18 de abril de 2004


LA COLUMNA

Erick L. Lemus
vertice@elsalvador.com

Un tejano en Nueva York

La relación de George W. Bush con los neoyorquinos es simpática. Cuando hizo campaña en la ciudad de la Gran Manzana, el papel del aspirante a presidente fue cauteloso; pero, después del ataque a las Torres Gemelas y con el carisma de Rudolph Giuliani, sobrevivió al costo político de la tragedia.

Pero la conmemoración del primer aniversario de la invasión a Irak ahora es una arenilla en el ojo del gobernante, de este hombre que rige los destinos de la única potencia hegemónica mundial.

La situación en Irak empeora. Hace una semana, uno de los ataques más fieros y espontáneamente organizados, le cobró la vida a Natividad Méndez Ramos (la única baja entre las cachimbonas fuerzas armadas salvadoreñas) y cobró con sangre el promedio habitual entre las filas estadounidenses. Natividad podía haber estado iniciando el segundo año en la universidad, si sus orígenes modestos no lo hubieran puesto contra la pared para sacar adelante a su familia. Pero los jóvenes soldados norteamericanos que mueren en Faluja, Bagdad, también rondan la misma edad.

Probablemente por eso y muchas razones más, como el memorándum que ha puesto en aprietos al sistema de seguridad de los Estados Unidos, que promete horadar la imagen de Condolezza Rice y el señor Bush, es que el periódico New York Times fue letal el pasado jueves: “El precio de la falta de curiosidad” tituló su editorial.

“El pueblo estadounidense sabía que George W. Bush era un hombre sin curiosidad cuando lo eligieron, pero las audiencias de la comisión que investiga los atentados del 11 de septiembre, que pasaron este miércoles del descuido y la irresponsabilidad del FBI a la visión borrosa de la CIA, llevaron ese hecho más cerca del objetivo de una forma asombrosa”, reza la cabecera.

El documento “inoportuno” y titulado “Bin Laden Determinado a Atacar en Estados Unidos” está fechado el 6 de agosto de 2001. Sí, repito: el 6 de agosto. Poco más de un mes antes de la tragedia. Y no sólo eso. El director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), George Tenet, no tuvo acceso ni al informe ni al presidente Bush durante ese agosto. ¿Curioso, no?

La CIA sufrió de enormes reducciones presupuestarios a lo largo de los años 90 y Tenet lo confirmó ante la comisión especial que juzga, hurga y analiza los hechos. Es decir, el mundo está de cabeza ante la amenaza terrorista no solo por el desacierto de la administración Bush. No, el problema hila al amigo de grandes y chicos también, el señor Bill Clinton, y al mismo Congreso, que es cohabitado por republicanos y demócratas. ¿Volverá la paz al mundo o es que acaso nunca la tuvimos?


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