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LA
COLUMNA

Viva
la democracia
LSiempre he desconfiado de los políticos.
Quizás eso me viene desde aquel día que escuché
decir a mi abuela una mujer con la sabiduría que da la
universidad de la vida que no importa quien llegue porque es
la misma mica con distinto nombre. Sin embargo, y como soy un
soñador empedernido, o acaso un perfecto iluso, hoy sí
quiero creer. Porque creo en la democracia.
Esa misma que pondremos en práctica hoy los salvadoreños,
así, a secas, sin distinción de género. Para muchos
será un alivio. Hoy termina toda esa parafernalia electorera
que nos agobió hasta el cansancio; eso si se define todo este
día.
Otros nos preguntamos ¿Qué vendrá ahora? Ojalá
que trabajo bien hecho. Que los ganadores realmente cumplan con todo
lo prometido y que no sigan la tradición de sus predecesores.
Ojalá que no pase aquello a lo que se refiere Salvador Samayoa
cuando afirma que ya en el poder la persona puede cambiar.
Que los triunfadores asuman su compromiso con la enorme responsabilidad
que significa gobernar un país con altísimos índices
de delincuencia, con preocupantes grados de pobreza y violencia social.
Que sepan identificar los verdaderos problemas que nos aquejan a nosotros
los salvadoreños. A todos los salvadoreños. Y que no vengan
con populismo barato a querernos dar atol con el dedo, como
decía la susodicha progenitora de la autora de mis días.
Que siempre tengan presente aquello que recomendaba el emperador Adriano
a quienes ejercían alguna forma de poder; que éste era
para servir, no para servirse.
Y los perdedores, ojalá comprendan que este es un juego cívico,
que sepan asimilar la derrota, sin revanchismos, sin rencores y desarrollen
una oposición constructiva, no destructiva. Una oposición
capaz de que, dentro de cinco años, sigan siendo opción,
alternativa. Eso es lo bello de la democracia: siempre nos da el derecho
de la réplica. ¿Difícil? No. Si en realidad queremos
el bien para nuestro país.
Este día hay que vivirlo como lo que es. Una fiesta. Hay que
demostrarle al mundo que somos capaces de convivir con el adversario.
Muchos ojos están sobre nosotros.
Alguien alguna vez dijo que la campaña, y las elecciones mismas,
deberían ser como un partido de fútbol visto por amigos.
Cada quien le va a su equipo, pero gane quien gane, siempre siguen
siendo cherada. Por eso y otras muchas razones hoy sí quiero
creer en los políticos. Quizás porque mi abuela me repetía
siempre no mijo, si el tonto es uno que se anda peleando,
los políticos después se van a tomar un trago juntos,
y santas pascuas. Sabia la señora.
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