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Saqueo
a la historia
Despojo
a nuestra cultura
Al
Gobierno le faltan recursos para cuidar el patrimonio. Una pieza importante
fue robada de Joya de Cerén hace poco. Con frecuencia, escondidas
entre artesanías, se exportan piezas de gran valor histórico
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Pérdida.
Bajo este montículo -en San Salvador- había una
pirámide. El dueño del lugar botó la estructura.
En el sitio hubo saqueo de piezas.
Foto Cortesia
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El tráfico
de arte precolombino es una vieja práctica que se ha dado desde
principios de la Colonia y se ha perfeccionado con el paso del tiempo.
La compra y venta de cerámica, estelas, estatuillas y otras figuras
fabricadas por manos indígenas y con miles de años de
antigüedad es un negocio lucrativo debido a la excentricidad de
las piezas, su belleza y el valor histórico.
El Salvador es poseedor de una gran riqueza arqueológica. En
lugares óptimos, como Chalchuapa, se puede encontrar hasta más
de un sitio arqueológico por kilómetro, explicó
el arqueólogo Paúl Amaroli, de la Fundación Nacional
de Arqueología (Fundar).
Además de exponer la importancia de preservar estos sitios, Amaroli
asegura: los entierros y ciudades antiguas poseen importante evidencia
histórica que debe ser descubierta por especialistas para que
puedan narrar el pasado y legado cultural de esa zona.
Pero el robo de tales piezas, además de ser ilegal, es un verdadero
atentado a la identidad de nuestro pueblo porque impide que el rompecabezas
de la historia pueda ser completado.
Luego del saqueo, las piezas pasan a ser vendidas a precios risibles
dentro del país y a exorbitantes costos en el extranjero.
De acuerdo con personas vinculadas a la preservación cultural,
que pidieron anonimato por temor a represalias, con frecuencia salen,
de nuestras fronteras, piezas de incalculable valor histórico
que son hurtadas para alimentar una red de tráfico ilícito
de bienes culturales que luego se venden al mejor postor.
El precio varía según la pieza cambia de dueño;
así, el saqueador recibe una cantidad modesta de parte del coyote
y éste, a su vez, puede colocarla en manos de un revendedor local
por un precio mayor.
Los más beneficiados son los comerciantes de arte y antigüedades
que compran las piezas para llevarlas fuera de la frontera, ya que el
precio se dispara sobre todo en Europa y Estados Unidos, donde son consideradas
exóticas. De esta manera se pierden para siempre valiosas prendas
parte de nuestro patrimonio cambiando su valor histórico
por un precio puesto en dólares, comentó Amaroli.
En los alrededores de los sitios arqueológicos más importantes,
San Andrés y Tazumal, por ejemplo, vendedores de artesanías
comercializan piezas auténticas con las personas
que parecen estar interesadas en ellas.
Vértice tuvo la oportunidad de indagar sobre un collar de jade
encontrado en San Andrés, en un intento de comprobar si había
a la venta piezas arqueológicas producto del hurto y saqueo.
¿Jade Maya?
Una mañana de poco movimiento entré en una venta de artesanías
de Chalchuapa. En los estantes se exhibían vasos pintados con
glifos mayas, collares de jade vistosos y máscaras de barro,
entre otros. Era artesanía muy bien hecha, buenas imitaciones
de piezas arqueológicas famosas.
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El robo más
grande a mesoamérica
Los escribas practicaban su arte sobre estucos; dibujaban sus
glifos con la ayuda de huesos y colmillos de jaguar. Escribían
su historia en pliegos que doblaban en forma de biombos. Los códices
fueron considerados malignos e incendiados, pero los tres sobrevivientes
fueron llevados a Europa y se exhiben en varios museos. Están
en París (Francia), Dresden (Alemania) y Madrid (España).
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Luego de unos minutos observando, una vitrina detrás
de la puerta de entrada llamó mi atención y una punta
de lanza fabricada de obsidiana me obligó a preguntar: -¿Esa
es una pieza original, usted sabe, de las que desentierran?
El dueño del establecimiento contestó con gesto afirmativo:
Todo lo que esta allí (en la vitrina) es original.
Al notar mi interés me mostró varios cuchillos de obsidiana,
cinceles de piedra y algunas piezas de cerámica pintada; los
precios para cada ollita oscilaban entre 50 y 80 dólares,
la más barata la daba a ese precio sólo por estar restaurada.
Según el vendedor, algunas procedían de San Andrés
y otras de Quelepa, San Miguel. Las menos valiosas costaban
entre 20 y 30 dólares.
Al preguntarle por algún objeto que fuese realmente especial,
el vendedor sacó de una gaveta tres collares formados por cuentas
de jade, según dijo, provenientes de San Andrés.
-Estos son más valiosos, el precio es alto, valen 400 dólares,
cualquiera de los tres -explicó.
