 |  |
LA
EDAD PERDIDA
Herederos
de una guerra
Chiyo,
Rufino, Helio y Edgar llegaron al campamento guerrillero antes de los
10 años. Ahí, además de leer y escribir, se prepararon
para asumir un rol que nada tenía que ver con su edad: empuñar
un arma y disparar.
Hace casi 20 años dejaron la escuela y se transforma-ron
en niños combatien-tes...Hace 12 dejaron el campo de batalla
y se incorporaron a la vida civil.
Lucio Atilio Vásquez Díaz tiene 34 años y trabaja
digitalizando vídeos grabados durante la guerra.
“Chiyo, quitate la gorra”, se oye gritar a un camarógrafo
en uno de esos documentales. “Me grita a mí”, dice
Lucio, “salgo a la par del trapiche, pero no se me mira la cara”.
Él, como otros cientos de niños y niñas, formaron
parte de las fuerzas del FMLN durante la guerra, y tuvo que elegir un
nombre de combate, uno para la vida en la clandestinidad. Así,
Lucio se convirtió en Chiyo; Misael, en Edgar; y Neftalí,
en Helio.
Todos nacieron en diversos puntos de Morazán: cantón Agua
Blanca, cantón Guachipilín y Osicala.
NIÑOS
DE LA GUERRA |
| 
Edgar,
pensionado
A los 12 años ingresó a la 4a Sección del
ERP. Como resultado de un combate, en el que una bala rozó
su cabeza, perdió la vista en el ojo izquierdo y tiene
dificultades para hablar. |

Chiyo,
sin pensión
Tras la guerra fue asistente de cámara en México.
El Fondo de Lisiados resolvió en el 2003 que sus lesiones
no se relacionan con la guerra y lo calificó “no
elegible” para recibir prestaciones. |

Rufino,
pensionado
A los 12 años se incorporó en el área de
las comunicaciones y luego a las fuerzas especiales de la ERP.
Fue becado para compartir su experiencia con lisiados de guerra
de EE. UU. |
Todos eran hijos de familias numerosas (con seis u ocho
hijos). Y todos rondaban los 8 años cuando se empezó a
escribir la página más dolorosa de sus vidas. Por una
razón u otra sus familias se sintieron amenazadas y eligieron
la violencia como un medio para sobrevivir.
“Miren, estos hijos de tantas nos van a matar, pero no nos van
a matar de brazos cruzados.
Nos van a matar peleando”, dijo Valeriano Vásquez,
padre de Chiyo, a su prole, luego de que su hija Teodora y su esposa
fueran asesinadas. “A los días preparamos la mochilita
con algo de ropa”, recuerda Chiyo.
Fue así como la familia Vásquez Díaz abandonó
su casa, sus cultivos y pasó a la cladestinidad.
Desde ese momento Chiyo no volvió a tener una cena alrededor
de la mesa con su familia ni una conversación con sus hermanos.
Los Vásquez se dispersaron, los mayores tomaron las armas, el
padre se refugió en Honduras y Chiyo entró a la Escuela
de Menores Luis Hernández Ramos.
Al llegar al campamento, con ocho años de edad, ya sabía
leer y escribir, pero en la escuela le enseñaron mucho más.
“Ortografía, gramática, ciencias naturales”,
recuerda. Ahí, compartió el rústico salón
de clases con Helio, Rufino, Walter, Edgar...
Por la escuela pasaron casi 150 niños de los cuales muy pocos
sobrevivieron al conflicto, pues al llegar a la edad de 12 ó
14 años se les pedía que eligieran en cuál área
querían “trabajar”: Comunicaciones, correíto,
cocina o combatiendo, según Rufino.
expuestos a la muerte
Para estos niños el aprendizaje no consistió sólo
en dominar las letras. Con fusiles de palo, piedras y granadas de ceniza
jugaban a la guerra, la que no siempre sería un juego...
A los 12 años, Rufino creyó que quería dedicarse
a las comunicaciones, pero no le gustó. Entonces pasó
a las fuerzas guerrilleras que tenían por misión infiltrarse
en los cuarteles la Fuerza Armada. Para un niño de su edad, cada
misión era una cita con el miedo y la posibilidad de morir si
acaso era descubierto.
Fue así, como en uno de los tantos recorridos durante la madrugada
llegó a encontrarse cuerpo a cuerpo con un soldado. En lo oscuro,
ninguno supo que tenía en frente al enemigo, ambos se preguntaron
“¿quién sos?” y al no obtener respuesta se
comenzaron a disparar.
