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Relato
Historia
de un asalto
Después
de diez años, la Asamblea Legislativa volvió a ser el
escenario de una toma. Los manifestantes que llegaron al salón
principal burlaron la seguridad.
¿Cómo lo hicieron? ARENA y el PCN aseguran que fue con
la ayuda del FMLN, pero los protagonistas prefieren decir que fue la
suerte y la astucia para hacer las cosas
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Los manifestantes que llegaron
al Congreso a tomarse las curules protestaban por la ratificación
del Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y Estados
Unidos. Foto EDH /Archivo
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Jueves 16 de diciembre. Ese día, la agenda parlamentaria presagiaba
una intensa discusión por la ratificación del Tratado
de Libre Comercio entre Centroamérica y Estados Unidos.
El recinto legislativo se volvería, después de las nueve
de la mañana, el campo de batalla entre ARENA y el FMLN.
Pero un grupo de más de 50 personas, entre hombres y mujeres,
llegó a las curules y a los micrófonos mucho antes que
los diputados. Y durante dos horas los foráneos se tomaron el
salón principal de la Asamblea Legislativa para gritar su desacuerdo
por el Tratado.
Pero, ¿cómo logró pasar medio centenar de personas
sin que la seguridad del Parlamento se percatara de que algo anómalo
sucedía?
Para ingresar se hicieron pasar por invitados de la plenaria que ese
día se realizaría. Sigilosamente entraron por todos los
accesos del edificio.
La facilidad con la que ingresaron, sin levantar la mínima sospecha,
hace que algunos crean que les ayudó un tercero. Sin embargo,
los manifestantes lo niegan.
Las versiones sobre el hecho son contradictorias. Algunos agitadores
dicen que fue por cuenta propia, pero hay quienes ven la mano del FMLN
detrás de las acciones.
Todo comenzó a las seis de la mañana de ese jueves, cuando
la mayoría de huelguistas había llegado al punto de reunión.
Ya teníamos rato de haber llegado al palo de hule (frente
a la entrada principal del edificio) y esperamos a que todos estuvieran
en posición para entrar, asegura Zulma Larín, miembro
de la Unidad Ecológica Salvadoreña (Unes) y una de las
participantes en el suceso.
Poco después de la toma, las fracciones de ARENA y la del PCN
denunciaron que el diputado farabundista Manuel Melgar y el FMLN habían
colaborado en facilitar el ingreso y la permanencia de los manifestantes
en el edificio.
Pero Larín afirma lo contrario: Nosotros lo hicimos sin
que el Frente lo supiera. No saben en lo que andamos. Al ver que estábamos
adentro tuvieron que apoyarnos. ¡Ni modo!.
Sin embargo, una fuente cercana a la fracción del FMLN aseguró
que si bien no todos los efemelenistas sabían de la acción,
más de algún diputado tenía conocimiento de lo
que iba a suceder esa mañana. Hay diputados que tienen
más comunicación con estas organizaciones. Tal vez no
sabían los detalles, pero uno o dos diputados sí sabían
que iban a llegar, sostiene el informante.
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Durante dos horas, los agitadores
ocuparon los puestos de los diputados. La plenaria programada
se retrasó. Foto EDH /Archivo
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Lo cierto es que la protesta se había programado
con cierta antelación.
Un día antes de la toma, la red de feministas Cinti-Chacón,
la Red Ambientalista en Acción, organizaciones estudiantiles
y el Movimiento Popular de Resistencia 12 de Octubre (MPR- 12) decidieron
darle un giro a los planes originales.
Los huelguistas buscarían demostrar un poder contundente para
hacerse escuchar entrando hasta el salón principal de la Asamblea.
La manifestación, que en un inicio llegaría hasta el palo
de hule, no se quedaría ahí: llegaría hasta
las mismísimas entrañas del recinto legislativo: el salón
donde se realizan las sesiones plenarias.
Los dirigentes de las organizaciones escogieron a la gente que consideraron
idónea para reaccionar en caso de una confrontación adentro
del edificio. Sin embargo, la esencia del plan estaba en la capacidad
que tuvieran para no levantar la mínima sospecha hasta que entraran
todos.
