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LA
COLUMNA
La
eterna pobreza
Hace dos años la ONU se fijó
los Objetivos para el Nuevo Milenio y entre ellos pesaba el compromiso
de 135 gobiernos para dar una batalla a la pobreza en el mundo.
Esta semana, en el seno de la Asamblea General de Naciones Unidas en
Nueva York, el tema de la pobreza ha vuelto a resonar, sobre todo después
de que Brasil, España, Chile y Francia promovieran un plan que
ganó el respaldo de 110 países al firmar el lunes pasado
la Declaración sobre Acciones contra el Hambre y la Pobreza.
Con este plan se pretende mejorar los niveles de asistencia al desarrollo
y entre otras medidas, busca imponer impuestos a las transacciones mundiales
al comercio de armamentos.
Las guerras y los desastres heredan crueles imágenes de comunidades
enteras rogando por víveres. Las de los empobrecidos etíopes
quizá sean las más difíciles de comprender.
Al menos es esa mi percepción. Lo más lamentable es que
es un tema bastante olvidado, a pesar de que cada vez que se recuerda,
se repite la misma realidad: que hay millones de personas que vive en
extrema pobreza.
Las cifras más recientes de esa realidad impresionan, más
de mil millones de personas en el mundo vive en la extrema pobreza y
cada día mueren 20 mil a causa del hambre. Una vez más,
las voces de líderes mundiales se han levantado en el seno de
la ONU, pero el problema es que las acciones para contrarrestar el problema
de la pobreza en el mundo, tardan demasiado.
Los programas de asistencia son magníficos cuando se trata de
paliar el hambre; pero se trata de hacer algo más que eso.
Me pongo optimista cuando escucho hablar al Presidente Antonio Saca
acerca de sus planes de inversión social, y especialmente del
Fondo de Salud. Esperaré con ansias los resultados. Ya es hora
que en el país cerremos brechas como las que establece el último
Informe de Desarrollo Humano de Naciones Unidas, por ejemplo, respecto
a la distribución del ingreso, cuya desigualdad incrementó
entre 1992 y el 2002.
Hasta hace dos años, el 20% de los hogares más ricos del
país percibían el 54.8%, mientras que el 20% de los hogares
más pobres percibieron apenas el 2,4%.
Las remesas ha sido por años la tabla de salvación para
cientos de salvadoreños. Para el año 2002, un 4% de los
hogares rurales se salvó de caer en pobreza absoluta, pero no
es posible que sigamos dependiendo tanto de los envíos.
Ojalá que dentro de cinco años, los márgenes de
pobreza en El Salvador y el mundo realmente sean transformados.
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