.25 de enero de 2004


REPORTAJE

El jardín profanado

Si un niño abusado sexualmente no recibe ayuda oportuna, éste podría reproducir
el daño recibido, en algún momento de su vida. La vulnerabilidad es mayor cuando
la confesión de un menor agredido se enfrenta a la desidia de un adulto que no
denuncia el hecho. Esta es la historia de un grupo de menores víctimas de abuso
sexual. Para proteger la identidad de los menores, Vértice se reserva sus nombres.

Alicia Miranda Duke
vertice@elsalvador.com

El niño arrastra su mochila al caminar. En su mano derecha sostiene un vaso tierroso con restos de minuta. Se tira sobre la grama y comienza a arrancarla con los dedos de sus pies. “Hoy me ha ido bien. Gané más de cinco dólares. Este día (2 de noviembre) siempre hay mucho trabajo”, dice y lame los restos de miel que quedan en la cuchara.

“Me llamo Alex, pero me dicen tubi papillas. Tengo nueve años y estudio en la escuela de San Cristóbal”, dice con voz aniñada. Abre su bolsón. Adentro guarda sus implementos: un pedazo de cepillo para lavar ropa, una pasta para zapatos y un cuchillo. Su labor: limpiar placas del cementerio ubicado en la colonia Costa Rica.

“Tengo poquita pintura pero me alcanza para un rato más”, reconoce y prosigue: “Me gusta trabajar acá, aunque a veces los bichos me molestan. Quieren que me dé duro con ellos”. Hace una nueva pausa y dice: “Lo que pasa es que me acusan de haberme ido con el señor a sacarle el semen. Por eso es que me dicen niña”.

Incómodo con la confesión, no deja de morderse las uñas. Mira la grama y se abstrae del mundo que lo rodea para contar, con lujo de detalles, como un grupo de menores son abusados sexualmente por “un señor que viene en una camioneta roja”.

En medio de la paz espiritual que ofrece un cementerio, ubicado al sur de San Salvador, al menos cinco niños, entre siete y nueve años, denuncian como un cliente les paga a cambio de favores sexuales.

Niños vulnerables

No son casos aislados. El abuso sexual está a la orden del día en El Salvador. Durante el año 2003, el Instituto Salvadoreño para el Desarrollo Integral de la Niñez y la Adolescencia (ISNA) reportó 108 casos de agresión sexual hacia menores de edad. “Muchas veces la gente sabe y prefiere no denunciarlo”, asegura Hugo Morales, sicólogo del ISNA.

Esa es la realidad de Alex y sus compañeros. Dentro del cementerio, un grupo de 45 niños se encargan de mantener limpias las placas de los difuntos. A cambio, pueden recibir entre dos y cuatro dólares diarios, si se someten a un reglamento sencillo: Asistir a la escuela, vestir un chaleco identificativo, mantener el orden dentro de las instalaciones y asistir a unas reuniones de orientación cada domingo.

Sin embargo, los menores pueden enfrentarse a una serie de peligros. Las 56 manzanas de extensión del camposanto y la poca vigilancia sobre ellos se mezclan para convertirlos en víctimas potenciales de alguna agresión. Algo que ha pasado en repetidas ocasiones.

Aunque no puede precisar fechas, Alex asegura que “el señor” los saca del parque desde hace mucho tiempo, sin que vigilantes o personas adultas del lugar se percaten. Según José, un muchacho de 16 años que también trabaja en el lugar, el agresor los visita con frecuencia y “convence a los más bichos para que se dejen besar”.

¿Su método? “A mi me parece que se dejan ir por el pisto”, dice José, mientras levanta una mano para llamar a otro niño: “Hey, bicho, vení. Contá a dónde te fuiste ayer”. Ante la insistencia, Mario, avergonzado, comienza a relatar como el “señor” les paga hasta diez dólares a cambio de favores sexuales. “Ayer nos llevó a la playa. A mi no me dio pisto, pero a los demás sí”.

