20 de junio de 2004


REPORTAJE

Políticos: “Por voluntad divina”

Muchas veces hablamos de política y religión por separado.
La visión tradicional es que son dos términos que no tienen química
ateniéndose a la típica caracterización del hombre político, sin embargo,
para algunos políticos convertidos a la fe evangélica esa consideración
es errada. La conclusión a la que llegan es que El Salvador necesita
esa armonía para ganar en justicia social.

Wilfredo Hernández/Mirella Cáceres
vertice@elsalvador.com

Kirio Waldo salgado sugiere a ARENA cambiar su eslogan por “Primero el Señor, Segundo el Señor y Tercero el Señor”.

Más allá de la marcada diferencia entre izquierda y derecha, la política y la religión conviven en el parlamento salvadoreño, sin que eso signifique un quiebre en la visión tradicional de ambos términos.

Es más, un grupo de políticos convertidos al evangelio cree que su participación política es una especie de “llamado divino”.

“Es parte del plan de Dios el servirle al país de esta forma”, reflexionan, a pesar de ciertos sentimientos de intolerancia, burlas y epítetos de compañeros y de la población en general, y de los que ellos están conscientes.

Porque el ser político, por tradición en este lado del mundo, como que lleva inherente la desconfianza de la ciudadanía, como queda señalado en las más recientes encuestas realizadas para medir la confianza de los habitantes en las intituciones del Estado. Quizás por eso también el político cristiano despierta mucha más desconfianza entre la ciudadanía.

“Han tratado de vernos como personas de segunda categoría. Se dicen muchas cosas de los evangélicos, hasta ciertos epítetos, y no deja de sentirse, yo no diría aversión, sino cierto distanciamiento porque uno deja de hacer algunas praxis que los amigos de uno las continúan haciendo”, acepta Fernando González, diputado del Centro Democrático Unido (CDU).

“A veces uno es ridiculizado. Por ese cambio de vida existe alguna burla de los compañeros que no pueden hacer cambios en su vida”, relata el pecenista Mario Ponce.

“Lo tildan de loco a uno”, afirma el coronel José Antonio Almendáriz, diputado del PCN.
“Muchas veces caen en la especulación, en la crítica y dicen que cómo es posible que fulano de tal esté predicando, si ése es aquí o allá”, se lamenta el ex diputado Kirio Waldo Salgado.


Lo cierto es que la vorágine religiosa de El Salvador ya alcanzó a la política. A finales del Siglo XIX, El Salvador experimentó una profunda transformación en su religiosidad. Pero fue a partir de la década de los 70 cuando la emigración del catolicismo hacia denominaciones no católicas cobró fuerza.

A partir de ahí, la religión empezó a irrumpir en la vida política directamente hasta alcanzar la participación directa de personas vinculadas a ella en procesos electorales y posteriormente en puestos públicos.

Así, resulta lógico que en un país con un gran arraigo religioso, donde el 56.5% de la población se denomina católica, y el 25.3%, evangélica, según el último estudio sobre religiosidad salvadoreña realizado por el Instituto Universitario de Opinión Pública de la UCA (IUDOP), se vea u oiga cada vez más a políticos hablando del evangelio, sin que esto riña con supuestos preceptos éticos que se piensa —equivocadamente— deban separar ambas prácticas.
Pero lo grave para algunos es que muchos lleguen a poner en tela de juicio la mezcla entre ambos términos. ¿Riñen

Para almendáriz un político cristiano asume mayor responsabilidad.

De la mano

Si bien es cierto a muchos les puede parecer intolerante mezclar esos dos términos, algunos estudiosos afirman que ese pensamiento es producto de una visión ingenua de ver el quehacer político de una sociedad.

“Sólo quien piense de una manera simplista puede creer que religión y política nada tienen que ver entre sí, por el contrario hay una cosa que los une: la ética”, escribe Antonio García Fuentes en la página electrónica El Cronista Regional.

“La política es la única forma de poder buscar la solución de tantos problemas. Ahora, si yo voy a usar la política para hacer cosas pensando en hacer triquiñuelas y buscar causar daño, eso es malo. Pero creo que a través de la política uno puede hacer muchas cosas, puede cambiar las situaciones difíciles de mucha gente”, sostiene Ponce.

