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LA
COLUMNA
Nochemala
para muchos
Los ojos negros se agrandaron en aquel
rostro redondo y moreno. La amplia sonrisa desplegada en aquella carita
no podía más que conquistar a quien pasaba junto a él
mientras esperaba pegado a la puerta principal de este periódico.
No sé cómo se llama, ni a cuál de los tres hogares
de infantes que varios empleados de El Diario de Hoy apadrinaron con
un regalo de navidad pertenece.
Tampoco sé cuáles deseos le fueron cumplidos ni cuántos
más se le cumplirán en lo que le resta de vida. Lo único
que sé es que vino junto a otros pequeños hasta las instalaciones
del Diario para conocer al que habría cumplido su sueño.
Era el único apartado del grupo de compañeritos y yo,
a lo mejor fui la única a la que preguntó de manera espontánea:
¿A quién busca?.
La inquietud de aquel niño por encontrar a su benefactor sea
a lo mejor la misma de miles de pequeños y miles de nosotros
deberíamos y sin esperar a que se nos reconozca procurar
serlo.
¿A quién buscamos? No solamente esta Navidad debe sensibilizarnos
a dar, todo el tiempo esos niños de albergues necesitan atención
y el afecto que por alguna razón no han gozado.
Pero fuera de esos centros hay centenares de niños marginados
por la pobreza, de la escuela y otros más en situación
de calle cuyo futuro es casi trágico.
El 2004 cierra con deudas. Escuchar a la ministra de Educación,
Darlyn Meza, por ejemplo, explicarles a los diputados de la comisión
de Hacienda y Especial del Presupuesto que entre sus metas para el próximo
año está otorgarles un refrigerio a un millón de
escolares para asegurar su permanencia en la escuela, es realmente lamentable
pero también debe preocupar.
No es conmiseración ni se trata si el gobierno es altruista o
cumple con una responsabilidad. Lo que provoca o debería provocar
es que hay un millón de hogares que no cuentan con los recursos
mínimos para siquiera ofrecer un pedazo de pan a sus hijos antes
de que salgan a la escuela.
Sí, la Nochebuena no será benevolente con muchos en este
país. No lo será cuando un estrellado cielo es el techo,
cuando una tortilla con sal o con frijoles es apenas su alimento y cuando
ni siquiera saben qué significa estrenar ropa nueva en Navidad
o fin de año.
Los 300 menores que cada mes atendió el Instituto Salvadoreño
para el Desarrollo Integral de la Niñez y la Adolescencia (Isna)
por abandono o violencia intrafamiliar deben significar algo más
que cifras. Por eso el próximo, la Nochebuena no será
tan buena para cientos de pequeños... y de adultos también.
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