16 de mayo de 2004


OPINIÓN

A 21 años del asesinato de "Ana María"
El sordido episodio de la carretera sur

Marvin Galeas*
vertice@elsalvador.com

En la madrugada del 6 de Abril de 1983, tres hombres se desplazaban de manera sigilosa por los patios, veredas y predios baldíos aledaños a la Carretera Sur en los alrededores de Managua, la capital nicaragüense.

Iban vestidos con ropas oscuras, zapatillas, guantes y pasamontañas. Solo los grillos y los ladridos de los perros, rompían la quietud de la calurosa noche. Llegaron a Montefresco, una elegante zona residencial en el kilómetro quince y medio de la Carretera Sur.

Escurridizos, bordearon muros y terrenos, y penetraron en una espaciosa casa con el número ciento veintiocho.

No tuvieron ningún problema para ingresar. Desde adentro les habían dejado abierto el portón que da al patio y la puerta de entrada a la casa. No se escuchaba ningún ruido. Todo estaba oscuro. En la sala de estar, una mujer les señaló una habitación. Los tres sujetos avanzaron, sin decir palabra.

Abrieron la puerta de la alcoba y alcanzaron a ver a la persona que solitaria dormía en su cama. Era una mujer de 54 años.

Los tres sujetos se hicieron señales. Sacaron de los pequeños bolsos que llevaban terciados navajas y picahielos. Blandieron las cortantes armas en sus puños. Uno de ellos se abalanzó sobre la mujer, le sujetó la cabeza mientras le tapaba la boca, otro la sostuvo por los pies, inmovilizándole las piernas, mientras el tercero, con brutales impulsos de su mano, le hundía una y otra vez un picahielos en el tórax.

La sangre que brotaba de las diminutas pero profundas heridas manchó poco a poco la ropa de dormir de la mujer. Para rematarla un segundo miembro degolló a la mujer con una navaja. La sangre brotó a borbotones. Eran las dos y treinta de la madrugada.

Mélida Anaya Montes nació el 17 de Mayo de 1929 en el pequeño poblado de Santiago Texacuangos, en la zona central de El Salvador. Fue profesora de educación media, subdirectora de la ciudad normal “Alberto Masferrer”. Se doctoró en ciencias de la educación en la Universidad de El Salvador en donde impartió clases en la década de los sesenta.

A finales de esa década se convirtió en una de las principales dirigentes de la asociación gremial ANDES 21 de Junio y condujo las huelgas de profesores de 1968 y 1971, que pusieron en serios aprietos al gobierno del coronel Fidel Sánchez Hernández. Precisamente en 1970, el ex secretario general del Partido Comunista Salvadoreño, Salvador Cayetano Carpio fundó el primer grupo guerrillero de El Salvador: Las Fuerzas Populares de Liberación-Farabundo Martí (FPL).

A mediados de los años setenta, Mélida Anaya Montes, llevó el gremio magisterial al Bloque Popular Revolucionario, BPR, frente de masas de las FPL. El BPR protagonizó huelgas, tomas de templos y embajadas,manifestaciones callejeras y toda la turbulencia que presagiaban la guerra que iba a sacudir al país en los años siguientes.

La comandante

Fue hasta en los primeros años de los ochenta cuando se dio a conocer públicamente que Mélida Anaya Montes, no sólo era dirigente del gremio magisterial, sino también la segunda responsable de las FPL, con el nombre de guerra de Comandante Ana María.

Su capacidad de liderazgo no sólo la llevó a dirigir el gremio magisterial, sino también a ser la segunda en el mando de las fpl.

Para ese momento su organización junto al Ejército Revolucionario del Pueblo, ERP; Resistencia Nacional, RN; Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos, PRTC, y el Partido Comunista Salvadoreño, PCS, se habían unido para formar el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional FMLN.

Salvador Cayetano Carpio, se había curtido desde mediados del siglo pasado, como líder del sindicato de los panificadores. Desde muy joven se enroló en las filas del pro soviético Partido Comunista, la organización más antigua de la izquierda salvadoreña, de la cual llegó a ser su secretario general.

Salvador Cayetano Carpio era delgado, bajo, ojillos achinados bajo gruesos lentes de miope y una hirsuta barba que le daba un aire al mítico Ho Chin Mhin, el líder comunista de Vietnam.

En los sesentas en el partido Comunista había dos tendencias que generaban amargas pugnas: Una era comenzar la lucha guerrillera y la otra era continuar penetrando sindicatos, cooptando partidos legales e infiltrando la fuerza armada. Esta última era la línea que apoyaba el Partido Comunista de la Unión Soviética, principal padrino de todos los partidos afiliados al Movimiento Comunista internacional.

Carpio rompió con el Partido Comunista, cuando se impuso la línea de Moscú apoyada por Schafik Jorge Handal, que se convirtió en el nuevo secretario general del PCS. Carpio, junto a otros militantes que lo apoyaban fundó en 1970 las FPL. En realidad esta organización sustentaba los mismos principios ideológicos del PCS, incluso su admiración por la URSS. La diferencia estaba en los métodos de lucha. Nada más.

