 |  |
LA
COLUMNA
Queridos
Reyes Magos...
Así inician su carta dirigida a
sus Sabias Majestades muchos niños católicos
de parroquias como Don Rúa, La Sagrada Familia, la Ceiba de Guadalupe,
San Marcos, Panchimalco y Sonsonate, quienes desde pequeños no
le escriben a Santa, sino a Melchor, Gaspar y Baltazar.
En la misiva los pequeños narran a los míticos personajes
cómo se han portado durante el año, reconocen algunas
desobediencias a sus padres y piden, es el meollo del asunto, que el
Niño Dios nazca en sus corazones, además de un juguete
tan fantástico que los Reyes, porque son magos, no
tendrán dificultades en traer.
La tradición, traída desde España, asegura que
a los niños que se portaron mal los Reyes les traerán
carbón. Sin embargo, ninguno de los niños que conozco
ha dejado de recibir su regalo cada 6 de enero.
Eso me llena de esperanza, porque si en mi país todos mis conciudadanos
escribieran una carta a sus Majestades Melchor, Gaspar y
Baltazar, significaría que ellos no tomarán en cuenta
los errores que como humanos me incluyo hemos cometido:
6,291 homicidios, 25,400 hurtos y robos, 20,124 lesiones, 2,241 violaciones
y quién sabe cuántos chambres e insultos silenciosos contra
el prójimo.
Si pedimos, con la misma confianza que los niños, que el próximo
año los diputados, sin importar colores políticos, se
decidan a aprobar el presupuesto y que los pesimistas dejen de ver una
amenaza en el TLC, es probable que, como son Magos, los
Reyes cumplan nuestra petición.
Pero sería demasiado fácil para nosotros y es probable
que los Reyes Magos no quieran privarnos de la experiencia de sortear
obstáculos tan interesantes como la falta de recursos para reactivar
la industria de la construcción, que se vio afectada por la tardía
aprobación del Presupuesto 2004, y los congestionamientos provocados
por quienes no conocen otra forma de hacerse escuchar que obligar a
los automovilistas a gastar la poca gasolina que sus bolsillos pueden
costear.
Seamos menos ambiciosos y pidamos a los Reyes Magos la paciencia suficiente
para librar esos obstáculos y la sabiduría, la misma que
pidió Salomón, para convivir con quienes llaman
al mal bien y al bien mal sin sentirnos superiores a ellos.
Porque, después de todo, ése es el regalo más valioso
de los Magos de Oriente y el acto que les valió un lugar en el
Evangelio: que con su sabiduría y dominio de la ciencia no dudaron
en inclinarse ante un pequeño niño refugiado en un sucio
y frío portal de la pequeña Belén de Judá.
Todavía estamos a tiempo de escribir nuestra carta.
Copyright 2002 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular. | |