27 de junio de 2004


UN DÍA CON LA MUERTE

Rastreadores de evidencias

Bastó un recorrido rápido durante una mañana calurosa de junio,
para darse cuenta que el trabajo de los médicos forenses es sacrificado,
riesgoso y poco conocido. Pero sobre todo, un importantísimo punto
de partida en la búsqueda de información que ayude a aclarar una muerte.

Alicia Miranda Duke
vertice@elsalvador.com

La clínica número cuatro del Instituto de Medicina Legal “Dr. Roberto Masferrer” es un cuarto pequeño y sin ventanas.

En sus 15 metros cuadrados, apenas hay espacio para los tres escritorios y un pupitre que utilizan los médicos forenses para el reconocimiento de pacientes que le lleva la Fiscalía General para el respectivo reconocimiento.

Son las 8 a.m., y sentado en su escritorio, el doctor Douwlas McArtur Matute le da un sorbo a su taza de café vestido con su bata blanca. La mañana se presenta tranquila, pero en Medicina Legal esa tranquilidad es efímera.

“Doctor, tiene tres levantamientos: uno violento y dos naturales”, interrumpe Pablo, el receptor de llamadas desde un escritorio a dos metros de la clínica. “Es una mujer de aproximadamente treinta años. Al parecer su compañero de vida le disparó varias veces" prosigue.

Una nueva mañana de trabajo ha comenzado. Matute extrae de la única gaveta de su escritorio una tabla con papeles membretados; se acomoda un juego de lapiceros y un corrector líquido en el bolsillo de su gabacha. Coge un radio y sale sin mucha prisa.

El médico se abre paso entre un grupo de pacientes con diversas lesiones que esperan ser atendidos por los doctores del instituto. Deja el edificio y sube a un “pick up”casi en marcha, a bordo lo esperan el motorista un y un auxiliar de autopsias. Es el primero de los levantamientos que realizará durante la calurosa mañana del viernes 18 de junio. Una mujer asesinada en Ciudad Delgado y dos dos casos de muerte natural en otros municipios del norte de San Salvador.

El vehículo toma velocidad. En 15 minutos, este equipo de Medicina Legal se desplaza de la oficina en los amplios galerones del Centro de Gobierno hasta el kilómetro 9 de la Troncal del Norte. Desde la ventanilla del automotor, Matute pregunta a una vecina el punto exacto donde ocurrió el homicidio. “Allá están”, le responde la mujer mientras señala el puente Toril, frente a la calle Las Cabañitas, colonia Las Arboledas.

El levantamiento

Los curiosos se han tomado la calle, unos cinco metros antes de llegar al puente.

Al fondo, los investigadores de la PNC y una representante de la Fiscalía General de la República hacen las primeras pesquisas sobre el crimen: recogen vainillas, buscan proyectiles de arma de fuego, toman fotografías, hablan con posibles testigos y anotan datos de la víctima. Matute su equipo entrarán a la escena del crimen hasta que la fiscal Claudia Iglesias les autorice. Ellos son los últimos dentro de la cadena de investigación.

8 a.m.
Primer caso. Una muerte violenta
Kilómetro 9 de la Troncal del Norte, Ciudad Delgado. Una mujer presenta siete impactos de bala.
10:15 a.m.
Segundo caso. Muerte natural
Centro penal de Mariona. Un hombre murió mientras dormía. Posible muerte fulminante.
11 a.m.
Tercer caso. Muerte natural
Colonia Zacamil. Una mujer de 80 años también murió mientras dormía. Diagnóstico: senilidad.

Pero Matute no pierde el tiempo. Desde el otro lado de la línea amarilla, observa cuidadosamente el cadáver y escribe los primeros datos: “... Cadáver en decúbito dorsal sobre el piso de tierra con miembros superiores extendidos (en cruz), cabeza al sur pies al norte”, anota con rapidez en el Protocolo de Levantamiento de Cadáver.

Se trata de una mujer de mediana edad cuya blusa blanca tiene manchas de sangre. A sus pies, un bolsón con lápices de colores, una regla, un borrador, una tijera y cuaderno que delataban su profesión. “Era maestra de segundo grado...”; “yo sabía que era maestra”, comentan curiosos.

