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El
éxodo al norte
Caminos
de dolor
La
crisis del sector agrícola y la falta de fuentes de empleo estables
son las principales causas que provocan que unos diez mil inmigrantes
de México y Centroamérica, ingresen a diario a los Estados
Unidos en forma ilegal por la ruta El Sásabe-Tucson, principalmente,
sin importar los riesgos.
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Los
ilegales han aumentado como el número de
traficantes de seres humanos. Y así van surgiendo nuevas
rutas
para pasar la frontera. |
La ruta entre la población de Sásabe y
Tucson es el camino controlado por Cholos (pandillas), Mara
Salvatrucha y coyotes independientes que, juntos,
forman una poderosa red criminal.
Las tres bandas se dedican a realizar secuestros exprés, robos
a mano armada y violaciones.
Por esta ruta -considerada por las autoridades mexicanas como la más
transitada y peligrosa en lo que va del año- ha ingresado un
poco más de 217 mil personas, provenientes de El Salvador, Honduras,
Guatemala y Nicaragua y de los estados mexicanos sureños de Chiapas,
Tabasco, Oaxaca, Michoacán, Sinaloa y Jalisco.
El Centro Comunitario de Atención al Migrante y Necesitado (CCAMYN)
es una de las pocas instancias a donde pueden acudir los ilegales que
han sido víctimas de la red criminal.
Luis Castañeda es el líder de la Iglesia Católica
que representa al CCAMYN y quien debe ver todas las necesidades a diario.
La violencia contra los migrantes aumentó en los últimos
años debido a la Mara Salvatrucha y a los delincuentes del sur
de México, opina Castañeda.
A diario, cientos de inmigrantes una buena parte de origen indígena-
descienden de los autobuses en el pequeño municipio de Altar,
en donde son recibidos por traficantes de seres humanos que ofrecen
sus servicios.
El costo de los coyotes varía de acuerdo a las condiciones
de seguridad que ofrecen a los sin papeles. Por ejemplo,
para llegar hasta Tucson, Arizona, el precio oscila entre dos y cuatro
mil dólares con la promesa de que llegarán vivos.
Pero, en Altar, los inmigrantes también dejan una importante
suma de dinero cuando compran ropa -sobre todo de color negro- para
evitar ser detectados por la Patrulla Fronteriza (Border Patrol), gorras,
agua, cigarrillos, linternas y medicamentos.
Aquí los mojados pernoctan en pensiones improvisadas,
en donde en cada cuarto duermen hasta veinte personas por una tarifa
de 50 pesos.
Para evadir la estrecha vigilancia migratoria norteamericana,
caminan jornadas de hasta 36 horas por la zona desértica hasta
llegar a Tucson, Arizona, que se localiza a 68 millas del rancho La
Sierrita. El último punto antes de ingresar a la tierra
prometida.
En forma discreta, unidades del Ejército Mexicano patrullan esta
peligrosa ruta que se ha convertido en los últimos cuatro años
en un cementerio de vehículos incendiados y... de indocumentados.
Decenas de camionetas van y pick up transitan por esta región
cargados de centroamericanos y mexicanos. Pero también aumentó
el tránsito de camionetas lujosas con vidrios polarizados y antenas
para radiocomunicación.
La travesía es un sorteo con la muerte porque en estas tierras
abundan víboras, alimañas y... asaltantes que se cubren
el rostro con gorros pasamontañas.
Brincar a mojados
El Grupo Beta de Nogales, México, es testigo de los abusos que
pasan los indocumentados todos los días.
La coordinadora del Grupo en Nogales, Elizabeth García, reconoce
que la travesía en esta zona es dramática. Es tan
doloroso, que hace unas semanas una mujer embarazada fue violada por
tres asaltantes. Eso duele, hiere. Pero lo peor es que las inmigrantes
son violadas delante de sus hijos. Eso hiere y mata la vida de un niño,
relata García, mientras agrega elementos de otras historias terribles
donde los esposos se vean impotentes para ayudar a sus esposas
frente a los criminales.
El Grupo Beta de Nogales ha rescatado de la zona desértica
de Sonora-Arizona a extranjeros y mexicanos con severos cuadros de deshidratación
y alucinación, que son abandonados por traficantes de seres humanos.
En algunas ocasiones explica- los coyotes los engañan,
les quitan el dinero y los abandonan. En otras, los pasean
por el desierto, sin que salgan de territorio mexicano.