Doris Montenegro, de CEMUJER, explica que el problema en estos casos es que el abusador seduce y maneja las carencias afectivas y materiales del menor. “Ese niño sabe que va a llegar el agresor, así que lo espera porque le suple una necesidad”, remarca.

El 45.48% de los casos registrados, de agresión sexual, del ISDEMU se dan en las casas de las víctimas.

Todo un entorno

La realidad en la que se desenvuelven estos niños no termina en el cementerio. La mayoría vive en las comunidades El Modelo, Altos de Jardines o La Cima, en pequeñas casas con grandes necesidades económicas, y muchas veces en familias desintegradas.

Ejemplo de esto es la familia de Alex. Un niño que se mueve en un escenario crudo. “Todo iba bien con él, pero a raíz de que metieron preso al papá, Alex dejó de ir a la escuela”, dice Jaime Muñóz, profesor de tercer grado de la escuela San Cristóbal (Altos de Jardines). “Al parecer el señor violó a su misma hija. Por eso lo metieron preso”.

Muñóz asegura que mandó a llamar a la mamá de Alex por su conducta agresiva, pero de nada sirvió. “Ese niño hace lo que quiere’, me dijo la señora. Yo le respondí que no entendía como una persona adulta se dejaba manipular de un menor”, explica.

Montenegro advierte que crecer en un entorno como ese genera una carga emocional para el menor. “El encuentro que este pequeño tiene con el abusador, lo tiene también dentro de su casa. Su hermana fue abusada dentro de su propia casa”.

Acostado sobre la grama, “Carlos” mira a Alex y asegura que su amigo no es niña como dicen. “Una vez se fue con el gordo ese y, por eso, le dicen así. Allá en la colonia, también lo friegan porque habla como niña...”. Al escuchar las palabras, Alex grita. “¡No soy niña! Un bicho de aquí fue a la colonia y les dijo a todos que yo soy maricón. Me andan poniendo en vergüenza”.

Que un niño sea estigmatizado, en este caso como niña, podría generar una alteración en la formación de la identidad sexual. Doris Montenegro explica que al ver que la gente no lo ve como hombre puede llegar a confundirse. “No quiero decir que ser homosexual sea una condición aprendida, pero mucho del comportamiento masculino sí es aprendido”.

Hugo Morales comparte la opinión. El sicólogo asegura que el desarrollo de la personalidad se fundamenta en el medio social que rodea a una persona. Por lo tanto, estar expuestos a una realidad así podría determinar que “crea lo que le dicen”.

Si bien Mario, Alex y Carlos dicen haberse ido con “el señor” por dinero, solo a Alex le llaman homosexual. Pero, ¿qué piensa el niño sobre una agresión sexual? ¿Qué piensa de sí mismo?

Alex es enfático. “Los niños que se van con él son malos. ¡Seguro que ellos se van a hacer niñas, no varones!”. Desde el punto de vista de un niño abusado existe la sensación de que algo anda mal. En consecuencia éste comienza a ocultar el hecho porque cree que el adulto está haciendo lo correcto o que él mismo está provocando las cosas.

“Pero vos fuiste aquella vez a su casa”, Carlos interrumpe a su amigo para recordarle que en esa ocasión ambos fueron. “Bueno sí, pero creo que es malo. Porque se viola. Cuando el señor se lleva a los bichos y mujeres las deja con SIDA. Ese señor que viene sí es maricón porque le gustan los niños y las mujeres”.

La distorsión del pensamiento en un niño abusado es tan grande que cree que el adulto agresor está haciendo lo correcto. Peor aun, es que el menor piensa que él está provocando en alguna medida lo que está pasando. “En él se crea una conducta rebelde, desafiante por lo que está viviendo”, asegura el sicólogo.

