Del 26 de diciembre al 2 de enero de 2005


Relato
Historia de un asalto

Después de diez años, la Asamblea Legislativa volvió a ser el escenario de una toma. Los manifestantes que llegaron al salón principal burlaron la seguridad.
¿Cómo lo hicieron? ARENA y el PCN aseguran que fue con la ayuda del FMLN, pero los protagonistas prefieren decir que fue “la suerte y la astucia para hacer las cosas”

Alicia Miranda Duke
vertice@elsalvador.com

Los manifestantes que llegaron al Congreso a tomarse las curules protestaban por la ratificación del Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y Estados Unidos. Foto EDH /Archivo


Jueves 16 de diciembre. Ese día, la agenda parlamentaria presagiaba una intensa discusión por la ratificación del Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y Estados Unidos.

El recinto legislativo se volvería, después de las nueve de la mañana, el campo de batalla entre ARENA y el FMLN.

Pero un grupo de más de 50 personas, entre hombres y mujeres, llegó a las curules y a los micrófonos mucho antes que los diputados. Y durante dos horas los foráneos se tomaron el salón principal de la Asamblea Legislativa para gritar su desacuerdo por el Tratado.

Pero, ¿cómo logró pasar medio centenar de personas sin que la seguridad del Parlamento se percatara de que algo anómalo sucedía?

Para ingresar se hicieron pasar por invitados de la plenaria que ese día se realizaría. Sigilosamente entraron por todos los accesos del edificio.

La facilidad con la que ingresaron, sin levantar la mínima sospecha, hace que algunos crean que les ayudó un tercero. Sin embargo, los manifestantes lo niegan.

Las versiones sobre el hecho son contradictorias. Algunos agitadores dicen que fue por cuenta propia, pero hay quienes ven la mano del FMLN detrás de las acciones.

Todo comenzó a las seis de la mañana de ese jueves, cuando la mayoría de huelguistas había llegado al punto de reunión.

“Ya teníamos rato de haber llegado al palo de hule (frente a la entrada principal del edificio) y esperamos a que todos estuvieran en posición para entrar”, asegura Zulma Larín, miembro de la Unidad Ecológica Salvadoreña (Unes) y una de las participantes en el suceso.

Poco después de la toma, las fracciones de ARENA y la del PCN denunciaron que el diputado farabundista Manuel Melgar y el FMLN habían colaborado en facilitar el ingreso y la permanencia de los manifestantes en el edificio.

Pero Larín afirma lo contrario: “Nosotros lo hicimos sin que el Frente lo supiera. No saben en lo que andamos. Al ver que estábamos adentro tuvieron que apoyarnos. ¡Ni modo!”.

Sin embargo, una fuente cercana a la fracción del FMLN aseguró que si bien no todos los efemelenistas sabían de la acción, más de algún diputado tenía conocimiento de lo que iba a suceder esa mañana. “Hay diputados que tienen más comunicación con estas organizaciones. Tal vez no sabían los detalles, pero uno o dos diputados sí sabían que iban a llegar”, sostiene el informante.

Durante dos horas, los agitadores ocuparon los puestos de los diputados. La plenaria programada se retrasó. Foto EDH /Archivo

Lo cierto es que la protesta se había programado con cierta antelación.
Un día antes de la toma, la red de feministas Cinti-Chacón, la Red Ambientalista en Acción, organizaciones estudiantiles y el Movimiento Popular de Resistencia 12 de Octubre (MPR- 12) decidieron darle un giro a los planes originales.

Los huelguistas buscarían demostrar un poder contundente para hacerse escuchar entrando hasta el salón principal de la Asamblea.

La manifestación, que en un inicio llegaría hasta el “palo de hule”, no se quedaría ahí: llegaría hasta las mismísimas entrañas del recinto legislativo: el salón donde se realizan las sesiones plenarias.

Los dirigentes de las organizaciones escogieron a la gente que consideraron idónea para reaccionar en caso de una confrontación adentro del edificio. Sin embargo, la esencia del plan estaba en la capacidad que tuvieran para no levantar la mínima sospecha hasta que entraran todos.

