Del 22 al 29 de agosto de 2004



INTERNACIONAL

La liberación de París

El 25 de agosto de 1944 las fuerzas alemanas se rindieron en la capital francesa. El sangriento camino recorrido por los aliados desde Normandía, la sublevación de los parisinos y la llegada de los libertadores, devolvían la libertad a una ciudad que estuvo a punto de ser destruida por los nazis.

Claudia Rivera/Agencias
Miles de soldados estadounidenses realizan su marcha triunfal por los Campos Elíseos tras la liberación de París.

París recuerda con exposiciones y festejos su liberación, el 24 de agosto de 1944, a cargo de la 2da. división blindada del general Leclerc. Bien se merece la celebración, porque, hace sesenta años, la ciudad hubiera sufrido destrucciones terribles si el gobernador alemán del Gran París, Dietrich Von Choltitz, hubiese cumplido las órdenes de Hitler de volar los puentes sobre el Sena y lanzar sobre la ciudad una lluvia de bombas.

“¿Arde París?”, preguntó Adolf Hitler el 25 de agosto, por la mañana, cuando se enteró de que las tropas aliadas ya estaban dentro de la capital francesa.

Pero no. París lejos de ser cubierta por las llamas veía la luz al final del túnel y acogía entusiasta su primer día de libertad después de cuatro años de ocupación nazi.
Antes de eso, la imagen que el mundo tenía de la Ciudad Luz no era la de parajes románticos y escenarios exquisitos, sino más bien de tanques y trincheras que escupían fuego y balas contra los estoicos parisinos que luchaban contra la opresión.

El gobierno interino francés había ayudado al ejército germano a enviar a millares de judíos residentes en Francia a los campos de concentración, mientras centenares de trabajadores eran mantenidos en calidad de semiesclavitud para reforzar la producción de materiales de guerra para los nazis. Para 1944, la mano de obra tenía que ser francesa. La polaca había muerto hacía mucho.

Para las fuerzas ocupacionistas, París era un sitio maravilloso para gozar las mieles del triunfo que en esos días se les servía en bandeja de plata. Las docenas de salas de proyección de películas, de teatros del burlesque y salones de danza estaban dispuestas exclusivamente para ellos.

El bombardeo aliado se concentró en los suburbios industrializados, pero no en la ciudad propiamente. Pero el terror reinaba en París por obra y gracia de la Gestapo y la SS.
La eficacia de la Resistencia Francesa había sido puesta en entredicho luego de algunos fallidos intentos de sublevación en contra de los alemanes. En 1944 el hambre y la enfermedad abatieron al país, pero en lugar de doblegar el espíritu de los franceses, la adversidad motivó a más hombres y mujeres a que se enlistaran en la Resistencia.

Los protagonistas
General Jacques Philippe Leclerc

Su nombre original es Philippe François Marie Leclerc de Hautecloque, pero toma el nombre de Jacques Philippe Leclerc como nombre de guerra para proteger a su familia. Fue jefe de la 2da. División Armada de Francia, la cual conduce al asalto final por la liberación de la capital francesa.
El 25 de agosto recibe, junto al coronel Rol, la rendición del general Choltitz y la capitulación de las tropas nazis.
General Charles De Gaulle

Líder de las Fuerzas Francesas Libres y dirigió su estrategia de liberación de Francia desde sus cuarteles en Londres y Algeria. De Gaulle entra a París el 25 de agosto de 1944, cuando realiza su memorable discurso en el Hotel
de Ville. El 26 de agosto
realiza un desfile triunfal por los Campos Elíseos junto al General Leclerc. De Gaulle fue el primer jefe del gobierno francés después de la ocupación.
General Dietrich Von Choltitz

Mariscal de Campo y gobernador alemán de París durante la ocupación. Choltitz recibió la orden de destruir la ciudad cuando el ingreso de las fuerzas aliadas fuera inminente, pero decidió no acatar el mandato del Führer para minimizar la destrucción.
Fue juzgado en Nüremberg y habría recibido un trato indulgente por esta acción. Fue cofirmante en el Acta de Rendición.

El desembarco en Normandía imprimió nuevos brillos pues las noticias sobre el rápido avance de las fuerzas aliadas que se abrían paso a través de la Bretaña francesa y enfilaban hacia París, corrían como pólvora.