El médico no se perturba y sigue con su labor con su rostro sereno pero sin dejar de anotar en su libreta. La fiscal le indica que puede acercarse al cadáver. Se detiene a pocos centímetros, lo continúa observando con detenimiento. “Bueno, doc, ahora cuéntenos usted”, lo interrumpe el investigador de la PNC. El forense se inclina sobre la cara de la víctima y en voz alta rinde su informe a las otras partes en la investigación. “Ausencia de actividad cardiorespiratoria”, les dicta con voz pausada.

Se agacha junto al cuerpo, y el auxiliar toma los brazos e inclina el cuerpo inerte a un costado. "Mirá los signos abióticos", le ha ordenado el médico. El auxiliar o disector levanta el cuerpo, lo mueve un poco en búsqueda de señales. El cuerpo está tan flácido que las extremidades caen como trapos. "A juzgar por la flacidez y la temperatura corporal, tiene una hora y media de haber muerto", sentencia Matute.

“Herida de un centímetro en región pectoral derecha a nivel del segundo espacio intercostal ...”, sigue dictando, mientras fiscal e investigadores toman nota cual si fuera una clase de anatomía. El examen del cadáver es palmo a palmo, ven meticulosamente lesión por lesión, primero examinan las cinco heridas en el tórax y abdomen; continúan con los otros siete que han perforado la espalda de la maestra. “Los orificios de la espalda tienen un anillo de contusión que indica que son de entrada. Tienen bordes doblados hacia afuera, lo que nos lleva a pensar que el sospechoso la atacó por la espalda", asegura.

Efecto humano

Después de media hora, el reconocimiento ha concluido. El ayudante y el motorista envuelven el cuerpo en una bolsa y lo colocan en el “pick up”.

Don Felipe Hernández no para de llorar la muerte de su hija, Elena Hernández Medina, de 33 años, madre de una pequeña de siete años y maestra de un centro escolar en la colonia Costa Rica de San Salvador.

Al médico se le escapa un comentario: “pobrecita, quedó como un colador” y se sube al vehículo. No es indiferencia al dolor, es la costumbre de una profesión que ha ejercido desde hace 17 años que lo han llevado a reconocer decenas de muertos durante la ofensiva guerrillera de 1989, el accidente aéreo de AVIATECA, y los terremotos de enero y febrero de 2001.

El caso de Gerardo Villeda K. es un ejemplo de cómo el trabajo forense es vital para aclarar un caso.

“No hay quien no deje de flaquear en algún momento. En especial cuando se tiene que identificar a niños y mujeres que han muerto en situaciones violentas”, dice Matute, a la vez que reconoce que esa voz pausada y su rostro indiferente es sólo un mecanismo de defensa ante un trabajo que no deja de ser “traumatizante”.

De regreso en su oficina, añade que “estar en contacto con escenas dantescas o con la muerte no deja de generar, a la larga, un daño sicológico”.

La doctora María Cristina Flores, una de sus compañeras forenses, comparte la opinión y agrega que “no es nada agradable tener que reconocer lesiones en un niño violado o a una persona que tenga multiples fracturas por un accidente”, al referirse a otros procedimientos que realiza un forense clínico.

Pero el trabajo de estos forenses no termina con un levantamiento o reconocimiento. Como en el caso de la maestra, los muertos de forma violenta son traslados a la morgue del Instituto, donde otro grupo de médicos patólogos practican la autopsia.

70% Muertos reconocidos por Medicina Legal se realizan en en la capital.
1,500 Levantamientos registrados en San Salvador en el último trimestre.
2,700 Muertos es el total reportado en el último trimestre en todo el país.

El cuerpo de la maestra ha sido colocado en una mesa metálica rodante. Adentro, un médico lee el reporte del doctor Matute. “El protocolo que se hace en el levantamiento sirve para que el patólogo, que hace la autopsia, sepa qué va a encontrar y qué tiene que buscar ...en el caso de la maestra probablemente encontrará dos proyectiles”, explica Matute.

Las puertas de la sala de autopsias se han cerrado para el equipo periodístico. “La autorización era nada más para que acompañaran un reconocimento”, anuncia la secretaria del director del Instituto, Mario Alfredo Hernández Gavidia.

Pero lo que normalmente sucede más allá de esas puertas, y según algunos forenses consultados, es que el patólogo realiza dos cortes en el cadáver. Uno en forma de Y que va desde el toráx hasta el vientre. El otro en la parte posterior de la cabeza.

Se pesa cada una de las partes del cuerpo y busca, palmo a palmo, cualquier evidencia que ayude a aclarar el asesinato. Cuando ha terminado ese proceso, redacta un nuevo informe, que junto a los proyectiles encontrados y el protocolo de levantamiento, formarán parte de las pruebas que se presentarán en el jucio.



