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OPINIÓN
La
descendencia Arce
Una
respuesta obligada y con dedicatoria al autor de un artículo
de opinión
publicada en estas páginas hace una semana.
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El estimado profesional Dr. Héctor Mauricio Arce
Gutiérrez desde hace algún tiempo ha escrito y publicado
artículos sobre una descendencia del General Manuel José
Arce y Fagoaga basada en un proceso llevado a cabo en 1913, con testigos
que se presentaron en un Juzgado de San Salvador, a fin de obtener una
pensión del Gobierno para cuatro señoras de apellido Arce
que deseaban se les reconociese la calidad de miembros de la familia,
como nietas del General. El último y confrontativo artículo
en El Diario de Hoy es del domingo 11 de enero en curso,
acompañado de una foto del cuadro original de Arce, propiedad
de la familia Escalante Arce.
El señor Gutiérrez ha promovido una campaña para
que se le otorgue públicamente tal calidad, así como a
su familia, por descender de una de esas respetables señoras.
En sus escritos reitera el deseo de que se le tenga por tal, y comprendo
su actitud.
Pero yo le rogaría que aclare el nexo que él asegura con
el hijo de Manuel José Arce, con Bernardo, es decir dónde
vivió, cuándo y dónde murió, cómo
constante que Bernardo casó con la señora Juana Aguilar,
con la partida eclesiástica de matrimonio y las correspondientes
partidas de bautizo de sus hijos, a fin de tener luz sobre ese eslabón
nunca explicado, pues un expediente de Juzgado, por muy formal y auténtico
que sea no puede dilucidar un asunto genético y de sangre, a
pesar de una sentencia en debida forma que sirvió para recibir
la pensión mencionada. Sugiero la conveniencia de un examen de
ADN con los restos del General que hoy guarda la Fuerza Armada, para
mientras se les traslada al monumento-memorial del Zapote.
Así, el estimado Doctor no tendría que estar insistiendo
en un parentesco por los periódicos, pues ya quedaría
incólume y definitivo que él es de los Arce que le interesan
(y no de otros Arce, porque hay otras familias muy honorables con tal
apellido).
En cuanto a mi parentesco con el General Manuel José Arce, siempre
me he sentido orgulloso de mi descendencia colateral, no directa. Somos
sobrinos, descendientes directos de Pedro Arce y Fagoaga, su hermano,
y de Manuela Antonia Arce y Fagoaga, su hermana, casada con Domingo
Antonio de Lara, mis ascendientes. Es decir Arce por ambos lados y un
parentesco absolutamente innegable, patente, desde siempre reconocido.
En mi familia se guardan las pocas pertenencias que quedaron del General
después de la debacle y su expulsión de Centro América,
de su destierro en México y su muerte en San Salvador en 1847,
alejado de su íntimo círculo familiar por cuestiones políticas
del momento.
Mis rebisabuelos De Lara y Arce, y tíos al mismo tiempo, ya habían
muerto en la Antigua Guatemala de ellos vienen los Rubio y Lara,
Arce y Rubio, Díaz Durán y Arce, Valladares y RUbio, Valladares
y Aycinena, Beltranena y Valladares y muchos más, y sólo
quedaba en Sonsonate mi tatarabuelo Pedro, casado con Josefa Rascón
y Cuéllar, con ancestro mexicano, de San Luis Potosí,
con amplia ascendencia en los Arce y Rascón. Mi tatarabuelo Pedro
fue quien recogió la memoria de su hermano y atesoró su
recuerdo, junto con todo el bagaje de la historia que hemos recibido
las familias Arce de sangre: Escalante Arce, Lemus Arce, Vergara Arce,
Peña-Fernández Arce, Larrave Arce, García Arce,
Arce Bianchi, Arce y Valladares, y otras en El Salvador y Guatemala
y aun parientes lejanos en México.
