.18 de enero de 2004


INTERNACIONAL

Al grito de “Muerte al Sha”
Jomeini llegó al poder hace 25 años

Una revolución islámica, encabezada por el ayatolá Ruhollah Jomeini, acabó con
la monarquía prooccidental iraní del sha Reza Pahlavi a fines de los años 70 y luego
Medio Oriente ardió contra la administración de Ronald Reagan.

Gerd Rainer Neu y
Farshid Motahari/dpa

vertice@elsalvador.com

Durante meses, miles de iraníes gritaron “Muerte al Sha” en incesantes manifestaciones de protesta por Teherán y otras ciudades de Irán. Cuando el sha Mohammed Reza Pahlavi se mostró dispuesto, al parecer, a representar únicamente al país y dejar el gobierno a su contrincante Shapur Bajtiar, ya hacía tiempo que había perdido a su pueblo.

Cuando el “rey de reyes” salió del país el 16 de enero de hace 25 años en un avión privado para unas “vacaciones de descanso”, ya intuía que sería para no volver. En su despedida con unos pocos fieles seguidores, tenía lágrimas en los ojos.

La noticia de la partida del odiado déspota causó gran alegría a millones de iraníes. Después de un año de manifestaciones pacíficas y enfrentamientos sangrientos, con centenares de muertos, lo celebraron como si comenzaran una nueva vida.

Derribaron los monumentos de la dinastía Pahlavi y regalaron a los soldados retratos, adornados con un collar de claveles, del ayatolá Ruhollah Jomeini, un hombre al que la mayoría de los entonces 35 millones de iraníes chiítas musulmanes había elegido como su ídolo y líder.

Desde su exilio en Francia comunicó a través de llamadas telefónicas a los “mullahs” en Irán el derrocamiento del sha; éstos luego difundieron entre la población su mensaje reproduciendo los casetes en unas 80.000 mezquitas de todo el país.

Desde el principio no dejó duda alguna sobre su intención de convertir la monarquía en un Estado islámico, en el que religión y política fueran un todo. Las advertencias entonces de intelectuales iraníes de que Jomeini, un integrista islámico, conduciría al país a una nueva dictadura fueron desoídas.

El líder religioso, de 78 años y de perpetua mirada sombría, hizo saber después de la partida del sha que regresaría desde su exilio en París.

Miles de extranjeros, sin embargo, abandonaron el país preventivamente, en parte por los eslóganes antiestadounidenses que se podían escuchar en las calles.

El ayatolá Ruhollah Jomeini nunca ocultó su intención de convertir la monarquía en un Estado islámico, en el que religión y política fueran un todo.

Estrategias sin éxito

Nuevos disturbios se vieron acompañados de persistentes rumores sobre un alzamiento militar. Bajtiar intentó entonces, aunque sin éxito, arrancar a Jomeini el reconocimiento de su gobierno. Bloqueó durante días el aeropuerto de Teherán para, al parecer, ganar tiempo.

Personas de todas partes del país marcharon a Teherán para ofrecer una triunfal bienvenida a su ídolo, que finalmente tuvo lugar el 1 de febrero de 1979: el imán (líder), pese a los militares, pudo aterrizar en el país, 15 años después de haber tenido que abandonarlo.

Cuando se abrió la puerta del avión, apareció en sandalias, saludó con escasos gestos y desató una histeria colectiva que rozaba el éxtasis.

Su victoria, sin embargo, estaba en el filo de la navaja. Las informaciones sobre grupos de extrema izquierda o de
derecha que provocaban enfrentamientos sangrientos en Teherán por su propia cuenta no hacían más que multiplicarse. El líder de la Revolución endureció la lucha por el poder y contrapuso a Bajtiar su propio gobierno de transición.

Los toques de queda y la ley marcial fueron desafiados, al ser considerados un complot de los militares contra la Revolución. El país estaba al borde de una guerra civil.

El 10 de febrero, tropas de elite leales al sha marcharon en Teherán contra los soldados de la Fuerza Aérea que se habían puesto de parte de Jomeini. Combates y tiroteos se esparcieron. Los manifestantes levantaron barricadas y saquearon arsenales del Ejército. La policía y los soldados comenzaron a desertar.

Al día siguiente, el Ejército proclamó su neutralidad y prácticamente se disolvió. Bajtiar desapareció. Por la noche, radio Teherán interrumpía su programa y anunció el fin del imperio.

Jomeini, inflexible, imperturbable, sin tregua ni cuartel, tenía el poder.

Los herederos

El islam chiita, que profesa el 90 por ciento de los iraníes, es la religión del Estado, que se consolidó desde la caída del Sha.

