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Cosecha
sin frutos
Engaño
a la carta
Perjuicio
I septiembrede2000
Las bonanzas que prometía el reparto de tierras a campesinos
a raíz de la Reforma Agraria en 1980, terminaron en desencanto
para algunos, no sólo por la crisis agrícola, sino porque,
para pagar las deudas asumidas, algunos cooperativistas decidieron vender
parte de sus tierras, como fue el caso de la Cooperativa Santa Cruz
Tazulath, de Nahulingo. Los tropiezos.Por falta de visión o ingenuidad,
el manejo de esa parcelación y venta y prestar a los bancos para
pagar otras deudas, se convirtieron en un gigante que al final no lo
pudieron vencer. Vender parte de las tierras fue la salida inmediata
y confiar el negocio en las manos de una empresa particular, al parecer,
no fue lo más acertado. El riesgo. Concedieron un poder especial
para que la empresa administrara la medición, escrituración
y la libre compra-venta de las parcelas, cuyo dinero no entró
a las arcas de la cooperativa. Habrían violentado requisitos
legales como el que toda cooperativa del sector reformado debe vender
mediante pública subasta. El caso se ventila ahora en los tribunales.
Los ahorros de varios años de trabajo de Hermenegildo
Alberto López había que invertirlos en algo productivo.
Supo que vendían parcelas en la cooperativa Santa Cruz Tazulath,
ubicada en el cantón Chiquihuat, de Nahulingo, Sonsonate, y de
la cual es vecino. Se enteró que un ingeniero agrónomo
llamado Héctor Nerio López, de la empresa Proyectos y
Negocios (PROYNE) era el contacto para la venta, y decidió adquirir
tres manzanas de regadío para cultivar.
Pero Hermenegildo desconfiaba de dicha empresa. No la conocía,
dice. Pero sí confiaba en Jorge Alfonso Rodríguez, Virgilio
Mártir, Jesús Miranda Segura, directivos de la cooperativa.
El negocio es limpio, le dijeron, y le aconsejaron que
le entrara. Y le entró.
Contactó a Nerio López, a otro ingeniero llamado Omar
Hidalgo y el abogado de la empresa, Mauricio Roberto Martínez
Guzmán.
Entregó ¢37,500, el 50% del valor de las tierras. Sacó
un cheque de caja del Banco de Comercio y lo sumó a los ¢2,500
que llevaba en el bolsillo. En todos esos trámites lo había
acompañado Omar Hidalgo, quien lo llevó hasta las oficinas
de PROYNE, ubicadas en Zaragoza, La Libertad.
Le dieron un documento de promesa de venta y le dijeron que en tres
meses tendría la escritura en la palma de su mano, contra el
pago del otro 50%. Se cumplió el plazo y no recibió nada,
y como para este campesino la palabra que se habla hoy no se cambia
a la mañana siguiente, sintió nuevamente la desconfianza.
Consultó a un abogado particular, y éste le dijo que ese
documento no servía, que era sucio, que era ilegal.
En una audiencia posterior con el presidente del ISTA, Miguel Tomás
López, confirmó la sospecha. Y se fue a la Fiscalía
a interponer la denuncia. Esa desconfianza alertaba sobre una posible
defraudación, y además millonaria, en contra de no sólo
ocho compradores más, sino de 356 socios de la cooperativa Santa
Cruz Tazulath.
De repente, el supuesto panorama de beneficios que la empresa PROYNE
y dirigentes cooperativistas les habían planteado se venía
abajo. Igual que las ilusiones de los 356 campesinos de que al sacrificar
una parte de las 3,215 manzanas de tierra que heredaron de la Reforma
Agraria y venderlas a ¢25 mil cada una los sacaría del atrolladero
que les significan las deudas.
Al menos eso es lo que aparentemente les expresaron y acordaron en asamblea
general. Aunque ahora, muchos de los asociados y actuales dirigentes
lo niegan, e incluso acusan al entonces secretario, Jesús Miranda,
de alterar los puntos de acta.
La operación era tentadora. De la venta iban a recibir lo suficiente
para pagar los ¢16 millones que le adeudaban al Banco de Fomento
Agropecuario desde hacía varios años y saldar la hipoteca
de la hacienda. El crédito otorgado ascendía a ¢20
millones. A la vez disipaba al menos en teoría la
preocupación de que el banco los embargara y quedarse en la calle.
¿Por qué debían tanto dinero? La cooperativa arrastraba
desde los años 90 una deuda de ¢6 millones con el Banco
Agrícola Comercial y deciden prestar al BFA mucho más
de lo que debían. Primer error. La explicación de los
actuales directivos es que el resto del dinero se habría invertido
en cultivos, pero no recuerdan, ni lo sustentan los documentos, que
hayan obtenido rentabilidad de inversión alguna, es más,
nunca pudieron deshacerse del endeudamiento.
Con la venta de las cosechas, que según los directivos se obtienen
unos ¢4 millones con cada una, sólo podían ir amortizando
la deuda, la que para julio de 2001, según consta en un documento
firmado por el contador de la cooperativa, Alfonso Vásquez Martínez,
ascendía a ¢15,879,185. La única salida era vender
una parte de las tierras y cancelar esa deuda para levantar la hipoteca
y no perder la herencia.