Pero esa sólo es una cara de las decenas de ángulos que
tiene estas historias. Otro punto de vista es de El Cubano,
un joven que se retiró de las pandillas hace un año, luego
que nació su hijo.
Nos gustaba la choleada. Por eso andábamos
tirando barrio; pero nunca nos gustó andar robando. Le entramos
a la droga y a todos los jales. Sí que nos gustaba, dice
cuando recuerda sus días de pandillero.
El Cubano es el ex jefe de los Cholos de la
colonia Buenos Aires y admite que miembros de esa organización
trafican con seres humanos para hacerse de dinero y así comprar
drogas.
Yo todos los días me tomaba una tira de diez píldoras.
Una tirita, explica, cuesta 20 dólares y él a
diario compraba una cajita.
¿Cómo obtenían el dinero para la droga? ¡Brincamos
gente en la línea! Metíamos a la gente pal otro
lado. Nos dedicamos al tráfico de indocumentados. Les cobrábamos
cien dólares a Nogales. A Tucson un poco más. Era con
el fin de juntar una feria para comprar la droga. Así nos la
aventábamos todos los días, relata.
El
éxodo al norte
El
peligroso desierto
Este
ex jefe de Cholos dice que conoce todos los caminos. Pero
él no es el único porque hay un tercer grupo...
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La
lista de deportados es encabezada por Guatemala con 57,510
expulsiones y, luego, Honduras con 46,120
repatria-ciones. |
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Tareas de rescate
BETA SUR
ilegales 1,367
El Grupo Beta Sur ha reportado un aumento considerable de rescate
de ilegales, en proporción al año pasado.
Cobertura amplia
Repatriados 50, 909
Beta informó que también apoyó
a 410 heridas y/o lesionadas, y brindó asistencia social
a 63,243 repatriadas.
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El tercer grupo de traficantes, que son civiles y operan
en forma abierta por el cruce fronterizo, son gente que portan
gorras y camisas de color rojo, explica.
Y estos son los únicos que ofrecen pasarlos a los Estados Unidos
por la garita migratoria norteamericana. Estos servicios son garantizados
a cambio de cuatro mil dólares. El Centro de Atención
al Migrante, que preside Castañeda, el CCAMYN, reporta que el
45% de los que llegan a esa institución son chiapanecos; el resto
son de los estados mexicanos de Guerrero, Oaxaca y Distrito Federal.
Sólo un 10% es centroamericano.
La ruta del desierto es un camino extremadamente peligroso que nació
en 1997 y que cobra más vidas cada año. Y es que con el
desierto no se juega. Es una zona que, en tiempo de verano, tiene temperaturas
que van desde los 40 hasta los 50 grados centígrados. Ha
incrementado el número de muertes como no tienen idea y
no solamente en verano; sino en invierno, acota Castañeda.
Las temperaturas en invierno provocan la muerte por hipotermia y en
verano por deshidratación. Aparte de las muertes que se registran
por picaduras de animales ponzoñosos, sin contar con los asaltos
y violaciones que asolan a los inmigrantes.
De hecho, muchos de los asaltantes son responsables de la muerte de
los migrantes.
Sin trabajo
La crisis económica y la falta de oportunidades en sus lugares
de origen son la principal causa de la migración.
Tienen que buscar otras oportunidades. La Iglesia respeta y avala
el derecho a emigrar, manifiesta el director del CCAMYN.
A los deportados se les brinda alimentación,
medicinas y un lugar limpio en donde descansar, mientras se reorganizan
para hacer otro intento por burlar el cerco americano. Aquí
les damos cariño y protección, dice Castañeda.
Desde la fundación de esta institución, en 2001, han atendido
aproximadamente trece mil emigrantes. Los números de ilegales
han aumentado como el número de traficantes de seres humanos.
Es una cadena. Son gente que vienen desde el sur
hasta acá. El Altar no es un pueblo de traficantes; pero gracias
a la migración la población se ha visto beneficiada porque
si se quedan, se convierten en mano de obra barata para oficios varios.
La mayoría de polleros, coyotes, traficantes
de seres humanos o guías como les quieran llamar,
vienen del sur. Los traficantes se ocultan entre los mismos inmigrantes
por lo que es difícil establecer la identidad de esas personas.
