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INTERNACIONAL
El
plan de Bush
Vital para Centroamérica
La
dálar-dependencia de las economías centroamericanas ha
obligado a que
los gobiernos del área supliquen, a cualquier costo, por la inclusión
de sus
ciudadanos ilegales en los programas de legalización en Estados
Unidos.
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La
última propuesta de la administración de W. Bush
no ha logrado satisfacer las expectativas de los hispanos ilegales.
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A simple vista, José Félix Rivera, originario
de Honduras, no da la impresión de ser muy diferente de los millones
de sus contrapartes mexicanas que están trabajando en Estados
Unidos sin documentos.
Vive en las sombras al tiempo que trabaja en Texas. Envía dinero
a su esposa, hijos y padres.
Nosotros también tenemos familias que alimentar. Eso es
todo lo que estamos tratando de hacer, justo como cualquier otro,
dijo Rivera, mientras estaba parado en la orilla del Río Grande
(Bravo) en Nuevo Laredo, listo para cruzarlo de manera ilegal para buscar
un empleo en Houston.
Sin embargo, Rivera, su país natal y los 1.5 millones de centroamericanos
indocumentados que están en Estados Unidos tienen mucho más
en juego en un programa de trabajadores invitados que está impulsando
el Presidente estadounidense, George W. Bush, si se compara con los
4.5 millones de trabajadores mexicanos que, se estima, están
bajo el reflector de nuevas pláticas de inmigración, destacan
observadores.
Será exponencialmente mayor en Centroamérica,
afirmó Larry Burns, el director ejecutivo del Consejo de Asuntos
Hemisféricos, centro de análisis y resolución de
problemas con sede en Washington. Su economía es mucho
menos sofisticada que la economía mexicana, y las condiciones
en esos países están en un estado tal que la red de seguridad
social prácticamente no existe.
Conformando el 22 por ciento de la fuerza laboral de indocumentados
en Estados Unidos, los centroamericanos a menudo son excluidos de la
discusión pública con respecto a la ley de inmigración.
Y aún así estos trabajadores, tanto los que están
de manera legal como los que no, envían a casa aproximadamente
5,500 millones de dólares cada año, lo cual representa
casi el 30 por ciento de la economía en algunos países
de América Central.
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En comparación, los 14,000 millones de dólares
que envían trabajadores mexicanos cada año a casa representan
tan sólo el 1 por ciento del producto interno bruto de ese país,
según Roberto Suro, director ejecutivo del Centro Hispano Pew
en Washington, D.C.
Se trata de economías que dependen por completo del flujo
de giros monetarios desde Estados Unidos, mismo que viene de inmigrantes
tanto legales como indocumentados que están aquí,
precisó Suro. Es de importancia crucial mantener la relación
de migración con Estados Unidos -a menos que llegue algo más
para reemplazarla-
para la estabilidad económica y política de esos países.
De algunas formas, existe un interés nacional allá que
no es tan dramático en un país grande como México,
cuya migración es muy importante y ha tenido un enorme impacto.
Sin embargo, es apenas una porción de una economía mayor.
En Nicaragua, que tiene el más bajo ingreso per cápita
de Centroamérica, los envíos de efectivo representan el
29 por ciento de la economía nacional. Los envíos equivalen
al 15 por ciento de la economía en El Salvador, y 11 por ciento
en Honduras.
En El Salvador, el 28 por ciento de los adultos recibe transferencias
electrónicas de fondos de trabajadores en Estados Unidos, según
datos de Foro de Política Mundial en Nueva York.
Y según algunos estimados, una de cada cuatro familias en Nicaragua
recibe envíos de efectivo.
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El
emblemático río Suchiate, en las cercanías
de la frontera de Tecún Umán, es uno de los primeros
obstáculos en México.
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El efecto salvavidas
En la Honduras natal de Rivera, una revista nacional calificó
los casi mil millones de dólares en envíos como una
salvación para Honduras.
