27 de junio de 2004



LA COLUMNA

Mirella Cáceres
vertice@elsalvador.com

La democracia que vivimos

Después de más de un año en prisión, una de las 75 voces opositoras al gobierno cubano, fue liberada la reciente semana. El periodista y poeta Manuel Vásquez Portal, es la décima persona excarcelada por “razones médicas” desde el pasado 14 de abril.

¿Una razón justa y apegada a la verdad? No lo creo. Las críticas de detractores y de simpatizantes eternos del gobierno de Fidel Castro, ante la encarcelación de 75 personas que simplemente no están de acuerdo con sus políticas, ha tenido una resonancia sin precedentes y ha ejercido presión más que nunca, igual como ocurrió con el juicio sumarísimo y posterior ejecución de dos isleños que junto a otros secuestraron una embarcación con turistas a bordo, para emigrar a la otra Cuba.

Pero a Vásquez Portal no lo acallaron. “Me han sugerido que no tropiece dos veces en la misma piedra y que me vaya del país. Pero yo voy a quedarme y a seguir escribiendo”, dijo al salir de la cárcel.

Pero el gobierno de Fidel Castro no es la única institución en el mundo que pretende silenciar cualquier voz disonante con sus políticas o decisiones. Y son de derecha, de centro o de izquierda. No hay diferencia. Se levantan muchas veces como paladines de la democracia pero no la conocen o la ignoran.

Es interesante ver como en estos días se le define, como se le limita a un proceso electoral, por ejemplo, en el que nos pintan que más que un derecho a elegir libremente a nuestras autoridades, es un privilegio que debemos agradecer.

No, eso no es así. Como tampoco el hecho que la degrademos cada vez que la envolvemos en una simple retórica, en un mero discurso, muy alejada de la práctica. ¿Qué tipo de democracia vivimos?

Si aterrizamos en la realidad nacional, el ejemplo más claro es el contexto en que ocurren las expulsiones de Roberto Hernández e Isaac Ábrego, ambos ex coordinadores departamentales del partido FMLN para San Salvador.

Cinco más, que piden a gritos una democratización interna de su partido, tienen expediente abierto en el que se les procesa de cualquier cosa, pero nadie ignora que eso suena a reprimenda por desafiar una especie de dictadura que al parecer ha perdido la brújula, la armonía con la pluralidad que tanto han pregonado y que la han desvanecido.

Si decimos que vivimos en una democracia, no es posible que no hayamos aprendido a tolerar o a respetar la opinión de otros, aún cuando ésta disienta con lo que yo pienso, con lo que yo quiero o con lo que a mí me conviene.


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