21 de marzo de 2004


LA COLUMNA

Wilfredo Hernández
vertice@elsalvador.com

Viva la democracia

LSiempre he desconfiado de los políticos. Quizás eso me viene desde aquel día que escuché decir a mi abuela —una mujer con la sabiduría que da la universidad de la vida— que no importa quien llegue porque “es la misma mica con distinto nombre”. Sin embargo, y como soy un soñador empedernido, o acaso un perfecto iluso, hoy sí quiero creer. Porque creo en la democracia.

Esa misma que pondremos en práctica hoy los salvadoreños, así, a secas, sin distinción de género. Para muchos será un alivio. Hoy termina toda esa parafernalia electorera que nos agobió hasta el cansancio; eso si se define todo este día.

Otros nos preguntamos ¿Qué vendrá ahora? Ojalá que trabajo bien hecho. Que los ganadores realmente cumplan con todo lo prometido y que no sigan la tradición de sus predecesores. Ojalá que no pase aquello a lo que se refiere Salvador Samayoa cuando afirma que “ya en el poder la persona puede cambiar”. Que los triunfadores asuman su compromiso con la enorme responsabilidad que significa gobernar un país con altísimos índices de delincuencia, con preocupantes grados de pobreza y violencia social. Que sepan identificar los verdaderos problemas que nos aquejan a nosotros los salvadoreños. A todos los salvadoreños. Y que no vengan con populismo barato a querernos “dar atol con el dedo”, como decía la susodicha progenitora de la autora de mis días. Que siempre tengan presente aquello que recomendaba el emperador Adriano a quienes ejercían alguna forma de poder; que éste era para servir, no para servirse.

Y los perdedores, ojalá comprendan que este es un juego cívico, que sepan asimilar la derrota, sin revanchismos, sin rencores y desarrollen una oposición constructiva, no destructiva. Una oposición capaz de que, dentro de cinco años, sigan siendo opción, alternativa. Eso es lo bello de la democracia: siempre nos da el derecho de la réplica. ¿Difícil? No. Si en realidad queremos el bien para nuestro país.

Este día hay que vivirlo como lo que es. Una fiesta. Hay que demostrarle al mundo que somos capaces de convivir con el adversario. Muchos ojos están sobre nosotros.

Alguien alguna vez dijo que la campaña, y las elecciones mismas, deberían ser como un partido de fútbol visto por amigos. “Cada quien le va a su equipo, pero gane quien gane, siempre siguen siendo cherada”. Por eso y otras muchas razones hoy sí quiero creer en los políticos. Quizás porque mi abuela me repetía siempre “no mi’jo, si el tonto es uno que se anda peleando, los políticos después se van a tomar un trago juntos, y santas pascuas”. Sabia la señora.


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