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INTERNACIONAL
Al
grito de Muerte al Sha
Jomeini llegó al poder hace 25 años
Una
revolución islámica, encabezada por el ayatolá
Ruhollah Jomeini, acabó con
la monarquía prooccidental iraní del sha Reza Pahlavi
a fines de los años 70 y luego
Medio Oriente ardió contra la administración de Ronald
Reagan.
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Durante meses, miles de iraníes gritaron Muerte
al Sha en incesantes manifestaciones de protesta por Teherán
y otras ciudades de Irán. Cuando el sha Mohammed Reza Pahlavi
se mostró dispuesto, al parecer, a representar únicamente
al país y dejar el gobierno a su contrincante Shapur Bajtiar,
ya hacía tiempo que había perdido a su pueblo.
Cuando el rey de reyes salió del país el 16
de enero de hace 25 años en un avión privado para unas
vacaciones de descanso, ya intuía que sería
para no volver. En su despedida con unos pocos fieles seguidores, tenía
lágrimas en los ojos.
La noticia de la partida del odiado déspota causó gran
alegría a millones de iraníes. Después de un año
de manifestaciones pacíficas y enfrentamientos sangrientos, con
centenares de muertos, lo celebraron como si comenzaran una nueva vida.
Derribaron los monumentos de la dinastía Pahlavi y regalaron
a los soldados retratos, adornados con un collar de claveles, del ayatolá
Ruhollah Jomeini, un hombre al que la mayoría de los entonces
35 millones de iraníes chiítas musulmanes había
elegido como su ídolo y líder.
Desde su exilio en Francia comunicó a través de llamadas
telefónicas a los mullahs en Irán el derrocamiento
del sha; éstos luego difundieron entre la población su
mensaje reproduciendo los casetes en unas 80.000 mezquitas de todo el
país.
Desde el principio no dejó duda alguna sobre su intención
de convertir la monarquía en un Estado islámico, en el
que religión y política fueran un todo. Las advertencias
entonces de intelectuales iraníes de que Jomeini, un integrista
islámico, conduciría al país a una nueva dictadura
fueron desoídas.
El líder religioso, de 78 años y de perpetua mirada sombría,
hizo saber después de la partida del sha que regresaría
desde su exilio en París.
Miles de extranjeros, sin embargo, abandonaron el país preventivamente,
en parte por los eslóganes antiestadounidenses que se podían
escuchar en las calles.
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El
ayatolá Ruhollah Jomeini nunca ocultó su intención
de convertir la monarquía en un Estado islámico,
en el que religión y política fueran un todo.
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Estrategias sin éxito
Nuevos disturbios se vieron acompañados de persistentes rumores
sobre un alzamiento militar. Bajtiar intentó entonces, aunque
sin éxito, arrancar a Jomeini el reconocimiento de su gobierno.
Bloqueó durante días el aeropuerto de Teherán para,
al parecer, ganar tiempo.
Personas de todas partes del país marcharon a Teherán
para ofrecer una triunfal bienvenida a su ídolo, que finalmente
tuvo lugar el 1 de febrero de 1979: el imán (líder), pese
a los militares, pudo aterrizar en el país, 15 años después
de haber tenido que abandonarlo.
Cuando se abrió la puerta del avión, apareció en
sandalias, saludó con escasos gestos y desató una histeria
colectiva que rozaba el éxtasis.
Su victoria, sin embargo, estaba en el filo de la navaja. Las informaciones
sobre grupos de extrema izquierda o de
derecha que provocaban enfrentamientos sangrientos en Teherán
por su propia cuenta no hacían más que multiplicarse.
El líder de la Revolución endureció la lucha por
el poder y contrapuso a Bajtiar su propio gobierno de transición.
Los toques de queda y la ley marcial fueron desafiados, al ser considerados
un complot de los militares contra la Revolución. El país
estaba al borde de una guerra civil.
El 10 de febrero, tropas de elite leales al sha marcharon en Teherán
contra los soldados de la Fuerza Aérea que se habían puesto
de parte de Jomeini. Combates y tiroteos se esparcieron. Los manifestantes
levantaron barricadas y saquearon arsenales del Ejército. La
policía y los soldados comenzaron a desertar.
Al día siguiente, el Ejército proclamó su neutralidad
y prácticamente se disolvió. Bajtiar desapareció.
Por la noche, radio Teherán interrumpía su programa y
anunció el fin del imperio.
Jomeini, inflexible, imperturbable, sin tregua ni cuartel, tenía
el poder.
Los herederos
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El
islam chiita, que profesa el 90 por ciento de los iraníes,
es la religión del Estado, que se consolidó desde
la caída del Sha.
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Los herederos de Jomeini se enfrentan con nuevos desafíos.
