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INTERNACIONAL
La
liberación de París
El
25 de agosto de 1944 las fuerzas alemanas se rindieron en la capital francesa.
El sangriento camino recorrido por los aliados desde Normandía,
la sublevación de los parisinos y la llegada de los libertadores,
devolvían la libertad a una ciudad que estuvo a punto de ser destruida
por los nazis.
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| Miles
de soldados estadounidenses realizan su marcha triunfal por los
Campos Elíseos tras la liberación de París. |
París recuerda con exposiciones y festejos su
liberación, el 24 de agosto de 1944, a cargo de la 2da. división
blindada del general Leclerc. Bien se merece la celebración,
porque, hace sesenta años, la ciudad hubiera sufrido destrucciones
terribles si el gobernador alemán del Gran París, Dietrich
Von Choltitz, hubiese cumplido las órdenes de Hitler de volar
los puentes sobre el Sena y lanzar sobre la ciudad una lluvia de bombas.
“¿Arde París?”, preguntó Adolf Hitler
el 25 de agosto, por la mañana, cuando se enteró de que
las tropas aliadas ya estaban dentro de la capital francesa.
Pero no. París lejos de ser cubierta por las llamas veía
la luz al final del túnel y acogía entusiasta su primer
día de libertad después de cuatro años de ocupación
nazi.
Antes de eso, la imagen que el mundo tenía de la Ciudad Luz no
era la de parajes románticos y escenarios exquisitos, sino más
bien de tanques y trincheras que escupían fuego y balas contra
los estoicos parisinos que luchaban contra la opresión.
El gobierno interino francés había ayudado al ejército
germano a enviar a millares de judíos residentes en Francia a
los campos de concentración, mientras centenares de trabajadores
eran mantenidos en calidad de semiesclavitud para reforzar la producción
de materiales de guerra para los nazis. Para 1944, la mano de obra tenía
que ser francesa. La polaca había muerto hacía mucho.
Para las fuerzas ocupacionistas, París era un sitio maravilloso
para gozar las mieles del triunfo que en esos días se les servía
en bandeja de plata. Las docenas de salas de proyección de películas,
de teatros del burlesque y salones de danza estaban dispuestas exclusivamente
para ellos.
El bombardeo aliado se concentró en los suburbios industrializados,
pero no en la ciudad propiamente. Pero el terror reinaba en París
por obra y gracia de la Gestapo y la SS.
La eficacia de la Resistencia Francesa había sido puesta en entredicho
luego de algunos fallidos intentos de sublevación en contra de
los alemanes. En 1944 el hambre y la enfermedad abatieron al país,
pero en lugar de doblegar el espíritu de los franceses, la adversidad
motivó a más hombres y mujeres a que se enlistaran en
la Resistencia.
El desembarco en Normandía imprimió nuevos
brillos pues las noticias sobre el rápido avance de las fuerzas
aliadas que se abrían paso a través de la Bretaña
francesa y enfilaban hacia París, corrían como pólvora.
Los líderes del movimiento francés comenzaban a barajar
la posibilidad de que un levantamiento popular precediera a la llegada
de las tropas aliadas a la capital, tanto para mermar las fuerzas del
enemigo como para hacer ver que la Resistencia Francesa era mucho más
que un mito.
La opinión de Charles De Gaulle, que sostenía que la insurrección
popular sería algo prematuro, puesto que el ingreso de los aliados
no se esperaba sino hasta inicios de septiembre, se contrapuso al ímpetu
del líder de la facción comunista del movimiento, el coronel
Rol-Tanguy, que pujaba por arremeter lo antes posible.
Todos estaban conscientes de que un alzamiento popular sería
una tarea peligrosa, sobre todo después de la experiencia que
las fuerzas insurreccionistas habían tenido en Varsovia el 1o.
de agosto, cuando cayeron víctimas de la más brutal represión
por parte de los nazis.
