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LA
COLUMNA

Consumidor
bajo riesgo
“Por ningún motivo hay que
firmar pagarés en blanco”, dijo esta semana la Comisionada
Presidencial para la Defensoría del Consumidor, Evelyn Jacir
de Lovo, al comentar sobre ciertas prácticas que siguen algunas
emisoras de tarjetas de crédito.
Firmar documentos en blanco es un riesgo. Eso está claro, pero
no para muchos. En la edición del pasado domingo, Vértice
publicó una extensa historia sobre la ingenuidad en la que un
grupo de cooperativistas cayó porque no se fijaron si los acuerdos
tomados en asambleas generales eran los que sus dirigentes escribían
en el papel y terminaron hipotecando sus tierras al primer postor.
Recuerdo una serie de denuncias que hicieron el año pasado algunos
lectores sobre contratos que habían firmado sin siquiera analizarlos
antes y luego se dieron cuenta que esas empresas promotoras de paquetes
turísticos les estaban cobrando altas sumas de dinero por practicamente
brindarles información sobre lugares para vacacionar.
En estos tiempos y ante el acecho de tantos timadores, no podemos comprometernos
tan fácilmente. “Le hemos preaprobado un crédito
por su excelente expediente crediticio”, me dijo vía telefónica
una amable empleada de una institución bancaria.
No recuerdo la cantidad que ofrecían pero sí recuerdo
que para obtener el dinero solamente tenía que firmar en las
oficinas del banco y no necesitaba fiadores. Hasta allí, resultaba
atractivo. ¿A quién no le gustaría evitarse los
engorrosos trámites que suelen exigir en los bancos para conseguir
un préstamo? Lo curioso del caso fue que de aquel crédito,
sólo me otorgarían un porcentaje en efectivo y el otro
porcentaje a través de una tarjeta de crédito.
¿Estrategias de mercadeo? Son válidas pero me parecen
injustas. Es acá donde el consumidor debe abrir bien los ojos,
pero los ojos del entendimiento para analizar cuál negocio es
el más conveniente y no lamentar después. “Me gustó
una blusa blanca pero estaba sucia, pedí por tanto que me rebajaran
la prenda. No querían en el almacen porque dijeron que era de
marca.
Les alegué que aunque fuera de marca estaba sucia y que aunque
me la lavaran no valía lo mismo”, me contó una amiga
y consiguió que le revaloraran la prenda. Una lección
digna de aprender.
Como consumidores tenemos derechos, somos los que pagamos y a cambio
debemos recibir lo justo. Pero muchos salvadoreños somos incautos
a la hora de comprar, a la hora de cerrar un trato porque aún
nos engañan las palabrerías mercadológicas. Basta
ya de ser tan pasivos.
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