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LA
ARISTA AFILADA
El Salvador
Entre Rudy Giuliani y William Glasser
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Tony Saca, el joven y muy popular presidente salvadoreño,
ha presentado al Congreso una ley conocida como “Super mano dura”.
Pretende con ella hacerle frente a las feroces bandas juveniles que
aterrorizan el país. Presumiblemente, tiene el apoyo de la mayor
parte de la sociedad, cansada de que la policía detenga a los
jóvenes criminales, mientras los jueces, atados por la legislación
vigente, los ponen en libertad a los pocos días o los condenan
a penas muy breves.
Lo que sucede en El Salvador no es excepcional. En casi toda América
Latina hay un aumento galopante de la delincuencia juvenil y adulta
y los gobiernos parecen impotentes ante el fenómeno. La policía,
mal pagada, a veces corrupta, carece de medios para investigar y perseguir
a los criminales. Cuando los capturan, la legislación es totalmente
inadecuada para sancionarlos.
El sistema judicial suele ser torpe, lento y venal. Las facultades de
Derecho generalmente son deficientes y no preparan buenos abogados ni
jueces competentes. Las cárceles son tenebrosas y escasas, verdaderos
infiernos que sólo sirven para estimular la comisión de
más crímenes y para empeorar el comportamiento de los
reclusos.
Naturalmente, cuando los presos cumplen sus sentencias no existen planes
de reinserción social. O sea, en casi toda América Latina
ha fracasado algo más que el poder judicial: no funciona el Estado
de derecho o, como dicen los angloparlantes, “the rule of law”.
Se ha atascado casi totalmente el modo de solucionar los inevitables
conflictos y las violaciones de la ley que existen en toda sociedad,
lo que las precipita a la inseguridad, el empobrecimiento y, eventualmente,
al caos y la desintegración.
La fórmula New York
Ante esta gravísima situación la solución más
frecuente ha sido invitar a Rudy Giuliani, el famoso ex alcalde, a que
explique cómo redujo el crimen a la mitad en New York. Una iniciativa
perfectamente razonable, dado que Giuliani, en efecto, fue un super
policía que colocó a los delincuentes a la defensiva y
en un breve periodo logró que New York dejara de ser una de las
ciudades más peligrosas de Estados Unidos, de manera que siempre
será útil y práctico escucharlo.
Pero los neoyorquinos -y, en general, los norteamericanos- se enfrentaban
a un problema puntual (el aumento de la delincuencia) y no a un colapso
general del Estado de derecho. Giuliani, en consecuencia, diseñó
una buena estrategia policíaca y tuvo éxito. Lo que América
Latina necesita, en cambio, es la revitalización urgente de todo
el sistema legal, algo que va mucho más allá del acoso
y apresamiento de los delincuentes.
Pero, si la tarea que hay que realizar es gigantesca y costosísima,
¿por dónde se empieza? Tal vez en esta desastrosa fase
en que se encuentra América Latina al experto norteamericano
al que hay que pedirle asesoría no es a Rudy Giuliani sino al
Dr. William Glasser, un siquiatra que hace cuarenta años desarrolló
su “Terapia de realidad”, precisamente para modificar el
comportamiento antisocial de muchachas delincuentes internadas en cárceles
de menores.
Posteriormente, Glasser encuadró su método terapéutico
en lo que llamó “Teoría de la elección”
o “Choice Theory”. Glasser no pretendía perfeccionar
el Estado de derecho, reformar la injusta sociedad o encontrar las raíces
profundas de la conducta del delincuente, sino algo mucho más
modesto: demostrarle al presidiario que mediante decisiones racionales
es posible y conveniente cambiar el modo de actuar para ser más
feliz o menos desdichado colocándose bajo la autoridad de la
ley.
Es una regla universal que casi siempre los delincuentes comienzan a
desviarse en la adolescencia. El asaltante de bancos de 25 años
seguramente comenzó a los 14 por arrancarle el bolso a una señora.
Si a esa edad, junto con el castigo impuesto por los tribunales hubiera
recibido algún tipo de terapia sicológica como la que
propone Glasser, tal vez habría abandonado su carrera delictiva.
No es seguro, pero sí probable.
¿Es muy caro o irreal este enfoque psicológico al problema
de la delincuencia? No lo creo. Modificar la legislación, reformar
el poder judicial o mejorar el sistema penitenciario son labores enormes,
costosísimas y de muy larga duración, mientras que adiestrar
en un probado método terapéutico a unos cuantos cientos
o hasta miles de psicólogos, médicos y trabajadores sociales
para que rescaten a los adolescentes delincuentes en la etapa inicial
de sus actividades criminales parece ser más económico,
práctico y asequible. No es un error llamar a Giuliani. Pero
acaso sería sabio escuchar también a Glasser.
©FIRMAS PRESS 2004
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