La pugna

Como primer responsable de las FPL, Salvador Cayetano Carpio adoptó el nombre de “Comandante Marcial”. Era un hombre de ideas básicas y con un fanatismo más propio, de algunas sectas que de una organización política. A veces tomaba decisiones motivado más por el rencor personal, que por estrategias militares

Cayetano carpio era delgado, de baja estatura, ojos achinados bajo gruesos lentes de miope y una hirsuta barba que le daba un aire al mítico Ho Chin Mhin, el líder comunista vietnamita... Rompe lazos con el partido comunista salvadoreño y funda en 1970 las Fuerzas Armadas de liberación, fpl, donde pasa a llamarse “comandante marcial”. Esta organización asentaba los mismos principios ideológicos del PCS, pero se diferenciaba en sus métodos de lucha.

¿Culpable o inocente?
Las FPL, en diciembre de 1983, ya bajo el mando de Salvador Sánchez Cerén, emitieron un comunicado, en el que públicamente acusaron a Marcial de haber ordenado el asesinato de Ana María y de haberse “descompuesto ideológicamente”.
Algunas fuentes de alto nivel en el FMLN, aseguran que altos dirigentes cubanos y nicaragüenses obligaron a Marcial a suicidarse, sin embargo no hay suficientes indicios que sostengan esta especie.
En el alegato el abogado defensor de Bazzaglia, Alejandro Gutiérrez Mayorga, dijo que los grandes responsables del crimen de Mélida Anaya Montes son “los enemigos del pueblo salvadoreño que han obligado a los jóvenes y niños de El Salvador a aprender a luchar con las armas en la mano y los han conducido a una escuela en la cual se aprende a disparar para defender tiro a tiro los puntos de vista considerados justos”.
Bazzaglia, quien en el juicio sostuvo que la decisión fue personal, dijo que “la profunda calidad humana de nuestra practica revolucionaria nos imponía la obligación de ejecutar el objetivo sin el propósito de causar sufrimiento innecesario”. Agregó que ordenó el crimen porque “deseaba fervientemente y con profundo amor revolucionario el triunfo de la revolución salvadoreña, lo cual Ana María ponía en peligro”.
El juzgado segundo del crimen de Managua que ventiló el caso, sobreseyó definitivamente a Marcial del crimen de Mélida Anaya Montes. Rogelio Bazzaglia y el resto del comando que cometió el asesinato fueron puestos en libertad por una amnistía del gobierno de Violeta Chamorro.

Un ejemplo de ello ocurrió cuando en una manifestación del BPR, en mayo de 1979, fue abatida a balazos la profesora Emma Carpio, hija de Marcial. Enfurecido, Marcial ordenó el asesinato del ministro de educación Carlos Herrera Rebollo, quien fue ametrallado, cuando se dirigía en automóvil a su despacho en el centro de San Salvador.

El FMLN estaba convencido de que la revolución triunfaría en enero de 1981. Incluso sus principales jefes, que dirigían la guerra desde Managua, donde los sandinistas les habían dado elegantes residencias ubicadas, la mayoría, en la Carretera Sur, tuvieron amargas discusiones por el reparto de ministerios.

Sin embargo, la ofensiva del 10 de enero de ese año, no fue la final, sino la inicial de una guerra que se prolongaría hasta enero de 1992. Luego del fracaso de la ofensiva la mayoría de jefes guerrilleros impulsaron la idea de proponer al gobierno una amplia negociación para poner fin a la guerra y establecer un Gobierno de Amplia Participación integrado por representantes de sectores de toda la sociedad.

Sin embargo Marcial, rechazó esa estrategia. Sostenía que se debía luchar hasta el fin para establecer un gobierno con hegemonía de los obreros y campesinos y que la única negociación posible era la que llevaría a “rendirse al ejército y a la burguesía”. En enero de 1983, la mayoría de jefes guerrilleros de las FPL, liderados por Mélida Anaya Montes, se puso en contra de las extremas posiciones de Marcial.

En el fondo ambas posiciones querían el mismo objetivo: utilizar el mecanismo de diálogo y negociación con el enemigo como un arma para ganar espacios políticos mientras se hacía la guerra. La diferencia estaba en las formas de impulsar la estrategia y en las desconfianzas ideológicas hacia los potenciales aliados de “la burguesía”.

Marcial, a quien en las FPL se le rendía un verdadero culto, estaba herido en su amor propio. Sus posiciones estaban siendo derrotadas no sólo por las demás organizaciones del FMLN, sino por sus mismos compañeros de la FPL, la organización que el creó para “hacerle la guerra a los ricos y darle el poder a los pobres”. Su liderazgo estaba siendo desplazado por el de la comandante Ana María.

