Del 25 al 1 de agosto de 2004


REPORTAJE

¿No hay como el hogar?

Para decenas de niñas salvadoreñas, el lugar donde deberían sentirse
más seguras es donde corren más peligro, y la figura masculina que
debería inspirarles más confianza es la que traiciona y lesiona su inocencia...

Texto: Lilian Martínez/Fotos: Wilfredo Díaz
vertice@elsalvador.com

Érase una vez una pareja con cinco hijos que alimentar, entre ellos una hermosa niña. La madre hacía tortillas y el padre trabajaba fuera del hogar para “llevar el sustento” a la prole.

Cualquier vecino los habría descrito como “pobres pero honrados”... Todo iba bien, hasta que la pequeña de 9 años se atrevió a hablar.

Un día narró a su madre el dolor que le provocaba su papá. La madre denunció al marido, quien luego fue detenido bajo el cargo de violación, y enviado a un centro penitenciario mientras se realizaba la investigación.

A la pequeña se le realizó un peritaje psicológico y un reconocimiento de genitales en el Instituto de Medicina Legal. Mientras tanto el dinero dejó de llegar a su casa. Tal vez eso hizo que su madre cambiara de parecer. La progenitora se alió con el proveedor.

De pronto, la fiscal que ventilaba el caso recibió una carta donde la pequeña, con apenas 9 años vividos, aseguraba que un novio, y no su padre, era el autor de su deshonrra.

El día de la vista pública llegó. La madre se sentó junto al acusado y se negó a declarar.
La entonces fiscal María Elena Muñoz, actual jefa de la Unidad de delitos contra la Mujer y la Niñez, recuerda el diálogo que sostuvo con la víctima:

“-¿Querés a tu papá?
-Sí, lo quiero.

¿Querés que salga de la cárcel?
-Sí, quiero que salga.

-¿Creés que no te va volver a hacer lo que te hizo?
-No. Ahora no lo voy a permitir, no me voy a quedar sola.

-¿Y qué es lo que te hacía?”.
Entonces la pequeña relató los hechos y el veredicto resultó condenatorio.

Jurídicamente el delito no quedó impune. Pero las secuelas que la violación deja en un menor de edad repercuten durante toda su vida, según la psicóloga, Milagro López, quien trabaja con los niños que atiende el Instituto Salvadoreño para la Niñez y la Adolescencia (ISNA).

Durante el año pasado, 31 de las 74 violaciones denunciadas a la PNC entre el 1º de enero y el 31 de mayo, habían sido hechas por padrastros, 16 por los padres de las víctimas y 12 por sus tíos. Este año, durante el mismo período, los padres ocupan el primer lugar entre los violadores de menores con 17 casos en su haber.

Estela de odio

Ofelia es otro caso y tiene quince años. Es morena, extremadamente delgada y de baja estatura. Casi no sonríe. La mayoría del tiempo, tiene el rostro compungido. Sobre todo cuando habla de su hija, una cría de seis meses, fruto de los sucesivos abusos del hombre al que un día llamó “papá”.

El individuo y su compañera de vida criaron a Ofelia desde que ella y su hermano gemelo eran bebés. “Decían que mi mamá nos regaló”, afirma la madre precoz, tratando de contener las lágrimas y el odio que siente por quienes le dieron un techo donde vivir a cambio de que ella, desde los ocho años, de edad trabajara cuidando a los hijos de una vecina. “Me pagaban 400 colones”, recuerda.

El salario lo entregaba a sus tutores. Ellos agradecían el apoyo económico castigando a su su hermano con quemaduras y propinándole golpes a Ofelia cuando trataba de defenderlo. “Me reventaban la cabeza, me decían que yo era basura, que agradeciera que me habían recogido... Una vez que defendí a mi hermano fue que ese hombre me hizo lo que me hizo”, rememora con sus ojos húmedos que miran hacía el suelo.

Tipos de maltrato
El abuso sexual y la violación pueden ir acompañados de otros tipos de maltrato dentro del hogar. Quien tiene niños a su cargo debe estar consciente de cuándo está abusando de su autoridad.

Maltrato físico

Se da cuando el padre, la madre o quien está a cargo del menor, incurre en un trato que afecta el estado físico de niños y niñas.
Según la Doctora Sonia Sierra, puede consistir en golpes, quemaduras y fracturas. “Por ejemplo, jalar un niño y tirarlo puede ocasionarle una serie de fracturas en su cuerpo. Si el maltrato es continuo puede generar rotura de órganos internos”, explica. Cuando una personas quema deliberadamente al niño, lo mete en agua caliente, o pone su mano sobre la hornilla de la cocina... “eso es maltrato, porque tú estás haciéndole maltrato físico, aunque tu intención no sea esa sino disciplinarlo”, explica la psicóloga.

