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ANÁLISIS
Futuro
de ARENA:
Cataclisma de poder y retos
Nadie
-en toda la historia salvadoreña- llegará a la silla presidencial
en las condiciones en que lo hará Tony Saca: tomará las
riendas del
país con más poder que ningún otro.
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Pero, tampoco ningún antecesor suyo ha llegado
con tantas responsabilidades gubernamentales y políticas como
él.
El hecho de que casi el 60 por ciento de los votantes le apoyaran el
domingo pasado y que se redujera, dramaticamente, el porcentaje de quienes
no acuden a las urnas, le da a Saca un elevado e inusitado nivel de
legitimidad y gobernabilidad.
ARENA jamás había reunido a más de un millón
trescientos mil votantes en una contienda electoral y esa gigantesca
cantidad se traduce, necesariamente, en la mayor dosis de apoyo popular
que un gobernante arenero pueda colocar en su alacena.
Nadie le podrá decir a Saca -como sí se lo gritaba la
izquierda a Francisco Flores- que él no representaba a la mayoría
de los salvadoreños porque un verdadero ejército se había
quedado en las casas sin votar.
Aunque su partido no controla la mayoría de los diputados de
la Asamblea Legislativa, la nave de Saca aguantará cualquier
torpedo que pretenda hundir su ración de gobernabilidad.
Diferente a Flores
Otro hecho que le cambiará la historia al timón de Saca
es que él ascenderá al poder en condiciones muy diferentes
a Francisco Flores: llegará con las riendas del partido oficial
en sus manos.
Flores tomó la presidencia sin controlar su partido y eso le
planteó una serie de retos desde el principio de la administración
porque ya, desde la campaña electoral, algunos de los “gurús”
de su agrupación política habían intentado quebrarle
las piernas y no creían en su administración.
El actual mandatario necesitó construir alianzas individuales
con líderes importantes de ARENA, quienes mostraban una postura
más neutra frente a él, para abrir luego un corredor que
le permitiera -como finalmente lo logró- alzarse con el control
de ARENA y ajustarlo a las necesidades políticas de su administración.
Tony Saca, sin embargo, no tendrá esos problemas. El primer aviso
que recibió que podía caminar sobre el control de ARENA
se dió con la salida de José Antonio Salaverría
de la presidencia del COENA. En ese momento, con el apoyo del presidente
Flores, Saca se colocó en el centro neurálgico de las
grandes decisiones de su partido.
De cara al futuro manejo de ARENA, Flores ya le hizo una importante
concesión a Saca: anunció que, por lo menos durante un
tiempo prolongado, se retirará de la política. Eso significa
que no hará ningún esfuerzo -porque no le interesa- para
disputarle la supremacía en el partido oficial.
En igual postura se encuentra, desde hace mucho tiempo, el ex presidente
Alfredo Cristiani, si se toman los ex mandatarios de ARENA como fuertes
candidatos a disputarle a Saca el control de ese partido. No se sabe,
sin embargo, si el abogado Armando Calderón seguirá por
el mismo camino.
En esa medida, Saca tendría suficientemente allanado el camino
para no encontrar problemas en la obligada alianza que necesita entre
los planes de su gobierno, el funcionamiento de la fracción legislativa
y su partido.
Sin embargo, durante los últimos nueve meses, Saca se habría
topado, mientras cumplía, sin falla alguna, la estrategia que
diseñó para ganar las elecciones, con una buena cantidad
de deslealtades, dobles morales y desfachateces que lo obligarían
a presuponer que tendrá que luchar, por períodos prolongados,
contra algunos focos de rebeldía provocados por algunos que desean
alzarse con alguna cuota de poder.
Casi podría advertirse que es natural que eso ocurra: en todo
partido con una larga historia como ARENA, siempre existirán
hombres que no quieren renunciar a las cuotas de poder a las que creen
tener derecho.
Eso, sin embargo, obligará a Saca a cubrirse las espaldas. De
todas maneras, aprendió a hacerlo durante la campaña.
