Del 19 al 26 de diciembre de 2004



LA COLUMNA

Mirella Cáceres
vertice@elsalvador.com

“Nochemala” para muchos

Los ojos negros se agrandaron en aquel rostro redondo y moreno. La amplia sonrisa desplegada en aquella carita no podía más que conquistar a quien pasaba junto a él mientras esperaba pegado a la puerta principal de este periódico.

No sé cómo se llama, ni a cuál de los tres hogares de infantes que varios empleados de El Diario de Hoy apadrinaron con un regalo de navidad pertenece.

Tampoco sé cuáles deseos le fueron cumplidos ni cuántos más se le cumplirán en lo que le resta de vida. Lo único que sé es que vino junto a otros pequeños hasta las instalaciones del Diario para conocer al que habría cumplido su sueño.

Era el único apartado del grupo de compañeritos y yo, a lo mejor fui la única a la que preguntó de manera espontánea: “¿A quién busca?”.

La inquietud de aquel niño por encontrar a su benefactor sea a lo mejor la misma de miles de pequeños y miles de nosotros deberíamos —y sin esperar a que se nos reconozca— procurar serlo.

¿A quién buscamos? No solamente esta Navidad debe sensibilizarnos a dar, todo el tiempo esos niños de albergues necesitan atención y el afecto que por alguna razón no han gozado.

Pero fuera de esos centros hay centenares de niños marginados por la pobreza, de la escuela y otros más en situación de calle cuyo futuro es casi trágico.

El 2004 cierra con deudas. Escuchar a la ministra de Educación, Darlyn Meza, por ejemplo, explicarles a los diputados de la comisión de Hacienda y Especial del Presupuesto que entre sus metas para el próximo año está otorgarles un refrigerio a un millón de escolares para asegurar su permanencia en la escuela, es realmente lamentable pero también debe preocupar.

No es conmiseración ni se trata si el gobierno es altruista o cumple con una responsabilidad. Lo que provoca o debería provocar es que hay un millón de hogares que no cuentan con los recursos mínimos para siquiera ofrecer un pedazo de pan a sus hijos antes de que salgan a la escuela.

Sí, la Nochebuena no será benevolente con muchos en este país. No lo será cuando un estrellado cielo es el techo, cuando una tortilla con sal o con frijoles es apenas su alimento y cuando ni siquiera saben qué significa estrenar ropa nueva en Navidad o fin de año.

Los 300 menores que cada mes atendió el Instituto Salvadoreño para el Desarrollo Integral de la Niñez y la Adolescencia (Isna) por abandono o violencia intrafamiliar deben significar algo más que cifras. Por eso el próximo, la Nochebuena no será tan buena para cientos de pequeños... y de adultos también.


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