Maltrato psicológico

Consiste en humillar, menospreciar y menoscabar la autoestima del menor de forma que el niño crece con la creencia de que no vale nada y se subyuga a las peticiones de los demás. Gritarle “¡tonto!”, “¡basura!” o “¡hijuetantas”, también tiene consecuencias.
Las piscólogas consultadas coinciden en que el abuso sexual se relaciona con la violencia doméstica y el maltrato a los menores. “Usualmente hay abuso físico, o pueden haber todas esas modalidades: abuso físico, abuso sexual y abuso psicológico”, explica la doctora Sierra.

Maltrato por negligencia

Se trata del hecho de descuidar a un menor en aquellas áreas que son fundamentales para su desarrollo, como su salud y su alimentación. Puede consistir en no procurarle sus medicinas, si necesita medicamento, en abandonarlo o dejarlo en una situación que resulte atentatoria contra su vida.
Sierra apunta que, “por ejemplo, si un niño preescolar se deja solo en una casa y ocurre un incendio podría considerarse una negligencia por parte del padre o la madre”. La sicóloga enfatiza que la negligencia consiste en cuidar del niño de forma inadecuada, de tal manera que esto altere su salud física, emocional o que incluso le puede causar hasta la muerte.

Maltrato sexual

Según la doctura Sierra “consiste en utilizar a un menor con propósitos de autosatisfacción y lascivia de parte del adulto”. La profesional afirma que el abuso sexual es variado porque puede ir desde exposiciones deshonestas, como desnudarse frente al niño, presentarle documentos pornográficos, fotos de desnudos o de lascivia, tocar al niño en diferentes partes de su cuerpo, hasta llegar a la violación y la sodomía.

Lo que dice la ley
El Código Penal estable que:

" El que mediante violencia tuviere acceso carnal por vía vaginal o anal con otra persona, será sancionado con prisión de seis a diez años". (Artículo 158 )
" Los delitos a que se refieren los cuatro artículos anteriores serán sancionados con la pena máxima correspondiente, aumentada hasta en una tercera parte, cuando fueren ejecutados: cuando la víctima fuere Menor de dieciocho años de edad". (Artículo 162 N° 3).

“El maltrato físico y emocional no viene solo... Los casos que atiendo en este momento además de abuso físico presentan abuso sexual”, explica la psicóloga del ISNA, Milagro López.

Según los profesionales consultados, los registros sobre menores víctimas de violación y maltrato que se llevan en el ISNA, la PNC y el ISDEMU no reflejan la realidad.

“No es que el abuso sexual suceda menos, sino que hay menos denuncias”, explica la jueza Ana Guadalupe Zeledón, del Juzgado 4º de Familia. Por su parte, el nuevo jefe de la Unidad de la Familia de la PNC, Comisionado Hugo Armando Ramírez, cree que al hablar de delitos se debe tomar en cuenta “la cifra negra”, es decir los delitos que no se denuncian.

Ésto sucede a pesar de que el artículo 14 de la Ley Contra la Violencia Familiar establece que los médicos, farmacéuticos, enfermeras, maestros y demás personas que ejercen profesiones relacionadas con la salud, la educación y la asistencia social tienen la obligación de dar aviso de cualquier caso de violencia intrafamiliar.

“Muchas veces las personas no denuncian porque piensan que introducirse en el ambiente familiar de otros no es correcto, pero para estos profesionales es una obligación”, recalca la jueza de familia.

Señales de alerta

Pero ¿cómo saber si un menor está siendo abusado sexualmente?. “En el caso del abuso sexual es más difícil identificarlo”, afirma la Doctora Sonia Sierra, miembro de la American Professional Society on the Abuse of Children. Según Sierra, “una relación demasiado especial” entre el menor y un adulto o “el rechazo” hacia esa persona pueden indicar que algo anda mal.

“Hay casos de abuso sexual en que un familiar va a buscar al niño a la escuela en medio de clases diciendo que se lo tiene que llevar, sin que haya una cita médica u otra razón... Lo está sacando de la escuela para abusar de él”, ejemplifica la psicóloga puertorriqueña.