Hemos detectado que mucha gente es secuestrada, privada de su libertad
para pedir dinero a su familia.
El líder católico recuerda que la población de
El Altar en principio rechazaba y despreciaba a los viajeros. Los llamaban
oaxaquitas despectivamente; pero, poco a poco, concientizan
a la gente sobre la dignidad del migrante.
¿Cuántos cruzan a diario por esta localidad? No
hay una cifra exacta, asegura; pero se habla de mil 800 a dos mil personas
diarias por la ruta Sásabe-Tucson Arizona, explica Castañeda.
Al parecer, el reforzamiento de las fronteras de Tijuana-Mexicali-Tecate
abrió esta nueva alternativa.
En las celdas de tucson
El llanto de los bebés, que están encerrados y hacinados
junto con sus madres, en una fría, sucia y maloliente celda no
conmueven el corazón de los agentes.
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Estadísticas oficiales
131,000
Sin documentos
El Instituto Nacional de Migración mexicano reporta, de
enero a julio, el aseguramiento de unos 131 mil extranjeros indocumentados.
Cifras mayores a 2003
enero-julio 112,747
El año pasado, en el mismo periodo,
detuvieron a 112 mil 747 indocumentadas con lo cual se confirma
un aumento considerable.
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Los oficiales son de la Patrulla Fronteriza de los Estados
Unidos y se limitan a seguir con su trabajo fichando a centroamericanos
y mexicanos para deportarlos.
Detrás de los gruesos vidrios de cada una de las celdas, uno
se topa a cada instante con el rostro cansado de hombres, mujeres y
ancianos, que están aislados y piden a gritos agua, comida y
frazadas para protegerse del frío.
Un agente se compadece y les da una pequeña cajita con unas veinte
galletas.
La mayoría fueron arrestados en la zona desértica de Arizona,
tras largas jornadas de caminata (unos hasta de una semana).
En esta cárcel, en donde difícilmente
alguien se puede fugar, se encuentra instalado uno de los más
importantes sistemas de comunicación para detectar el movimiento
humano de la línea fronteriza y para fichar a los inmigrantes
que osan cruzar a territorio norteamericano, en busca de mejores niveles
de sdfadsfaaadsfdsafsadfdsafdsafadsf vida.
Aquí trabajan un poco más de una veintena de agentes de
la Border Patrol, que en forma déspota y prepotente tiene que
lidiar con los inmigrantes ilegales.
Desde un pequeño cuarto -sellado herméticamente- manejan
el control de acceso a esas instalaciones y a cada una de las celdas.
Un poco más adelante, en un mostrador construido con concreto
y lámina de acero inoxidable, se encuentran 11 computadoras con
sus respectivas cámaras fotográficas y tres escáner
IdentedX, donde toman las huellas dactilares. Los agentes norteamericanos
toman los dedos índice y los presionan contra el aparato.
En la primera celda, se encuentran asegurados en forma provisional quienes
tienen cargos o enfrentan procesos penales en los Estados Unidos. En
la segunda son concentrados los ilegales, mientras pasan a las mesas
de fichaje (algunos son esposados del pie de una silla). Posteriormente
son trasladados a la tercera celda, que es el paso previo a su deportación,
la que se realizará a través de cualquiera de las fronteras
con México.
En la cuarta, son recluidas las mujeres y sus hijos; aquí los
niños, con su llanto, reclamaban leche caliente y frazadas para
el frío porque una buena parte de las mujeres y madres durmieron
en el piso. En la quinta está la prisión asignada para
los acompañantes de los ilegales; los coyotes.
La sexta es utilizada para los inmigrantes que se acogen
al Programa de Repatriación al Interior de México que,
en febrero de este año, firmaron los gobiernos de Estados Unidos
y México para proteger los derechos humanos de los migrantes.
El programa busca evitar que los nacionales mexicanos
expongan su vida al ingresar a ese país por rutas de alto riesgo,
reza un documento de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SER)
que otorgan a los deportados antes de abordar el avión, en Tucson.
En la séptima celda, son ubicadas las mujeres de otras nacionalidades,
que ingresaron ilegalmente a los Estados Unidos.
De la entrada a la cárcel, cuelga un afiche con una cruz y un
dibujo de la muerte, la misma que ronda en los parajes desérticos
de Arizona y donde el indígena chiapaneco, Armando López,
comparte su testimonio...
