25 de abril de 2004


REPORTAJE

Cáncer: enemigo oculto

Más de 6,000 habitantes del Área Metropolitana de San Salvador (AMSS)
murieron a consecuencia de algún tipo de cáncer entre 1997 y 2003.
¿Podrá nuestro sistema de salud evitar más muertes?

Lilian Martínez
vertice@elsalvador.com

Angela Flamenco es una vecina más entre los habitantes de San Bartolo. Madre de tres hijos, ama de casa y usuaria del servicio de buses de la Ruta 29.

Sin embargo, hace dos décadas vivió un experiencia que aún humedece sus ojos cuando hace memoria. En mayo de 1984 visitó la Unidad de Salud de San Bartolo porque “tenía flujos”.

Ahí le hicieron la citología, un examen que los médicos recomiendan a todos las mujeres con vida sexual activa y al que Angela nunca se había sometido. “Me ingresaron y me hicieron varias pruebas. Después el médico me remitió a Maternidad”, recuerda.

Estuvo ahí 13 días durante los que le realizaron otra serie de exámenes y, finalmente, le aplicaron radium 4 veces. Después le dieron el alta y le recetaron 20 sesiones de cobalto, que recibió día a día en enero de 1985.
“No es para que se aflijan las compañeras mujeres, pues todos nos afligimos y nos da miedo. Pero el cobalto no duele.

La reacción que da es que lo pone débil a uno y se siente como si estuviera saliendo embarazada, le dan ganas de cosas, antojitos. Pero gracias a Dios y a lo que uno va comiendo se va recuperando de todo eso... ¡Ya pasaron 20 años!”, dice.

Tras recibir el tratamiento, Angela tuvo que someterse al examen de citología primero cada 15 días, luego cada mes, cada seis meses y, finalmente cada año, como en la actualidad. “Yo no sentía nada. Y uno dice, si yo no tengo nada. Media vez tenga flujo uno ya no está bien. Son señales de que uno tiene que acudir al médico”, afirma Angela con una autoridad que solo la experiencia puede otorgar.

A nivel nacional 3,304 mujeres pasaron consulta por la misma razón que Angela Flamenco entre 1997 y 2001, según datos presentados por el entonces denominado Registro Patológico Nacional de El Salvador ante la Unión Internacional Contra el Cáncer (UICC) en abril de 2002.

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Los datos de mujeres pacientes de cáncer en el cuello uterino, sumados a los de pacientes de cáncer de piel (760), mama (1,173) y otros tipos de cáncer (3,789) hicieron figurar a las mujeres como las más atacadas por el cáncer en nuestro país. Pues frente a 9,029 mujeres pacientes de cáncer solo se contabilizaban 3,290 hombres pacientes de cáncer en el período arriba señalado.

Plan de prevención

Blanca Paz no quiere ser identificada con su nombre real, pues ni su esposo ni sus hijos saben que a la edad de 24 años le diagnosticaron cáncer cervical. Cuando el doctor le hizo su primera citología, ella no pudo más que gritar: “¡Ay, doctor!”. “Pero no duele, uno es el escandaloso que cree que le están haciendo algo del otro mundo”, explica.

Ahora, dice estar viva de milagro y recomienda a las mujeres no tener miedo a la citología. “Dejemos las niñerías... Hay que comprender que el bien es para uno y, si tenemos esposo o lo que sea, el bien es para ellos también, porque a ellos les vamos a hacer falta”, afirma.

Paradójicamente los números favorecieron a las mujeres en el sentido de que el alto índice de cáncer de cuello uterino motivó al Ministerio de Salud a elaborar el Programa y las Normas Nacionales de Prevención del Cáncer del Cuello Uterino en 2001. Desde entonces, dicho ministerio intenta aumentar el uso de la citología para detectar dicho cáncer en su etapa inicial. Mientras tanto, el Plan Nacional Preventivo de Enfermedades Crónicas, en el que se incluiría la prevención de los tipos de cáncer que atacan a los hombres, aún está en fase de evaluación en el Ministerio de Salud.

Las autoridades esperan tenerlo listo en un mes.

Manos amigas

Aunque el Instituto del Cáncer y el Hospital Rosales integran el Centro Oncológico Nacional diversas instituciones, públicas y privadas, ofrecen los servicios de diagnóstico, tratamiento y cuidados paleativos a los pacientes.