Sin mayores contratiempos, los manifestantes siguieron con el plan.
Se dispersaron en los salones y estancias de la Asamblea y aguardaron
sigilosos.
Cuando llegó la hora cero se introdujeron al improvisado salón
Azu, tomaron posiciones en las sillas de los diputados y se aprestaron
para armar una plenaria popular.
Comenzaron a gritar consignas mientras la directiva, formada por miembros
del MPR- 12, concedía la palabra. Durante dos horas, la Asamblea
estuvo en manos de los usurpadores.
Mientras tanto, en la Alameda Juan Pablo II, unas 300 personas cargaban
pancartas y coreaban las mismas consignas.
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Yo
no estuve detrás de la movilización que hubo ese
día, más bien estoy adentro. Lo que convocó
al pueblo fue la política de la derecha.
Dagoberto Gutiérrez,
Miembro de la Unes
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El objetivo
Lo que convocó que entraran a la Asamblea fue la política
que la derecha implementa a través de medidas como el TLC, que
no benefician al pueblo. Fue una forma de hacerse oír y dar a
conocer su posición, sostiene Dagoberto Gutiérrez,
miembro de la Unes y ex comandante guerrillero de las FAL.
Gutiérrez explica que hacerse escuchar es uno de los componentes
más importantes de la democracia.
Zulma Larín coincide con Gutiérrez y agrega que, en términos
de movilización y protesta, la acción fue un éxito:
Llegamos hasta adentro de la Asamblea.
Sin embargo, un día después de la toma, en los pasillos
de la Asamblea, comenzaron a escucharse rumores sobre los motivos que
llevaron a un cambio en los planes.
Al parecer, los protagonistas de la toma viven, hacia el interior de
su movimiento, una situación de canibalismo.
Estas organizaciones se encuentran en un momento crítico porque
las agencias internacionales que les financian están cortando
el patrocinio económico hacia El Salvador.
Así, una protesta radical como la toma de la Asamblea sería,
bajo esta lógica, una forma de justificar la existencia de estos
grupos; de lo contrario corre el riesgo de perder esa ayuda.
Tal suposición es descartada por Gutiérrez: ¡Claro
que no es cierto!, pero quien dijo eso conoce el debate que existe actualmente
entre las agencias internacionales y los países pobres como El
Salvador.
Aparte, deja escapar lo que bien podría considerarse como una
advertencia: Ir a la Asamblea es una forma de participar en la
toma de decisiones trascendentales de este país, es un ejercicio
democrático... Hoy día, no faltan los motivos para ir
a la Asamblea.
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1994 Después de los Acuerdos
de Paz, los ex patrulleros se tomaron varias veces la Asamblea.
Foto EDH /Archivo
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Congreso: ESCENARIO DE PROTESTAS
Entre 1993 y 1994, la Asamblea Legislativa fue escenario
de al menos cuatro tomas violentas por parte de ex patrulleros y ex
defensas civiles.
Las demandas fueron las mismas: los ocupantes exigían su incorporación
a los programas de reinserción y la indemnización por
los años de trabajo en los cuerpos de seguridad.
Una de las tomas más violentas se dio el 26 de septiembre de
1994, cuando unos 300 ex paramilitares armados con machetes, palos y
piedras, entraron al Salón Azul y tomaron como rehenes a 29 diputados
de diferentes fracciones.
Los asaltantes amenazaron durante horas con quemar el lugar junto a
los diputado si no se accedía a las peticiones.
Los legisladores cuestionaron severamente a los agentes de la Policía
Nacional Civil que brindaban la seguridad al edificio por la facilidad
con la que habían entrado los ex patrulleros.
Al parecer, el error de los agentes de seguridad estuvo en un retraso
durante el relevo.
La discusión continuó durante varios días y se
planteó la posibilidad de crear una policía legislativa,
pero al final el tema se olvidó.
La toma del 26 de septiembre de 1994 terminó después de
la intervención de Naciones Unidas en El Salvador (Onusal), que
sirvió de enlace entre los ex patrulleros y el gobierno del ex
presidente Armando Calderón Sol.
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