Según ISDEMU, los abusos sexuales cometidos en niños tienen mayor prevalencia en el rango de edad de 0 a 11 años. La vulnerabilidad en este rango de edad aumenta el riesgo de que estos, en sus etapas subsiguientes del desarrollo, reproduzcan el daño recibido.

“Algunos vigilantes lo saben y, por eso, una vez no lo dejaron entrar”, asegura José.

Doña Mirian, propietaria de la única cafetería del lugar, decidió coordinar a los menores al ver que se peleaban entre ellos por los clientes. Todos los domingos, durante una hora, la señora los reúne para darles clases de buen comportamiento y religión. “Iniciamos la sesión con un padre nuestro, le pedimos a Dios por ellos mismos. Después, me cuentan como se han portado durante la semana y, claro, los aconsejo”.

De los supuestos episodios de abuso sexual, la niña Mirian asegura no saber nada. “Ellos tienen prohibido subirse a los carros de los clientes, pero yo no puedo controlarlos a todos desde la cafetería”.

¿Quién defiende a estos niños?

La vida de ellos está marcada y las autoridades deben iniciar una investigación cuanto antes.

CIFRAS DEl ABUSO SEXUAL
Las estadísticas del Programa de saneamiento de las Relaciones Familiares del ISDEMU, durante el segundo semestre de 2001 hasta el primer semestre de 2003, registró un aumento de los casos relacionados con agresiones sexuales.

Niños y niñas 50%
De los casos de agresión sexual que registra el ISDEMU ocurre en niñas menores de 12.4 años de edad y en niños menores de 6.5 años.

Edad promedio 9 años
La edad promedio de los niños agredidos sexualmente según el Programa de Sanea- miento de las Relaciones Familiares de ISDEMU.
Hora del abuso 71%
De los casos de agresión sexual que reporta ISDEMU ocurren entre las 7:00 a.m y las 7:00 p.m. Sobre todo entre las 9 a las 11:00 a.m.

Derechos de la niñez (Art. 34)
“Los niños y las niñas tienen derecho a la protección contra toda forma de explotación y abuso sexual infantil”.
Reformas hechas al código penal (Art. 161)
Referente a la agresión sexual. “Se eleva la prisión de 8 a 12 años al que agreda sexualmente a un menor de edad”.



El silencio de los que saben

Un agresor sexual que actúa ante el silencio de los que no quieren saber nada y una
víctima que denuncia, pero no es escuchada, es la combinación que se repite cada día.

Alicia Miranda Duke
vertice@elsalvador.com
“¡Seguro que ellos, los que se van con el señor, se van a hacer niñas y no varones! Yo creo está mal porque se van por dinero”, ALex.

La descripción. El agresor llega vestido de negro y en una camioneta roja. Alex y Carlos lo describen como un “señor gordo”. José como un tipo alto que “es de un partido político porque tiene pisto y muchos carros”.

Mario le objeta y explica que “sí tiene pisto, pero que no es de ningún partido político”.

Fernando y Alberto concuerdan con sus compañeros y aseguran que han visto a un señor gordo que se lleva a los niños escondidos en un pick up rojo. Ninguno sabe el nombre con certeza. “Le decimos señor”, asegura Mario. En lo que sí coinciden es al describir como opera. Al parecer, el agresor se ganó la confianza de los menores después de un par de visitas al parque memorial. Llega, una vez cada dos semanas, a visitar a un familiar que tiene en uno de los sectores más apartados del cementerio.

“Los que se van con él, bien guachan cuando el señor viene. Entonces, se van para allá arriba y después se meten en el carro polarizado y los saca”, dice Fernando.

Secuelas del abuso sexual
- Insomnio temprano
- Pesadillas
- Perdida de peso
- Sentimiento de soledad
- Tristeza y recuerdos intrusivos
- Desconectarse de la realidad
- Problemas gástricos
- Llanto incontrolable
- Ataques de ansiedad
- Problemas de control del temperamento
- Deseo de hacerse daño
- Miedo a los adultos
- Perdida de peso
- Lavarse obsesivamente
- Bajo rendimiento escolar
- Dolores de cabeza
- Problemas para respirar

Mario explica que se los lleva a su casa. “El tipo les dice: ‘Miren, les voy a pagar para que me vayan a limpiar una placa en mi casa’. ¡Pero los bichos saben a que van!”.