Los herederos de Jomeini se enfrentan con nuevos desafíos. Independencia, libertad y República Islámica: éstas eran las tres consignas de la revolución islámica, encabezada por el ayatolá Ruhollah Jomeini, que hace 25 años causó la caída de la monarquía de Irán.

Durante este cuarto de siglo, los herederos de Jomeini, entre ellos su sucesor, el ayatolá Ali Jamenei, y el presidente Mohammed Jatami, se han mantenido fieles a esos tres principios del sistema político islámico. Incluso para Jatami, un político de tendencia reformista, el sistema iraní es un modelo de valores sociales y democracia religiosa con libertad. Sin embargo, su opinión no es compartida por todos los iraníes.

“Somos libres para expresar nuestra opinión, pero después tenemos que pagar el precio”, afirma el renombrado periodista y disidente Mashallah Shamsol-Vaezin, quien fue a parar varias veces a la cárcel Evin de Teherán, tristemente célebre, a causa de sus opiniones manifiestas en la prensa.

CRONOLOGÍA
- 16.01.1979: El sha de Persia huye al exterior al continuar los disturbios antimonárquicos en el país.
- 01.02.1979: El ayatolá Jomeini regresa a Irán tras 15 años de exilio en Francia.
- 11.02.1979: El Ejército de Irán se declara neutral. El último primer ministro del régimen del sha, Shapur Bajtiar, pasa a la clandestinidad. Se proclama el triunfo de la revolución islámica.
- 01.04.1979: Jomeini proclama la República Islámica de Irán.
- 04.11.1979: Estudiantes iraníes ocupan la embajada de Estados Unidos en Teherán, donde toman como rehenes a 63 personas para exigir el regreso del sha para someterlo a juicio y el cese de la intervención norteamericana en los asuntos internos del país. La ocupación termina 444 días después con la puesta en libertad de los últimos rehenes.
- 25.01.1980: Asume como presidente de Irán Abolhassan Bani-Sadr, quien huye a Francia tras ser derrocado en junio de 1981. Su sucesor, Mohammed Ali Rayani, muere en un atentado en agosto.
- 27.07.1980: El derrocado sha de Persia muere de un cáncer en El Cairo.
- 22.09.1980: Irak lanza un ataque militar contra Irán. La guerra entre los dos países se prolonga hasta 1988, causando más de 100.000 muertos y enormes daños económicos.
- 02.10.1981: El ayatolá Ali Jomenei es nombrado jefe de Estado.
- 20.01.1984: El gobierno de Estados Unidos declara a Irán "patrocinador del terrorismo internacional".
- 14.02.1989: El ayatolá Jomeini emite una "fatwa" (edicto religioso) contra el escritor de origen indio Salman Rushdie, condenándolo a muerte por su libro "Los versos satánicos". Rushdie vive los siguientes nueve años escondido, hasta que se levante la "fatwa".
- 03.06.1989: Muere Jomeini. El ayatolá Ali Jamenei le sucede como supremo líder religioso de Irán.
- 28.07.1989: Ali Ahbar Rafsandyani es nombrado nuevo presidente de Irán.
- 23.05.1997: El reformista moderado Mohammed Jatami sucede en el cargo a Rafsandyani. Comienza una lucha por el poder entre reformistas y el clero conservador agrupado en torno a Jamenei.
- 07.07.1999: La clausura del periódico "Salaam", afín a Jatami, desata manifestaciones estudiantiles en demanda de libertad de prensa y reformas políticas.
- 18.02.2000: Los partidarios de una liberalización política cercanos al presidente Jatami obtienen en las elecciones parlamentarias una mayoría de dos tercios.
- 08.06.2001: El presidente Jatami consigue la reelección con el 75 por ciento de los votos

También el líder estudiantil Ali Afshari, actualmente en prisión, reconoce que existe libertad en Irán, pero sólo hasta cierto punto: “El sistema, que permite reformas, es una calle de sentido único; la otra dirección es tabú”.

El aparato jurídico y el Consejo de Guardianes de la Constitución, un órgano parecido a un senado, cuyos miembros son elegidos entre el clero ultraconservador, intervienen radicalmente ante cualquier asomo de secularización que amenace con socavar el sistema islámico.

El cierre de unos 80 periódicos y revistas liberales, el encarcelamiento de al menos 20 periodistas y disidentes y el rechazo de leyes progresistas promovidas por el Parlamento reformista en defensa de los derechos de la mujer, de la situación de los presos políticos y en contra de la tortura, por ejemplo, demuestran los límites de la democracia iraní.