Los líderes del movimiento francés comenzaban a barajar la posibilidad de que un levantamiento popular precediera a la llegada de las tropas aliadas a la capital, tanto para mermar las fuerzas del enemigo como para hacer ver que la Resistencia Francesa era mucho más que un mito.

La opinión de Charles De Gaulle, que sostenía que la insurrección popular sería algo prematuro, puesto que el ingreso de los aliados no se esperaba sino hasta inicios de septiembre, se contrapuso al ímpetu del líder de la facción comunista del movimiento, el coronel Rol-Tanguy, que pujaba por arremeter lo antes posible.

Todos estaban conscientes de que un alzamiento popular sería una tarea peligrosa, sobre todo después de la experiencia que las fuerzas insurreccionistas habían tenido en Varsovia el 1o. de agosto, cuando cayeron víctimas de la más brutal represión por parte de los nazis.

El alzamiento comenzó el 10 de agosto. Este día, los empleados del tren se pusieron en huelga. Cinco días más tarde les siguieron los oficiales de policía, los empleados del subterráneo y finalmente por los empleados de la oficina de correos.

En el mismo tiempo, las tropas de Hitler que ocupaban la capital perciben la inminente llegada de las tropas aliadas, que sólo aguardaban el momento propicio para entrar en París.

Por ello el Tercer Reich no deseaba dispersar sus fuerzas, sobre todo porque suficientes problemas tenían para controlar a los 4 millones de parisinos que se alzaban también contra ellos.

El 18 de agosto París amanece cubierta de carteles que invitaban a la población a plantar cara a los ocupacionistas. La respuesta de los parisinos fue inmediata. Barricadas y combates estallaban esporádicamente por toda la ciudad.

El choque de fuerzas fue tan intenso que ambas partes convinieron en iniciar la negociación de una tregua con la intermediación del cónsul de Suecia, Raoul Nordling.

El general Dietrich Choltitz, jefe de las fuerzas alemanas en Francia, negoció el tratado con la facción de De Gaulle, peor repentinamente el alemán midió fuerzas y rompió las negociaciones violentamente con un feroz ataque de 16 mil soldados nazis que hicieron gala de todo su poderío militar para doblegar a la fuerza insurreccionista compuesta por 10 mil franceses armados de valor más que con armas y municiones.

El asalto final

El 22 de agosto, las fuerzas aliadas se encontraban ya a 200 kilómetros de París. El general estadounidense Eisenhower ya había decidido entrar a la ciudad, pero De Gaulle le convenció para que diera más tiempo a la Resistencia Francesa de debilitar más al ejército alemán.
Ese día los acontecimientos se precipitaron.

El general Philippe Leclerc, junto con la 2da. División Armada, logra cruzar las líneas enemigas y toma camino hacia París, con la autorización del general Omar Bradley, que le concedió el honor de entrar primero a la ciudad para completar su liberación.

Al mando de 15 mi hombres y mujeres, Leclerc llega a la capital francesa a las 8:30 p.m. del 24 de agosto y 16 horas más tarde, delante de la estación Montparnasse recibe la rendición de las fuerzas alemanas en París.

El 25 de agosto, bajo un hermoso sol estival, el general De Gaulle encabezó un desfile triunfal cuya marcha no interrumpió pese a que unos tiradores abrieron fuego contra él. El caudillo salió ileso y siguió marcando sus pasos triunfales. Entonces los parisinos gritaron al mundo: ¡París! ¡París ultrajada! ¡París quebrantada! ¡París martirizada! ¡Pero París liberada!

 


“¿Arde París?”

No hay certeza de que Hitler ordenara la destrucción de París cuando la supo perdida. Tampoco si su gobernador, el general Choltitz, fue un héroe por desobedecerle. Lo que sí se sabe es que el episodio ha inspirado libros y películas.

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Cuenta la leyenda que cuando Hitler supo que las tropas aliadas habían logrado romper las filas nazis para ingresar a París, ordenó a su lugarteniente Dietrich Von Choltitz que lanzara sobre la ciudad una lluvia de bombas de alta potencia para destruir los puentes sobre el Sena, sus museos, palacios y señoriales edificios.

Choltitz, que era general de la vieja escuela y que mantenía un pequeño margen de escepticismo hacia la ideología nazi, vaciló en ejecutar la orden del Führer.