El coyote se llama Pascual y es de la localidad de Jerusalem de
Teopisca, Chiapas. Nos engañó que sabía mucho.
Al final, era negativo. Éramos 14 personas; todas no aguantamos,
dice.
El
regreso inevitable
En el mismo cartel que cuelga de la pared hay otro mensaje: Muerte
a quien lo sigue ¡No confíes!.
El mismo afiche se encuentra en los campers móviles que utiliza
el personal del consulado mexicano en Tucson, Arizona, y que fueron
habilitados para documentar a inmigrantes que se acogen en forma voluntaria
a este programa.
Tucson está a 80 kilómetros de la frontera de Nogales,
México, y los inmigrantes son revisados por miembros de la Border
Patrol.
En tono seco, sin la menor cortesía, los mueven, a empujones,
hacia una malla ciclónica de unos dos metros de altura para posteriormente
ponerlos a disposición del cónsul mexicano, Carlos González
Magallanes, un hombre que apenas tiene tiempo para explicarles su situación.
Entraron por la frontera más grande y peligrosa. Creo que
no lo sabían; entraron por un lugar en donde se sufre mucho,
en donde las temperaturas son altas, en donde hay animales y en donde
se han registrado muchos asaltos y han muerto muchas personas.
Los ilegales lo observan y guardan silencio.
Así es que quienes quieran regresarse en forma voluntaria
lo pueden hacer de acuerdo al programa de repatriación que hay
de México con Estados Unidos. Aquí nadie los va a obligar.
Quienes no lo deseen serán deportados por algunas de las tres
fronteras, dice el cónsul González y repite, para
dejar claro, nadie los va a obligar.
En esta estación migratoria, en donde hay más de medio
centenar de vehículos y unidades de la Border Patrol, los norteamericanos
instalaron en el techo de la galera, dos tubos por donde deja escapar
una pequeña lluvia para que se refresquen los mexicanos que se
encuentran detenidos y sufren las altas temperaturas que se registra
en esa instalación.
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| Tijuana
es la frontera más grande del mundo y la vigilancia incluye
las playas donde el riesgo es morir ahogado. |
En una de esas áreas hay poco menos de un centenar
de mexicanos que iban a ser deportados vía aérea contra
su voluntad.
¡Tenemos hambre! ¡Tenemos hambre! gritan los
detenidos con signos de inconformidad. ¡A ver a qué
horas!, se oyen nuevamente los gritos de los mexicanos.
Uno de ellos asegura que atrás de esas bodegas están los
centroamericanos, en otro módulo.
González Magallanes parece no escuchar los gritos de inconformidad
y camina de un lado a otro, sin despegar el teléfono celular
de la oreja. Está preocupado por la presencia de este reportero.
En primer momento, dijo: Qué bueno que vienen para que
vean cómo son las cosas, ¿por qué no avisaron?.
Después, la expresión de su rostro cambió.
Señor Cónsul, necesito entrevistarlo, solicito.
Estoy hablando a México. Luego pregunta: ¿A
quién le dijo que vendría aquí?.
Antes de trasladarlos al avión 757 de Mexicana de Aviación,
en donde viajan 11 agentes especiales en seguridad, los norteamericanos
dan agua fría, atención médica y una pequeña
y fría hamburguesa, que no mitiga el hambre. Un hermano de sangre
Cuando la Patrulla Fronteriza debe deportar a ilegales no piensa en
nada más que realizar su trabajo.
Con paso firme y tono seco el oficial Ramiro Villegas, descendiente
de madre mexicana, pidió a siete de los detenidos que están
a punto de abandonar ese país: ¡Siéntense
y volteen sus gorras! ¡pónganselas como hombres!
Acuérdense que están en un país que no es el de
ustedes, y se tienen que sujetar a sus leyes y reglamentos, dice
en perfecto español.
Es que ustedes no entienden, que al cruzar a Estados Unidos, en
especial por esta zona, exponen su vida, ponen en peligro a su familia.
Aquí han muerto muchos indocumentados, creo que van más
que el año pasado, son algo como más de doscientas personas,
según nuestro año fiscal, que inicia en octubre,
explicó.
Es la zona más peligrosa, las mujeres son violadas, los
hombres son asaltados por grupos de ladrones y Cholos. Por
eso el presidente de mi país, está preocupado por la muerte
de los mexicanos.
- ¿Cuál presidente?, le interrumpo.