I. del cáncer

Consulta y tratamiento tanto a hombres como a mujeres.
Tel: 260-7218

Margaret

Diagnóstico de cáncer de mama y orientación sobre cáncer.
Tel: 260-1380

ISSS
Consulta y tratamiento. Atiende a todos los asegurados.
Tel: 271-0222

MATERNIDAD
Cuenta con mamógrafo y realiza exámenes de citología.
Tel: 271-2555

DIVINA PROV.
Ofrece albergue y cuidado a los pacientes en fase terminal.
Tel: 261-1282

 


“Me sentí feliz, sin mi mama enferma”

Hena Rosales, sobreviviente del cáncer de mama, prefirió que un cirujano le extirpara
una de sus mamas a esperar cupo en el ISSS. La decisión que ella tomó no es común.
En 2003, los oncólogos de dicha institución realizaron 250 cirugías de mama,
en los cuatro quirófanos semanales que tienen a su disposición en el Hospital Primero
de Mayo. Este es su relato en primera persona...

Soy Trabajadora Social y Socióloga. Durante algún tiempo trabajé para el Seguro y el Ministerio de Salud, donde más de una vez di charlas informativas sobre salud a las mujeres.

Cuando tenía 26 años tuve a mi única hija. Le di de mamar y pasé un tiempo supurando. Fui al Instituto del Cáncer donde el médico me dijo que yo era muy joven para hacerme una mamografía y que era normal que los pezones quedaran segregando líquido después de la lactancia... Me dieron unas pastillas y me alivié.

A pesar de que sentía dolorcitos en mi pecho durante el período menstrual, nunca más me revisé, ni siquiera me hacía el tacto.

Creo que tenía 39 años cuando pasé consulta otra vez. “Cada vez que me rozo me duele”, le dije a la doctora. “Entonces, vamos a sacarle unos líquidos”, dijo ella y de repente apareció con una aguja enorme. “¡No!”, le respondí, “mejor vengo otro día”.

“Pero, si no puede, hágase la mamografía”, recomendó ella. “Si no tengo nada, ¿por qué me voy a someter a ese sacrificio?”, pensé... Me habían contado que eso dolía un montón... Es cierto, duele, pero no es para tanto. La máquina presiona un poco la mama pero es un dolor soportable.

Si yo hubiera razonado le habría dicho a la doctora “mándeme tres veces a hacérmela” y me hubiera evitado ese gran rollo de llorar.

Creo que muchas mujeres se nos han ido por falta de educación, sienten dolor y no pasan consulta. Es un tipo de negación. Uno prefiere ignorar la realidad...

En enero de 2000, sentí una pelotita en el seno derecho. En abril, cuando pasé consulta en el Seguro la pelotita ya tenía cinco centímetros de diámetro. Entonces, me volvieron a indicar mamografía.

En lista de espera

“No puedo esperar”, dije cuando me programaron la mamografía para julio. La alternativa que me dieron fue llegar al ISSS en junio pero bajo condición... Aproveché la oportunidad y acudí a la cita.

Luego vino el diagnóstico. “Está positivo, niña. Hay que seguir”, dijo aquella mujer sin verme y dándome la espalda.
Sé que ella era humana y con el montón de pacientes a los que les deben dar el mismo diagnóstico, comprendo que no les guste mucho servir de apoyo. Pero los médicos deberían ser más sensibles, más humanos y explicarle a uno la enfermedad, porque nadie más lo va a hacer...

Para no hacerle largo el cuento, hicieron un plan: someterme a una serie de quimioterapias y operar en noviembre. Me pareció demasiado tiempo. “El cupo está lleno aquí. Si usted quiere vaya afuera, pero tendría que prepararse con unos 30 mil colones, porque aquí no podemos dar preferencias, todos vienen haciendo cola”, me explicaron.

“No me quedo así”, pensé. “¿Qué hago? ¿Me voy a Estados Unidos?¿Vendo la casa? ¿La hipoteco?”. Toqué puertas y encontré un amigo, un médico cirujano en el Hospital Rosales. “Pero aquí pongámonos serios”, me dijo, “no solo voy a quitarle la capsulita, sino que vamos a hacer una maseptomía completa”, sentenció. ¡Yo feliz y contenta! porque lo que quería era erradicar la enfermedad.

La decisión

A la semana yo ya estaba operada. Cuando desperté de la anestesia y vi que no tenía pecho sentí una tranquilidad similar a la que se siente cuando uno acaba de tener bebé.

Luego regresé al Seguro Social con la constancia de mi operación. ¿Quién no me regañó ahí:“¿Y por qué se tuvo que ir al Rosales? ¿no ve que aquí la hubiéramos atendido?”, me reclamaron. Ponerme a discutir con ellos era ilógico. El sistema mismo me había rechazado y las decisiones ya las había tomado.

