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INTERNACIONAL
Ley
con mano de hierro
Defensores
de los derechos humanos y familiares de mareros denuncian al gobierno
por ejercer una intensa cacería. Mientras, la administración
de Ricardo Maduro lamenta las masivas deportaciones desde Estados Unidos
que incluyen pandilleros, ya que sólo entre 2003 y
2004 fue de siete mil personas
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Es una atmósfera que transmite una aterradora
familiaridad para líderes veteranos de los derechos humanos como
Ramón Custodio.
En el decenio de los ochentas, Custodio era uno de los pocos que se
atrevió a denunciar los ataques gubernamentales en contra de
presuntos izquierdistas. Cientos de hombres y mujeres hondureños
fueron secuestrados, torturados y asesinados por una unidad militar
secreta, conocida como el Batallón 3-16. Muchos siguen desaparecidos.
Actualmente, son jóvenes varones con tatuajes quienes están
reportados como desaparecidos, o son hallados muertos en Honduras. Grupos
que predican la defensa de los derechos humanos han informado de numerosos
incidentes de oficiales en ropa de paisano que deambulan en automóviles
sin insignias y emboscan a pandilleros a plena luz del día.
El Estado alega que las pandillas están aterrorizando a
la sociedad, y ellos están respondiendo con terror, afirmó
Custodio. El patrón actual es justamente como en el pasado.
El ministro de Seguridad de Honduras se muestra particularmente susceptible
a dichas críticas. Él es el sobrino del difunto General
Rafael Álvarez, el fundador del Batallón 3-16.
En una entrevista, aseguró que líderes de los derechos
humanos estaban equivocados al comparar el pasado con el presente. Su
dependencia tiene personal insuficiente y está mal pertrechada,
dijo. Debería tener cuando menos tres veces más oficiales
y vehículos en comparación con su nivel actual, de 8,000
agentes y 400 autos.
De cualquier forma, con apoyo de las fuerzas armadas, ellos han logrado
un progreso significativo en su lucha contra la delincuencia.
Los secuestros, aseguró, han descendido, de 47 casos en 2000
a nueve en 2003. Los robos de automóviles han bajado en 25 por
ciento durante el mismo período, agregó.
Hasta que se efectuaron las reformas al código penal, prosiguió,
la dependencia realmente no había logrado hacer mella en asesinatos
relacionados con pandillas. Se arrestó a miembros de estos grupos,
indicó, pero usualmente eran liberados a las 24 horas, debido
a que las víctimas no se presentaban a entablar cargos.
La nueva ley, explicó, le ha dado a la policía mayor influencia
para combatir a las maras. Asimismo, él rechaza acusaciones de
abusos sistemáticos.
Según manifestó, los activistas hondureños por
los derechos humanos no han evolucionado porque siguen con el
mismo discurso, ya que ahora no existe una lucha ideológica como
la que hubo en los años '80.
Esta es una fuerza policial que evolucionó, agregó.
Para el caso, Óscar A. Gámez Bonilla supuestamente iba
a ser el agente modelo de la policía hondureña. Lo habían
nombrado el año previo para crear un precinto en Rivera Hernández,
asentamiento de aproximadamente 130,000 personas y considerado como
uno de los más violentos el país.
Su misión, dijo, consistía en llevar a cabo estrategias
de vigilancia en la comunidad, el lado suave de la dura campaña
de la nación en contra de la criminalidad. En una entrevista,
afirmó que él impediría la delincuencia suministrando
asesoría y apoyo a padres con problemas, para así detener
a las pandillas donde empiezan, en hogares rotos.
Este es un cambio de actitud, un cambio de filosofía,
declaró.
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| La policía
dice que si bien la nueva ley le da mayor influencia para combatir
a las pandillas, no abusa. |
Dos semanas más tarde, el programa piloto había
caído en desgracia. Gámez y dos subordinados fueron arrestados
y acusados de secuestro, tortura y asesinato en contra de dos jóvenes,
de 16 y 19 años, de quienes se sospechaba que habían robado
armas del precinto.
Una de las víctimas, un voceador de nombre Juan Manuel Aguilar,
fue golpeado hasta que le provocaron la muerte en frente de su padre.
Le dije a la policía dónde podían encontrar
a mi hijo, ya que dijeron que ellos querían interrogarlo,
lamentó el padre. Ellos no hicieron eso. Fueron a matarlo.
Martillo de la Inmigración
El Presidente hondureño, Ricardo Maduro, estima que aproximadamente
mil pandilleros han huido de Honduras desde que él empezó
con la aplicación de las severas medidas de Mano Dura. Activistas
por los derechos humanos afirman que esa cifra es mucho más elevada.
Con ellos viaja la noticia acerca de la campaña antipandillas
del gobierno hondureño, desatando ira y pánico desde Tegucigalpa,
pasando por Los Ángeles, hasta Washington.
En mayo, los dirigentes de una organización de rehabilitación
para mareros, conocida como Homies Unidos, viajaron a El Salvador y
Honduras para hablar con oficiales gubernamentales y pandilleros con
respecto al impacto de nuevos esfuerzos en la aplicación de la
ley.
Por otra parte, un número creciente de pandilleros está
buscando asilo en Estados Unidos. Con todo, el gobierno federal continúa
con las deportaciones que marcaron el inicio de este ciclo de violencia
hace 10 años. Desde marzo de 2003 hasta febrero de 2004, Estados
Unidos deportó a más de 78,000 inmigrantes indocumentados
con antecedentes criminales. Más de 7,000 de ellos fueron deportados
a Honduras entre 2000 y 2003. Otros 2,000 fueron deportados durante
el mismo período hacia El Salvador.
El martillo de la inmigración es particularmente fuerte
porque nosotros podemos usarlo para encarcelar a personas durante largos
períodos de tiempo, bajo cargos que no resulta difícil
probar, explicó John Torres, el secretario del subdirector
de Investigaciones de Contrabando y Seguridad Pública en la Dependencia
de Aplicación de Leyes de Inmigración y Aduanas norteamericanas.
No tenemos necesidad de probar ningún delito, sin importar
su gravedad. Sencillamente tenemos que demostrar que ellos fueron deportados
y que ya regresaron a Estados Unidos.
Abogados de los derechos civiles arguyen que, a menos que los esfuerzos
en la aplicación de la ley vayan acompañados de programas
enfocados a lidiar con las fuerzas sociales y económicas que
atraen a la juventud hacia pandillas, las represiones severas y deportaciones
probablemente tendrán poco efecto, salvo por mantener a integrantes
de maras moviéndose en círculos; de ida y vuelta cruzando
fronteras, entrando y saliendo de la cárcel.
Con todo, cada miércoles, un avión alquilado transporta
desde Estados Unidos una nueva carga de deportados hacia Tegucigalpa.
A medida que iban aterrizando de vuelta en Honduras, la mayoría
daba la impresión de ser trabajadores ordinarios que habían
emigrado a Estados Unidos en busca de empleo. Jorge Omar Potter, de
36, vestía una camiseta sin mangas ajustada y un numeral romano,
XVIII, por la Mara 18, sobre su bíceps. ¿Qué
no tienes otra camisa?, preguntó un asesor al darle la
bienvenida a Potter.
Él había estado viviendo en Hollywood desde 1982, pero
su mirada estaba fija, en silencio.
Las cosas han cambiado mucho desde que te fuiste de casa,
le advirtió el asesor. Tenemos que conseguirte algo para
que te vistas. Ni siquiera podrás llegar a la estación
de autobuses con ese tatuaje.
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