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EL
OBJETIVO ES PASAR A TODA COSTA
Ernesto López, un pescador veracruzano, dice que para él
es fácil cruzar
la frontera por la plata porque es un experto nadador.
- Al agua. Yo por aquí los chingo. Ya crucé
una vez. Llegué pero luego me agarraron. Para engañarlos
hay que correr sobre el agua. El agua es bien pinche fría,
pero no mata; sientes que los dedos se entumecen pero se aguanta,
¡más con un tequilazo! El agua ayuda a que no te descubran
con los sensores de calor. |
¡Mi presidente, el de Estados Unidos! El
de ustedes no sé que está haciendo. Lo que queremos es
protegerlos, para que no les pase nada. Ustedes no comprenden eso. Lamentamos
esta situación, pero es nuestro trabajo. No podemos permitir
que pasen. Son las órdenes (...) Miren como están ustedes,
ustedes son muchos; nosotros somos ocho y no podremos controlarlos.
Por eso tenemos pistolas; pero no es el caso utilizarlo. Ustedes deben
de ayudar. Yo respeto a los inmigrantes, pero quiero que me respeten.
Yo los entiendo, porque soy como ustedes. Entiendo las mentadas de madre.
En la celda destinada para los mexicanos que se acogieron al programa
de repatriación voluntaria, Víctor Manuel Hernández
Sánchez, un joven nativo de Toluca, estado de México,
me narra el drama que vivió en el desierto:
Yo no aguanté. Yo pensé que me iba a quedar en el
desierto; descansé más de una hora y caminé de
nuevo. Ya nos habían asaltado los cholos, dice. Nos
bajaron todo. Nadie pudo esconder nada, sólo al coyote
no le hicieron nada. No vale la pena arriesgar la vida.
En el último tramo de la estación migratoria, 14 de los
detenidos, entre ellos este reportero, son hacinados en una perrera
de una camioneta, con escasos tres metros de largo por dos y medio de
ancho, forrada de acero inoxidable y sin aire acondicionado.
Pronto, nuestros cuerpos estaban bañados en sudor y, a través
del vidrio retrovisor, veía los ojos vigilantes del oficial de
la Patrulla Fronteriza al volante del carro. A escasos metros a bordo
de un coche blanco, confortable, con aire acondicionado, iba González
Magallanes para despedir a sus connacionales.
Cuando el avión 757 despegó, volaron también las
esperanzas de los detenidos por conquistar el sueño americano.
Todos volvían cansados y con más problemas económicos
que cuando emprendieron la aventura.
Al
filo de la frontera
Las
nuevas rutas por Baja California
Las
circunstancias son más peligrosas para los indocumentados que
no sólo enfrenta las inclemencias del tiempo, sino a asaltantes
que controlan una zona de excepción.
Los asaltantes agreden y vejan a los ilegales con total
impunidad. Los miembros de estas bandas son presuntos migrantes, que
desesperados por no poder llegar a Estados Unidos, cayeron en el consumo
de heroína, marihuana, crack y cocaína.
La ruta que aparentemente es más tranquila es conocida como el
Nido de las Águilas, que se localiza al extremo opuesto
de Las Playas, perteneciente al municipio de Tijuana.
Para llegar a este camino, hay que cruzar territorio de pandilleros,
cholos y, posteriormente, rodear los cerros que están
en las inmediaciones de San Isidro, la localidad que conduce a las ciudades
de San Diego y Los Ángeles.
En este punto termina la barda metálica y la valla de
alambre. Acá es donde se encuentran incrustadas centenares de
cruces que recuerdan el número de personas que han fallecido
en su intento por conquistar el sueño americano.
Sobre la barda resaltan los nombres de chiapanecos, michoacanos, guatemaltecos,
oaxaqueños, salvadoreños, sinaloenses, veracruzanos, entre
otros, que pagaron con su vida la intención de llegar a los Estados
Unidos.
La lista de hombres, mujeres y niños que han desaparecido es
tan extensa que ya se perdió la cuenta. Y los testimonios son
tan dramáticos y desgarradores que los afectados optan por guardarlos
en su corazón para llorar en silencio.
