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DÍAS
DE CRISIS
El principio del fin
La
abrumadora derrota electoral, hace una semana, provocó lágrimas
y tristeza
al interior del FMLN. Sin embargo, para algunos miembros del partido,
no hubo
sorpresa, ellos conocían de antemano la apabullante diferencia
de votos que
separaría a Antonio Saca de Schafik. Una realidad que se veía
venir desde muchos
meses atrás y que estaba escrita.
La euforia de haber ganado las elec-ciones municipales
de 2003 le mostraba a los ortodoxos un Frente ganador en las presidenciales
de 2004 a toda costa. Marzo era alegría.
Por eso es que meses más tarde, la noche del domingo 27 de julio,
Schafik Handal estaba convencido de una cosa: la divulgación
de los resultados en las elecciones primarias, en la que habían
votado 30 mil efemelenistas, no debía esperar. Él debía
ser proclamado ganador cuanto antes.
Ahora, tras meses de guardar silencio, aquellos que toleraron la prepotencia
de la Comisión Política, saben que el inicio del fin del
Frente empezó el domingo 27 de julio.
A lo largo de todo aquel día, decenas de militantes inscritos
en el padrón electoral interno del FMLN habían acudido
para seleccionar al candidato que los conduciría a la victoria.
Las dos opciones eran la juventud y la ortodoxia, representadas en el
alcalde carismático de Santa Tecla que sobrevivió a los
efectos del terremoto de enero de 2001 y, en la otra esquina, el ícono
del liderazgo comunista e histórico salvadoreño.
Aquel domingo habían sido convocados 95,107 afiliados y el crecimiento
que tuvo Óscar Ortiz durante las últimas semanas prometía
una reñida lucha en contra del líder ortodoxo, quien controlaba
los organismos de mando.
A media tarde, las filas de Ortiz le auguraron buenos resultados. Tenés
que proclamarte ganador. Los votos están a tu favor, le
sugirieron, pero el alcalde de Santa Tecla prefirió esperar a
que la Comisión Política (dominada por los comunistas)
hiciera público el resultado final.
Horas más tarde, cuando el reloj marcaba poco más de las
10:30 de la noche, Leonel (Salvador Sánchez Cerén) salió
de la reunión con una frase contundente: Gane quien gane,
el candidato de la CP es Schafik. Punto. Esa noche pudo arder
Troya. Una porción del Frente sólo aguardaba la orden
para quemar los barcos; pero ésta nunca llegó.
Estoy convencido de que es el momento del cambio en el país
y que tenemos todas las posibilidades de ganar. Debemos unir a la nación,
y con el FMLN se puede hacer, dijo Ortiz unas horas antes. Pero,
luego, las palabras y el poderío ortodoxo se llevó su
frases como hojas secas.
Las cartas estaban echadas y el liderazgo histórico empezó
a construir la candidatura de su líder legendario, del mismo
hombre que junto a otros acordó el fin de la guerra en 1992,
del mismo hombre que cedió al saco y la corbata hace una década,
del mismo sujeto que echó al traste en un día
toda la acumulación y racha triunfadora del partido FMLN. He
ahí la gran paradoja; Handal cavó la tumba del mismo partido
que él originó a inicios de los ochenta en sus tiempos
guerrilleros.
El bollo de lana
Pero hilar el desenlace fatídico de la candidatura de Handal
con los oríge-nes de ella es vital porque ahí está
la razón del debate interno del Frente.
Sobre todo cuando se comprende el entorno del poder ortodoxo que rodea
a Schafik: Salvador Sánchez Cerén, Norma Guevara, Ramiro
Vásquez, Miguel Sáenz Varela y otros que han gozado las
mieles de la transición. No es fácil decir adiós
a las inversiones (que administra Vásquez) y a los beneficios
que les ha concedido la democracia, en su calidad de diputados, por
ejemplo.
De hecho, fue el mismo Sánchez Cerén quien ofreció
su palabra aquella noche, después de anunciar la decisión
irrevocable de la CP respecto a la candidatura de Handal.
