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ENTREVISTA
¿Hablamos
de periodismo, Daniel?
Daniel
Santoro es un periodista argentino apasionado del buen método,
de la creatividad, de mejorar la capacidad de contar buenas historias
con sentido común. Para él, la esencia del periodismo
se relaciona con
la investigación. El ex presidente argentino, Carlos Menem, fue
uno de
sus blancos.

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No es necesario hurgar mucho en las claves de su personalidad
para saber que Daniel Santoro es un vicioso del periodismo.
El comenzó este oficio en Argentina, su país de origen,
como lo hacen los buenos: con una enorme dosis de vocación y
con muchísima “hambre” por aprender los mejores secretos.
Después hizo lo correcto: se acercó a los mejores maestros
para nutrirse de cuanto consejo pudiese escuchar de ellos.
Daniel no esperó que ellos lo buscaran. Desde que arrancó
en el periodismo sabía que los maestros apenas tienen el tiempo
preciso para escuchar, diagnosticar la realidad y advertir: “sigue
por este camino”.
Después puso lo suyo: el talento, el estudio del mejor instrumental
periodístico, la disciplina y el obligado paso por la lectura
hasta hacer, de todo eso, un hábito que jamás abandonó.
En un momento de su carrera se hizo una pregunta que siempre se la hacen
los mejores periodistas: “si en el periodismo todo está
hecho, si este oficio lleva siglos… ¿cómo me puedo
diferenciar de los demás?”.
Pronto obtuvo una respuesta: movido por la malicia entendió que
el mejor camino que se puede seguir es pararse frente a la realidad
y cruzar más puertas que cualquier otro periodista.
Quizá por eso es que, el día que vio salir de la cancillería
argentina al embajador de Perú en Argentina con la cara desgarrada,
supo que algo pasaba entre los dos países.
Algún tiempo después supo la verdad: el gobierno de Carlos
Menem le estaba vendiendo armas a Ecuador en tiempos en que ambos países
estaban en guerra.
Haló más el cordel y se topó, de frente, con las
peores corrupciones de Menem de la mano del mejor método del
periodismo de investigación.
Santoro permaneció varios días en el país enseñando,
a periodistas salvadoreños, eso que considera “la esencia
del periodismo”.
| Periodismo
y más...
Daniel Santoro es el sub secretario de redacción del periódico
El Clarín. Es egresado de la Facultad de Periodismo de
la Universidad de La Plata. Ha sido profesor de la Universidad
de Buenos Aires y del Instituto de Servicio Exterior.
- Tiene 47 años y 22 como periodista. Es autor de los libros
“Operación Cóndor, la historia secreta del
misil que desmanteló Menem”, “El hacedor, una
biografía política de Domingo Cavallo”, “Los
Intocables” y “Venta de armas: hombres de Menem”.
- Daniel Santoro ganó el Premio Internacional de Periodismo
Rey de España, en 1995. En 1997 fue nombrado Caballero
de la Orden del Mérito de la República de Italia,
en reconocimiento a sus méritos periodísticos. |
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VÉRTICE: Comenzaré con lo que
no es periodismo de investigación. Creo que a los estudiantes
de periodismo se les debe corregir algo: muchos creen que la única
función del periodismo es fiscalizar el poder. Se olvidan de
lo que llamo periodismo arte.
El de la buena crónica, el del buen manejo de otros géneros
periodísticos. Y hablo de esto a pesar de que me incluyo dentro
de los duros que cree y aplica el periodismo de investigación.
¿Qué piensas tú de eso?
Creo que si se educa a un futuro periodista con la idea de que va a
descubrir un gran caso, es un error gravísimo.
El periodismo de investigación es una especialidad más.
No es mejor, ni peor, que los otros. Es obvio que es muy importante
tener un buen periodismo de interpretación o dar buenas crónicas.
Ahí hay que hacer un gran esfuerzo de narración. Los textos
deben mejorarse en todos los rincones de los diarios. Pienso que alentar
eso es alimentar expectativas que no se cumplen porque, a lo largo de
15 ó 20 años de periodismo, las buenas historias que uno
puede atrapar son pocas.
¿Haces de todo?
Yo, además de periodismo de investigación, hago crónicas,
hago entrevistas. Si en el camino tengo una primicia, la publico. Lo
otro, la investigación, es un trabajo de paciencia. Es un trabajo
de mediano y largo plazo. Pero, coincido con vos en que no hay que exagerarle
tanto a la expectativa de que todos debemos buscar un watergate para
votar un presidente, un ministro u otra cosa así. Lo nuestro
es buscar hechos comprobables y publicarlos. Las consecuencias políticas
y jurídicas corren de otro lado.
