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REPORTAJE
Políticos:
“Por voluntad divina”
Muchas
veces hablamos de política y religión por separado.
La visión tradicional es que son dos términos que no tienen
química
ateniéndose a la típica caracterización del hombre
político, sin embargo,
para algunos políticos convertidos a la fe evangélica
esa consideración
es errada. La conclusión a la que llegan es que El Salvador necesita
esa armonía para ganar en justicia social.

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| Kirio
Waldo salgado sugiere a ARENA cambiar su eslogan por “Primero
el Señor, Segundo el Señor y Tercero el Señor”. |
Más allá de la marcada diferencia entre
izquierda y derecha, la política y la religión conviven
en el parlamento salvadoreño, sin que eso signifique un quiebre
en la visión tradicional de ambos términos.
Es más, un grupo de políticos convertidos al evangelio
cree que su participación política es una especie de “llamado
divino”.
“Es parte del plan de Dios el servirle al país de esta
forma”, reflexionan, a pesar de ciertos sentimientos de intolerancia,
burlas y epítetos de compañeros y de la población
en general, y de los que ellos están conscientes.
Porque el ser político, por tradición en este lado del
mundo, como que lleva inherente la desconfianza de la ciudadanía,
como queda señalado en las más recientes encuestas realizadas
para medir la confianza de los habitantes en las intituciones del Estado.
Quizás por eso también el político cristiano despierta
mucha más desconfianza entre la ciudadanía.
“Han tratado de vernos como personas de segunda categoría.
Se dicen muchas cosas de los evangélicos, hasta ciertos epítetos,
y no deja de sentirse, yo no diría aversión, sino cierto
distanciamiento porque uno deja de hacer algunas praxis que los amigos
de uno las continúan haciendo”, acepta Fernando González,
diputado del Centro Democrático Unido (CDU).
“A veces uno es ridiculizado. Por ese cambio de vida existe alguna
burla de los compañeros que no pueden hacer cambios en su vida”,
relata el pecenista Mario Ponce.
“Lo tildan de loco a uno”, afirma el coronel José
Antonio Almendáriz, diputado del PCN.
“Muchas veces caen en la especulación, en la crítica
y dicen que cómo es posible que fulano de tal esté predicando,
si ése es aquí o allá”, se lamenta el ex
diputado Kirio Waldo Salgado.
Lo cierto es que la vorágine religiosa de El Salvador ya alcanzó
a la política. A finales del Siglo XIX, El Salvador experimentó
una profunda transformación en su religiosidad. Pero fue a partir
de la década de los 70 cuando la emigración del catolicismo
hacia denominaciones no católicas cobró fuerza.
A partir de ahí, la religión empezó a irrumpir
en la vida política directamente hasta alcanzar la participación
directa de personas vinculadas a ella en procesos electorales y posteriormente
en puestos públicos.
Así, resulta lógico que en un país con un gran
arraigo religioso, donde el 56.5% de la población se denomina
católica, y el 25.3%, evangélica, según el último
estudio sobre religiosidad salvadoreña realizado por el Instituto
Universitario de Opinión Pública de la UCA (IUDOP), se
vea u oiga cada vez más a políticos hablando del evangelio,
sin que esto riña con supuestos preceptos éticos que se
piensa —equivocadamente— deban separar ambas prácticas.
Pero lo grave para algunos es que muchos lleguen a poner en tela de
juicio la mezcla entre ambos términos. ¿Riñen

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| Para
almendáriz un político cristiano asume mayor responsabilidad. |
De la mano
Si bien es cierto a muchos les puede parecer intolerante mezclar esos
dos términos, algunos estudiosos afirman que ese pensamiento
es producto de una visión ingenua de ver el quehacer político
de una sociedad.
“Sólo quien piense de una manera simplista puede creer
que religión y política nada tienen que ver entre sí,
por el contrario hay una cosa que los une: la ética”, escribe
Antonio García Fuentes en la página electrónica
El Cronista Regional.
“La política es la única forma de poder buscar la
solución de tantos problemas. Ahora, si yo voy a usar la política
para hacer cosas pensando en hacer triquiñuelas y buscar causar
daño, eso es malo. Pero creo que a través de la política
uno puede hacer muchas cosas, puede cambiar las situaciones difíciles
de mucha gente”, sostiene Ponce.
Es más, afirma, “hay una forma diferente de hacer política
a través del hombre cristiano”.
