28 de marzo de 2004


ANÁLISIS

Futuro de ARENA:
Cataclisma de poder y retos

Nadie -en toda la historia salvadoreña- llegará a la silla presidencial
en las condiciones en que lo hará Tony Saca: tomará las riendas del
país con más poder que ningún otro.

Lafitte Fernández
vertice@elsalvador.com

Pero, tampoco ningún antecesor suyo ha llegado con tantas responsabilidades gubernamentales y políticas como él.

El hecho de que casi el 60 por ciento de los votantes le apoyaran el domingo pasado y que se redujera, dramaticamente, el porcentaje de quienes no acuden a las urnas, le da a Saca un elevado e inusitado nivel de legitimidad y gobernabilidad.

ARENA jamás había reunido a más de un millón trescientos mil votantes en una contienda electoral y esa gigantesca cantidad se traduce, necesariamente, en la mayor dosis de apoyo popular que un gobernante arenero pueda colocar en su alacena.

Nadie le podrá decir a Saca -como sí se lo gritaba la izquierda a Francisco Flores- que él no representaba a la mayoría de los salvadoreños porque un verdadero ejército se había quedado en las casas sin votar.

Aunque su partido no controla la mayoría de los diputados de la Asamblea Legislativa, la nave de Saca aguantará cualquier torpedo que pretenda hundir su ración de gobernabilidad.

Diferente a Flores

Otro hecho que le cambiará la historia al timón de Saca es que él ascenderá al poder en condiciones muy diferentes a Francisco Flores: llegará con las riendas del partido oficial en sus manos.

Flores tomó la presidencia sin controlar su partido y eso le planteó una serie de retos desde el principio de la administración porque ya, desde la campaña electoral, algunos de los “gurús” de su agrupación política habían intentado quebrarle las piernas y no creían en su administración.

El actual mandatario necesitó construir alianzas individuales con líderes importantes de ARENA, quienes mostraban una postura más neutra frente a él, para abrir luego un corredor que le permitiera -como finalmente lo logró- alzarse con el control de ARENA y ajustarlo a las necesidades políticas de su administración.

Tony Saca, sin embargo, no tendrá esos problemas. El primer aviso que recibió que podía caminar sobre el control de ARENA se dió con la salida de José Antonio Salaverría de la presidencia del COENA. En ese momento, con el apoyo del presidente Flores, Saca se colocó en el centro neurálgico de las grandes decisiones de su partido.

De cara al futuro manejo de ARENA, Flores ya le hizo una importante concesión a Saca: anunció que, por lo menos durante un tiempo prolongado, se retirará de la política. Eso significa que no hará ningún esfuerzo -porque no le interesa- para disputarle la supremacía en el partido oficial.

En igual postura se encuentra, desde hace mucho tiempo, el ex presidente Alfredo Cristiani, si se toman los ex mandatarios de ARENA como fuertes candidatos a disputarle a Saca el control de ese partido. No se sabe, sin embargo, si el abogado Armando Calderón seguirá por el mismo camino.

En esa medida, Saca tendría suficientemente allanado el camino para no encontrar problemas en la obligada alianza que necesita entre los planes de su gobierno, el funcionamiento de la fracción legislativa y su partido.

Sin embargo, durante los últimos nueve meses, Saca se habría topado, mientras cumplía, sin falla alguna, la estrategia que diseñó para ganar las elecciones, con una buena cantidad de deslealtades, dobles morales y desfachateces que lo obligarían a presuponer que tendrá que luchar, por períodos prolongados, contra algunos focos de rebeldía provocados por algunos que desean alzarse con alguna cuota de poder.

Casi podría advertirse que es natural que eso ocurra: en todo partido con una larga historia como ARENA, siempre existirán hombres que no quieren renunciar a las cuotas de poder a las que creen tener derecho.

