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LA
ARISTA AFILADA
La
España que hereda zapatero
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Veinticuatro horas antes de los bombazos del 11 de marzo
parecía seguro el triunfo del Partido Popular en España.
Las últimas encuestas le otorgaban al PP mayoría absoluta.
¿Qué sucedió? En esencia, el aumento súbito
del número de electores, y muy especialmente de los jóvenes
que votaban por primera vez. Sacudidos por el horror y convocados por
cierta demagogia, acudió a las urnas un ocho por ciento más
de votantes, y en España, cuando la participación es muy
alta -esta vez alcanzó un 77%-, inevitablemente triunfa la izquierda.
Esos jóvenes no conectaban emocionalmente con la derecha y habían
manifestado su rechazo a la guerra de Irak y al apoyo político
que Aznar le había otorgado al presidente Bush.
Para muchos de ellos, los devastadores actos terroristas se convirtieron
en una especie de siniestro silogismo: Aznar nos metió
en una guerra injusta y ajena desatada por los detestados yanquis; ahora
esa guerra nos ha traído esta represalia; Aznar y su partido
son los culpables. Centenares de muchachos salieron a las calles
a gritarles asesinos a los populares.
Mal presagio. Para José Luis Rodríguez Zapatero, el líder
de los socialistas, la suya puede llegar a ser una victoria amarga.
Los terroristas han olido sangre y probablemente les aumente el apetito.
¿Cómo va a reaccionar su gobierno si mañana unos
terroristas islámicos realizan otra matanza monstruosa, digamos,
en Sevilla, en demanda del abandono inmediato de Ceuta y Melilla, los
dos enclaves españoles situados en territorio marroquí?
¿Cuántos atentados de este tipo soportarían los
españoles antes de que aparezcan las primeras pancartas pidiendo
paz a cambio de entregar esos territorios africanos? Es posible que
el instinto de Zapatero sea el de resistir, pero no hay duda de que
sus electores tienen una perspectiva diferente, mucho más blanda
y totalmente divorciada de los intereses generales del Estado español.
¿No habrá aprendido ETA que el camino efectivo es el de
la matanza atroz y multitudinaria en vez de los crímenes selectivos?
El mismo razonamiento empleado para acusar de asesino a Aznar por las
víctimas del 11 de marzo podría utilizarse contra Zapatero
si mañana la ETA extermina doscientas personas en Barcelona o
en Santiago de Compostela porque el gobierno socialista no otorga la
independencia a las provincias vascas. Al fin y al cabo, una buena parte
de los votos que llevaron a Zapatero al poder procede de personas que
no se sienten españolas sino catalanas, vascas y gallegas. Esa
es la lógica de Josep Lluís Carod-Rovira, el líder
catalán de Esquerra Republicana: ¿por qué tienen
que morir catalanes por causa de un país extranjero (España)?
Hace pocas semanas, cuando Carod-Rovira formuló su planteamiento,
los españoles se llevaron las manos a la cabeza horrorizados,
pero en las últimas elecciones los catalanes le otorgaron el
16% de los votos y elevaron su representación en el Parlamento
nacional de un diputado a ocho.
Espero que Zapatero se dé cuenta de que va a gobernar un país
en el que las fuerzas centrífugas han cobrado un ímpetu
inesperado, y en el que los síntomas de insolidaridad son crecientes.
Izar la bandera española es considerado una provocación
fascista por una buena parte de la población. Las regiones húmedas
no quieren compartir el agua con las secas. Las ricas se sienten esquilmadas
por las más pobres y viceversa. No hay un sistema nacional de
impuestos que afecte a todas las regiones por igual, lo que se traduce
en agravios comparativos y en un reclamo constante de privilegios y
excepciones locales. En las provincias catalanas y vascas crece el independentismo.
Es posible que en el futuro esa tendencia refuerce el regionalismo de
gallegos y canarios. Inevitablemente, no tardará en revitalizarse
el sentimiento antimonárquico, entre otras razones, porque la
Corona es la representación espiritual e histórica de
una entidad, España, con la que muchos de los habitantes de esa
península no se sienten identificados.
¿Cómo se enfrentará Zapatero a esta peligrosísima
fragmentación? Ese es su problema prioritario: ha llegado a la
meta a lomo de varios caballos que corren en direcciones diferentes.
Lamentablemente, su propio partido no es una fuerza cohesionada que
posee una visión común de España. La mayor parte
de los socialistas catalanes son más catalanes que socialistas.
Los socialistas vascos a veces sienten que sus compañeros de
partido no los apoyan con la fuerza que debieran frente al acoso de
los nacionalistas. Cuando Zapatero tenga que actuar desde una perspectiva
española y defender el interés nacional, inmediatamente
se enfrentará a muchos de sus aliados coyunturales.
Paradójicamente, los populares son quienes pueden ayudar a gobernar
a Zapatero. Mariano Rajoy, el líder popular y candidato derrotado
en los pasados comicios, ya le ha tendido la mano. Ése me parece
un gesto responsable. Aunque no esté bien visto en los tiempos
que corren, alguien tiene que pensar en España.
©FIRMAS PRESS]
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