En su lugar optó por resistir lo más posible, proteger la vida de sus hombres y reducir el daño en un escenario de por sí sangriento.

‘¿Arde París?”, mandó a preguntar Hitler el 25 de agosto, a través de un ayudante que desde Rastenburg le comunicaba con Von Choltitz.

Un secretario del cuartel general alemán, establecido en el Hôtel Meurice, le respondió que el comandante se hallaba con el general Philippe Leclerc.

–Pero, ¿arde París? –preguntaron desde Rastenburg.
–¿Cómo?
–¿Arde París? –reiteró impacientemente el ayudante.
–No. Escuche:

El secretario volvió el auricular hacia la ventana abierta y en Rastenburg pudieron escuchar confusamente las notas de La Marsellesa y el alborotado repique de las campanas de París.

Sea o no auténtica la anécdota, el general Von Choltitz salvó la capital francesa de la destrucción ordenada por Hitler: “Los puentes del Sena deben ser preparados para su destrucción. París no debe caer en manos del enemigo, a no ser como un montón de ruinas”.

Hitler no daba órdenes en vano y dispuso que varias rampas de bombas volantes apuntaran contra París y que se preparara y se dotara de munición al gigantesco mortero Karl, que lanzaba proyectiles de 2.200 kilos. Pero ni las bombas volantes, ni las granadas del Karl destruyeron París, porque Choltitz y sus generales, aunque temieran por sus vidas y por las de sus familiares, no siguieron esas órdenes.

Causa de descargo

No hay certeza de que este rumor sea real, pues no fue confirmado nunca por sus protagonistas. No obstante éste es recogido por los autores Domenica Lapierre y Larry Collins en su libro “¿Arde París?” (1964) y que fue retomado por el cine años más tarde en una superproducción con Glenn Ford.

Se dice que el mismo Choltitz inventó la historia para obtener un trato más indulgente durante los juicios de Nuremberg al final de la guerra.


Francia da honores a soldados magrebíes

Mujeres en barricadas parisinas.

El desembarco a Proveca, lanzado diez días después del mítico desembarco en Normandía, no suena demasiado en la memoria de los aficionados de la historia.

Pero los expertos sí saben que el fin de la ocupación alemana en Francia, y en alguna medida, el fin de la II Guerra Mundial, también tuvo como protagonistas a 400 mil soldados de origen africano que reforzaron las fuerzas aliadas.

El pasado 15 de agosto, también para el 60 aniversario del fin de la guerra, el gobierno francés rindió honores a las naciones africanas y magrebíes que también aportaron su sangre y sufrimiento.

El primer ministro francés, Jean-Pierre Raffarin, recordó lo decisivo de la operación “Dragoon”, en la que estaban los 260 mil soldados del Ejército galo de África, de los cuales más de la mitad procedían de las entonces colonias francesas del Magreb y de la África negra.

“Francia conoce la parte desempeñada por vuestros pueblos” en la campaña por la liberación de Francia y de Europa, dijo Raffarin.

Los presidentes de Togo, Camerún, Burkina Faso, Chad, Benin, Argelia, Yibutí, Níger, Senegal, Madagascar, Comoros, Malí y República Centroafricana, los primeros ministros de Mauritania y Túnez, y los ministros de Exteriores o Defensa de Congo, Guinea, Gabón y Costa de Marfil, y el subsecretario de Estado de EEUU para los ex combatientes acudieron al almuerzo ofrecido por Raffarin.

Una treintena de ex combatientes magrebíes o africanos fueron condecorados, junto a una docena de franceses. El 25 de agosto se conmemora la liberación de París y estas se cuentan como punto culminante de esta revisión histórica.

Cronología de una liberación
15 agosto
Inician las huelgas. Primero los policías, luego los empleados postales y del ferrocarril. El inicio del fin.
22 de agosto
Barricadas y estallidos de combates se intensifican. Los parisinos luchan por debilitar al ejército alemán.
24 de agosto
Ingresa la 2da. División Armada de Leclerc e inicia la avanzada del ejército aliado para liberar París.
Acta de rendición
La firma tuvo lugar en la Perfectura de Policía de París y aparecen como signatarios el General Leclerc y el coronel Rol-Tanguy, por el Gobierno Provisional de la República de Francia, y el general Choltitz, por el ejército alemán.

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