-¿Por qué son tan caros? -pregunté. Él dijo
que se debía a que el jade era raro encontrarlo y que los collares
se iban completando poco a poco a medida que a él le llevaran
las cuentas.
Luego de un rato de negociaciones le redujo $50 al precio inicial, aunque
aclaró que no era urgente venderlo, ya que si no lo comerciaba
de inmediato, se lo entregaría a una persona que se lo encargó
para llevarlo a Belice. Salí de la tienda sin concretar el negocio.
En la zona del Lago de Güija, famosa por ser punto de saqueos,
fue difícil encontrar a un vendedor de piezas originales, pero
con la ayuda de los vecinos logré dar con un señor de
edad madura. Él mencionó que ya no vendía sus piezas
y que tenía la intención de registrarlas.
Esto es un vicio, a veces los cipotes de los alrededores me traen
las piezas, una piedra de moler, un muñequito, una cabecita y
yo se las compro, ya no quiero venderlas, explicó antes
de mencionar que no quería tener problemas con la ley. Aunque,
luego de un rato mostró sus valiosas posesiones. Dijo no querer
vender, pero al momento de despedirme preguntó cuánto
le daría por ellas.
En el Mercado Ex Cuartel de San Salvador me ofrecieron varios objetos
polvosos, algunos quebrados, a precios bajos. Se notaba que no eran
piezas antiguas. Al verse descubierto, un vendedor me aconsejó
ir a la tienda de antigüedades de Centeno ya que allí
encontraría lo que buscaba.
Saqueo
a la historia
Mercaderías atepecidas
Varios
folios en la Fiscalía registran los casos denunciados por Concultura.
Sólo se ha logrado hacer la recuperación de una colección
importante gracias a la firma de un Tratado entre EE.UU. y El Salvador
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Cotizadas. Las
piezas de cerámica vistosas son muy codiciadas
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En junio de 2001, Estados Unidos repatrió a El
Salvador una colección de 42 piezas precolombinas decomisadas
en el aeropuerto de San Francisco, donde pretendían pasarlas
como artesanías pero fueron retenidas por autoridades de Migración.
Una gran parte de los objetos requisados son vasijas y otras figuras
humanas. El arqueólogo Paul Amaroli y la antropóloga Karen
Bruhns, ambos estadounidenses, hicieron el peritaje de la colección
determinando la autenticidad de 39 de las piezas.
El decomiso fue valioso ya que estuvo valuado en 100 mil dólares.
Su procedencia se determinó por el remitente, identificado como
Cristóbal Alfonso Centeno.
El caso fue bastante famoso ya que Centeno y su esposa son compadres
de la entonces encargada del departamento de Patrimonio Cultural, María
Isaura Arauz.
La recuperación de las piezas se logró gracias a la firma
de un convenio establecido entre Estados Unidos y El Salvador en 1995.
Desde entonces, en ese país norteamericano impera una restricción
de importaciones de bienes culturales salvadoreños; de esta forma,
cualquier objeto que entre por las fronteras estadounidenses sin el
debido permiso de parte de las autoridades culturales lo hace de forma
ilícita.
La cerámica maya tipo Copador (nombre por Copán
y El Salvador) propia exclusivamente de esta región es vendida
comúnmente a buen precio y es muy buscada debido al intenso color
de las piezas y su vistosidad, explica Amaroli.
Lo que sucede en muchos casos es que las piezas provenientes de
zonas arqueológicas salvadoreñas son pasadas a tiendas
de subastas como Sothebys haciéndolas pasar por hondureñas
o guatemaltecas.
Las casas de subastas esquivan el Tratado al decir que la pieza ha ingresado
a Estados Unidos antes del año 95, agregó.
Sin embargo, es reconfortante ver cómo en muchas ocasiones
en esa casa de subastas venden piezas falsas a precios altísimos,
comentó el arqueólogo.
Para el comisionado Douglas Omar García Funes,
jefe de Investigaciones de la Policía Nacional Civil, el tráfico
de bienes culturales podría ser impulsado por una red criminal.
Interpol define el crimen organizado como cualquier asociación
o grupo de personas que se dedique a una actividad ilícita continuada
que tenga por objeto obtener beneficios económicos haciendo caso
omiso de las fronteras nacionales.
Partiendo de esto y dadas las características de los hechos delictivos
relacionados con piezas arqueológicas en El Salvador, se puede
decir que se trata de crimen organizado, comentó.
Agregó que la cantidad de dinero que deja el tráfico de
patrimonio cultural es comparable con el narcotráfico debido
a que una pieza en el extranjero es bien pagada dependiendo del coleccionista
que la compre.
Explicó que en el caso de piezas extraviadas, como la reciente
pérdida en el museo de Joya de Cerén una figurilla
antropomorfa encontrada en la estructura 12 o casa del hechicero
es Interpol la institución encargada de monitorear y repartir
información en las fronteras aéreas, marítimas
y terrestres a través de alertas y difusiones que son monitoreadas
constantemente por la División.