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| El desierto ha cobrado este año
la vida de unas 179 víctimas por deshidratación, según
fuentes oficiales mexicanas. |
Los desaparecidos
En la central camionera de Nogales, Sonora, los familiares pusieron
un altar con la imagen de la Vírgen de Guadalupe para recordar
a los desaparecidos. Para comprender la magnitud del drama, sufrimiento
y costo del viaje al sueño americano hay que recorrer
más de ocho mil kilómetros, desde Tegucigalpa, Honduras,
hasta Tijuana, Baja California.
La primera fase de un viaje de esta naturaleza abarca desde Tegucigalpa
hasta Tecún Umán, Guatemala, por autobús. Posteriormente,
el siguiente trayecto es a bordo de un ferrocarril carguero desde Ciudad
Hidalgo, Chiapas, hasta Ixtepec-Oaxaca. El tren realiza un tiempo de
40 horas. Luego, de Oaxaca al Distrito Federal y del D.F. a Nogales
y de allí a Tijuana.
Durante el trayecto, por Chiapas, efectivos de la Agencia Estatal de
Investigación (AEI), Policías Fiscales Federales y presuntos
miembros del Ejército Mexicano -que vestían de civil-
treparon al tren para extorsionar a los inmigrantes, quienes, en su
mayoría, viajan con menos de 500 pesos en el bolsillo.
De Ixtepec al Distrito Federal los extranjeros sólo evaden un
retén de Migración. En el tramo Distrito Federal-Tijuana
no hay vigilancia migratoria; pero existen siete puestos de control
militar y de la Policía Federal Preventiva. Este viaje tiene
un costo de poco más de cinco mil pesos y se realiza a lo largo
de una semana. Para los inmigrantes que carecen de dinero, el tiempo
aumenta hasta dos meses. Hay algunos que tardan seis.
Por la cercanía, bajo costo y menos peligro, el grueso de los
centro y sudamericanos están utilizando la ruta del Golfo
para salir por Matamoros o Piedras Negras.
Ciudad en sombras
En Tijuana, al igual que en Chiapas, los cuerpos policiacos han emprendido
acciones de persecución contra inmigrantes mexicanos y centroamericanos,
que utilizan este territorio para llegar a su destino final, los Estados
Unidos.
La Casa del Migrante es una de las pocas instituciones que extiende
credenciales a las personas que solicitan el apoyo y así evitar
que sean objetos de abusos de las autoridades.
Por ejemplo, sin aparente justificación, los policías
detienen y cachean a hombres y mujeres que -a su criterio- consideran
sospechosos. En algunos casos, los han despojado de dinero;
en otros, los obligan a lavar las patrullas policiales con absoluta
impunidad.
Mientras la noche empieza a inundar las calles de Tijuana,
en la avenida Coahuila, decenas de mujeres, con gruesas capas de maquillaje
y diminutas prendas de vestir, venden su cuerpo al mejor postor. Algunas
de ellas, tras fracasar en su intento por llegar a los Estados Unidos,
decidieron prostituirse para ahorrar un poco de dinero y seguir con
la ilusión. Pero, en su desesperación, la mayoría
se ha convertido en adicta a las drogas y el alcohol. Para ellas, todos
los caminos conducen a Tijuana y sus sueños no son más
que una voluta de humo de cigarrillo.
| “Bienvenido
a la frontera surí” |
| El director nacional del Grupo
Beta Sur, Pedro Ignacio Espíndola Flores, reveló que
el gobierno de México inició el Programa de Verano
Sonora Arizona con el fin de dar una respuesta institucional acorde
con las situaciones de alto riesgo que presenta este corredor, el
más peligroso para los migrantes. |
Tenemos
contabilizados 57 personas. Este año, al menos, han fallecido
37 inmigrantes indocumentados y hasta el momento se han registrado
54 mutilados por accidentes o asaltos en los ferrocarriles,
dice Espíndola.
Sólo en el albergue Jesús el buen Pastor,
en el municipio fronterizo de Tapachula, Chiapas, una veintena de
inmigrantes hondureños, salvadoreños y nicaragüenses
convalecen por la pérdida de manos, pies, piernas o brazos
que les arrancó el ferrocarril de la empresa Chiapas-Mayab
durante percances o asaltos perpetrados por maras salvatrucha o
bandas de asaltantes mexicanos.
En tanto, Honduras planea repatriar a todos los mutilados que se
encuentren en territorio mexicano para dotarlos de prótesis
e incluirlos en un programa donde les apoyarán con dos mil
lempiras mensuales. Unos 110 dólares. .
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