A plena luz del día. Ante la presencia de vigilantes, jardineros, vendedores y demás personal del lugar el agresor se lleva a los niños. Hasta este momento, nadie ha visto o dicen no haber visto nada.

Pero, ¿qué ocurre en el pensamiento de una persona adulta para agredir sexualmente a un menor? ¿Se puede definir como una persona enferma o enajenada?

Doris Montenegro lo define como una persona con mucha inseguridad sobre si mismo, incapaz de establecer una relación adulta con mujeres o con hombres.

“Tal vez, una persona que nunca resolvió su problemática de identidad sexual. Tal vez, vivió más oculta su homosexualidad. Este tipo considera que con los menores de edad no hay ningún problema”, dice.
El perfil del abusador de niños o pedófilo es de una persona que sufre un grave trastorno mental.

El Manual Diagnóstico de los Trastornos Mentales (DSM IV) establece que estos no sienten remordimientos por sus actos. Además, intentan explicar su comportamiento con argumentos que aluden al abuso como demostraciones de mucho afecto, instrucción educativa de la sexualidad.

Los abusadores se justifican diciendo que los niños son quienes los buscan y que, ellos, más inocentes que un recién nacido, ceden ante la insistencia de los niños. Es decir, ellos son víctimas de la tentación.

Cultura encubridora

La Convención de los Derechos del Niño, en el Artículo 34, señala que “la niñez tiene derecho a la protección contra toda forma de explotación y abuso sexual infantil”.

En este caso, ¿quién tiene la responsabilidad por la seguridad emocional y física de estos menores?
Juan Carlos Espínola, representante del UNICEF en El Salvador, asegura que el abuso sexual es una de las peores formas de violación a los derechos de la niñez. “Estos casos involucran una serie de factores que denigran absolutamente al ser humano”. Espínola explica que, según los reportes de los trabajadores sociales y de la policía, los casos van en aumento.

Uno de los elementos que favorece la prolongación de estos casos es la poca denuncia que existe. Nadie creería que a su hijo o hija le está sucediendo algo así. Y si lo saben, muchas veces no lo dicen.

Para Doris Montenegro, de CEMUJER, la gente piensa: “¡No es mi problema! Pese a todos los casos que vemos a través de los medios, las comunidades y las familias siguen viendo esto como un tabú. De eso no se habla”.

En el caso de los menores abusados en su propia casa, muchas veces no se denuncia por la dependencia económica y afectiva que tiene una madre hacia el abusador; presumiendo que éste sea el padrastro o el mismo papá.

El representante de UNICEF comparte las mismas razones y agrega que “hay que recordar que el 30% de los hogares salvadoreños son encabezados por mujeres solas”. Esta realidad podría obligar a contar con lo que pueda dar un hijo, sin importar el origen del aporte económico.

Hugo Morales del ISNA comparte esta misma opinión. “Muchas veces, cuando el agresor es el mismo papá, la mamá no quiere denunciar porque depende económicamente de su marido”.

Espínola explica que otra de las razones que explican la poca denuncia es de carácter cultural. Un niño que manifieste ser víctima de agresión sexual muchas veces no es escuchado. “Hay una tradición muy fuerte latinoamericana de no ver a la niña o niño como un elemento con carácter y personalidad que necesita diálogo más que castigo”.

Un niño silenciado, más la desidia de un adulto, desemboca en una cultura encubridora, concluye Doris Montenegro.
Hugo Morales dice que el primer paso es denunciar el hecho y segundo es la intervención inmediata de un sicólogo. Si bien no se puede revertir lo sucedido, se puede iniciar terapias que ayuden a las víctimas por lo infligido.

