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LA
COLUMNA
¿Por
qué existe la corrupción?
El ejemplo que escuché de niño
fue la historia de la manzana podrida en el cesto y cómo, por
ósmosis, se va regando y extendiendo hasta contaminarlo todo.
De hecho, la definición que de corrupción encontramos
en cualquier diccionario se refiere a putrefacción; y la imagen
más utilizada corresponde a soborno, cohecho. Así tenemos
la corrupción de un juez o de un funcionario. Aquí se
aplica el otro sentido, el que se refiere a todo aquel vicio introducido
en las cosas no materiales, donde la moral se convierte en la víctima
más indefensa.
La corrupción ha sido el virus que ha manchado tanto a presidentes
como a instituciones, a funcionarios y a empresas. Ha existido como
un secreto a voces, tolerado por muchos y practicado por otros. Igual
corrupción puede significar robarse papelería de la oficina
o tener familiares en las empresas o instituciones devengando por
hacer nada altos sueldos y grandes privilegios.
Es en la administración pública donde los corruptores
actúan a todas horas. Así, se dan despilfarros en instituciones
de servicio (TSE, ISSS), se hace uso para beneficio propio del personal
o del equipo de la institución (ejemplo, los vehículos
nacionales) y no se diga los aumentos injustificados o el acoso sexual.
Entendemos que el problema es grave y generalizado, pero, ¿es
acaso la corrupción un fenómeno que caracteriza sólo
a los altos funcionarios? ¿Qué hay de la gente que ante
la falta de oportunidades se enfrenta con cualquier tipo de tentación?
Sobre todo en economías como las latinoamericanas, donde la pobreza
siempre ha existido y siempre existirá. Es aquí donde
actúa la otra mitad: los mandos medios.
Visualicemos que en términos económicos no se pueden prever
los niveles de pobreza intelectual que existen en los corruptos, por
lo tanto, cuando la cúspide de un organigrama está acaparando
mayores ingresos, entonces el nivel de avaricia en los mandos medios
se incrementa.
Ejemplo, son ellos quienes reciben las propuestas y los proyectos, quienes
ejecutan y mueven los recursos para poner en marcha x plan.
Ese poder de decisión puede llevar a dar o recibir una compensación
a cambio de ganar un proyecto. Así, vemos atrocidades como el
caso de Anda, Finsepro y OBC.
Sin embargo, no todos los jefes medios son corruptos, también
hay gente con suficientes valores para no ser presas fáciles.
Habría que revisar en quién se deposita la confianza.
Todos estamos dentro del cesto de manzanas, pero si una da señales
de enfermedad, no hay otro remedio que quitarla.
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