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LA
COLUMNA

Los
derechos de la juventud
Quiero relatar dos hechos que, quizás,
no tengan nada en común y hasta sea un sacrilegio relacionarlos.
Miles de kilómetros y 50 años los separan. Son distintos
los protagonistas. Al menos los manifestantes. Porque la contraparte
es el mismo: El transporte público. Tal vez por eso lo relaciono.
Veamos. En 1955, las autoridades de Montgomery, Alabama, E. U., decidieron
arrestar a Rosa Parks por negarse a pasar a la parte trasera del autobús,
como disponía la ley.
Su arresto motivó a los afroamericanos a boicotear el servicio
de la ciudad durante doce meses y medio, bajo el liderazgo del Dr. Martin
Luther King, Jr. Antes de sentarse en la parte trasera de un autobús
(y de que les violaran claramente sus derechos), la gente de color tomó
la decisión de caminar, compartir autos o taxis hasta que obligaron
a las autoridades a ceder. Otra activista de color escribió,
después, que había experimentado un impulso de orgullo
al pensar como mi gente se había unido para imponer un cambio.
Eso me dio la esperanza de que tal vez las cosas pudieran cambiar
.
Y cambiaron, ese hecho marcó el principio del fin de la segregación
racial en ese país modelo para unos.
En 2004, cincuenta años después, un grupo de estudiantes
de Santa Ana decide, quizás sin saber el precedente, hacer lo
mismo. Sí, es cierto, esta vez a nadie intentaron bajar del bus,
como a la señora Parks, esta vez los buseros, sin autorización,
con premeditación y alevosía, deciden recetarse un incremento
de tres centavos en el pasaje a costa del sacrificio de miles de salvadoreños.
¿Qué son tres centavos? Para estos muchachos que apenas
van con un dólar a la escuelalos más afortunados
es un dineral.
Sacan sus bicicletas, patinetas, los que tienen, los que no, deciden
caminar. Varios días después, deciden hacer una manifestación,
lastimosamente con algunos arrebatos de violencia. Ese hecho me recordó
la historia de Rosa Parks y me dio esperanzas de que, también
yo sin saber lo que habían dicho hace 50 años, las cosas
podían cambiar. Pero no cambiaron. Ahora los estudiantes se enfrentan
a severas sanciones porque salieron a las calles evidentemente
manipulados por algún partido político. Qué lástima.
¿Por qué tenemos la manía de politizar todo? ¿Por
qué no dejar a la juventud tomar sus propias decisiones y hacer
valer sus derechos? Señora ministra, dialogue con ellos y luego
saque sus conclusiones. No caiga en el error de ignorar a la juventud.
Ellos son el futuro del país. Haga que nos sintamos orgullosos
de ellos, al menos de algunos de ellos. Si los castigamos por defender
sus derechos, enviamos un mal mensaje. ¿No cree?
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