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INTERNACIONAL
El
caos reina a manos de jefe
rebelde en Haití
Gonaives
es el centro de la rebelión que amenaza con derrocar al gobierno
del ex sacerdote Jean-Bertrand Aristide. El foco de la rebelión
constituye atisbos
poco alentadores para la estabilidad de esta nación caribeña.
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El
temor a los saqueos y los asesinatos indiscriminados tiene en
vilo a la población haitiana desde hace semanas.
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El caos tiene rostro. Es un hombre iracundo con las
mejillas manchadas de hollín como pintura de guerra, el cual
da la bienvenida a los visitantes que llegan a esta agobiada ciudad
con un rifle automático en las manos. Detrás de él,
una pandilla de animados jóvenes obstruye la entrada a la ciudad
con barricadas humeantes, erigidas con piedras puntiagudas y los restos
carbonizados de vehículos destruidos.
Personas hambrientas vagan por las calles, mendigando comida o dinero,
al tiempo que miles de sus vecinos han huido hacia áreas rurales
o se marcharon a otras ciudades, temerosos de un inminente baño
de sangre. El hospital se está cerrado debido a que los médicos
están demasiado atemorizados para venir a trabajar, después
de que los rebeldes y la policía se enfrentaron en un intenso
tiroteo.
La mayoría de los establecimientos comerciales siguen cerrados
y una importante gasolinera, con sus tanques aparentemente vacíos,
revela una escena de confusión.
Mi bebé llora porque no tengo comida, dijo Jeanette
Pierre, de 19 años de edad, inclinada contra el pilar del complejo
con piso de tierra que habita. Sí hay comida, pero los
precios son muy altos y de todas formas no tengo dinero.
Tambores de guerra
A lo largo de un kilómetro y medio, la autopista que conduce
a la ciudad está cubierta por una hilera tras otra de improvisadas
barricadas hechas con piedras, cristales rotos, pilas de basura y vehículos
destruidos, levantadas con el fin de repeler un supuesto contraataque
gubernamental.
A pesar de lo que da la impresión de ser una anarquía,
existe cierta jerarquía de mando, y este desordenado desfile
es encabezado por un joven rudo, quien declaró ante algunos periodistas
que sería el Presidente de Haití. Su nombre es Buteur
Metayer, y su reclamo del poder se basa, al parecer, en el hecho de
que su hermano Amiot, quien en alguna época fue un leal y autoproclamado
esbirro del asediado presidente Jean-Bertrand Aristide, murió
el año pasado luego de distanciarse de Aristide, convirtiéndose
en un mártir local.
Da la impresión de ser un raciocinio dudoso para el poder, la
cual sólo se refuerza por el caos que plaga actualmente a Gonaives,
la cuarta ciudad más grande de Haití y normalmente el
hogar de más de 200,000 personas.
Lograr una audiencia con Metayer es un arreglo muy delicado. Se mantiene
encerrado en uno de los municipios más pobres de la ciudad, un
deprimente barrio formado por dilapidados caseríos que dan al
mar, repleto de basura y decrépitas lanchas.
La huella del líder
Esta era de Amiot, dijo, señalando
con el brazo como un guía de turistas. En la cercanía,
yace la tumba del líder acribillado, otro santuario instantáneo
que fue botado justo en la calle, rodeado ahora por una pequeña
cerca y coronado por una bandera haitiana y un busto de bronce del héroe.
Amiot Metayer, de quien se informó que dirigía Gonaives
al estilo de un don de la mafia, calificó alguna vez a su grupo
como el Ejército Caníbal, pero su hermano,
quien actualmente concede entrevistas a la prensa internacional, lo
rebautizó como el Frente de Resistencia Artibonita,
nombre derivado del valle ribereño en los alrededores.
Sin embargo, otras revoluciones han nacido en un ambiente igualmente
magro, y los guardias de Metayer sostienen sus rifles con una amenaza
casual, sus rostros impasibles aptos para ser asesinos a sueldo.
Metayer hace alarde de que sus hombres tomarán poblado tras población
hasta que lleguen a la capital, Puerto Príncipe, cuando enviarían
al presidente Jean-Bertrand Aristide rumbo al exilio. Se niega a decir
cuántos soldados tiene su harapiento ejército. En
lo personal, no creo que Bush sea mi enemigo, pero se convertirá
más en mi amigo cuando se lleve lejos a Aristide, dijo.
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