Independencia, libertad y República Islámica: éstas
eran las tres consignas de la revolución islámica, encabezada
por el ayatolá Ruhollah Jomeini, que hace 25 años causó
la caída de la monarquía de Irán.
Durante este cuarto de siglo, los herederos de Jomeini, entre ellos
su sucesor, el ayatolá Ali Jamenei, y el presidente Mohammed
Jatami, se han mantenido fieles a esos tres principios del sistema político
islámico. Incluso para Jatami, un político de tendencia
reformista, el sistema iraní es un modelo de valores sociales
y democracia religiosa con libertad. Sin embargo, su opinión
no es compartida por todos los iraníes.
Somos libres para expresar nuestra opinión, pero después
tenemos que pagar el precio, afirma el renombrado periodista y
disidente Mashallah Shamsol-Vaezin, quien fue a parar varias veces a
la cárcel Evin de Teherán, tristemente célebre,
a causa de sus opiniones manifiestas en la prensa.
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CRONOLOGÍA
- 16.01.1979: El sha de Persia huye
al exterior al continuar los disturbios antimonárquicos
en el país.
- 01.02.1979: El ayatolá Jomeini
regresa a Irán tras 15 años de exilio en Francia.
- 11.02.1979: El Ejército
de Irán se declara neutral. El último primer ministro
del régimen del sha, Shapur Bajtiar, pasa a la clandestinidad.
Se proclama el triunfo de la revolución islámica.
- 01.04.1979: Jomeini proclama la
República Islámica de Irán.
- 04.11.1979: Estudiantes iraníes
ocupan la embajada de Estados Unidos en Teherán, donde
toman como rehenes a 63 personas para exigir el regreso del sha
para someterlo a juicio y el cese de la intervención norteamericana
en los asuntos internos del país. La ocupación termina
444 días después con la puesta en libertad de los
últimos rehenes.
- 25.01.1980: Asume como presidente
de Irán Abolhassan Bani-Sadr, quien huye a Francia tras
ser derrocado en junio de 1981. Su sucesor, Mohammed Ali Rayani,
muere en un atentado en agosto.
- 27.07.1980: El derrocado sha de
Persia muere de un cáncer en El Cairo.
- 22.09.1980: Irak lanza un ataque
militar contra Irán. La guerra entre los dos países
se prolonga hasta 1988, causando más de 100.000 muertos
y enormes daños económicos.
- 02.10.1981: El ayatolá Ali
Jomenei es nombrado jefe de Estado.
- 20.01.1984: El gobierno de Estados
Unidos declara a Irán "patrocinador del terrorismo
internacional".
- 14.02.1989: El ayatolá Jomeini
emite una "fatwa" (edicto religioso) contra el escritor
de origen indio Salman Rushdie, condenándolo a muerte por
su libro "Los versos satánicos". Rushdie vive
los siguientes nueve años escondido, hasta que se levante
la "fatwa".
- 03.06.1989: Muere Jomeini. El ayatolá
Ali Jamenei le sucede como supremo líder religioso de Irán.
- 28.07.1989: Ali Ahbar Rafsandyani es nombrado nuevo presidente
de Irán.
- 23.05.1997: El reformista moderado
Mohammed Jatami sucede en el cargo a Rafsandyani. Comienza una
lucha por el poder entre reformistas y el clero conservador agrupado
en torno a Jamenei.
- 07.07.1999: La clausura del periódico
"Salaam", afín a Jatami, desata manifestaciones
estudiantiles en demanda de libertad de prensa y reformas políticas.
- 18.02.2000: Los partidarios de
una liberalización política cercanos al presidente
Jatami obtienen en las elecciones parlamentarias una mayoría
de dos tercios.
- 08.06.2001: El presidente Jatami
consigue la reelección con el 75 por ciento de los votos
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También el líder estudiantil Ali Afshari,
actualmente en prisión, reconoce que existe libertad en Irán,
pero sólo hasta cierto punto: El sistema, que permite reformas,
es una calle de sentido único; la otra dirección es tabú.
El aparato jurídico y el Consejo de Guardianes de la Constitución,
un órgano parecido a un senado, cuyos miembros son elegidos entre
el clero ultraconservador, intervienen radicalmente ante cualquier asomo
de secularización que amenace con socavar el sistema islámico.
El cierre de unos 80 periódicos y revistas liberales, el encarcelamiento
de al menos 20 periodistas y disidentes y el rechazo de leyes progresistas
promovidas por el Parlamento reformista en defensa de los derechos de
la mujer, de la situación de los presos políticos y en
contra de la tortura, por ejemplo, demuestran los límites de
la democracia iraní.
