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REPORTAJE
Adictos
a la guerra
En
la guerra la realidad es otra. No todo el mundo está preparado
para enfrentar el miedo y la posibilidad de morir. En esos momentos de
máxima desesperación el destino hace recordar parte del
dicho que en la guerra todo se vale... hasta drogarse. Vértice
habló con ex combatientes de ambos bandos que recurrieron a esos
métodos para sobrevivir en la incertidumbre diaria
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Ilustración
EDH/ Juan José
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En el momento que me quitaron el pelo se
dio un giro en mi vida y quise ser militar. Pero uno nunca está
preparado para la dura experiencia que es la guerra.
En una ocasión tuve que cargar cuatro mochilas y una hamaca con
muertos, terminé con calentura por el cansancio. Nos pasaba de
todo: aguantadas de hambre y frío, caminatas, desvelos, miedo.
Pero uno se adapta, se vuelve una especie de hermandad con los compañeros
y se comparte lo que se tiene y se aprende a sobrevivir.
En esos momentos duros nos vimos en la necesidad de tomar algo para
tranquilizarnos, ya sea café, pastillas como las tiaminas, cigarros
o los puritos. Habían unas cápsulas que las daba el ejército
y venían enfrascadas dentro del rancho en una bolsa plástica
junto a las 15 latas de comida y las dos de cóctel de fruta.
Era lo mejor que había, igual que 4 a 6 cajetillas de cigarros.
No recuerdo el nombre de las pastillas, pero eran blancas, venían
15 en un frasquito café. Lo mantenían a uno despierto
día y noche, activo. Recuerdo que me quedaba al 'as' de un pino,
pendiente con el fusil y ni pispileaba, en la noche el oído se
afinaba, se experimentaba fuerza y al mismo tiempo furia para encontrar
al enemigo y acabarlo.
Podría decir sin temor a equivocarme que hasta se veía
mejor, como si le pusieran disciplina de tiro, se abarcaba un buen campo
visual y se sentía la presencia del enemigo.
Tuve la oportunidad también de consumir el tabaco pero me causó
problemas en el sistema nervioso: dolor de cabeza, temblores, desesperación,
etc. no era nada fácil estar así si tomamos en cuenta
que eran 48 horas de operación.
En cierta ocasión tuve la oportunidad de combatir al lado de
un grupo de recondos (patrulla de reconocimiento de avanzada) y comandos,
eran grupos de 14 elementos que salíamos sólo con un cuchillo
y granadas.
Esa noche íbamos a hacer una emboscada. Yo nunca había
tenido la experiencia de la marihuana pero un comando que la consumía
nos ofreció para tranquilizarnos, pero las reacciones en cada
ser humano son diferentes, a mí me causó malestar, debilidad
en todo el cuerpo, dolor de cabeza, desde entonces no la volví
a probar.
Mis compañeros me decían que las reacciones de la marihuana
eran buenas, de tranquilidad y relajamiento y de claridad en la mente,
pero a mí me dio una mala experiencia.
Eso sí, le puse énfasis a no caer en el mismo error y
es que habían muchos compañeros que tenían una
adicción a todo tipo de drogas.
Cuando no teníamos nada hacíamos un café al que
llamábamos 'amor en seco', consistía en 6 a 7 sobres con
una cucharada de azúcar hasta que hiciera espuma, eso lo tomábamos
como droga, nos ponía inquietos. También probé
la nervotiamina con Coca Cola; la mayoría las consumíamos
sobre todo en los patrullajes largos cuando caminábamos de noche
y dormíamos de día en los cerros altos.
Se dieron muchos casos de muertos por andar drogados.
En otra ocasión tuve la oportunidad de conocer a miembros del
batallón Atlacatl, que era un batallón donde todos, en
términos generales, andaban su droga; si no utilizaban lo mismo
que nosotros, utilizaban otras.
Andaban más agresivos, quizás en los cursos experimentaban
la droga porque, dígame, no cualquiera resiste tres meses de
operativo así nomás. A mí el tabaco fue lo que
me afectó, llegué a cambiar los cigarros por latas de
comida porque no aguanté, lo que ahora recomiendo a quienes están
de alta es que se alejen de las drogas y sean militares con visión
a futuro. La droga a la larga no lleva a nada bueno.
Con esas palabra, el ex soldado Humberto M. quien sirvió cuatro
años en la 4ª Brigada de Infantería en Chalatenango, termina
su relato sobre un tema que ha sido secreto a voces: durante el pasado
conflicto armado, las drogas fueron -en muchos casos- compañeros
inseparables de los combatientes.
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Operativos. Podían
durar de 15 días a 3 meses montaña adentro y eran
sumamente intensos y extremos. Foto EDH/Archivo
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Un secreto a voces
Así como Humberto, cientos de comandos que participaron en las
Fuerzas Especiales tuvieron que buscar ayuda en los estimulantes para
poder soportar lo traumático del conflicto.