Reyertas políticas, desastres naturales y su dependencia durante
los años 70 y 80 de la ayuda estadounidense, que posteriormente
se detuvo, se combinaron para incapacitar a las economías centroamericanas.
Tras reconocer lo anterior, Estados Unidos promulgó varias leyes
en el decenio de los 90 enfocadas a legalizar aproximadamente a medio
millón de ciudadanos centroamericanos, muchos de ellos ex refugiados,
después de que países como Guatemala y El Salvador le
suplicaron al gobierno de Estados Unidos.
Los relatos de sufrimiento de trabajadores indocumentados de México
en Estados Unidos se magnifican para los centroamericanos, cuya desesperación,
según algunos, es mayor que la de los mexicanos.
Empieza con el viaje desde sus países natales hasta la frontera
de México con Estados Unidos, muy al alcance de ciudadanos mexicanos;
pero un destino peligroso y remoto para gente como Rivera, quienes son
ilegales al momento que cruzan la frontera de México con Guatemala
y están expuestos a ladrones y oficiales corruptos de migración,
cuotas de transporte considerablemente mayores, y travesías de
varias semanas hacia el norte.
Fue un viaje largo, dijo Rivera, el cual viajó por
más de un mes para llegar a Nuevo Laredo. Vinimos por tren,
y también caminando, cansados, con frío, pasando hambre.
Una vez que están en territorio estadounidense, estos trabajadores
pueden pagar un enorme precio por mantener a sus familias de vuelta
en casa.
En octubre, agentes federales que habían efectuado redadas en
más de 60 tiendas de Wal-Mart detuvieron a cientos de inmigrantes
indocumentados, varios de ellos centroamericanos, que estaban trabajando
en cuadrillas de intendencia por bajos sueldos.
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Tretas y riesgos
Unos meses antes, una mujer hondureña fue arrestada en Harlingen
y posteriormente acusada de orquestar una masiva estratagema de tráfico
ilegal de personas que ocasionó la muerte de 19 inmigrantes -muchos
de ellos provenientes de Centroamérica- por asfixia en el interior
del remolque de un camión que iba hacia Houston.
Además, en Fort Worth, en 2002, docenas de mujeres hondureñas
que fueron transportadas ilegalmente a la ciudad recibieron promesas,
presuntamente, de que tendrían empleos como mesoneras; pero después
fueron obligadas a trabajar en bares hasta que lograron cubrir sus deudas
por el pasaje.
Con un profundo deseo de mejorar sus condiciones en Estados Unidos,
muchos centroamericanos se dieron cita en fecha reciente afuera de un
refugio de inmigrantes en Nuevo Laredo, donde expresaron sus esperanzas
con respecto a que un programa de trabajadores invitados los incluyera.
Varios se preguntaban cuál sería el efecto
de un programa de esa índole sobre las leyes de inmigración
en México.
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El
pasado 12 de diciembre, día de la virgen de Guadalupe,
cientos de trabajadores hispanos ilegales protestaron contra la
anulación de las licencias de conducir.
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Para Omar Figueroa, de Honduras, el interrogante de
más peso consiste en saber cómo, sin un costoso boleto
de avión, podría él siquiera llegar a un empleo
legal en Estados Unidos -ya no digamos ir de visita a casa- sin tener
que superar a ladrones y oficiales de inmigración de México.
Me refiero a que ni siquiera te permiten entrar, dijo. ¿También
van a arreglar las leyes de inmigración en México?.
Los expertos aseguran que el interés de los centroamericanos
en su inclusión dentro de cualquier programa de trabajadores
invitados está bien garantizada.
Los trabajadores indocumentados que vienen de Centroamérica
sí tienen mucho en juego, afirmó Walter Ewing, investigador
integrante del Centro de Política de Inmigración en Nueva
York. Si los trabajadores indocumentados de Centroamérica
repentinamente fueran detenidos y deportados, los estarían regresando
a una economía que no tiene ninguna posibilidad, en lo más
mínimo, de ofrecerles empleos. Se estarían incrementando
las presiones para emigrar hacia Estados Unidos.
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