Gabriel García Márquez, para citar un ejemplo,
nunca hizo una sola investigación periodística como la
entiendes tú o yo. Sin embargo, es, y será siempre, un
periodista extraordinario, un fuera de serie…
Sin lugar a dudas. Lo que se trata es de hacer un trabajo con continuidad.
Un trabajo diario. Yo creo en la máxima del periodismo norteamericano:
yo soy tan bueno como mi última nota. Ojalá todo el periodismo
fuese periodismo de investigación, como cree que lo es Gabo.
Cada uno recibe un informe diario de un fiscal y, ojalá, cada
periodista pudiese agregarle sus propias consultas, mejorando la calidad.
Quienes creen que hay un genio en la redacción que hizo una investigación
y que el resto son unos mediocres, eso no es así. El trabajo
en un diario es un trabajo en equipo. Nadie debe creerse una estrella.
Tampoco debemos creer que somos jueces.
Hay quienes, incluso, aseguran que los actores de sus investigaciones
deben ir a la cárcel
Ningún periodista debe decir que tal o cual debe ir a la cárcel.
Cuando Menem cayó preso, periodistas de radio y televisión
me preguntaban si estaba contento. Yo respondía que estaba satisfecho
profesionalmente porque las cosas que publiqué eran ciertas.
El problema en Argentina es que hay jueces que encuentran pruebas y
hay jueces que son corruptos. Pero, ese es un problema de la sociedad
argentina. Si los quieren tolerar o no, ese es un problema adicional.
pero, nosotros no podemos caer en la tentación de ponernos a
pontificar.

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¿Qué condiciones debe tener el
buen periodista?
Creo que lo primero que debe tener es ansiedad por la lecturas. Uno
puede redactar buenos textos en la medida que constantemente está
leyendo buenos libros. Sé que es difícil porque, como
dice García Márquez, este es el mejor oficio del mundo
pero también fosiliza conocimientos. Estamos nueve o diez horas
en una redacción y se tiene poco tiempo para leer. Es probable
que a vos te pase lo que me pasa a mí: leo en los aviones, en
el subterráneo. Uno tiene que actualizarse. Es buen periodista
el que, constantemente, está leyendo.
¿Qué le agregarías a eso?
La curiosidad. El periodista debe sorprenderse por las historias que
le cuestan. Todo se aprovecha: una reunión familiar, un encuentro
con una fuente. Tiene que haber imaginación creadora para acabar
con el periodismo de declaraciones oficiales. Uno se duerme en el tercer
párrafo. Hay que aplicar la imaginación para recrear escenas,
situaciones. Hay que ver cómo se dicen las cosas para que muestren
una capacidad de investigación. Eso sí: siguiéndose
la máxima norteamericana… si tu mamá te dice que
te quiere, compruébalo. Hay que dudar siempre de las versiones
oficiales.
¿Le añadirías a eso la necesidad de llegar a esto
con una dosis de talento natural?
Creo que el periodismo debe tener dos tipos de conocimientos: uno es
cultural. Debe tener conocimientos de política y otros asuntos.
El otro conocimiento es técnico. Debe saber cómo hacer
un reportaje, una crónica. Hay periodistas que por su talento
puede alcanzar eso solos. Ve el caso de Jacobo Timmerman, quien fundó,
en Argentina, el diario La Opinión. Él cambió todos
los periódicos argentinos. Fundó su propio diario. Era
el mensajero de un periódico y acabó teniendo una gran
influencia en las generaciones de periodistas argentinos. Jacobo era
un autodidacta. Había leído por su cuenta. Esto se basa
en estímulos personales. Hay que ser voraces lectores. Pienso
que los conocimientos se adquieren, en forma sistemática, en
la universidad o se adquieren por voluntad propia.
¿Naciste con ese talento natural?
Creo que yo no nací con ese talento. Lo tuve que adquirir y aprenderlo
de mis maestros, tanto en la universidad como de mis compañeros
con mucha más experiencia. Tuve muy buenos maestros periodistas
pragmáticos que me enseñaron muchísimas cosas que
yo no había aprendido en la universidad.
Uno de los mejores periodistas que conocí
en Costa Rica, y quien me enseñó secretos de esto que
hacemos, apenas hizo la secundaria. A pesar de eso, era un monstruo…
Bueno, ve los casos de García Márquez, Asturias, Tomás
Eloy Martínez, Benedetti. Todos ellos empezaron en el periodismo
sin pasar por escuelas de periodismo. Tener personajes de esos en las
redacciones produce un efecto multiplicador. Todos aprendemos de personajes
como esos. Cuando yo empecé a trabajar no decía que era
licenciado en comunicación social. Si lo decía me echaban
porque los periodistas, en ese tiempo, eran pragmáticos, no pasaron
por universidades. Consideraban que las escuelas de periodismo eran
muy malas. Y era cierto. Ahora, en Argentina, han mejorado un poquito.
