. Pero no es jóvenes contra viejos, sino otras cuestiones”. “Más que un cambio de cabeza, es cuestión de cambiar el cerebro”, diría Dagoberto Gutiérrez.

Las cuatro convulsiones de su historia

La convulsa historia política del FMLN ha estado marcada por continuas escisiones,
de las cuales los únicos sobrevivientes han sido los ortodoxos.

La primera diáspora
1994


Un grupo de diputados liderado por Joaquín Villalobos decide separarse del FMLN y formar un nuevo instituto político, el Partido Demócrata (PD). En las siguientes elecciones no alcanza el porcentaje y desaparece.
Purgando perdedores
1999


La dirigencia del partido, en manos de los ortodoxos, decide purgan al ex candidato presidencial Facundo Guardado después de que éste hiciera un viaje a España con una misión gubernamental; con él se van otros miembros.
No hubo renovación
2003


Los “renovadores”, un grupo de diputados disidentes, se adelantan a la expulsión del partido y deciden embarcarse en un nuevo proyecto político, el Movimiento Renovador. Después de los comicios, también desaparecen.
La hora del cambio
2004


La derrota de Schafik Handal provocó una oleada de críticas y peticiones de un grupo de dirigentes jóvenes, liderados por Óscar Ortiz, que propugnan por un cambio en la dirección del partido, en manos de los ortodoxos.

 


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