El alzamiento comenzó el 10 de agosto. Este día, los empleados
del tren se pusieron en huelga. Cinco días más tarde les
siguieron los oficiales de policía, los empleados del subterráneo
y finalmente por los empleados de la oficina de correos.
En el mismo tiempo, las tropas de Hitler que ocupaban la capital perciben
la inminente llegada de las tropas aliadas, que sólo aguardaban
el momento propicio para entrar en París.
Por ello el Tercer Reich no deseaba dispersar sus fuerzas, sobre todo
porque suficientes problemas tenían para controlar a los 4 millones
de parisinos que se alzaban también contra ellos.
El 18 de agosto París amanece cubierta de carteles que invitaban
a la población a plantar cara a los ocupacionistas. La respuesta
de los parisinos fue inmediata. Barricadas y combates estallaban esporádicamente
por toda la ciudad.
El choque de fuerzas fue tan intenso que ambas partes convinieron en
iniciar la negociación de una tregua con la intermediación
del cónsul de Suecia, Raoul Nordling.
El general Dietrich Choltitz, jefe de las fuerzas alemanas en Francia,
negoció el tratado con la facción de De Gaulle, peor repentinamente
el alemán midió fuerzas y rompió las negociaciones
violentamente con un feroz ataque de 16 mil soldados nazis que hicieron
gala de todo su poderío militar para doblegar a la fuerza insurreccionista
compuesta por 10 mil franceses armados de valor más que con armas
y municiones.
El asalto final
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El 22 de agosto, las fuerzas aliadas se encontraban
ya a 200 kilómetros de París. El general estadounidense
Eisenhower ya había decidido entrar a la ciudad, pero De Gaulle
le convenció para que diera más tiempo a la Resistencia
Francesa de debilitar más al ejército alemán.
Ese día los acontecimientos se precipitaron.
El general Philippe Leclerc, junto con la 2da. División Armada,
logra cruzar las líneas enemigas y toma camino hacia París,
con la autorización del general Omar Bradley, que le concedió
el honor de entrar primero a la ciudad para completar su liberación.
Al mando de 15 mi hombres y mujeres, Leclerc llega a la capital francesa
a las 8:30 p.m. del 24 de agosto y 16 horas más tarde, delante
de la estación Montparnasse recibe la rendición de las
fuerzas alemanas en París.
El 25 de agosto, bajo un hermoso sol estival, el general De Gaulle encabezó
un desfile triunfal cuya marcha no interrumpió pese a que unos
tiradores abrieron fuego contra él. El caudillo salió
ileso y siguió marcando sus pasos triunfales. Entonces los parisinos
gritaron al mundo: ¡París! ¡París ultrajada!
¡París quebrantada! ¡París martirizada! ¡Pero
París liberada!
“¿Arde
París?”
No
hay certeza de que Hitler ordenara la destrucción de París
cuando la supo perdida. Tampoco si su gobernador, el general Choltitz,
fue un héroe por desobedecerle. Lo que sí se sabe es que
el episodio ha inspirado libros y películas.
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Cuenta la leyenda que cuando Hitler supo que las tropas
aliadas habían logrado romper las filas nazis para ingresar a
París, ordenó a su lugarteniente Dietrich Von Choltitz
que lanzara sobre la ciudad una lluvia de bombas de alta potencia para
destruir los puentes sobre el Sena, sus museos, palacios y señoriales
edificios.
Choltitz, que era general de la vieja escuela y que mantenía
un pequeño margen de escepticismo hacia la ideología nazi,
vaciló en ejecutar la orden del Führer.
En su lugar optó por resistir lo más posible, proteger
la vida de sus hombres y reducir el daño en un escenario de por
sí sangriento.
‘¿Arde París?”, mandó a preguntar Hitler
el 25 de agosto, a través de un ayudante que desde Rastenburg
le comunicaba con Von Choltitz.
Un secretario del cuartel general alemán, establecido en el Hôtel
Meurice, le respondió que el comandante se hallaba con el general
Philippe Leclerc.
–Pero, ¿arde París? –preguntaron desde Rastenburg.