Una fuerte dosis de gobernabilidad, legitimidad y control de su partido
le dan a Saca el instrumental necesario para levantar el vuelo necesario
durante su gobierno.
Los retos
Pero, la magnitud de los desafíos que tiene al frente es tal
que no podrá limitarse a cumplir el papel de simple gobernante:
también tendrá que convertirse en orfebre de la construcción
de una nueva realidad política salvadoreña.
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Por sí solos, los problemas de pobreza, seguridad
y empleo, entre otros, demandarán la mayoría del tiempo
de Saca. Pero, eso no le bastará.
El futuro gobernante tendrá que trabajar muchas horas extras
con la gubia en la mano para tallar, en madera, ese nuevo mapa político
porque, sin que lo quisiera, la historia lo entrampó: su triunfo
fue de tal magnitud que, en segundos, pasó de un simple sismo
a terremoto.
El lunes se despertó Saca con un nuevo país: de cinco
partidos, murieron tres... ¡El Salvador amaneció bipartidista!
Como si fuese el mejor evaluador del terremoto partidario que provocó,
por la tarde del mismo lunes ya no sólo contaba muertos: también
apuntaba los daños que causó en el único partido
que quedó de pie.
Esos daños se transformaron en una rebelión de comandantes
cuarentones del FMLN contra Schafik Handal, quien durante los últimos
años ha manejado con mano de hierro y bozales a ese partido.
Todo eso ha convertido a Saca en rehén de su propia destrucción
electoral: deberá comenzar a reconstruir la realidad política
salvadoreña, aunque el terremoto que originó es de tal
fuerza que las réplicas, casi permanentes, todavía no
le permiten saber qué será lo que quedará de pie.
Está metido en medio de la destrucción y con una fuerte
polvareda al frente que no le permite mirar con claridad.
Será hasta que “se aclaren los nublados del día”
que Saca tendrá, necesariamente, que ejecutar su papel de nuevo
constructor de escenarios políticos.
El futuro obligará, al futuro gobernante, a asumir ese desempeño
sobre todo porque no se tienen respuestas a preguntas esenciales que
se hacen los salvadoreños: ¿Está El Salvador condenado
a pasar cuatro años de tranquilidad y uno de ansiedad y susto,
ante la amenaza de que llegue a gobernar un grupo radical de izquierda?
¿Debe construirse, desde ya, un tránsito del poder político
a un sector que no reproduzca el escozor y la ansiedad? ¿Debe
ARENA ayudar a construir una oposición que cuente con el apoyo
de los principales sectores empresariales y sociales? ¿Qué
tipo de opción políticas debe construirse?
Héctor y Silva y sus asociados levantaron la mano, después
de la durísima derrota electoral que sufrieron, y dijeron que
pretenden constituir un partido de izquierda democrática para
competir, en el futuro, en las elecciones locales.
Sobre el FMLN, Saca no puede, todavía, extraer ningún
análisis real: ahí empezó la revuelta, la ruleta
comenzó a girar, y nadie sabe cuando parará. Mucho menos
se sabe quiénes serán los vencedores o si Handal se mantendrá
como el más importante líder de ese partido. Más
lejos aún está Saca de encontrar una respuesta clave que
desentrampa el principal enigma: ¿Qué tipo de izquierda
quieren crear, los comandantes alzados contra Shafick Handal?
Sobre el PCN, lo único que sabría ARENA es su desaparición
legal. Aunque Saca está dispuesto a no meter la mano para salvar
a esa agrupación política (sería su primer gran
error), nadie sabe si los pecenistas lograrán sobrevivir siguiendo
caminos no tradicionales o si, en el futuro, caen dentro de la tentación
de buscar otra marca para sus pretensiones políticas.|
Son tantas las preguntas mudas, que Tony Saca no tendrá otra
opción -frente a su futuro papel de constructor político-
que convertirse en un simple testigo mientras la rueda deja de girar,
aunque, como comandante de un buen submarino, deberá tener, siempre,
el periscopio, aguas afuera.
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