Sin mayores contratiempos, los manifestantes siguieron con el plan. Se dispersaron en los salones y estancias de la Asamblea y aguardaron sigilosos.

Cuando llegó la hora cero se introdujeron al improvisado “salón Azu”, tomaron posiciones en las sillas de los diputados y se aprestaron para armar una “plenaria popular”.

Comenzaron a gritar consignas mientras la directiva, formada por miembros del MPR- 12, concedía la palabra. Durante dos horas, la Asamblea estuvo en manos de los usurpadores.

Mientras tanto, en la Alameda Juan Pablo II, unas 300 personas cargaban pancartas y coreaban las mismas consignas.

“Yo no estuve detrás de la movilización que hubo ese día, más bien estoy adentro. Lo que convocó al pueblo fue la política de la derecha”.
Dagoberto Gutiérrez,
Miembro de la Unes

El objetivo

“Lo que convocó que entraran a la Asamblea fue la política que la derecha implementa a través de medidas como el TLC, que no benefician al pueblo. Fue una forma de hacerse oír y dar a conocer su posición”, sostiene Dagoberto Gutiérrez, miembro de la Unes y ex comandante guerrillero de las FAL.

Gutiérrez explica que hacerse escuchar es uno de los componentes más importantes de la democracia.
Zulma Larín coincide con Gutiérrez y agrega que, en términos de movilización y protesta, la acción fue un éxito: “Llegamos hasta adentro de la Asamblea”.

Sin embargo, un día después de la toma, en los pasillos de la Asamblea, comenzaron a escucharse rumores sobre los motivos que llevaron a un cambio en los planes.

Al parecer, los protagonistas de la toma viven, hacia el interior de su movimiento, una situación de “canibalismo”.
Estas organizaciones se encuentran en un momento crítico porque las agencias internacionales que les financian están cortando el patrocinio económico hacia El Salvador.

Así, una protesta radical como la toma de la Asamblea sería, bajo esta lógica, una forma de justificar la existencia de estos grupos; de lo contrario corre el riesgo de perder esa ayuda.

Tal suposición es descartada por Gutiérrez: “¡Claro que no es cierto!, pero quien dijo eso conoce el debate que existe actualmente entre las agencias internacionales y los países pobres como El Salvador”.

Aparte, deja escapar lo que bien podría considerarse como una advertencia: “Ir a la Asamblea es una forma de participar en la toma de decisiones trascendentales de este país, es un ejercicio democrático... Hoy día, no faltan los motivos para ir a la Asamblea”.

1994 Después de los Acuerdos de Paz, los ex patrulleros se tomaron varias veces la Asamblea. Foto EDH /Archivo

Congreso: ESCENARIO DE PROTESTAS

Entre 1993 y 1994, la Asamblea Legislativa fue escenario de al menos cuatro tomas violentas por parte de ex patrulleros y ex defensas civiles.

Las demandas fueron las mismas: los ocupantes exigían su incorporación a los programas de reinserción y la indemnización por los años de trabajo en los cuerpos de seguridad.

Una de las tomas más violentas se dio el 26 de septiembre de 1994, cuando unos 300 ex paramilitares armados con machetes, palos y piedras, entraron al Salón Azul y tomaron como rehenes a 29 diputados de diferentes fracciones.

Los asaltantes amenazaron durante horas con quemar el lugar junto a los diputado si no se accedía a las peticiones.

Los legisladores cuestionaron severamente a los agentes de la Policía Nacional Civil que brindaban la seguridad al edificio por la facilidad con la que habían entrado los ex patrulleros.
Al parecer, el error de los agentes de seguridad estuvo en un retraso durante el relevo.

La discusión continuó durante varios días y se planteó la posibilidad de crear una policía legislativa, pero al final el tema se olvidó.

La toma del 26 de septiembre de 1994 terminó después de la intervención de Naciones Unidas en El Salvador (Onusal), que sirvió de enlace entre los ex patrulleros y el gobierno del ex presidente Armando Calderón Sol.

 


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