Es más, afirma, “hay una forma diferente de hacer política a través del hombre cristiano”.
“El Señor no proscribió la política, sino que todo acto inmoral venga de políticos o de cualquier otra persona. Entonces es importante que si el político se puede informar del cristianismo, que lo haga”, recomienda Salgado.

El ex legislador está convencido de que un funcionario cristiano es útil tanto para la iglesia como para el país porque “es un Cristo dentro de la política”.

Las declaraciones de los políticos cristianos dejan entrever la necesidad de armonizar política con religión en un afán por conseguir esa paz que tanto extraña la sociedad salvadoreña.
Ya que la política, como el arte de gobernar al hombre y su entorno, por sí sola no ha sido capaz de lograrlo, advierten.

“Cuando usted abraza el cristianismo, se da cuenta que tiene que ver con menos cosas malas que en la vida tradicional, eso está clarísimo, y en la vida política tiene que reflejar eso”, dice González.

“Las cosas buenas que usted pueda hacer las hace desde cualquier fracción, porque tiene un compromiso con un ser supremo donde usted dice que debe trabajar por la mayoría, independientemente de su afiliación porque el verdadero amor a Dios se expresa en el beneficio que se pueda hacer desde aquí a las mayorías, lo demás es puro bla, bla, bla.
Si no se actúa a favor de las mayorías, que son los más desposeídos, entonces no se puede llamar verdaderamente cristiano”, sentencia.

La vida de este diputado pecenista y ex vicepresidente de la nación, también ha registrado cambios desde que aceptó a Cristo, según José Almendáriz.
Francisco Merino
Diputado del PCN

- El otrora dirigente del movimiento ex patrullero, también está en proceso de renovación cristiana, según algunos de sus compañeros de fracción pecenista.
Orlando Arévalo
Diputado del PCN

- “La relación con Dios es lo que va marcando la pauta de hacer el bien, de no hacer el mal. De comportarse con ética”.
Fernando González
Diputado del CDU

“La palabra sinceridad es clave (para el político cristiano). El cristiano es más tolerante. Eso es importante para poder manejar temas donde hay, de alguna manera, roces”, remata Ponce.

El diputado Almendáriz dice que todo político para ser bueno debe tener ética, pero en el caso de los que son cristianos, por el hecho mismo de tener algo más que ética, es decir, a Jesús, eso les impone una mayor responsabilidad a la hora de ejercer su trabajo.

diferentes

A primera vista, no deja de ser curioso oír a estos políticos hablar de que el cristianismo forma a hombres sinceros, honestos y con una clara visión de justicia final. Cualquiera que los escucha pensaría entonces que es de eso, precisamente, de lo que carecen los no cristianos.

“Quizás habría más armonía, habría menos estancamiento en temas de trascendencia nacional porque uno pone las cosas en manos del Señor y obviamente el hombre que está en las manos del Señor siempre lleva el camino recto… La palabra de Dios hace al político más humano, lo hace sensible, más dado con la conciencia y con las cosas que van con los necesitados. Aquí yo veo que otros buscan más intereses que otras cosas”, acepta Ponce.

González, en tanto, sostiene que la diferencia entre un político cristiano de uno que no sea cristiano es más bien en “la calidad de los actos”.

Por eso, el político cristiano, si sabe que hay un decreto que va a favorecer a miles de personas, o que las va a perjudicar, lo aprueba o lo rechaza, dependiendo de las circunstancias, sin importar de dónde vengan, acepta el representante del CDU.

“De aquí emanarían un montón de leyes para todos aquellos más perjudicados, digamos del quehacer económico, podríamos hacer más y mejores leyes que tengan que ver con la moral de este país”, acepta.

¿Entonces necesitamos políticos convertidos al cristianismo?
González y Ponce coinciden en que sí. “Eso es la que necesita el país. Hombres entregados a Dios para que todo lo que hagan, lo hagan pensando en que si se sale de la raya va a recibir su recompensa”, asegura el pecenista.

González va más allá y sugiere que más que políticos cristianos el país necesita “buenos políticos”.

“Si tuviéramos buenos políticos, y si a eso le agregamos que fueran cristianos, creo que la actuación misma de los políticos sería diferente”, remarca.