Eso, sin embargo, obligará a Saca a cubrirse las espaldas. De todas maneras, aprendió a hacerlo durante la campaña. Una fuerte dosis de gobernabilidad, legitimidad y control de su partido le dan a Saca el instrumental necesario para levantar el vuelo necesario durante su gobierno.

Los retos

Pero, la magnitud de los desafíos que tiene al frente es tal que no podrá limitarse a cumplir el papel de simple gobernante: también tendrá que convertirse en orfebre de la construcción de una nueva realidad política salvadoreña.

Por sí solos, los problemas de pobreza, seguridad y empleo, entre otros, demandarán la mayoría del tiempo de Saca. Pero, eso no le bastará.

El futuro gobernante tendrá que trabajar muchas horas extras con la gubia en la mano para tallar, en madera, ese nuevo mapa político porque, sin que lo quisiera, la historia lo entrampó: su triunfo fue de tal magnitud que, en segundos, pasó de un simple sismo a terremoto.

El lunes se despertó Saca con un nuevo país: de cinco partidos, murieron tres... ¡El Salvador amaneció bipartidista!

Como si fuese el mejor evaluador del terremoto partidario que provocó, por la tarde del mismo lunes ya no sólo contaba muertos: también apuntaba los daños que causó en el único partido que quedó de pie.

Esos daños se transformaron en una rebelión de comandantes cuarentones del FMLN contra Schafik Handal, quien durante los últimos años ha manejado con mano de hierro y bozales a ese partido.

Todo eso ha convertido a Saca en rehén de su propia destrucción electoral: deberá comenzar a reconstruir la realidad política salvadoreña, aunque el terremoto que originó es de tal fuerza que las réplicas, casi permanentes, todavía no le permiten saber qué será lo que quedará de pie.

Está metido en medio de la destrucción y con una fuerte polvareda al frente que no le permite mirar con claridad.

Será hasta que “se aclaren los nublados del día” que Saca tendrá, necesariamente, que ejecutar su papel de nuevo constructor de escenarios políticos.

El futuro obligará, al futuro gobernante, a asumir ese desempeño sobre todo porque no se tienen respuestas a preguntas esenciales que se hacen los salvadoreños: ¿Está El Salvador condenado a pasar cuatro años de tranquilidad y uno de ansiedad y susto, ante la amenaza de que llegue a gobernar un grupo radical de izquierda? ¿Debe construirse, desde ya, un tránsito del poder político a un sector que no reproduzca el escozor y la ansiedad? ¿Debe ARENA ayudar a construir una oposición que cuente con el apoyo de los principales sectores empresariales y sociales? ¿Qué tipo de opción políticas debe construirse?
Héctor y Silva y sus asociados levantaron la mano, después de la durísima derrota electoral que sufrieron, y dijeron que pretenden constituir un partido de izquierda democrática para competir, en el futuro, en las elecciones locales.

Sobre el FMLN, Saca no puede, todavía, extraer ningún análisis real: ahí empezó la revuelta, la ruleta comenzó a girar, y nadie sabe cuando parará. Mucho menos se sabe quiénes serán los vencedores o si Handal se mantendrá como el más importante líder de ese partido. Más lejos aún está Saca de encontrar una respuesta clave que desentrampa el principal enigma: ¿Qué tipo de izquierda quieren crear, los comandantes alzados contra Shafick Handal?

Sobre el PCN, lo único que sabría ARENA es su desaparición legal. Aunque Saca está dispuesto a no meter la mano para salvar a esa agrupación política (sería su primer gran error), nadie sabe si los pecenistas lograrán sobrevivir siguiendo caminos no tradicionales o si, en el futuro, caen dentro de la tentación de buscar otra marca para sus pretensiones políticas.|

Son tantas las preguntas mudas, que Tony Saca no tendrá otra opción -frente a su futuro papel de constructor político- que convertirse en un simple testigo mientras la rueda deja de girar, aunque, como comandante de un buen submarino, deberá tener, siempre, el periscopio, aguas afuera.


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