Decidió entonces ingresar a El Salvador, para tratar de conquistar adeptos a sus posiciones en los jefes guerrilleros y cuadros intermedios, y para no perder el control de la organización. Primero haría un viaje a Libia en abril de ese año, y desde allí, usando los mecanismos clandestinos viajar a El Salvador.

La conspiración

Antes de su partida, Carpio sostuvo en Managua varias reuniones con Rogelio Antonio Bazzaglia Recinos, comandante “Marcelo”. Según lideres de las FPL, en esas reuniones Carpio ordenó a Marcelo el asesinato de Mélida Anaya Montes.

Oponerse a las ideas extremistas de Cayetano habrían propiciado su asesinato.

Marcelo, quien en ese momento tenía 29 años, había ingresado a las FPL siendo apenas un adolescente. Era uno de los más jóvenes miembros del Comité Central y un hombre incondicional de Marcial. Cuando Carpio partió para Libia, Marcelo reunió a un grupo de combatientes de su más absoluta confianza: Julio Armando Sosa Orellana, alias Efrén; Santos Andrés Vásquez Molina, alias Jacinto y Walter Ernesto Elías, alias Francisco.

Marcelo, al ordenarles el “ajusticiamiento” les dijo: “Ana María ya no es compa, ella planea desprestigiar la personalidad revolucionaria del comandante Marcial y llevar al plano público las divergencias políticas internas”. Les ordenó evitar a toda costa hacer disparos y les informó que el personal de seguridad de Ana María estaba enterado y que actuarían de manera coordinada.

El crimen se llevó a cabo el 6 de abril. La fiscal del caso, la abogada Ninoska Arguello, expresó en su acusación que la muerte de Mélida Anaya Montes “fue provocada por ochenta y un punzadas, siendo degollada posteriormente”. La autopsia reveló que había rastros de semen en la víctima, pero se descartó totalmente que los victimarios la hayan violado.

Se supone que poco antes del asesinato, la comandante había tenido relaciones sexuales con un amante desconocido.

El suicidio

Marcial fue informado telefónicamente del asesinato de Ana María. El nueve de abril regresó a Managua para asistir a los funerales. Hasta ese momento la comandancia general del FMLN y el gobierno sandinista acusaron a la Agencia Central de Inteligencia CIA, de haber perpetrado el crimen. El New York Times, de esos días, muestra una foto del sepelio de Ana María, en donde aparece un preocupado Marcial, en medio de los comandantes sandinistas Tomás Borge y Daniel Ortega.

El mismo día de los funerales fue apresado Rogelio Bazzaglia, por agentes del Ministerio del Interior nicaragüense. El 12 de abril los agentes nicaragüenses habían capturado a todos los participantes en el asesinato.

Un día antes, dijo un comunicado del Ministerio del Interior, Bazzaglia declaró que “su acción le había sido orientada por Salvador Cayetano Carpio”. Ya en el juicio Bazzaglia se retractó de esta afirmación.

- Su muerte fue sangrienta. Mientras dormía, recibió en su tórax 81 punzadas y luego fue degollada.


- En Su muerte habrían conspirado desde su personal de seguridad hasta altos dirigentes guerrilleros.

El diario Barricada de Managua, informó que “al conocer las declaraciones de Bazzaglia Carpio se negó a comentarlas, no negándolas, ni aceptándolas y sumiéndose en un silencio absoluto”. Marcial, de hecho, ya estaba bajo arresto domiciliario, desde la misma noche del nueve de abril.

Ese día 12 de abril, emisarios del ministerio del Interior llegaron a la casa de Carpio, en la Carretera Sur y lo acusaron directamente de haber ordenado el asesinato. Le pidieron que renunciara a su cargo de comandante y que sería trasladado a un destino que no se ha podido precisar. Algunas versiones sostienen que entre los emisarios estaba el mismo ministro del Interior Tomás Borge.

Testimonios de militantes de las FPL que pidieron no ser identificados, indican que cuando los emisarios se fueron, Marcial pidió a su mujer, Tulita, que le preparara un par de huevos fritos.

Mientras ella cocinaba él se encerró en su estudio a escribir dos cartas, una dirigida a las jefaturas de las FPL y el FMLN y otra “al pueblo salvadoreño”. Luego tomó una pistola de cuatro bocas, que le había regalado el fallecido ex hombre fuerte de Panamá. Omar Torrijos y se disparó directo al corazón.

Si el suicidio fue inducido o, como lo afirman otros, se trató de un ajusticiamiento llevado a cabo por sicarios, la muerte de Marcial marcaba un macabro dueto con la de Mélida Anaya Montes en los alrededores de la Carretera Sur.

* El autor es editorialista de El Diario de Hoy.
Este artículo está basado en las siguientes fuentes: transcripciones del proceso que tuvo lugar en el juzgado segundo del distrito el crimen en Managua en 1983. Comunicados del FMLN y la FPL emitidos entre abril y diciembre de 1983. Artículo de Adolfo Gilly aparecido en la revista Nexos de México en abril de 1984 y testimonios de antiguos militantes de las FPL, que pidieron al autor no ser identificados.

 


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