Del 21 al 28 de noviembre de 2004



LA COLUMNA

Juan Carlos Rivas
vertice@elsalvador.com

¿Por qué existe la corrupción?

El ejemplo que escuché de niño fue la historia de la manzana podrida en el cesto y cómo, por ósmosis, se va regando y extendiendo hasta contaminarlo todo.

De hecho, la definición que de corrupción encontramos en cualquier diccionario se refiere a putrefacción; y la imagen más utilizada corresponde a soborno, cohecho. Así tenemos la corrupción de un juez o de un funcionario. Aquí se aplica el otro sentido, el que se refiere a todo aquel vicio introducido en las cosas no materiales, donde la moral se convierte en la víctima más indefensa.

La corrupción ha sido el virus que ha manchado tanto a presidentes como a instituciones, a funcionarios y a empresas. Ha existido como un secreto a voces, tolerado por muchos y practicado por otros. Igual corrupción puede significar robarse papelería de la oficina o tener familiares en las empresas o instituciones devengando —por hacer nada— altos sueldos y grandes privilegios.

Es en la administración pública donde los corruptores actúan a todas horas. Así, se dan despilfarros en instituciones de servicio (TSE, ISSS), se hace uso para beneficio propio del personal o del equipo de la institución (ejemplo, los vehículos nacionales) y no se diga los aumentos injustificados o el acoso sexual.

Entendemos que el problema es grave y generalizado, pero, ¿es acaso la corrupción un fenómeno que caracteriza sólo a los altos funcionarios? ¿Qué hay de la gente que ante la falta de oportunidades se enfrenta con cualquier tipo de tentación? Sobre todo en economías como las latinoamericanas, donde la pobreza siempre ha existido y siempre existirá. Es aquí donde actúa la otra mitad: los mandos medios.

Visualicemos que en términos económicos no se pueden prever los niveles de pobreza intelectual que existen en los corruptos, por lo tanto, cuando la cúspide de un organigrama está acaparando mayores ingresos, entonces el nivel de avaricia en los mandos medios se incrementa.

Ejemplo, son ellos quienes reciben las propuestas y los proyectos, quienes ejecutan y mueven los recursos para poner en marcha x plan.

Ese poder de decisión puede llevar a dar o recibir una compensación a cambio de ganar un proyecto. Así, vemos atrocidades como el caso de Anda, Finsepro y OBC.

Sin embargo, no todos los jefes medios son corruptos, también hay gente con suficientes valores para no ser presas fáciles. Habría que revisar en quién se deposita la confianza. Todos estamos dentro del cesto de manzanas, pero si una da señales de enfermedad, no hay otro remedio que quitarla.


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