Aunque la costumbre se hizo de manera generalizada, también se
hizo lejos de los cuarteles, en la mayoría de los casos ocultándose
de los oficiales y comandantes. Pero ¿si las patrullas o grupos
de asalto eran hermandades compuestas por 15 miembros, no tendría
el oficial a cargo que avalar indirectamente el consumo?
El ex sargento E. Rivera, quien sirvió en la 1ª Brigada de Infantería,
la Policía de Hacienda y los Comandos de las Fuerzas Especiales
opina al respecto: Mire, en las Fuerzas Especiales hay un control
estricto con eso, a veces algunos tomaban pastillas para poder aguantar,
otros fumaban marihuana que, aparte de ayudarlo a mantenerse despierto,
lograba tranquilizarlo.
Pero lo que hacíamos los que no utilizábamos nada era
hacer un café muy fuerte, concentrado, y con eso nos manteníamos.
Yo fui suboficial y nunca nos dieron nada. Quienes lo hacían
era por sus propios medios. En la guerra se prueba de todo, yo probé
de todo, pero al igual que muchos compañeros no me gustó.
La marihuana también fue una buena ayuda para los que la usaron
pero como le repito, lo hacía quien quería, el ejército
no nos dio drogas nunca.
Por su parte el ministro de Defensa, General Otto Romero Orellana es
enfático al decir: Común no era, si uno de nuestros
oficiales encontraba a un soldado con drogas lo levantaba un metro.
Nuestra guerra no la hicimos así, ya que la clave del éxito
fue nuestra disciplina.
Sin embargo los testimonios de ex soldados y ex guerrilleros hablan
de una práctica normal, sobre todo cuando encontraban
sembradíos para proveerse. De igual forma compraban en las tiendas
tanto las nervotiaminas (que fueron muy usadas) como el diazepán.
En algunos casos tenemos referencias de soldados que usaron alcohol,
pastillas y tabaco, y, al faltar éstos, recurrían a medidas
extremas como ingerir pólvora de sus municiones o cocer las hojas
de floripondio, que si bien les ayudaba un momento, les heredaba malas
experiencias.
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Los guerrilleros.
Encontraban sembradíos de marihuana y tomaban la dósis
necesaria para resistir la presión.
Foto EDH/Archivo
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Pese a la prohibición, los combatientes las usaron
(hay referencias de soldados que utilizaron la morfina de los botiquines).
Pero los entrevistados concuerdan en un punto: drogas suaves como la
marihuana y el café fueron de mucha ayuda para mantener la perspectiva;
no obstante, muchos de ellos que probaron por primera vez sustancias
narcóticas quedaron enganchados y crearon una adicción
que antes no había.
El licenciado Luis Alfaro, terapeuta de Fundasalva (Fundación
Salvadoreña Antidrogas) ha atendido alrededor de diez casos la
mayoría soldados que presentaron los síntomas de
estrés postraumático y adicción creada durante
el conflicto.
Lo que facilitaba el consumo era el estrés, el insomnio,
la impulsividad, agresividad, pesadillas, terror nocturno y síntomas
depresivos. En estos casos la adicción venía a ser consecuencia,
sostiene.
Por su parte, la directora del Programa de Tratamiento y Rehabilitación
de Fundasalva, Dra. Mercedes Aldana, agrega: La adicción
es un patrón repetitivo de conductas de consumo de sustancias
que provocan alteraciones en las personas, así como problemas
de todo tipo en el diario vivir. Al inicio de la Fundación recibimos
muchos combatientes con adicciones, sobre todo adictos de la post guerra.
Para Alfaro, una persona sana emocionalmente puede probar o experimentar
con sustancias y es bien difícil que logre una adicción,
pero los que presentan estrés post traumático pueden llegar
a tener una adicción crónica que los lleva a la marginación,
mendicidad y pérdida de la personalidad y falta de valores.
Droga para todos
El uso de estimulantes no fue exclusivo de soldados. Los guerrilleros
también recurrieron a estas sustancias para vencer el miedo.
Jesús Pérez, un ex combatiente del FMLN que solicita no
publicar su verdadero nombre, relata que él y varios de sus compañeros
hicieron frente a los momentos cruentos de la guerra con una pequeña
ayuda.
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El síndrome
de Vietnam
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Parte del fenómeno que
llevara al retiro de las tropas estadounidenses se debió
al excesivo consumo de drogas y sus repercusiones. Cientos de
miles de soldados cayeron en la adicción luego de que el
gobierno experimentara drogas sintéticas con el pretexto
de contrarrestar los efectos de las armas químicas. Sumado
a esto, la proliferación de las mafias en cuanto al tráfico
de heroína hizo que muchos soldados se volvieran adictos.
A raíz de los cambios que experimentaron los soldados se
definió el término, TEPT (Trastorno por estrés
postraumático) que actualmente está considerado
como una de las principales causas de enfermedad mental entre
los veteranos de guerra. Si sumamos el uso o adicción a
narcóticos (sobre todo las drogas siquiátricas o
de laboratorio) las cifras aumentan.
