25 de abril de 2004


LA COLUMNA

Wilfredo Hernández
vertice@elsalvador.com

De política a politiquería

Cuando empezaba a creer y confiar en los políticos, ahora, después de los últimos movimientos del PCN, vienen a mi mente, como un reclamo desde el más allá por mi ingenuidad, los decires de mi abuela —esa sabia mujer, como ya lo dije antes— me decía: “la política es sucia” y lo repetía hasta la saciedad… yo sacaba mis conclusiones.

Hace dos semanas, todavía me quedaba una pizca de confianza. “Tenemos el mandato de las bases a no buscar un decreto y refundar el partido”, me aseguró el diputado Dagoberto Marroquín. Iluso yo, le creí.

Ahora resulta que ni hubo tal mandato, ni se respetará el veredicto del electorado. “El PCN presentará un proyecto de ley para no desaparecer”, decía el periódico el miércoles pasado. Lógico, el PDC respaldaría la iniciativa pecenista. Me quede de una pieza, rumiando mi exceso de confianza.

Yo me preguntó ¿Y entonces dónde queda el veredicto del 21 de marzo? ¿De qué sirve un Código Electoral, si al final hacen con él lo que se les venga en gana?

No es cuestión de desaparecer o no. Es cuestión de respetar las leyes y al electorado. Si la democracia es acatar las decisiones de la mayoría, perdónenme señores, no estamos en nada. Porque el electorado ya dio su última palabra, y esa, se supone, hay que respetarla, como lo dijo el presidente electo cuando sostuvo que “había que apoyar la voluntad del pueblo salvadoreño”.

Por eso aplaudo las posturas de ARENA y del FMLN en no apoyar las pretensiones de “las manitas” y sus amigos. Pero cuestiono y sospecho de su indecisión. Ojalá se mantengan en su decisión y después no nos salgan con que la sobrevivencia de esos partidos nos cueste los dos puntos adicionales del IVA, la superación de vetos, la aprobación de leyes impopulares, etc. Ojalá que no.

Y las facturas se empezaron a cobrar. Si no, cómo interpretar las declaraciones de un diputado pecenista cuando sugirió a los dos partidos a apoyarlos porque en otras ocasiones su partido había colaborado con ellos para echar a andar proyectos de ley.

Concuerdo con el diputado Jorge Villacorta. Porque violentar la decisión del pueblo trae, más temprano que tarde, consecuencias desastrosas al país. No sólo el FMLN, cualquier partido que apoye esa intención demostraría que no es democrático, señor diputado.

Lo más sano, pienso yo, sería buscar otras formas de resurgir. La misma Constitución lo faculta y garantiza. Pero no se vayan por lo más fácil, ni transgredan la voluntad popular.
“Los políticos son capaces de todo”, me decía la abuela. Mamá, yo quiero tu sabiduría.


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