El soldado murió. Lucio resulto herido de bala en el tórax,
la cabeza y en su brazo derecho que luego le tuvo que ser amputado.
A penas era un adolescente.
Otros corrieron mejor suerte. Helio nunca empuñó un arma
de verdad, aunque también vivió en el campamento guerrillero
desde pequeño.
Cuando a su familia le ofrecieron refugio en Colomoncagua, Honduras,
él no pensó en quedarse, como lo hicieron Chiyo, Rufino
y Edgar.
Como refugiado, Helio se dedicó a la música,
a componer canciones. Ahora es maestro de música y miembro de
un grupo artístico.
| |
| -
La Escuela de Menores Luis Hernández Ramos funcionó
en las tierras altas de l norte de Morazán. |
Helio fue la excepción. Carece de huellas físicas
del conflicto y ejerció un rol un tanto privilegiado respecto
a otros.
Según una investigación realizada por
la estadounidense Beth Verhey, con el apoyo de UNICEF y la UCA, entre
menores ex miembros de la guerrilla, el 48% de ellos se desempeño
como combatiente, el 20.9 % como mensajero, el 12.2% hizo labores de
logística, el 7.9% trabajabó en la cocina, el 6.1% en
comunicaciones y el 4.7% en el área sanitaria.
La experiencia o la familiaridad con las armas que por
tantos años tuvieron desde niños, ha marcado sus vidas.
Ahora, muy pocos quieren saber de ello.
“No” a las armas
Ser jefe de seguri-dad de una compañía en México
es una oferta que muy pocos hombres familiarizados con las armas rechazarían.
Chiyo tuvo esa oferta, pero no le interesó. “Yo salí
de la guerra con la convicción de que no volvería a usar
un arma.
Aunque me dijeran ‘te vamos a pagar un millón de dólares’,
yo paso”, asegura. Chiyo prefiere que le paguen por barrer y no
por jalar del gatillo. “ Hasta ahorita he cumplido”, asegura.
Él, Rufino, Edgar y Helio, reconocen que el país ha cambiado
y aseguran que participar en un nuevo conflicto armado no es un posibilidad
para ellos.
| |
| -
Chiyo pasó nueve años en México, regresó
hace tres, para reunirse con su familia que no veía desde
1981. |
Las labores de Chiyo y Helio en la actualidad se relacionan
con la cultura. Edgar ayuda a su madre atendiendo una pequeña
tiendita en el cantón Los Quebrachos (Morazán) y Rufino
trabaja con diferentes ong’s que ayudan a los más jóvenes.
De los cuatro, los que se quedaron para combatir sufren
mayores secuelas.
Chiyo, por ejemplo, divaga en su mirada cuando habla de los familiares
que perdió antes y después del conflicto y evita dar detalles
sobre los combates y la situaciones más peligrosas que pasó.
No es fácil para él recordar la vez que se orinó
en los pantalones a causa del miedo durante un bombardeo cuando apenas
tenía doce años y era el radista.
IMÁGENES
DEL CONFLICTO |
| 
-
La mayoría de las niñas guerrilleras empezó
a trabajar en el área de comunicaciones. |

-
Un grupo de niños de un campamento guerrillero en Morazán
hacen fila para pedir sus comida. |

-
Juego y adiestramiento fue habitual entre los niños. Chiyo
aparece en el círculo. |
-Familia
41%
De niños,
soldados o
guerrilleros , perdió un familiar en la guerra.
|
-
Escuela 18%
Solo ese porcentaje de los
combatientes del FMLN completó la primaria.
de 18 años. |
Invalidez al 100%
Entre estos tres niños que perdie-ron su infancia combatiendo
en el oriente del país, Edgar es quien se llevó la peor
parte.
A los 12 años ingresó al grupo llamado
“fuerzas especiales”. Durante un enfrentamiento, una bala
rozó su cabeza y le lesionó algunos nervios. Estuvo seis
meses inconsciente.
La bala le dejó una herencia: perdió la vista en el ojo
izquierdo y tiene dificultades para moverse y para hablar.
“Recordar ese tiempo es bien difícil”, se excusa,
cuando se le pide que explique por qué se unió a la guerrilla.
“En esta zona éramos bien reprimidos,
la misma represión nos obligó a que nos incorporáramos”,
asegura.
Sus palabras contrastan con los datos expuestos por
la investigadora Beth Verhey en su trabajo: “Desmovilización
y reintegración de niños soldados.