“Nuestra revolución y nuestra historia tienen una identidad religiosa, y el pueblo sigue defendiendo una democracia basada en la religión”, asegura Jatami. Pero, entre los reformistas y estudiantes que hicieron posible los arrolladores triunfos del presidente en las elecciones de 1997 y 2001 crecen no sólo las críticas hacia el jefe de Estado, sino también la tendencia a favor de un nuevo sistema político.

La nueva generación política propugna un sistema en que el poder de decisión sólo corresponda a órganos democráticamente elegidos y no a clérigos designados por el “establishment”. Por ello, exige un nuevo referéndum para que el futuro político del país sea decidido por una población de casi 68 millones de habitantes, compuesta en más de un 75 por ciento por personas que hace 25 años aún no habían nacido o eran niños pequeños.

“Ya no nos sentimos comprometidos con las decisiones de nuestros padres”, gritaron los estudiantes durante una manifestación llevada a cabo el año pasado en la Universidad de Teherán. La actual juventud politizada “quiere un nuevo referéndum que, según espera, derive en el colapso del sistema islámico y nada más”, sostiene el clérigo Ahmad Yannati.

Los herederos de Jomeini enfrentan nuevos desafíos frente al lema “independencia, libertad y República Islámica”.

Insatisfacción social

El descontento político en Irán también crece a causa de la difícil situación económica en el país, con subidas de precios y un nivel de desempleo que no deja de aumentar, sobre todo entre los jóvenes. Las quejas se escuchan incluso entre los que tienen un empleo relativamente bueno, debido a que la inflación, de alrededor de un 15 por ciento anual, erosiona los salarios. Casi todos los hombres en Irán se ven obligados a buscar dos empleos, al tiempo que crece el número de mujeres que se incorpora al mercado de trabajo.

“Cuando la gente ya no aguante más, habrá un estallido social”, advierte el vicepresidente del Parlamento, Mohammed-Reza Jatami, hermano del presidente iraní y líder del principal partido reformista del país, el Frente de Participación Islámica de Irán.

En el ámbito de la política exterior, Irán ha dado algunos pasos encaminados a mejorar las relaciones con Occidente. A diferencia de Estados Unidos, cuyo presidente, George W. Bush, incluyó a Irán en su “eje del mal”, la Unión Europea ha mantenido su diálogo con Teherán.

“Al menos en Cercano Oriente, Irán es uno de los países más democráticos, aun cuando no cumpla con nuestras propias normas”, asevera un diplomático europeo en Teherán.

Sin embargo, para que Irán sea aceptado plenamente como miembro de la comunidad internacional, el país debe cumplir otras condiciones, desempeñando un papel positivo en la lucha contra el terrorismo y suavizando su dura política hacia Israel en el conflicto con los palestinos, por ejemplo.

De todas formas, Irán dio un paso en la dirección correcta al suscribir en diciembre el Protocolo Adicional del Tratado de No Proliferación Nuclear, que permite a expertos internacionales realizar inspecciones irrestrictas a sus instalaciones nucleares para verificar que el país no desarrolle un programa para la fabricación de armas atómicas.

El país más poblado de Cercano Oriente

Irán tiene una superficie de 1,6 millones de kilómetros cuadrados, casi cinco veces más que Alemania. La capital, Teherán, y sus alrededores cuentan con más de 11 millones de habitantes.

Con 68 millones de habitantes, la República Islámica de Irán es el país más poblado de Cercano Oriente. La población de Irán se ha duplicado holgadamente desde la revolución de 1979. La tercera parte son jóvenes menores de 15 años.

La mitad de la población son persas. Las principales minorías étnicas están compuestas por azerbaiyanos y kurdos.

El islam chiíta, que profesa el 90 por ciento de los iraníes, es la religión del Estado. El diez por ciento restante pertenece a la comunidad musulmana sunita. El líder supremo religioso, ayatolá Ali Jamenei, es a la vez la máxima autoridad del Estado. El presidente elegido es Mohammed Jatami, quien es considerado como un reformista.

Los principales pilares de la economía iraní son el petróleo y el gas natural, que aportan el 20 por ciento del producto interior bruto del país.

Una reserva codiciada

El suroeste de Irán alberga la décima parte de todas las reservas de petróleo del mundo. En el año 2002, la producción petrolera de Irán alcanzó unos 170 millones de toneladas. Sólo Rusia cuenta con mayores reservas de gas natural que Irán.
Casi la mitad de la población económicamente activa trabaja en el sector servicios.

Uno de cada tres iraníes vive de la agricultura y uno de cada cuatro se gana la vida en la industria. La tasa oficial de desempleo y el índice de inflación se sitúan ambos en el 16 por ciento. El crecimiento económico es de un 6 por ciento.




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