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CARTAS
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¡Agua
en Marte!
Un
día de éstos le decía a un amigo en El Salvador,
bueno, en realidad le escribía un correo electrónico:
hay pruebas de que hubo agua en Marte. Yo, por supuesto,
todo emocionado. Y la respuesta: son pajas de los gringos
y me imagino que es un tipo de respuesta que me darían
¿qué?, 9 de cada 10 personas.
Me parece increíble, hablando específicamente de
nuestro país, que nadie, pero, nadie en lo más
absoluto ha dicho nada al respecto.
Los periódicos y las noticias siempre con lo mismo, crimen
por todos lados, marufiadas a todo nivel, los desórdenes
de las elecciones, las maras, etc. Y claro que entiendo ese tipo
de actitud. Aquellos son temas importantes; pero a puras penas
se mencionó el descubrimiento.
Me pongo a pensar, aunque hayan sido simplemente sulfatos, las
ramificaciones son inimaginables.
Y aunque no recibimos la foto de un pescado marciano nadando en
el charco, si hubo agua... pudo haber habido vida.
¿Lo habrán siquiera discutido en nuestros colegios
y universidades? ¿Seremos los únicos en el universo?
Y si dejamos a un lado la filosofía y la religión,
¿qué iremos a hacer si de verdad de aquí
a unos 50 años hay, de verdad, pruebas de que existe vida
afuera de nuestro planeta?
Jorge
E. Zapparoli
jorge.zapparoli@lmco.com
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Visita
a cárcel de Jucuapa
El
domingo 23 de febrero fui a la cárcel de Jucuapa, Usulután,
a visitar a un parroquiano. Aparqué el carro y me dispuse ingresar.
El guardia de la puerta pidió que esperara, pues tenía
que quedar registrado.
A los cinco minutos llegó el escribiente. Me pidió el
DUI, el nombre de la persona que llegaba a visitar, como también
qué relación había con el imputado: amigo, familiar,
abogado u otro. Pasé la primera puerta y de nuevo tuve que esperar.
Al momento, sin decir nada, estaban registrándome por la espalda.
Esta situación me incómodo, pues al menos tenían
que decirme que iban a registrarme para ver si llevaba armas o algo
prohibido.
Luego pasé a entregar mis documentos y todo lo que llevaba en
las bolsas de mi
pantalón. Me hicieron pasar a un cuartito que tenía una
cortina. Uno de los guardias del penal llevaba guantes y pidió
que me quitara la camisa, el pantalón y el calzoncillo. Eso no
me agradó mucho y le pregunté por qué razón.
Esa es la ley, me dijo un poco disgustado porque le cuestionaba
la acción que me mandaba hacer. ¿Cuál ley? ¿En
qué ley dice que tengo que quitarme la ropa y violentar mi integridad
física y mi pudor para entrar de visita a una cárcel?,
le pregunté. No respondió a mis preguntas, solo dijo que
ese era el procedimiento.
Se acercó otro guardia, parecía el jefe, y un poco enfadado
dijo: si no se quiere dejar registrar no lo dejés entrar,
pero ni las mujeres reclaman como este maitro. Y en efecto, al
salir del cuartito observé a una joven de 14 años que
la ingresaron a la habitación de la par. Luego salía la
mujer guardia con una toalla sanitaria, la muchacha estaba en su periodo
menstrual, y en el escritorio rompieron con un cuchillo la toalla.
Dentro del recinto, hablando con familiares y amigos de la faena que
había pasado en la entrada, me di cuenta que conmigo habían
sido benevolentes. El guardia sólo pidió que me quitara
la ropa. A los familiares del parroquiano les abrían las piernas,
los obligaban a hacer tres sentadillas y a las mujeres las hacían
pasar por un espejo que estaba en el piso.
La plática con los presos me hizo perder la noción del
tiempo. Había llegado a las 11:00 a.m. y a las 12:10 quise salir
del penal, pero no pude. Estaba cerrada la puerta de ingreso de las
visitas y abrían hasta la una de la tarde. Estuve preso 50 minutos.
Al salir de la cárcel llamé a un abogado. Lo primero que
me dijo es que usted se viera presentado como sacerdote,
como si esa era la solución y dejaran de importarme los demás.
Y agregó: esos son los procedimientos.
Si quieren evitar el ingreso de armas, el penal debería contar
con un detector de metal y para que no ingrese droga por lo menos debería
tener un perro entrenado ¿Quién nos puede asegurar que
no son los guardias los que introducen la droga o las armas? Yo vi entrar
a unos guardias con sus maletines y no fueron registrados.
Esta situación debe discutirse en la Asamblea Legislativa, en
los grupos religiosos que trabajan en los Centros
Penales, en los Medios de Comunicación, las universidades, en
la PDDH, como también las autoridades de los Centros Penales
y ver si esos procedimientos respetan la dignidad de las
personas.
Pbro.
Alcides Ernesto Herrera
alcidesh@elsalvador.com
¡Qué
pena!
Soy
salvadoreño de nacimiento y me gusta leer la noticias en El Diario
de Hoy, siempre sueño con mi país, mi gente y aquí
en Los Angeles, California, trato de poner por alto a mi país
en todos los aspectos; pero al leer este caso del Negro
perdón, digo, Prieto me da náuseas al ver el sistema legal.
Antonio
Fuentes
juan316v4@verizon.ne
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