Además, ninguna mujer en su sano juicio va a esperar dos años después de un diagnóstico de cáncer para que la operen hasta que haya cupo. “Aquí estoy para seguir el tratamiento”, les dije y empecé a recibir la quimioterapia en el ISSS como una medida preventiva.

Ese tratamiento genera pérdida de peso y ¡en mi vida me había deprimido tanto como en ese tiempo! Dan ganas de llorar, de no vivir. Pero para mí, el diagnóstico del cáncer fue una oportunidad de hacer una pausa y reflexionar... Nunca me había dedicado tiempo a mí misma.

Es cierto que para uno de mujer las mamas son parte de nuestra sexualidad... pero me sentí feliz, cuando me quitaron la mama. Ahora uso una prótesis, Sin embargo, para mi no es ningún trauma, me la quito y digo: “¡Mire cómo quedé!”. Hasta hago bromas sobre ésto: “¡Ay! ¡Me golpeaste el pecho!”.


Señales que no debe ignorar

“No todos los tipos de cáncer duelen, ni todo lo que duele es cáncer”, aclara el oncólogo
Yomar Vallejo. Sin embargo, “todo dolor (o síntoma) debe ser investigado”.
Los tipos de cáncer que más atacan la población salvadoreña son tan disimiles como
las zonas del cuerpo donde crecen. Conozca sus síntomas y consulte al médico
a la menor señal de alarma.

Un lunar que sangra, picazón en la mama, flujos vaginales, dificultad al orinar, fiebre constantes, ganglios inflamados y gastritis son, cada uno, síntomas de distintos tipos de cáncer. Hena, Blanca y Angela reconocen que por ignorancia o falta de tiempo para sí mismas, pasaron por alto las señales con las que el cuerpo les advirtió que “algo anda mal”.

El Director del Área Médica de la Fundación Margarita de Magaña, doctor Yomar Vallejo, hace incapié en dar a conocer excepciones a la regla. Como que el cáncer de piel, aunque es más común entre las personas blancas, puede también atacar a las personas de tez morena. O que el cáncer de próstata; aunque generalmente aparece de los 55 años en adelante, puede desarrollarse a los 35 ó 40 años.

“y cuando aparece en una persona joven es más agresivo, igual que el cáncer de mama”, señala Vallejo. Mientras que las mujeres deben tomar en cuenta que al tener una pareja sexual promiscua (infiel) o al haber tenido citologías anormales anteriormente, deben realizarse dicho examen dos o tres veces al año.

GUíA RÁPIDA
Es importante que ante uno o varios de los siguientes síntomas usted no se descuide y consulte al médico.
Cáncer del cuello del útero

La citología es la forma más efectiva de detectar las lesiones pre malignas que, de no ser tratadas a tiempo, degenerarán en cáncer. Otras señales son infecciones vaginales y flujos, hemorragias vaginales cuando no se esperan y sangrado frecuente después de una relación sexual normal.
Cáncer de mama

La mayoría de pacientes consulta “porque siente una chibolita”. Pero otros síntomas pueden ser lesiones del pezón y la aureola, picazón, zonas que se engruesan o cambian de color, camanances, salida de líquido por el pezón (que no sea leche), dolor en el seno y pelotitas en las axilas.
Cáncer de piel

Según el estrato de la piel donde aparecen se dividen en: basocelulares, espinocelulares y melanoma maligno. Pequeñas chibolas perladas del labio superior hacia arriba de la cara son síntoma del primero. Mientras que un lunar que se oscurece, pica, se ulcera o crece es signo de melanoma.
Cáncer de estómago

Plenitud temprana (llenarse con menos de la comida acostumbrada), dolor epigástrico (ardor o dolor en la zona donde se juntan las costillas y que comúnmente conocemos como “boca del estómago”), dolor que a veces se calma comiendo y eructos abundantes luego de comer.
Cáncer de próstata

Chorro urinario débil, dificultad para orinar o para terminar de orinar, orinar a gotitas o mucho goteo después de terminar.
Orinar frecuentemente y levantarse muchas veces a orinar durante la noche sin que se padezca de una infección urinaria.
Cáncer de médula ósea

En adultos se distinguen dos tipos de leucemias una llamada aguda y otra crónica, los síntomas en la variedad de leucemia aguda son: hemorragias anormales, fiebre, anemia e infecciones graves e inesperadas, y un marcado aumento de glóbulos blancos malignos.


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