Sobre mi apellido
En cuanto a que yo use el Escalante Arce como apellido compuesto en
el mundo de la historia, tengo pleno derecho, aunque por supuesto mi
madre, y con el mayor orgullo y cariño, es una Mena Ariz y yo
un Escalante Mena. Son usos y costumbres antañosas, de respeto
por los antepasados, que se comprenden cuando no hay nada que turbe
la cadena familiar, sin interrogantes ni angustias, sin fantasmas ni
complejos, y que no pretenden violentar normas legales, sólo
honrar la pertenencia y la identidad. Los apellidos, además de
obligación de la herencia biológica, son especiales y
particulares claves y símbolos de la historia e intimidad de
las familias. Por supuesto, no hay ninguna intención de lesionar
el derecho a ser un Arce de los nuestros que el Dr. Héctor Mauricio
Arce podría demostrar plenamente con pruebas incontestables y
con el ADN.
Los Escalante Arce y los Arce de sangre no necesitamos pregonar sobre
nosotros, el linaje es sin sobresaltos y tan claro como la luz del día,
se desliza suavemente en las generaciones como en una límpida
patena. Y esto lo escribo así con alguna reticencia, sólo
obligado por las circunstancias. Y en cuanto a la Academia Salvadoreña
de la Historia, honrosa y respetable institución, con muy dignos
miembros, ella no tiene en absoluto por qué inmiscuirse en batiburrillos
de descendencias,y en todo caso, si lo hace, será en base a fondos
documentales de absoluta validez y con certero criterio.
Si por esta primera y única oportunidad comento a pesar
de mí mismo sobre este embrollo muy penoso, porque estas
interrogantes familiares no son para aburridos y cansados aspavientos
y constituyen un verdadero y pretensioso irrespeto para los lectores,
por mucho que el General Arce sea una figura de primera magnitud en
nuestra historia independentista, si lo hago es con el deseo de dar
respuesta a las inquietudes del Dr. Arce Gutiérrez sobre los
Escalante Arce y los Arce de sangre. Creo que no hago mella en sus fervientes
deseos de parentesco con nosotros, al contrario, invito al respetado
Doctor polemista a que, además del ADN, aclare documental y contundentemente
la vida de Bernardo Arce, hijo de Manuel José, de quien dice
descender, pues no la conozco y siempre fue una interrogante en mi familia
qué sucedió con los hijos del General después de
haber residido juntos en México, en la hacienda de Galindo, en
las cercanías de Querétaro, y un período en Churubusco.
Además de otros hijos fallecidos, en 1860 vivían José
María, Teresa y Juana en Guatemala, y sólo una hija de
nombre Isabel se menciona en San Salvador. Pero no tenemos mayores detalles,
excepto algo sobre los Roca Arce guatemaltecos. Otro hijo, Salvador,
quedó en México, pero no hay nada de Bernardo, y hay indicios
por la tradición familiar de que puede haber muerto en la República
Mexicana. En todo caso para 1860 ya no existía. Los investigadores
han tenido discrepancia sobre esto, pero me baso en una Gaceta
de Guatemala de ese año. Sobre el resto de la familia Arce
están los apuntes genealógicos de varios autores.
Espero haber satisfecho las alusiones a los Escalante Arce y a los Arce
de sangre. No es propio de nosotros poner públicamente estas
cosas en papel, ni pregonar a los cuatro vientos asuntos de familia,
ni recargar las tintas en esos nexos cuando no hay necesidad, ya que
puede ser hasta una falta de elemental educación e incluso rondar
en la bajeza de espíritu. No hay ningún objetivo racional
en antagonizar cuando se tiene plena conciencia de lo que se es a
menos que exista una subyacente animadversión, que no es nuestro
caso, y yo no deseo polemizar con nadie, mucho menos con la familia
del Dr. Arce Gutiérrez, que tiene mi respeto y para algunos de
sus miembros un verdadero y grande afecto. Si alguna vez se puede confirmar
que realmente además de amigos somos parientes por la sangre,
con pruebas documentales fehacientes y la seguridad científica
del ADN, no porque lo diga un expediente de Juzgado, entonces me dará
mucho gusto aceptarlo. Hasta ese día, más vale la amistad
y espero conservarla.
*Historiador
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