- Si perdemos... les vamos a pedir la renuncia..., advirtió
Ortiz
- Si perdemos, yo mismo te voy a entregar mi cabeza en una bandeja,
respondió.
| LA
PRESENCIA DE SHAFIK EN MOMENTOS ÁLGIDOS
Ha sabido ganar protagonismo en momentos convulsos. Su astucia
lo hace sobrevivir los momentos duros. Algunos creen que es hora
de pasarle la factura, igual como cuando se hizo con Facundo Guardado
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1- Habría
participado, aunque en el anonimato, en la purga practicada a
Facundo Guardado, lideran-do el ala ortodoxa, luego de perder
los comicios en 1999.
2- la primer
razón que lo llevó al declive fue su intolerancia
a los medios de comunicación y al estilo de vida que prefieren
los salvadoreños.
3- Luego de
expulsar a los disidentes, la tendencia ortodoxa adquiere todo
el poder al interior del frente en su trabajo legislativo y electoral.
4- Su fracaso
como candi-dato a la presidencia lo ha ubicado en el ojo de un
huracán que cada vez alcanza mayores dimensiones de impaciencia.
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Ocho meses después, nadie de la dirigencia farabundista
habla de renuncia y, al contrario, se aferra al poder con todo el arsenal
que le confiere el dominio de la totalidad de los organismos de dirección
al interior del partido.
- Se lo advertimos, pero no nos hicieron caso. Ahora tienen que
darnos la oportunidad de dirigir el partido, dice una voz disidente
que aún no se atreven a salir a la luz pública por miedo
a las represalias.
Para algunos militantes este verticalismo en las decisiones de la vieja
cúpula ha venido minando la confianza de amplios sectores de
la militancia.
Estamos hartos de esos manejos amañados bajo la excusa
de que todo se hace por el bien del partido, explica uno de esos
tantos que propugnan el cambio en la dirección.
Aquí todo aquel que no está
de acuerdo con las decisiones de los líderes es rebelde, hay
que apartarlo a como dé lugar, sucedió con Facundo (Guardado),
luego quitaron del camino a Héctor Silva y a Mauricio Funes para
dejarle el campo libre a Schafik, afirma un voz desencantada.
Funes contaba con un enorme respaldo de las bases y de los alcaldes
Ortiz, René Canjura (Nejapa), Orlando Mena (Santa Ana); otros
sectores efemelenistas importantes apostaron a su candidatura. Pero
una vez más la dirigencia liderada por Handal entró en
acción y recurrió a las amenazas:
- Si no te apartás, vamos a poner en tu contra a todas las bases.
La amenaza al parecer surtió efecto. Funes declinó.
Nosotros desde un principio queríamos a Funes. Y les dijimos
que con Schafik no íbamos a ganar; pero no nos hicieron caso.
Nos da cólera que por su tozudez, por su intransigencia, hayan
destruido la esperanza de todo un pueblo, afirma otra fuente.
Los que ahora reclaman y piden explicaciones recuerdan porqué
no apoyaban la candidatura de Handal. Habían números en
contra.
Por eso los resultados no sorprendieron a muchos. De hecho, un sondeo
preliminar y discutido a puertas cerradas el pasado jueves 18 de marzo
entre los críticos de Handal, tuvo la certeza del desastre.
La encuesta revelaba una victoria aplastante de ARENA sobre Handal en
una relación de 57 a 36. Casi atina a los resultados del Tribunal
Supremo Electoral (TSE). Pero igual, la derrota estaba escrita.
Sin embargo, en la mente de Handal todo pintaba bien;
incluso, hasta las cinco de la tarde del pasado 21 de marzo, él
estaba seguro que iba a ganar. Es que Leonel y otros crearon una
especie de burbuja en torno a Schafik que no le permitió conocer
que no ganaría las elecciones.
- Muy bien, 18 de los 22 municipios que definen la presidencia hacen
750 mil votos y esos los tenemos. Ya tengo el gane- dijo.
Ese fue el cálculo de Schafik que expuso en una reunión
con su equipo cercano unos días antes de los comicios. Su certeza
partía de los resultados que les favorecieron en las elecciones
legislativas y municipales del año pasado. El Frente ha ido creciendo
e iba a seguir en esa lógica.
Esa derrota electoral ha dolido, he visto gente llorando por eso.
Cuando más cerca estábamos de ganar el ejecutivo, ellos
dejan escapar la victoria, observa quien toma la palabra.
Tiempo de la diáspora
No es seguro que la juventud sea capaz de virar el timón de mando
y conseguir el cambio que prometió Leonel González aquella
noche del 27 de julio si Handal perdía.