El abuso y la violación pueden manifestarse en los preescolares en hechos como querer desnudarse, querer tocarse o intentar tocar a otros niños, porque el menor no tiene consciencia de lo que está haciendo. En otras ocasiones, los menores pueden tornarse violentos, ya que quieren defenderse de las agresiones que reciben.

Ofelia no sabe leer pero asegura que fue a la escuela. “No aprendí porque iba a molestar: le tiraba semillas de aguacate a un profesor pelón y me peleaba en la polvazón con otra bicha”, recuerda, pero se culpa por la muerte de su hermano porque no lo pudo defender de sus agresores.

Cifras que engañan

El maltrato y los abusos que Ofelia recibía de sus padres de crianza habrían cont

inuado, quién sabe por cuánto tiempo, de nor ser porque su vientre empezó a crecer. Entonces, una amiga de la niña interpuso una denuncia y Ofelia fue separada de aquel fantoche de hogar e ingresada al Subsistema de Protección del ISNA.

De los 950 niños y niñas que ingresaron a dicha institución el primer trimestre de 2003, un total de 33 habían sido víctimas de abuso sexual, este año la cifra asciende a 57. Ellos no representan la mayoría en las estadísticas de niñez abusada, pero se calcula que el número de casos es mayor a los que salen a la luz.

Casos como el abuso sexual que Ofelia sufrió durante años siguen ocultos por diferentes razones. “Hay concepciones erróneas (en nuestra cultura) que generan impunidad... falta denunciar” , afirma Ima Guirola, vocera de CEMUJER, organismo no gubernamental que vela también por los derechos de la niñez y la adolescencia.

Activistas, psicólogas y fiscales consultadas han sido testigos de cómo muchas madres defienden al agresor y acusan a la víctima de mentir. “Esa actitud se explica por la educación que han recibido. Las mujeres reproducen el papel de no acusar al agresor aunque vean violentar a sus hijos o a ellas mismas. Absuelven a los agaresores”, afirma Guirola.

La fiscal Claudia Lara Ventura, de la Unidad de Delitos Contra la Mujer y la Niñez, afirma que el hecho de que la víctima se retracte contribuye a que el acusado reciba un veredicto absolutorio. “Usted puede llevar muchos elementos pero con lo que usted va a probar la participación es con la declaración de la víctima”, asegura la fiscal Lara Ventura.

Guardianes del cuerpo

Casos como el de Marta (nombre ficticio) son pocos. Ella estaba acompañada. Cada vez que su marido se ausentaba del hogar, su hija María, de 9 años, narró a su mamá lo que el individuo “le hacía”.

Al principio, la madre creyó que su hija estaba mintiendo y le dijo que no inventara cosas así... lo que provocó el llanto de la menor. En ese momento, la madre comprendió que la forma en que su hija describía cómo él padrastro la penetraba, no era fruto de su imaginación.

Presentó la denuncia ante la Fiscalía y colaboró durante todo el proceso. Hace un mes, su ex compañero de vida fue declarado culpable.

La sicóloga Sonia Sierra recomienda a los padres y madres de familia que le expliquen a los niños que nadie está autorizado para tocar sus cuerpos y si alguien llegara tocarlos que inmediatamente lo cuenten a “su adulto de confianza”. El niño sabrá quién es esa persona: un amigo, una maestra o la mamá de un compañero de escuela, “porque no se sabe si quien abusa del menor es el papá, la mamá, el abuelo o el tío”, explica.

Además, es importante que el niño sepa qué hacer en una situación de ese tipo: “que diga ‘mi mamá me está llamando’ y que se aleje inmediatamente de quien quiere tocarlo”, agrega la psicóloga, a quien muchos padres le preguntan si instruir a los niños evitará que sean víctimas de abuso, pero ella respolnde que es imposible evitarlo pero pero sí disminuirá la probabilidad de que le ocurra.“Y si ocurre que el niño sienta que cuenta con su apoyo...” sugiere, ya que son vulnerables y no se pueden proteger si un adulto quiere aprovecharse de ellos.

Según la última Encuesta Nacional de Salud Familiar (FESAL) el 42% de las mujeres encuestadas reportó su primera violación sexual antes de los 15 años.
La FESAL reporta además que el 15% de las encuestadas fueron violadas cuando tenían menos de 10 años, y el 26.7% cuando tenían entre 10 y 14 años.

¿A quién pedir ayuda?
Vecinos, familiares y profesionales que tengan sospechas de abuso y violación sexual contra menores, pueden llamar a diversas instituciones que están para velar por sus derechos.

ISNA 213-4700

ISDEMU 221-2020

CEMUJER 225-5812

PDDH 222-1604


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