Salgado llega a sostener que el país urge de políticos que “vivan en Cristo”. Almendáriz extiende esta afirmación a todas las personas porque solamente de esa manera “el pueblo salvadoreño saldrá de ese lastre que no lo deja avanzar, y es el odio”.

Sin embargo, los mismos políticos aceptan que el hecho de ser cristianos no quiere decir que son rectos y probos por el mismo hecho de serlo.
“No quiero que se vaya a pensar que somos santos varones, no, tenemos imperfecciones y grandísimas”, dice González.

“Somos seres humanos y a veces se nos sube la mostaza a la cabeza... Muchas gente aquí es cristiana, pero no lo dice para que no lo señalen, porque cuando yo digo a los cuatro vientos que soy cristiano, tengo que demostrarlo y me expongo a las críticas”, señala Almendáriz.
Y este militar de carrera, y uno de los más profesos cristianos dentro del mundo legislativo, es, en cierta manera, experto en esto de “dar testimonio”. Y lo ejemplariza con una anécdota.

“Hace tiempo, un grupo de compañeros se reían contando chistes léperos. Me les uní y fanfarroneé con uno más lépero. Todos se quedaron callados y el diputado René Aguiluz me dijo: ¿bueno, y vos que no sos cristiano? Sentí una gran vergüenza y no respondí nada porque él tenía razón”, relata.

Salgado, mientras, en esto de la necesidad de políticos conversos, se inclina por cristianos integrales, como los llama. “No quiere decir que no va a pecar. El cristiano puede pecar porque las obras de la carne no han sido remidimas sino hasta que venga el Señor. Yo siempre he dicho que soy un cristiano subdesarrollado porque estoy en proceso todavía”, acepta.

Los llamados

Ellos viven la religión como el llamado de un poder supremo. Aun eso les signifique renunciar a las “bondades” que les pueda significar la vida política.

Política y religión no riñen, al contrario, hacen al político más sensible y comprometido con los demás, aseguran los legisladores evangélicos.

Decidieron, desde ese día. vivir hasta cierto punto estigmatizados por la desconfianza infundada de la mayoría de las personas, quienes, equivocada o no, considera a la política sucia.

Pero eso no parece desvelarlos. Almendáriz defiende su incursión en la política y la de sus compañeros diputados cuando dice que no es la política “la mala ni sucia, sino que los políticos son los malos”.

Es más, ofrece una referencia bíblica en la que intenta demostrar que si Dios desaprobara que sus hijos participen en política no habría permitido que los famosos y antiguos reyes hebreos como David, Salomón, o los profetas Samuel y Daniel, ocuparan puestos eminentes como lo relata el Antiguo Testamento.

Para Almendáriz, legislar ha sido la más reciente misión divina. Dice que cada decisión que toma es consultada primero. Pero su papel dentro de la Asamblea no llega hasta allí. Con la convicción de que Dios lo ha llamado a servirle en la prédica del Evangelio, reparte Biblias a los empleados y ha asumido obedientemente la prohibición de hacer reuniones en el recinto legislativo. “Hacemos reuniones en un restaurante donde han asistido y escuchado la Palabra de Dios Norman Quijano, René Aguiluz, René Figueroa y Rodrigo Ávila”, cuenta.

Pero esto de cumplirle a Dios con el pregón de su Evangelio, es para estos políticos como una retribución o agradecimiento porque sus vidas han cambiado para bien.

Entre las satisfacciones de Almendáriz destaca una en la que recuerda a Schafik Handal hablando “en nombre de Dios”, como fruto de que el patriarca del Frente había leído las Biblias que le había regalado.

Cada uno narra su momento de conversión como la mejor decisión que han tomado y que los ha marcado como “llamados” a un redil que no conocían. Pero, además, consideran este llamamiento como una predestinación dictada del cielo.

Pasar de héroe a villano después que lo depuraran del Ejército tras la firma de la paz, es, para Almendáriz, sólo uno de los eslabones que Dios le hizo subir para llegar hasta donde está. “Jamás pensé entrar en la política”, reconoce.

Política y religión sí pueden convivir. Tal vez, el camino hacia una sociedad más justa esté empedrado por el acercamiento a las cuestiones divinas y no por el distanciamiento provocado por intereses mezquinos.


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