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Otras
anomalías
Según los testimonios, Nerio López, a la sazón
apoderado de la cooperativa, comparece como representante de AGOS
para la compra de tierras, operación considerada irregular
por los jueces de sentencia. |
| Para
vender tenía que haber
Todas las cooperativas del sector reformado tienen que cumplir
una serie de requisitos a la hora de vender tierras. PROYNE incumplió
el requisito, de acuerdo con las autoridades consultadas. |
| Un
modus operandi
Declaraciones de funcionarios consultados y cooperativistas entrevistados
advierten que la práctica es recurrente por parte de esta
empresa. Afirman que hay al menos 7 cooperativas en peligro. |
¿Negocio lícito?
Para medir la hacienda, y específicamente las 800 manzanas que
habían acordado vender, contratan a PROYNE, una empresa para
ellos conocida porque ya les había vendido productos químicos.
Además, su representante legal, Héctor Nerio López,
había vivido parte de su niñez en la hacienda, donde su
papá llegó a trabajar como cargador. Así, el 20
de marzo de 2001, los cooperativistas contratan sus servicios profesionales
de medición, parcelación, legalización de planos,
escrituración e inscripciones registrales. Celebran un contrato
en el cual estipulan que el costo de los servicios ascendería
a ¢2,222.230.
Pero a la par del contrato, Nerio hace firmar una letra de cambio por
esa misma cantidad al ex presidente de la directiva, Jorge Alfonso Rodríguez.
Pero en abril de ese mismo año, aparece otra letra de cambio
firmada por Rodríguez por un valor diferente, los servicios profesionales
habían incrementado de manera exhorbitante, un mes después,
a ¢6,444,085.
La operación es dudosa. La empresa DICASA y Cia.
le ofreció a la cooperativa el mismo servicio que le brindaba
PROYNE por ¢115 por manzana, pero fue descartada, a pesar de que
esta empresa le ofrecía ¢60 menos por manzana de lo que
le cobraba la primera. Es decir, optaron por la más cara.
El abogado de Nerio López, José Armando González,
explica que ese incremento obedeció a que cuando iniciaron la
medición vieron que el proyecto era demasiado amplio y que en
eso estuvieron de acuerdo los directivos respaldados por la asamblea
general. Sin embargo, en el contrato ya se había estipulado la
magnitud del trabajo que asumía la empresa PROYNE.
González argumentó, además, que
existe un segundo contrato que respalda ese incremento, del cual prometió
facilitarnos una copia, pero no lo hizo.
Para iniciar esos trabajos, PROYNE exige en el contrato un anticipo
de ¢148,750, lo cual le fue cumplido en mayo de 2001. Sin embargo,
un mes después le abonan ¢1 millón en concepto de
abono a sus servicios prestados, en ese mismo mes le hacen un depósito
en el Banco Agrícola de ¢221,687. En total, en dos meses
le dan ¢1,370,437.94, según consta en documentos en nuestro
poder.
González confirma que su cliente recibió alrededor de
¢1.4 millón, una cantidad pequeña en comparación
de los trabajos que realizó en la hacienda, que son muy costosos.
Alega, además, que PROYNE terminó los
trabajos de medición y que certificó un supervisor del
ISTA. Tampoco lo probó con documentos.
Pero el Presidente de la institución estatal dice lo contrario.
Una auditoría realizada en el 2002 por empleados de la Dirección
General de Impuestos Internos del Ministerio de Hacienda, y a petición
de la Fiscalía, explica que ese incremento no es más que
el cobro de una comisión por ventas.
Esto último obedecía, supuestamente, a que PROYNE tenía
un poder especial para vender tierras de la cooperativa, formalizado
mediante un contrato en el 2000 y el cual se lee poder especial
administrativo amplio y suficiente en cuanto sea necesario en derecho
a favor de la sociedad PROYNE
, con el cual podía
otorgar y firmar promesas de venta de la parcelación de 800 manzanas.
Con este poder, la empresa gestiona la venta de 724 manzanas ante la
Compañía Azucarera Salvadoreña S.A.
(CASSA), lo cual fue confirmado por González, pero a la vez negó
que haya recibido su cliente la comisión por esas ventas.
Aquí inicia otro lío. PROYNE y directivos, supuestamente
fundamentados en actas de asambleas generales, deciden vender más
tierra, poco más de 1,200 manzanas a personas extrañas
a la cooperativa.
A juicio del Presidente del ISTA este tipo de tratos no está
contemplado por la ley y, por ende, se puede decir que las cooperativas
tienen cierta autonomía para celebrarlos, lo ilícito empieza
cuando lo facultan para que venda, lo cual no era atribución
de Nerio López, y menos que lo hiciera saltándose un requisito
legal, el Decreto 719, que establece que para vender tierras del sector
reformado se debe hacer una pública subasta.