Caso de estudio: El Salvador”, realizado entre 1998 y 1999.
Según el documento, los motivos por los que los menores de edad
se incorporaron al FMLN eran: luchar por una vida mejor (30.6%), por
una sociedad libre (20.8%), porque le gustaba (16.5%), por defender
al país (6.7%), para ayudar (6.3%), porque perdió algún
miembro de su familia (5.9%), porque no tuvo elección (3.1%),
porque un amigo lo invitó a unirse (2.7%), por seguir a sus hermanos
(5.5%) y por otras razones (2%).
Lo que queda claro es que, el simple hecho de que estos niños
empuñaran un arma y se vieran en la disyuntiva de “matar
o morir”, violó por completo su derecho a ser protegidos
de la violencia y los obligó a asumir responsabilidades enormes
para su edad.
Las peores lesiones que recibieron son invisibles.
LA
EDAD PERDIDA
El regreso a la vida civil
Pese
a los Acuerdos de Paz, que dieron pie a la creación del Fondo
de Protección de Lisiados, muchos excombatientes tuvieron que
arreglárselas para enfrentar la vida civil. Edgar y Rufino están
pensionados, pero Chiyo fue calificado como “no elegible”
para recibir una pensión.
Liliam
Martínez
vertice@elsalvador.com
| |
| Cuatro
de cada diez combatientes del FMLN eran mujeres. No sólo
se trabajaban en las cocinas. |
No puede levantar cosas pesadas. Cada vez que se agachaba
no se podía mover, y sólo lograba enderezarse poco a poco.
“Pasé un mes llorando de ese dolor”, recuerda Chiyo.
La dolencia lo asaltó cuando trabajaba como asistente de cámara
para Argos Producciones, empresa mexicana que dio vida a telenovelas
como “Demasiado Corazón”, transmitida en nuestro
país por Canal 12 poco después de asociarse con TV Azteca.
“Si fuera un problema por lo que hacés aquí la empresa
te lo cubriría, pero el médico ya dijo que es algo crónico”,
le dijo Epigmenio Ibarra, dueño de Argos, a Chiyo. “Me
apoyaron con algo”, recuerda el ex combatiente que necesitaba
reunir $7 mil 60 para someterse a una operación.
Al final pudo operarse, pero la prohibición de levantar objetos
pesados se le hizo vitalicia. Tras nueve años fuera del país,
y siguiendo los consejos de un ex compañero, Chiyo acudió
al Fondo de Lisiados en el 2002. “Les dije que anduve en la guerra,
que tengo prohibido cargar cosas pesadas y no me creyeron”, afirma.
La versión oficial
En los registros del Fondo se encuentra la solicitud que Chiyo interpuso
el 19 de abril de 2002 y la resolución que al respecto emitió
la Comisión Técnica Evaluadora del Fondo de Protección
de Lisiados el 13 de febrero de 2003.
La resolución decía que “el señor Lucio Atilio
Vásquez Díaz (nombre legal de Chiyo), presenta lesiones
causadas por epifisitis en los cuerpos vertebrales, con ligera reducción
del espacio articular L5-S1, así mismo, presenta evidencia de
laminectomía, por lo que no tiene relación o consecuencia
directa con el conflicto armado”.
En consecuencia, la Gerencia General del Fondo declaró que “Lucio
Atilio Vásquez Díaz, ha sido calificado por la Comisión
como NO ELEGIBLE” el 21 de mayo de 2003.
| |
| Cuando
Chiyo vio los aperos ofrecidos luego de la guerra sintió
ganas de morir. |
Chiyo insiste, que las lesiones se originaron mientras
trabajaba en el área de comunicaciones donde tenía que
cargar cosas pesadas a tan corta edad. Sin embargo, la resolución
del Fondo no lo ha frustrado.
“Si no hay una respuesta, al fin y al cabo, déjeme
decirle que desde niño he hecho mi comida, he lavado mi ropa,
estoy hecho para arreglar mi vida solo, y nunca necesité del
gobierno, nunca necesité de nadie”, dice sin aparentes
resentimientos.
A pesar de no contar con la ayuda del Fondo de Protección,
Lucio tuvo la bendición de que un médico mexicano le hablara
sobre la posibilidad de ir a estudiar becado a México para terminar
el bachillerato y aprende el manejo de las cámaras de vídeo.
