Del 26 de diciembre al 2 de enero de 2005



LA COLUMNA

Lilian Martínez
vertice@elsalvador.com

Queridos Reyes Magos...

Así inician su carta dirigida a “sus Sabias Majestades” muchos niños católicos de parroquias como Don Rúa, La Sagrada Familia, la Ceiba de Guadalupe, San Marcos, Panchimalco y Sonsonate, quienes desde pequeños no le escriben a Santa, sino a Melchor, Gaspar y Baltazar.

En la misiva los pequeños narran a los míticos personajes cómo se han portado durante el año, reconocen algunas desobediencias a sus padres y piden, es el meollo del asunto, que el Niño Dios nazca en sus corazones, además de un juguete tan fantástico que los Reyes, “porque son magos”, no tendrán dificultades en traer.

La tradición, traída desde España, asegura que a los niños que se portaron mal los Reyes les traerán carbón. Sin embargo, ninguno de los niños que conozco ha dejado de recibir su regalo cada 6 de enero.

Eso me llena de esperanza, porque si en mi país todos mis conciudadanos escribieran una carta a “sus Majestades” Melchor, Gaspar y Baltazar, significaría que ellos no tomarán en cuenta los errores que como humanos —me incluyo— hemos cometido: 6,291 homicidios, 25,400 hurtos y robos, 20,124 lesiones, 2,241 violaciones y quién sabe cuántos chambres e insultos silenciosos contra el prójimo.

Si pedimos, con la misma confianza que los niños, que el próximo año los diputados, sin importar colores políticos, se decidan a aprobar el presupuesto y que los pesimistas dejen de ver una amenaza en el TLC, es probable que, “como son Magos”, los Reyes cumplan nuestra petición.

Pero sería demasiado fácil para nosotros y es probable que los Reyes Magos no quieran privarnos de la experiencia de sortear obstáculos tan interesantes como la falta de recursos para reactivar la industria de la construcción, que se vio afectada por la tardía aprobación del Presupuesto 2004, y los congestionamientos provocados por quienes no conocen otra forma de hacerse escuchar que obligar a los automovilistas a gastar la poca gasolina que sus bolsillos pueden costear.

Seamos menos ambiciosos y pidamos a los Reyes Magos la paciencia suficiente para librar esos obstáculos y la sabiduría, la misma que pidió Salomón, para convivir con quienes “llaman al mal bien y al bien mal” sin sentirnos superiores a ellos.

Porque, después de todo, ése es el regalo más valioso de los Magos de Oriente y el acto que les valió un lugar en el Evangelio: que con su sabiduría y dominio de la ciencia no dudaron en inclinarse ante un pequeño niño refugiado en un sucio y frío portal de la pequeña Belén de Judá. Todavía estamos a tiempo de escribir nuestra carta.



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