Del 24 al 31 de octubre de 2004



LA COLUMNA

Lilian Martínez
vertice@elsalvador.com

Faltan cinco pa’ l pasaje

Respetable lector, tome nota: Consígase un cochinito y llénelo con puras “coras”. ¿Para qué? Sencillo: le harán falta cuando los políticos se decidan a complacer la próxima solicitud de los empresarios del transporte.

No conformes con que les paguemos $0.20 cada vez que arriesgamos la vida abordando una de sus unidades, dichos señores ya deslizaron su intención de llegar a cobrarnos un cuarto de dólar si los precios del combustible siguen en ascenso al iniciar el 2005.

Pero si usted no oye consejo y es hombre desprevenido, deberá morderse los labios cuando dentro de algunos meses el “pulcro” motorista lo reprenda: “¡Shi, shi, shi, maistro, le faltan cinco pa’ el pasaje! ¡No se haga el loco!”.

Sólo y solamente si usted es maleducado replicará: “¡Yo siempre pago 20 centavos! ¿Desde cuándo tienen permiso para cobrar cora? Me voy a quejar al Viceministerio de Transporte”. Entonces escuchará: “¡Quéjese con quien quiera! Y si no le gusta ¡bájese!”.

¿Exagerado? Lo dudo, pues el anterior es el mismo duelo entre pasajero y motorista que decenas de veces escuché al abordar las rutas 3 y 38, mientras forcejeaban por pagar $0.17 los primeros y por cobrar $0.20 los segundos. Esto sucedía sin que el Viceministerio de Transporte tomara cartas en el asunto ¿O acaso se hacía del ojo pacho?

Lo indignante del caso es que esta semana dicho ente estatal nos sorprendió con el anuncio de un “acuerdo” mediante el cual se autoriza una práctica que viene realizándose desde mayo pasado. Pero eso no es todo.

El buen corazón del Viceministerio inspiró a los ilustres padres de la patria para alargar el tiempo de gracia para de los buses destartalados, en los que dudo hayan viajado ellos durante el último año, sigan circulando, perfumando con óxido de carbono nuestros pulmones y amenazando la vida de pasajeros, peatones y automovilistas.

¿Será que el hecho de movilizarse a bordo de autos polarizados aleja a los funcionarios de los problemas cotidianos que enfrentan los ciudadanos de a pie? ¿O será que el costo político de aplicar la mano dura a los buseros, y hacer que respeten las leyes y reglamentos es menor al costo de menguar la economía de los usuarios del transporte público y que su vida se vea amenazada cada vez que abordan una unidad?

Ellos sabrán. A nosotros, lo único que nos queda es coleccionar coras, para que en 2005, cuando paguemos con un billete de dólar, no nos sigan regañando al solicitar: “¿Y mi vuelto?”... “¡Pero si ya se lo di! ¿Por qué no paga cabal?”.


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