“El Señor no proscribió la política, sino
que todo acto inmoral venga de políticos o de cualquier otra
persona. Entonces es importante que si el político se puede informar
del cristianismo, que lo haga”, recomienda Salgado.
El ex legislador está convencido de que un funcionario cristiano
es útil tanto para la iglesia como para el país porque
“es un Cristo dentro de la política”.
Las declaraciones de los políticos cristianos dejan entrever
la necesidad de armonizar política con religión en un
afán por conseguir esa paz que tanto extraña la sociedad
salvadoreña.
Ya que la política, como el arte de gobernar al hombre y su entorno,
por sí sola no ha sido capaz de lograrlo, advierten.
“Cuando usted abraza el cristianismo, se da cuenta que tiene que
ver con menos cosas malas que en la vida tradicional, eso está
clarísimo, y en la vida política tiene que reflejar eso”,
dice González.
“Las cosas buenas que usted pueda hacer las hace
desde cualquier fracción, porque tiene un compromiso con un ser
supremo donde usted dice que debe trabajar por la mayoría, independientemente
de su afiliación porque el verdadero amor a Dios se expresa en
el beneficio que se pueda hacer desde aquí a las mayorías,
lo demás es puro bla, bla, bla.
Si no se actúa a favor de las mayorías,
que son los más desposeídos, entonces no se puede llamar
verdaderamente cristiano”, sentencia.

La
vida de este diputado pecenista y ex vicepresidente de la nación,
también ha registrado cambios desde que aceptó a
Cristo, según José Almendáriz.
Francisco Merino
Diputado del PCN
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El otrora dirigente del movimiento ex patrullero, también
está en proceso de renovación cristiana, según
algunos de sus compañeros de fracción pecenista.
Orlando Arévalo
Diputado del PCN |
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“La relación con Dios es lo que va marcando la pauta
de hacer el bien, de no hacer el mal. De comportarse con ética”.
Fernando González
Diputado del CDU |
“La palabra sinceridad es clave (para el político
cristiano). El cristiano es más tolerante. Eso es importante
para poder manejar temas donde hay, de alguna manera, roces”,
remata Ponce.
El diputado Almendáriz dice que todo político para ser
bueno debe tener ética, pero en el caso de los que son cristianos,
por el hecho mismo de tener algo más que ética, es decir,
a Jesús, eso les impone una mayor responsabilidad a la hora de
ejercer su trabajo.
diferentes
A primera vista, no deja de ser curioso oír a estos políticos
hablar de que el cristianismo forma a hombres sinceros, honestos y con
una clara visión de justicia final. Cualquiera que los escucha
pensaría entonces que es de eso, precisamente, de lo que carecen
los no cristianos.
“Quizás habría más armonía,
habría menos estancamiento en temas de trascendencia nacional
porque uno pone las cosas en manos del Señor y obviamente el
hombre que está en las manos del Señor siempre lleva el
camino recto… La palabra de Dios hace al político más
humano, lo hace sensible, más dado con la conciencia y con las
cosas que van con los necesitados. Aquí yo veo que otros buscan
más intereses que otras cosas”, acepta Ponce.
González, en tanto, sostiene que la diferencia entre un político
cristiano de uno que no sea cristiano es más bien en “la
calidad de los actos”.
Por eso, el político cristiano, si sabe que hay un decreto que
va a favorecer a miles de personas, o que las va a perjudicar, lo aprueba
o lo rechaza, dependiendo de las circunstancias, sin importar de dónde
vengan, acepta el representante del CDU.
“De aquí emanarían un montón de leyes para
todos aquellos más perjudicados, digamos del quehacer económico,
podríamos hacer más y mejores leyes que tengan que ver
con la moral de este país”, acepta.
¿Entonces necesitamos políticos convertidos al cristianismo?
González y Ponce coinciden en que sí. “Eso es la
que necesita el país. Hombres entregados a Dios para que todo
lo que hagan, lo hagan pensando en que si se sale de la raya va a recibir
su recompensa”, asegura el pecenista.
González va más allá y sugiere que más que
políticos cristianos el país necesita “buenos políticos”.
“Si tuviéramos buenos políticos, y si a eso le agregamos
que fueran cristianos, creo que la actuación misma de los políticos
sería diferente”, remarca.