UN DÍA CON LA MUERTE

Huellas de la crueldad

Aunque están familiarizados con la muerte, los médicos forenses
no dejan de sentirse impactados por lo que ven a diario. En más de
una ocasión, los 18 médicos del área clínica de Medicina Legal, han
cuestionado, en silencio, a la sociedad en la que viven. “Nadie se
puede acostumbrar a la cizaña con la que actúa mucha gente en
este país”, reflexiona el doctor Rodolfo Antonio Zetino.

La historia que le provoca escalofríos

DRA. MARIA CRISTINA DE VELASCO

“No recuerdo la fecha, ni los nombres, pero sí lo que pasó. Fue una noche en San Martín. Un señor se había llevado a sus dos hijos sin el permiso de la madre. Al parecer tenían muchos problemas de pareja, así que se habían separado.
Ese día, el hombre se ensañó con los niños. Se encerró en su casa y los degolló. Al ver lo que había hecho, se colgó.
Recordar eso me da escalofrío, pero lo peor de todo era que uno de los pequeños había quedado vivo. Al llegar a la casa, la madre se lo llevó al hospital. No sé si el niño logró sobrevivir.
Fue muy cruel lo que le hicieron a los niños. Uno piensa cómo es posible que una persona pueda hacer esto. Soy madre y en momentos así uno no deja de pensar en sus hijos”.

La impresión sentimental se impone

DR. RODOLFO ANTONIO ZETINO


“Hace un par de semanas fui a hacer un levantamiento en El Paisnal. Cuando llegamos, la policía había acordonado el área de trabajo así que nos dirigimos directamente a los cuerpos. Fue impresionante ver aquella escena. Eran dos cuerpos de mujeres, de 16 ó 17 años, completamente calcinadas. El reporte del patólogo decía que una de ellas estaba viva en el momento en que las quemaron.
En casos como éste, uno trata de distanciarse pero es difícil, siempre causa mucha impresión. El ver una situación con tanto dolo y furia impresiona. Asusta que haya personas que hagan cosas tan extremas. La impresión moral y sentimental por lo que uno ve se impone muchas veces. El trabajo continúa, pero uno queda impresionado”.

Los niños muertos nos impactan más

DRA. LOYDA EVELYN RODRÍGUEZ


“Tengo muchos años de trabajar en Medicina Legal, y nunca me voy a acostumbrar a ver niños violentados. Recuerdo dos casos. Uno fue en la orilla de un río muy caudaloso de Nejapa.
Cuando llegamos, ví en un huequito el cuerpo de una bebita recién nacida. Estaba bien formadita y se miraba sana. Tenía muy pocas horas de estar allí.
No recuerdo las causas de su muerte según lo que dictaminó la autopsia. Aquello me hizo flaquear, al igual que otro bebé al que días antes había hecho exámenes de sangre para determinar quién era su verdadera madre, pero dos días después regresaba a la cárcel para reconocer su cadáver. Había muerto por asfixia. Estos casos nos impactan más porque somos padres”.


Los riesgos de trabajar en medicina legal
Contagio por enfermedad
Hacer el levantamiento de cadáveres, muchas veces en avanzado estado de descomposición, los hace presa fácil de alguna enfermedad peligrosa como la meningitis y el Virus de Inmunodeficiencia Adquirida (VIH). Si bien se protegen para realizar su trabajo, el riesgo al contagio es latente.
Escenas dantescas
Los forenses no son asistidos con algún programa de salud sicológica que les permita canalizar el estrés que viven a diario. Ante esta falta de asistencia, los peritos de Medicina Legal crean sus propios mecanismos de defensa. Generalmente, asumen el buen sentido del humor.
Riesgos físicos
Muchas veces tienen que hacer levantamientos en lugares apartados o de difícil acceso. “Los barrancólogos”, como se llaman entre ellos, muchas veces caminan durante horas para llegar a donde está el cadáver. Esto les genera agotamiento y exposición a cualquier lesión a nivel físico.
Robos y asaltos
Los forenses del área clínica hacen levantamientos en cualquier lugar y a cualquier hora. No ha faltado la ocasión en la que, a punta de pistola, les hayan robado el vehículo con todo y cadáver, o que los hayan agredido cuando intentan trasladar el cuerpo hacia hacia Medicina Legal.

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