En cartas enviadas en agosto del 2001 a PROYNE, los
directivos y junta de vigilancia de la cooperativa, el funcionario les
advierte que suspendan de inmediato los referidos trámites
de parcelación ilegal que están impulsando, porque
la cooperativa no estaba siguiendo los procedimientos para vender a
personas, estipulados en el artículo 9 de la ley de Régimen
Especial de la Tierra en propiedad de las Asociaciones Cooperativas
Comunales y Comunitarias y Campesinas y Beneficiarios de la Reforma
Agraria.
El casamiento entre cooperativistas y PROYNE no tenía, al parecer,
fundamentos tan válidos a la luz de estas normas legales que
rigen al sector cooperativista reformado.
Tras la advertencia, Nerio le envía a López,
un mes después, una carta donde acepta haber celebrado esos contratos
de promesas de venta y que no ignora el procedimiento de pública
subasta que se debe seguir, pero que existe consentimiento de las partes
compradoras de las consecuencias que puedan ocurrir si en la subasta
el inmueble lo gana un postor ajeno.
Lógicamente tendríamos que disolver el contrato
y pagar los daños y perjuicios ocasionados, dice parte
de la carta.
Sin embargo, el funcionario dice que cuando Nerio López inició
estos trámites ya había celebrado promesas de venta y
recibido dinero como anticipo.
González dice que no hubo violación a
la ley porque no celebraron contratos de compra venta, sino promesas
de ventas. Respecto a los nueve compradores terceros dijo que ellos
ya podían tomar posesión de la tierra.
Ellos, al igual que los 356 cooperativistas, también temen perder
sus tierras.
Juan José Arévalo, un salvadoreño residente en
Estados Unidos, negoció con PROYNE, a través de su hermana
Adilia de Anaya. Ella dice haber entregado al propio Héctor Nerio
López ¢265 mil en abonos al valor total de las 13 manzanas
que acordaron, que suma ¢329 mil.
Paula Rosario Sierra, también en representación de sus
dos hermanos que viven en Canadá, dice haber pagado personalmente
a Nerio López ¢261 mil en concepto de abono a la cantidad
total de ¢270 mil que valen 11 manzanas. Pero en la resolución
que leyó la secretaria en el juicio dicen que sólo le
he entregado ¢120 mil, se lamenta.
Lo que piden ahora estos compradores es la devolución del dinero
que han pagado a PROYNE, pues en vista de todo el proceso judicial que
se ha llevado sólo impone más incertidumbre que claridad
o esperanzas.
Pero González insiste en que a los terceros compradores
no se les ha engañado, se les hizo promesas de venta
y
es que todo iba bien hasta que ISTA detuvo el procedimiento.
Agrega que los cooperativistas hicieron este negocio de la venta de
tierras porque vieron que iban a tener su solar de vivienda, que tendrían
una parcela para cultivar, que ya no iban a trabajar en cooperativa
y que del dinero de las ventas todavía les quedaría para
repartirlo, lo vieron como una buena idea. Incluso dijo
que uno de los impulsores de esto es el actual presidente del consejo
de administración.
Se quiso hacer ver que PROYNE no estaba autorizado para realizar
este tipo de trabajos, cuando ya han sido aprobados algunos por ISTA
y se han ido en pública subasta, se defiende González.
¿Y el dinero obtenido en todas estas transacciones? De la venta
de 724 manzanas a CASSA por ¢18,1 millones, sólo se sabe
por testimonio que ésta le pagó directamente
la deuda de poco más de ¢16 millones al BFA, lo cual no
pudo ser confirmado en la compañía porque no dio entrevista.
Sólo existe un detalle de liquidación firmado por el contador
de ese entonces, Alfonso Vásquez Martínez, en el que certifica
que de esa venta y el pago de varios compromisos, sólo restaron
¢853,123,95 para ser repartido entre los socios.
¿Y el dinero recibido por PROYNE por las tierras de la cooperativa?
Constan los recibos en los que Nerio López acepta importantes
sumas de dinero de parte de compradores terceros en su calidad de representante
legal y presidente de PROYNE. Pero el fallo de los jueces de sentencia
dice que no se pudo establecer a quién se le entregó el
dinero personalmente.
Conocer la versión de los ex dirigentes cooperativistas, que
permanecen en prisión, sobre todo este embrollo fue imposible.
No quisieron brindar entrevista
La Fiscalía acepta que, en efecto, no presentaron
cuentas bancarias en las que consta que Nerio López tiene ese
dinero producto de las ventas porque creyeron tener las pruebas suficientes.
Ante el fallo, la Fiscalía ha presentado un recurso de casación.
Pero la espera inquieta. Más ahora que enfrentan dos procesos
de embargo.
PROYNE demanda el pago de ¢8 millones porque, según él,
no le han pagado los servicios que supuestamente ha terminado. También
está el reclamo de ¢18 millones de parte de tres empresas
que supuestamente creó CASSA para adquirir las 724 manzanas.
Hay otras personas en el limbo. Los compradores, como
Hermenegildo, no saben si recibirán la devolución del
dinero que invirtieron o la tierra que soñaron.
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