En 1999 hubo un hurto en el antiguo museo de Joya de Cerén de
dos cuentas de jade encontradas en la estructura siete. Este caso no
se ha resuelto todavía y la extracción se efectuó
en la misma forma que la figurilla: levantando la vitrina y sustrayendola
con facilidad.
Además, en la tienda de artesanías El Mesías, ubicada
en carretera a Chalatenango, la Policía decomisó, este
año, 533 piezas auténticas que serían comercializadas.
La Interpol estima en 5 mil millones de dólares anuales el valor
del comercio ilegal de artefactos y obras de arte en todo el mundo,
sólo superado por los mercados de drogas ilícitas y de
armamentos.
Para Federico Hernández Aguilar, presidente del Consejo Nacional
para la Cultura y el Arte (Concultura) lo más importante para
prevenir el saqueo es concienciar a los salvadoreños para que
cuiden su patrimonio.
Los
salvadoreños deben volverse guardianes de la cultura. Por su
parte, el Estado se basa en el marco legal, que ha funcionado muy bien,
ya que el saqueo, años atrás, era desmesurado. Ahora eso
no se da más; hay saqueo pero no en esas proporciones,
explicó.
Y agregó que es muy difícil poner un vigilante en cada
zona arqueológica del país. Se han contabilizado
más de 600 sitios arqueológicos y otros 300 en potencia;
es más, no hay país del mundo, por más rico que
sea, que pueda cuidar todo el bien cultural que tiene El Salvador,
dijo.
Luego aseguró que el problema se resume en la falta de recursos.
Además, incentivó a que los coleccionistas privados registren
sus piezas sin temor: Nadie va a quitarles las piezas pero es
importante que Concultura tenga un registro de ellas, finalizó.
Grave pérdida
Saqueo roba el testimonio
Los arqueólogos Claudia Ramírez, encargada
del sitio Joya de Cerén y Paul Amaroli coinciden en que una pieza,
por más interesante que sea, fuera de su contexto arqueológico
se vuelve muda.
Dependiendo del lugar y en dónde sea encontrada, la pieza
puede contar una historia. Si se encuentra en un entierro, el lugar
en que colocaban el cadáver, la posición, el embalaje
y los objetos que depositaban en la cámara funeraria es lo que
permite a los arqueólogos y antropólogos determinar la
posición social, económica o religiosa de esa persona,
explicó Ramírez.
No obstante, si una pieza sale de las fronteras debe darse por perdida
ya que es muy rara la ocasión que logra ser repatriada o recuperada.
Paul Amaroli concordó en que el saqueo destruye el contexto arqueológico
del sitio, por tanto no se puede saber mucho del lugar.
Aquí están seguras
El poseedor de la colección de piezas arqueológicas privada
más extensa de El Salvador aceptó que visitáramos
su casa bajo la condición de no revelar su nombre ni la dirección.
Allí, mientras mostraba los objetos, planteó su postura.
En los museos las piezas se pierden, dicen que están en
bodegas y nunca más se vuelven a ver. Aquí las cuido,
las limpio, y la pieza que no se puede obtener la reproduzco,
dijo mientras mostraba un objeto a medio restaurar y una piedra de jade
que convertirá en una máscara.
Los coleccionistas somos depositarios de los bienes patrimoniales,
argumentó. La mayoría de mis piezas fueron rescatadas
de construcciones y siembras, los campesinos me guardaban lo que hallaban,
yo iba seguido a buscarlas, mi colección la inicié a los
siete años con una carita que encontré entre unas piedras,
ahora, a mis cincuenta, tengo 20 mil piezas, asegura el coleccionista.
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Largo camino
Las piezas son extraídas por personas, generalmente campesinos
o vecinos de los sitios. Luego se las venden a coyotes
a precios muy bajos y éstos se encargan de mercarlas directamente
con un coleccionista o un distribuidor que la saca del país
para revenderlas en subastas.
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SAQUEOS
Las cercanías del parque San Andrés, que son privadas,
tienen visitas constante de saqueadores que abren
orificios para
extraer las piezas.
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ARREGLOS
Luego de un
saqueo, muchas
piezas son
encontradas
fragmentadas y
deben ser restauradas. También son reparadas las halladas
en sembradíos.
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VALOR
Las figurillas
antropomorfas
(forma humana) son populares en el mercado, siendo las más
valiosas las que representan a dioses como Tlaloc y Xipetotec.
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PÉRDIDA
Las piezas que no son pintadas o
grabadas son
dejadas de lado, muchas veces
rotas. La de la foto es una urna de gran tamaño
despedazada.
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DESTINO
Las piezas únicas, muchas veces
son robadas de
museos por
encargo de
coleccionistas.
En el mercado negro adquieren un
precio elevado.
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