Esto lo lleva a trabajar a Argos, donde aprendería el trabajo
de producción con derecho a viáticos y alimentación
durante su estadía en tierra azteca. Su trabajo ahí no
era sencillo, afortunadamente su “trabajo” durante el conflicto
armado le resultó inesperadamente útil.
Pues en las novelas de Argos no faltaban las escenas donde la policía
se enfrentaba con delincuentes y Chiyo daba la asesoría necesaria
para que todo se grabara como si fuera una escena real.
A pesar del trabajo, le sobrevinieron la enfermedad en su columna, luego
llegó la operación quirúrgica y también
la nostalgia. Desde que abandonó junto a su familia Osicala,
Chiyo no había vuelto a reunirse con su padre. Tras nueve años
en México regresó a El Salvador. Sin dinero, pero con
experiencias y conocimientos que ahora le sirven para trabajar.
Los afortunados
Rufino y Edgar sí recibieron ayuda oficial. El primero dice haber
recibido tres manzanas de tierra; el segundo, dos y media. Ambos reciben
además una pensión. Aunque la de Edgar es un poco más
elevada que la de Rufino porque, según lineamientos del Fondo,
el primero sufre total discapacidad.
La Ley del Fondo estipula que los beneficiarios
son los familiares o huérfanos de combatientes (de la FAES o
del FMLN) fallecidos durante el conflicto y los lisiados a raíz
de la guerra (civiles o combatientes).
Hasta junio de 2004, el Fondo asegura haber recibido 32.500 solicitudes
de potenciales beneficiarios, entre lisiados y familiares de combatientes
fallecidos. De todos esos, resultaron beneficiados 4,077 huérfanos
de guerra, de los que actualmente siguen recibiendo la pensión
1,163 (mientras no cumplan 18 años).
| |
| Muchas
niñas murieron en combate. |
En cuanto a los ex combatientes, 17,600 resultaron beneficiados
entre lisiados y discapacitados del FMLN, la FAES y la población
civil.
Mientra que 15,100 reciben beneficios en calidad de familiares de combatientes
fallecidos. Según el Gerente del Fondo, Vinicio Arroyo, para
cumplir este punto de los Acuerdos de Paz el Estado salvadoreño
ha desembolsado un total de 134 millones de dólares.
Las críticas
Sin embargo, no todo es color de rosa. A pesar de que la reforma del
Decreto 416 posibilitó un nuevo censo de lisiados de guerra,
la Asociación de Lisiados de Guerra de El Salvador (ALGES), que
aglutina a 5,775 afiliados, expresó su preocupación porque
de las 5,413 solicitudes presentadas entre enero y septiembre de 2002
ante el Fondo, a la fecha sólo 2,242 tienen un dictamen de la
Comisión Técnica Evaluadora del Fondo. De éstas,
1,053 han tenido un dictamen favorable y el resto han sido calificadas
con un 0% de discapacidad.
Según ALGES, hasta julio de 2003, faltaban 439 dictámenes
de personas ya evaluadas, mientras que a 1,380 les faltaba terminar
su proceso de evaluación; cuando según la reforma del
416, todas las solicitudes se tendrían que haber resuelto en
un año “y van dos”, dice Armando Martínez,
presidente de la gremial.
Según el dirigente, se han recibido denuncias de personas que
tras ocho años de recibir pensión han sido notificadas
que su pensión ha sido reducida o se las han suspendido porque
“ya están rehabilitados” o que su lesión “no
tiene relación con el conflicto”.
“Ninguna discapacidad disminuye”, reclama Martínez,
su única defensa ante lo que le parece ilógico e injusta
esta medida que afecta a decenas de hombres y mujeres que sirvieron
durante la guerra.
|
MENORES COMBATIENTES
EN CIFRAS |

Rufino
perdió su antebrazo derecho en un combate cuando tenía
apenas era un adolescente. |
-
EN EL FMLN 20%
De combatientes eran menores de 15 años para 1991, según
la Creative Associates International (CREA).
- EN LA FAES 9%
De los soldados de las Fuerzas Armadas eran menores de edad para
1991, según CREA.
- FILAS REBELDES 44%
Tenía entre 15 y 20 años de edad; el 29% tenía
entre 21 y 24, mientras que el 7% tenía 25 años
o más.
-
Revisión 3%
solicitantes de pensión han pedido una revisión
del caso dspués que el Fondo los rechazara.
- A favor 0.5%
De las resoluciones han sido modificacadas por el Fondo
de Pensiones. |
Copyright 2002 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular. | |