Ellos no sólo no quieren dejar el poder, sino que ellos
quieren mantener el status quo, el modo de vida que ellos llevan, porque
ellos viven de la política, de nada más, afirma
otro militante.
Leonel es un títere de Handal, dice otro. Su cercanía
hacia el ex candidato lo hace gozar de un enorme poder dentro del partido
y lo convierte en el segundo dentro de la jerarquía. José
Luis Merino, Leonel Búcaro, Domingo Santacruz completan la lista
de los ortodoxos con influencia.
- ¿Cuál es el nombre de nuestro movimiento? Si quiere
un nombre, diga que nos llamamos La Diáspora porque
en este esfuerzo están todos aquellos que han ido y venido luchando
por el cambio, señala este sujeto mientras bebe un sorbo
de limonada con soda. Él habla de los tulipanes,
terceristas y todos aquellos que han sido derrotados por
la fuerza de los comunistas.
La propuesta de quienes integran La Diáspora es simple:
que renuncie la comisión política (como lo garantizó
Leonel el año pasado) y adelantar la asamblea general.
Todo o nada
Ahora, los vientos de cambio cobran fuerza y quienes los impulsan están
dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias con tal que
el partido no se convierta en un eterno perdedor.
Por eso la reactivación del movimiento por la renovación
del partido parece tomar fuerza.
La Diáspora busca aglutinar a los sectores alcalde,
veteranos, diputados y profesionales amigos en busca de una salida a
la crisis.
Con todo y los riesgos que eso significa, los rostros evidentes son
Óscar Ortiz, René Canjura y Orlando Mena y Mauricio González
(Roque), quienes, si bien cuentan con enorme respaldo, saben que deshacerse
de esa vieja cúpula -y con Schafik a la cabeza de ella- no será
tarea fácil.
Queremos que el partido cambie, queremos renovar el partido, ellos
ya cumplieron su tiempo, es tiempo de que se hagan a un lado, ya es
tiempo de un cambio generacional, eso es lo que creemos, son algunos
argumentos que sostienen el movimiento.
Esta coyuntura pos electoral se torna clave para este movimiento. De
hecho, tienen una consigna y una especie de consigna: Ellos se
tienen que ir porque se tienen que ir. Estamos dispuestos a todo y si
es necesario llegar a las tomas, pues lo haremos.
¿Acaso el lema de Schafik ahora gira en su contra? ¿En
lugar de ARENA, será Schafik quien se vaya?
Por ahora, todos los sectores han sesionado a puertas cerradas, mientras
la cacería está latente.
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Unos presuntos policías municipales vigilan los
pasos del alcalde de San Salvador Carlos Rivas Zamora y del alcalde
de Mejicanos Carlos Meléndez, por ejemplo. Y no hablamos de resguardo
policial.
Pero, en la otra banda, no faltan quienes quieran pasar de la retórica
de los comunistas a la acción. Roque niega haber hablado sobre
la posibilidad de la toma de los locales, en los departamentos y en
la capital, como medida de presión para que renuncie la alta
dirigencia. Sin embargo está de acuerdo con que sí
hay un descontento y gente que sugiere medidas de hecho. A estos
La Diáspora les ha pedido calma.
Queremos un partido que dé una nueva imagen; nosotros queremos
gobernar, ya no ser por siempre oposición, ya no queremos seguir
siendo el partido que joda en las calles, quemando llantas, gritando.
No, nosotros queremos gobernar el país.
En esta semana se han mencionado algunos nombres. Óscar Ortiz
y Hugo Martínez son rostros potables para liderar un nuevo FMLN.
De Ortiz dicen unos que tiene el apoyo de ocho de los catorce departamentos.
Otros estiman que tiene cierta credibilidad entre las bases.
De Martínez, una fuente aseguró que se está promoviendo
por sí sólo como una de las cartas, y que no tiene el
suficiente peso.
¿Lo conseguirán? Si nos dejamos ir por la fuerza de los
hechos, desde la primera división, La Diáspora
tiene todo en contra.