Ahora se tiene allá profesores asociados. Existe un profesor
de formación teórica, pero hay otro que cuenta cómo
se cocina esto. Al día siguiente, el alumno no repite de memoria
una fórmula.

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Aplicar
la imaginación
“El periodista debe saber aplicar la imaginación para
crear escenas y situaciones. Todo debe aprovecharse en el periodismo”. |
Máxima
estadounidense
“En el periodismo de investigación hay que seguir la
máxima norteamericana: si tu mamá te dice que te quiere,
compruébalo”. |
¿Y no crees que a esta mezcla de la que
hablamos hay que agregarle otros condimentos: el método y la
disciplina? Yo conozco periodistas con un talento descomunal, pero no
tienen método ni disciplina. Eso produce una lotería:
un día puedes leerles una obra de arte. Otros días, nada
de lo que hacen vale la pena.
Coincido, absolutamente, con vos. Creo que no hay una receta única
para conseguir un método. Pero, trabajas con un método
de trabajo. Quienes dicen que no se necesitan métodos de trabajo,
siempre los aplican. Yo lo veo en sus notas. ¿Cómo podemos
transmitir esa experiencia que tenemos en las redacciones a las nuevas
generaciones? Creo que hay que escribirlo. Hay que contar cómo
buscamos la historia, cómo tenemos una hipótesis para
guiar la historia, cómo armamos un archivo, cómo cruzamos
datos, cómo verificamos la información. Uno lo va armando
con la experiencia.
No te ocurrió que cuando se arranca en esto, pareces caballo
desbocado, quizá por la fuerza que llevas adentro, pero que,
luego, con el paso de los años, comienzas a pensar que lo que
haces es sistematizable, comienzas a entender las claves de lo que haces
y que, esas claves, pueden sistematizarse aunque no como un recetario.
Cuando yo entré a la redacción tenía muchas energías.
Aplicaba la presión que se tiene con el cierre del diario. Después,
efectivamente, empecé a organizar mi mente. Empecé a darme
cuenta que era necesario sistematizar los conocimientos. Por eso es
muy importante el trabajo en equipo. Es importante que la energía
de los periodistas jóvenes se mezcle con la paciencia o la sabiduría
reposada de los que ya tenemos más de 20 años en esto.
Creo que esa es una combinación importante. Hay periodistas jóvenes
que, como se dice en el fútbol, tienen ganas de comerse la cancha.
Hay otros que creen que ya terminó su carrera. Que ya están
coronados y que basta con dar vuelta a un cable de una agencia de noticias.
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Es
importante que la energía de los periodistas jóvenes
se mezcle con la paciencia y la sabiduría de los
que ya tenemos 20 años en esto. |
“Perdimos
la tertulia y hasta la bohemia”
A veces las condiciones te obligan a saltar a periodistas muy jóvenes
a cargo de editores. Obviamente, lo haces por su talento. El problema
es que se apoltronan en los escritorios y deciden quedarse sin obra,
deciden dejar de escribir o hacerlo esporádicamente.
En El Clarín hay una prueba para ascender. Ahí hay
más de 400 periodistas y se ascienden por méritos
y por experiencia. Es cierto, hay periodistas que el mejor trabajo
que hacen es en la calle. En mi caso, tengo una obligación
de editar de lunes a viernes. Pero, cuando lo hago, después
tengo tres días libres. Yo estoy más satisfecho cuando
me voy a casa a buscar información. Los deseos de salir a
la calle no hay que frustrarlos.
Pienso que también se han perdido otras costumbres
que enriquecen. Por ejemplo, la tertulia y hasta la bohemia. Yo
aprendí muchísimo escuchando a los viejos maestros
cuando nos íbamos a tomar una cerveza o cenar, después
de la hora del cierre del periódico. Pienso que esas son
maneras de hacer del aprendizaje una continuidad…
Es cierto. Ahora, después de la hora de cierre, hay poco
debate. García Márquez está preocupado porque
ahora no hay tertulias en los diarios después de esa hora.
Tampoco existe a la hora del café. No hay bohemia.
Antes todos nos íbamos a tomar unas copas. Ahora se termina
de cerrar y cada uno se quiere escapar. No hay tiempo para las ideas
de los periodistas jóvenes.
Por eso son importantes las cualidades de los jefes de redacción:
deben buscar talentos, deben saber escuchar, deben escuchar propuestas
que vienen desde abajo y enriquecer, desde arriba, cada vez que
puedan. |
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