Leyes en papel

“Una de las peores formas de violar los derechos de la niñez es el abuso sexual. Esto denigra al ser humano”, Juan Carlos Espínola, representante de UNICEF.

El 26 de noviembre de 2003, la Asamblea Legislativa aprobó reformas al Código de la Familia y Penal para castigar con más dureza a los que agraden sexualmente a los menores. Las enmiendas establecen más años de prisión a los agresores sexuales de menores de edad.

De cualquier forma, pese a las reformas al Código de la Familia, miles de Álex, Mario y Carlos aún suben un carro a cambio de dos o tres dólares. Peor todavía, la poca denuncia genera una realidad subterránea de otros miles de niños que nunca serán auxiliados.

Los deseos son muchos: “No sé que quiero ser cuando sea grande. Pero ahora quiero tener un carro para ir a los toboganes de Atecozol y, también, a Apulo”, dice sonriente Álex.

A sus nueve años, este niño no dimensiona lo que le ocurre; pero el daño emocional y psicológico a largo plazo puede ser devastador.

El niño víctima de un abuso sexual prolongado pierde la autoestima y adquiere una perspectiva anormal de la sexualidad. Incluso, en casos extremos, puede llegar a considerar el suicidio. El alcance de las instituciones es corto. El ISNA atiende de 3 a 5 casos mensuales de menores abusados. “¡Esos son los registrados que reciben terapia, pero los que no se denuncian! ¿Qué pasará con estos casos?”, asegura Hugo Morales.

Juan Carlos Espínola reflexiona al respecto. “El 78% de los mareros, hombres y mujeres, han sufrido algún tipo de violencia física, incluso sexual, en el pasado. Son hogares en su mayoría desintegrados. Casi un 75% de las trabajadoras del sexo fueron violadas cuando eran niñas. ¿Imagínese lo que eso podría significar en el futuro?”.

LA Protección a la niñez (ISNA)
PARA DENUNCIAR ALGUNA AGRESIÓN SEXUAL HACIA UN MENOR hay QUE LLAMAR AL NÚMERO 270-4141. La llamada Puede ser anónima. .
Cualquiera puede denunciar
Si el abuso se da en la familia, cualquier vecino -incluso- el mismo maestro puede llamar al ISNA PARA DENUNCIAR.

La comunicación: fundamental para prevenir abusos

El abuso sexual es toda agresión sexual contra un niño o niña por parte de un adulto, conocido o no. La agresión no solo significa el contacto físico.
Las medidas de prevención deben comenzar a temprana edad, ya que muchos casos de abuso sexual a menores se dan en edad prescolar. Los padres tienen que asegurarse que la escuela donde estudia el(la) niño(a) cuenta con un programa de prevención del abuso sexual infantil.

En el caso de que no sea así, la familia tiene que comenzar uno en su casa. No hay nada mejor que un niño informado.

Es necesario que hablen con sus hijos(as) sobre el abuso sexual; pero, antes,se tiene que buscar ayuda profesional para que se pueda explicar de forma correcta.

Entre las recomendaciones que se dará a los(as) hijos(as) es aprender a diferenciar entre caricias apropiadas y entre las que no lo son. Hay que enseñar a decir que “no” firmemente ante cualquier insinuación; para esto es importante que el(la) niño(a) memorice una frase de defensa como: “Usted no puede tocarme”, “no haga eso”, “no me gusta”, “mi mamá y mi papá creen en lo que digo y voy a decírselo ahora mismo”.

El padre y la madre tienen que hacerle sentir que lo defenderán frente a cualquier persona agresora. El menor tiene que tener claro que respetar a los adultos no significa que cedan a todo lo que les pidan. Lo importante es crear un canal adecuado de comunicación entre los miembros de la familia.

Pero, es lógico que todas estas recomendaciones se basan en la confianza entre padres e hijos. Si usted es padre ¿la tiene?

 


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