Son ingenuos quienes piensan que si el FMLN pierde se producirá
una recomposición, dijo Salvador Samayoa y, por ahora,
habrá que esperar al tiempo para ver a quién le da la
razón; si a los analistas que auguran la revalidación
de Handal y los comunistas en el poder, o si La Diáspora
es capaz de barajar las cartas. Nosotros vamos con todo y no vamos
a permitir que nos expulsen bajo acusaciones de contrarrevolucionarios
o al viejo estilo que les funcionó con otros, afirman.
El ex efemelenista Dagoberto Gutiérrez piensa que el FMLN ganó
una victoria política que debe potenciar (porque mejoró
su caudal de votos); pero objeta el relevo. Es un criterio infantil
pensar en una derrota, dice. Pero, al margen de su punto de vista, un
sector está decidido a luchar por cambiar el presente del Frente.
DÍAS
DE CRISIS
Las voces que piden cambio
Los vientos transformadores dentro del FMLN tienen nombre
y apellido. Lo acepten o no, las miradas están dirigidas a un
grupo de dirigentes jóvenes visionarios que piden una oportunidad
dentro de la dirigencia farabundista.
En ese sentido resulta lógico que, en medio de la vorágine
que ha provocado la derrota electoral del partido, aparezcan nombres
como los de los alcaldes Óscar Ortiz, Orlando Mena, René
Canjura, Carlos Rivas Zamora, el diputado Hugo Martínez, entre
otros, como los sucesores naturales de los dirigentes históricos
aferrados a los órganos de dirección del Frente Farabundo
Martí para la Liberación Nacional (FMLN).
Este grupo está convencido de que la renovación del partido
es necesaria y está dispuesto a llevarlo a cabo. Pero, ¿es
necesario el cambio en este momento? Muchas posturas de politólogos
abogan por eso y le dan su visto bueno.
Óscar Ortiz ya lo dejó claro que sí. Martínez,
por su parte, está seguro de que habrá cambio sean
las elecciones en noviembre o antes, dice. Pero advierte que serán
las bases las que decidan. Para mientras, algunas voces de afuera ya
empiezan a darles la razón.
Los externos
Orlando de Sola aconseja que son necesarios el reagrupamiento y el reposicionamiento,
pues no es nada despreciable la marca de votos que alcanzó el
21 de marzo. Si no lo hace, dice, entonces el problema en su interior
podría ser más grande.
Otros, como el investigador universitario Luis González, de la
UCA, cree que la llegada de Ortiz y otros jóvenes constituirá
la construcción de una oposición más moderada que
ya aprendió la lección de que la agresividad y la pérdida
de los estribos no lleva a nada bueno.
En la misma sintonía parece estar Napoleón Campos cuando
afirma que si el FMLN maneja la lectura que los casi 800 mil votos alcanzados
le reclaman cavar trincheras para definir las líneas de resistencia
está cometiendo un gravísimo error. El entendimiento
debe ser la decisión política principal, arguye
Campos, esa misma que los ortodoxos parece no están dispuestos
a practicar.
El cambio parece inevitable. Así como dice René Canjura:
si toca hay que hacerlo. Pero no es jóvenes contra viejos,
sino otras cuestiones. Más que un cambio de cabeza,
es cuestión de cambiar el cerebro, diría Dagoberto
Gutiérrez.
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Las
cuatro convulsiones de su historia
La
convulsa historia política del FMLN ha estado marcada por
continuas escisiones,
de las cuales los únicos sobrevivientes han sido los ortodoxos.
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La
primera diáspora
1994
Un grupo de diputados liderado por Joaquín Villalobos decide
separarse del FMLN y formar un nuevo instituto político,
el Partido Demócrata (PD). En las siguientes elecciones no
alcanza el porcentaje y desaparece.
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Purgando
perdedores
1999
La dirigencia del partido, en manos de los ortodoxos, decide purgan
al ex candidato presidencial Facundo Guardado después de
que éste hiciera un viaje a España con una misión
gubernamental; con él se van otros miembros. |
No
hubo renovación
2003
Los renovadores, un grupo de diputados disidentes, se
adelantan a la expulsión del partido y deciden embarcarse
en un nuevo proyecto político, el Movimiento Renovador. Después
de los comicios, también desaparecen. |
La
hora del cambio
2004
La derrota de Schafik Handal provocó una oleada de críticas
y peticiones de un grupo de dirigentes jóvenes, liderados
por Óscar Ortiz, que propugnan por un cambio en la dirección
del partido, en manos de los ortodoxos. |
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