–¿Cómo?
–¿Arde París? –reiteró impacientemente
el ayudante.
–No. Escuche:
El secretario volvió el auricular hacia la ventana abierta y
en Rastenburg pudieron escuchar confusamente las notas de La Marsellesa
y el alborotado repique de las campanas de París.
Sea o no auténtica la anécdota, el general Von Choltitz
salvó la capital francesa de la destrucción ordenada por
Hitler: “Los puentes del Sena deben ser preparados para su destrucción.
París no debe caer en manos del enemigo, a no ser como un montón
de ruinas”.
Hitler no daba órdenes en vano y dispuso que varias rampas de
bombas volantes apuntaran contra París y que se preparara y se
dotara de munición al gigantesco mortero Karl, que lanzaba proyectiles
de 2.200 kilos. Pero ni las bombas volantes, ni las granadas del Karl
destruyeron París, porque Choltitz y sus generales, aunque temieran
por sus vidas y por las de sus familiares, no siguieron esas órdenes.
Causa de descargo
No hay certeza de que este rumor sea real, pues no fue confirmado nunca
por sus protagonistas. No obstante éste es recogido por los autores
Domenica Lapierre y Larry Collins en su libro “¿Arde París?”
(1964) y que fue retomado por el cine años más tarde en
una superproducción con Glenn Ford.
Se dice que el mismo Choltitz inventó la historia para obtener
un trato más indulgente durante los juicios de Nuremberg al final
de la guerra.
Francia
da honores a soldados magrebíes
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| Mujeres
en barricadas parisinas. |
El desembarco a Proveca, lanzado diez días después
del mítico desembarco en Normandía, no suena demasiado
en la memoria de los aficionados de la historia.
Pero los expertos sí saben que el fin de la ocupación
alemana en Francia, y en alguna medida, el fin de la II Guerra Mundial,
también tuvo como protagonistas a 400 mil soldados de origen
africano que reforzaron las fuerzas aliadas.
El pasado 15 de agosto, también para el 60 aniversario del fin
de la guerra, el gobierno francés rindió honores a las
naciones africanas y magrebíes que también aportaron su
sangre y sufrimiento.
El primer ministro francés, Jean-Pierre Raffarin, recordó
lo decisivo de la operación “Dragoon”, en la que
estaban los 260 mil soldados del Ejército galo de África,
de los cuales más de la mitad procedían de las entonces
colonias francesas del Magreb y de la África negra.
“Francia conoce la parte desempeñada por vuestros pueblos”
en la campaña por la liberación de Francia y de Europa,
dijo Raffarin.
Los presidentes de Togo, Camerún, Burkina Faso, Chad, Benin,
Argelia, Yibutí, Níger, Senegal, Madagascar, Comoros,
Malí y República Centroafricana, los primeros ministros
de Mauritania y Túnez, y los ministros de Exteriores o Defensa
de Congo, Guinea, Gabón y Costa de Marfil, y el subsecretario
de Estado de EEUU para los ex combatientes acudieron al almuerzo ofrecido
por Raffarin.
Una treintena de ex combatientes magrebíes o africanos fueron
condecorados, junto a una docena de franceses. El 25 de agosto se conmemora
la liberación de París y estas se cuentan como punto culminante
de esta revisión histórica.
| Cronología
de una liberación |
15
agosto
Inician las huelgas. Primero los policías, luego los empleados
postales y del ferrocarril. El inicio del fin. |
22
de agosto
Barricadas y estallidos de combates se intensifican. Los parisinos
luchan por debilitar al ejército alemán. |
24
de agosto
Ingresa la 2da. División Armada de Leclerc e inicia la avanzada
del ejército aliado para liberar París. |
Acta
de rendición
La firma tuvo lugar en la Perfectura de Policía de París
y aparecen como signatarios el General Leclerc y el coronel Rol-Tanguy,
por el Gobierno Provisional de la República de Francia, y
el general Choltitz, por el ejército alemán. |
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