Nuestra revolución y nuestra historia tienen una identidad
religiosa, y el pueblo sigue defendiendo una democracia basada en la
religión, asegura Jatami. Pero, entre los reformistas y
estudiantes que hicieron posible los arrolladores triunfos del presidente
en las elecciones de 1997 y 2001 crecen no sólo las críticas
hacia el jefe de Estado, sino también la tendencia a favor de
un nuevo sistema político.
La nueva generación política propugna un sistema en que
el poder de decisión sólo corresponda a órganos
democráticamente elegidos y no a clérigos designados por
el establishment. Por ello, exige un nuevo referéndum
para que el futuro político del país sea decidido por
una población de casi 68 millones de habitantes, compuesta en
más de un 75 por ciento por personas que hace 25 años
aún no habían nacido o eran niños pequeños.
Ya no nos sentimos comprometidos con las decisiones de nuestros
padres, gritaron los estudiantes durante una manifestación
llevada a cabo el año pasado en la Universidad de Teherán.
La actual juventud politizada quiere un nuevo referéndum
que, según espera, derive en el colapso del sistema islámico
y nada más, sostiene el clérigo Ahmad Yannati.
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Los
herederos de Jomeini enfrentan nuevos desafíos frente al
lema independencia, libertad y República Islámica.
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Insatisfacción social
El descontento político en Irán también crece a
causa de la difícil situación económica en el país,
con subidas de precios y un nivel de desempleo que no deja de aumentar,
sobre todo entre los jóvenes. Las quejas se escuchan incluso
entre los que tienen un empleo relativamente bueno, debido a que la
inflación, de alrededor de un 15 por ciento anual, erosiona los
salarios. Casi todos los hombres en Irán se ven obligados a buscar
dos empleos, al tiempo que crece el número de mujeres que se
incorpora al mercado de trabajo.
Cuando la gente ya no aguante más, habrá un estallido
social, advierte el vicepresidente del Parlamento, Mohammed-Reza
Jatami, hermano del presidente iraní y líder del principal
partido reformista del país, el Frente de Participación
Islámica de Irán.
En el ámbito de la política exterior, Irán ha dado
algunos pasos encaminados a mejorar las relaciones con Occidente. A
diferencia de Estados Unidos, cuyo presidente, George W. Bush, incluyó
a Irán en su eje del mal, la Unión Europea
ha mantenido su diálogo con Teherán.
Al menos en Cercano Oriente, Irán es uno de los países
más democráticos, aun cuando no cumpla con nuestras propias
normas, asevera un diplomático europeo en Teherán.
Sin embargo, para que Irán sea aceptado plenamente como miembro
de la comunidad internacional, el país debe cumplir otras condiciones,
desempeñando un papel positivo en la lucha contra el terrorismo
y suavizando su dura política hacia Israel en el conflicto con
los palestinos, por ejemplo.
De todas formas, Irán dio un paso en la dirección correcta
al suscribir en diciembre el Protocolo Adicional del Tratado de No Proliferación
Nuclear, que permite a expertos internacionales realizar inspecciones
irrestrictas a sus instalaciones nucleares para verificar que el país
no desarrolle un programa para la fabricación de armas atómicas.
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El
país más poblado de Cercano Oriente
Irán
tiene una superficie de 1,6 millones de kilómetros cuadrados,
casi cinco veces más que Alemania. La capital, Teherán,
y sus alrededores cuentan con más de 11 millones de habitantes.
Con 68 millones de habitantes, la República Islámica
de Irán es el país más poblado de Cercano
Oriente. La población de Irán se ha duplicado holgadamente
desde la revolución de 1979. La tercera parte son jóvenes
menores de 15 años.
La mitad de la población son persas. Las principales minorías
étnicas están compuestas por azerbaiyanos y kurdos.
El islam chiíta, que profesa el 90 por ciento de los iraníes,
es la religión del Estado. El diez por ciento restante
pertenece a la comunidad musulmana sunita. El líder supremo
religioso, ayatolá Ali Jamenei, es a la vez la máxima
autoridad del Estado. El presidente elegido es Mohammed Jatami,
quien es considerado como un reformista.
Los principales pilares de la economía iraní son
el petróleo y el gas natural, que aportan el 20 por ciento
del producto interior bruto del país.
Una reserva codiciada
El suroeste de Irán alberga la décima parte de todas
las reservas de petróleo del mundo. En el año 2002,
la producción petrolera de Irán alcanzó unos
170 millones de toneladas. Sólo Rusia cuenta con mayores
reservas de gas natural que Irán.
Casi la mitad de la población económicamente activa
trabaja en el sector servicios.
Uno de cada tres iraníes vive de la agricultura y uno de
cada cuatro se gana la vida en la industria. La tasa oficial de
desempleo y el índice de inflación se sitúan
ambos en el 16 por ciento. El crecimiento económico es
de un 6 por ciento.
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