Del 26 al 02 de octubre de 2004



LA COLUMNA

Mirella Cáceres
vertice@elsalvador.com

La eterna pobreza

Hace dos años la ONU se fijó los Objetivos para el Nuevo Milenio y entre ellos pesaba el compromiso de 135 gobiernos para dar una batalla a la pobreza en el mundo.

Esta semana, en el seno de la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York, el tema de la pobreza ha vuelto a resonar, sobre todo después de que Brasil, España, Chile y Francia promovieran un plan que ganó el respaldo de 110 países al firmar el lunes pasado la Declaración sobre Acciones contra el Hambre y la Pobreza.

Con este plan se pretende mejorar los niveles de asistencia al desarrollo y entre otras medidas, busca imponer impuestos a las transacciones mundiales al comercio de armamentos.

Las guerras y los desastres heredan crueles imágenes de comunidades enteras rogando por víveres. Las de los empobrecidos etíopes quizá sean las más difíciles de comprender.

Al menos es esa mi percepción. Lo más lamentable es que es un tema bastante olvidado, a pesar de que cada vez que se recuerda, se repite la misma realidad: que hay millones de personas que vive en extrema pobreza.

Las cifras más recientes de esa realidad impresionan, más de mil millones de personas en el mundo vive en la extrema pobreza y cada día mueren 20 mil a causa del hambre. Una vez más, las voces de líderes mundiales se han levantado en el seno de la ONU, pero el problema es que las acciones para contrarrestar el problema de la pobreza en el mundo, tardan demasiado.

Los programas de asistencia son magníficos cuando se trata de paliar el hambre; pero se trata de hacer algo más que eso.

Me pongo optimista cuando escucho hablar al Presidente Antonio Saca acerca de sus planes de inversión social, y especialmente del Fondo de Salud. Esperaré con ansias los resultados. Ya es hora que en el país cerremos brechas como las que establece el último Informe de Desarrollo Humano de Naciones Unidas, por ejemplo, respecto a la distribución del ingreso, cuya desigualdad incrementó entre 1992 y el 2002.

Hasta hace dos años, el 20% de los hogares más ricos del país percibían el 54.8%, mientras que el 20% de los hogares más pobres percibieron apenas el 2,4%.

Las remesas ha sido por años la tabla de salvación para cientos de salvadoreños. Para el año 2002, un 4% de los hogares rurales se salvó de caer en pobreza absoluta, pero no es posible que sigamos dependiendo tanto de los envíos.

Ojalá que dentro de cinco años, los márgenes de pobreza en El Salvador y el mundo realmente sean transformados.


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