Salgado llega a sostener que el país urge de políticos
que “vivan en Cristo”. Almendáriz extiende esta afirmación
a todas las personas porque solamente de esa manera “el pueblo
salvadoreño saldrá de ese lastre que no lo deja avanzar,
y es el odio”.
Sin embargo, los mismos políticos aceptan que el hecho de ser
cristianos no quiere decir que son rectos y probos por el mismo hecho
de serlo.
“No quiero que se vaya a pensar que somos santos varones, no,
tenemos imperfecciones y grandísimas”, dice González.
“Somos seres humanos y a veces se nos sube la mostaza a la cabeza...
Muchas gente aquí es cristiana, pero no lo dice para que no lo
señalen, porque cuando yo digo a los cuatro vientos que soy cristiano,
tengo que demostrarlo y me expongo a las críticas”, señala
Almendáriz.
Y este militar de carrera, y uno de los más profesos cristianos
dentro del mundo legislativo, es, en cierta manera, experto en esto
de “dar testimonio”. Y lo ejemplariza con una anécdota.
“Hace tiempo, un grupo de compañeros se reían contando
chistes léperos. Me les uní y fanfarroneé con uno
más lépero. Todos se quedaron callados y el diputado René
Aguiluz me dijo: ¿bueno, y vos que no sos cristiano? Sentí
una gran vergüenza y no respondí nada porque él tenía
razón”, relata.
Salgado, mientras, en esto de la necesidad de políticos conversos,
se inclina por cristianos integrales, como los llama. “No quiere
decir que no va a pecar. El cristiano puede pecar porque las obras de
la carne no han sido remidimas sino hasta que venga el Señor.
Yo siempre he dicho que soy un cristiano subdesarrollado porque estoy
en proceso todavía”, acepta.
Los llamados
Ellos viven la religión como el llamado de un poder supremo.
Aun eso les signifique renunciar a las “bondades” que les
pueda significar la vida política.

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| Política
y religión no riñen, al contrario, hacen al político
más sensible y comprometido con los demás, aseguran
los legisladores evangélicos. |
Decidieron, desde ese día. vivir hasta cierto
punto estigmatizados por la desconfianza infundada de la mayoría
de las personas, quienes, equivocada o no, considera a la política
sucia.
Pero eso no parece desvelarlos. Almendáriz defiende su incursión
en la política y la de sus compañeros diputados cuando
dice que no es la política “la mala ni sucia, sino que
los políticos son los malos”.
Es más, ofrece una referencia bíblica en la que intenta
demostrar que si Dios desaprobara que sus hijos participen en política
no habría permitido que los famosos y antiguos reyes hebreos
como David, Salomón, o los profetas Samuel y Daniel, ocuparan
puestos eminentes como lo relata el Antiguo Testamento.
Para Almendáriz, legislar ha sido la más reciente misión
divina. Dice que cada decisión que toma es consultada primero.
Pero su papel dentro de la Asamblea no llega hasta allí. Con
la convicción de que Dios lo ha llamado a servirle en la prédica
del Evangelio, reparte Biblias a los empleados y ha asumido obedientemente
la prohibición de hacer reuniones en el recinto legislativo.
“Hacemos reuniones en un restaurante donde han asistido y escuchado
la Palabra de Dios Norman Quijano, René Aguiluz, René
Figueroa y Rodrigo Ávila”, cuenta.
Pero esto de cumplirle a Dios con el pregón de su Evangelio,
es para estos políticos como una retribución o agradecimiento
porque sus vidas han cambiado para bien.
Entre las satisfacciones de Almendáriz destaca una en la que
recuerda a Schafik Handal hablando “en nombre de Dios”,
como fruto de que el patriarca del Frente había leído
las Biblias que le había regalado.
Cada uno narra su momento de conversión como la mejor decisión
que han tomado y que los ha marcado como “llamados” a un
redil que no conocían. Pero, además, consideran este llamamiento
como una predestinación dictada del cielo.
Pasar de héroe a villano después que lo depuraran del
Ejército tras la firma de la paz, es, para Almendáriz,
sólo uno de los eslabones que Dios le hizo subir para llegar
hasta donde está. “Jamás pensé entrar en
la política”, reconoce.
Política y religión sí pueden convivir. Tal vez,
el camino hacia una sociedad más justa esté empedrado
por el acercamiento a las cuestiones divinas y no por el distanciamiento
provocado por intereses mezquinos.
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