Se conocen como drogas siquiátricas aquella que alteran
el cerebro y la mente. No son como las medicinas normales, son
ilegales (cocaína y heroína) y no curan ni sanan.
Tal vez parezca que alivian los miedos, los trastornos o las depresiones
de una persona pero no curan lo que está causando estos
problemas.
El estrés post traumático se caracteriza al revivir
experiencias ya sea por el ruido de helicópteros, el olor
a gasolina o por ver películas de guerra, éstospueden
incrementar el riesgo de un crónico cuadro clínico.
pesadillas, recuerdos intrusos en el campo de la conciencia,
flashbacks y percepciones internas y externas.
Desde el punto de vista del diagnóstico, el concepto de
trauma se ha expandido a tal punto de evolucionar a niveles crónicos.
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Él cuenta: La mejor ayuda que podíamos
tener tanto para tranquilizarnos, quitarnos el miedo y estar alerta
era echándonos los puritos... Yo estuve en el Cerro de Guazapa,
en la S2 de las FPL, los Comandos Especiales, los más decididos,
decían, ya que los que ahí estábamos sólo
íbamos a volar verga.
Ahí serví siete años. Conocí toda la parte
norte del país, desde Chalate, Potonico hasta Perquín,
en esa área me moví. Consumí la marihuana durante
cuatro años, pero no la consumíamos para pasarnos sino
para tranquilizarnos.
Porque así, a las cabales, habían momentos en que se abatía
uno pues, decíamos: Ya nos va a tocar o ya me va a tocar
a mí.
En una ocasión estábamos todos alterados. Un compa que
fumaba, al vernos tan desesperados y con miedo nos dijo: 'Miren compas,
vamos a tranquilizarnos, van a probar esto. Entonces lo probé
y me hizo sentir bien, esto está suave (pensé) voy a seguir.
Comprobamos que fue una ayuda que nosotros teníamos, así
que la empezamos a usar también para agarrar fuerzas. Más
que todo la usábamos para cualquier mandadito, ya
que los que volábamos riata éramos nosotros.
Nunca compramos. La encontrábamos en sembradíos o en medio
de las milpas quebradas. Siempre tomábamos lo que necesitábamos
y dejábamos lo demás.
Eso sí, la cuidábamos porque, como le repito, era una
ayuda que teníamos. Y había que tener cuidado, porque
una vez usamos floripondia y un compa se pasó de la dosis y enloqueció:
no podía ver un bulto porque le disparaba, finaliza Pérez.
Ambos bandos experimentaron las sustancias narcóticas sin saber
de las posteriores consecuencias, muchos combatientes crearon una adicción
en muchos casos crónica que antes no había.
Pero, ¿le interesa a alguien?
La voz del general
La disciplina militar no permitía el uso
de narcóticos y estimulantes; quien lo hizo actuó faltando
a los lineamientos, Otto Romero, ministro de Defensa.
Yo fui uno de los primeros subtenientes que llegaron
en las primeras operaciones y nunca se nos dio nada. No estaba permitido.
De hecho, desde la Escuela Militar estaba prohibido porque era un marco
de competencias y no era bueno que los cadetes usaran algún tipo
de estimulantes, podía traer consecuencias desastrosas.
Estoy seguro de que todos teníamos estabilidad sicológica
y los que participamos en los 12 años de guerra no tenemos ningún
trauma.
Puede
ser que existieran casos, pero común no era, mucho menos decir
que era permitido.
A algunos los pescábamos: en una ocasión encontramos a
dos soldados con diazepanes y los castigamos.
Puede que algún vicioso haya llegado al cuartel y haya logrado
meter una sustancia, pero siempre los agarrábamos. Uno que otro
se enmarihuanaba pero no era sistemático.
En los cuarteles que tuvieron mayor actividad puede que hubiera alguien
que tuviera facilidad para dedicarse al vicio.
Pero lo digo con toda honestidad, la Fuerza Armada nunca hizo ningún
tipo de experimento ni creo que alguien haya tenido libertad de acción.
Yo le doy una posición oficial al respecto y no tuvimos ese problema.
Quien haya dicho lo contrario está fuera de lugar, está
mintiendo.
No es bueno que desnaturalicemos la opinión de la sociedad sobre
aspectos que pueden ir deformando la idea de cómo fue la dinámica
del conflicto. Nuestros oficiales eran rectos.
Teníamos unos sargentos que eran verdaderos símbolos de
disciplina y autoridad, no se les iba a ir un salvaje de esos con algún
tipo de droga.
Nuestro conflicto, aunque fue duro, siempre tuvimos una causa justa
para la guerra, y por eso nos dedicamos a defender la democracia como
la defendimos, comenta el General Otto Romero Orellana, ministro
de la Defensa.
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