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OPINIÓN
A
21 años del asesinato de "Ana María"
El sordido episodio de la carretera sur
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En la madrugada del 6 de Abril de 1983, tres hombres
se desplazaban de manera sigilosa por los patios, veredas y predios
baldíos aledaños a la Carretera Sur en los alrededores
de Managua, la capital nicaragüense.
Iban vestidos con ropas oscuras, zapatillas, guantes y pasamontañas.
Solo los grillos y los ladridos de los perros, rompían la quietud
de la calurosa noche. Llegaron a Montefresco, una elegante zona residencial
en el kilómetro quince y medio de la Carretera Sur.
Escurridizos, bordearon muros y terrenos, y penetraron en una espaciosa
casa con el número ciento veintiocho.
No tuvieron ningún problema para ingresar. Desde adentro les
habían dejado abierto el portón que da al patio y la puerta
de entrada a la casa. No se escuchaba ningún ruido. Todo estaba
oscuro. En la sala de estar, una mujer les señaló una
habitación. Los tres sujetos avanzaron, sin decir palabra.
Abrieron la puerta de la alcoba y alcanzaron a ver a la persona que
solitaria dormía en su cama. Era una mujer de 54 años.
Los tres sujetos se hicieron señales. Sacaron de los pequeños
bolsos que llevaban terciados navajas y picahielos. Blandieron las cortantes
armas en sus puños. Uno de ellos se abalanzó sobre la
mujer, le sujetó la cabeza mientras le tapaba la boca, otro la
sostuvo por los pies, inmovilizándole las piernas, mientras el
tercero, con brutales impulsos de su mano, le hundía una y otra
vez un picahielos en el tórax.
La sangre que brotaba de las diminutas pero profundas heridas manchó
poco a poco la ropa de dormir de la mujer. Para rematarla un segundo
miembro degolló a la mujer con una navaja. La sangre brotó
a borbotones. Eran las dos y treinta de la madrugada.
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Mélida Anaya Montes nació el 17 de Mayo
de 1929 en el pequeño poblado de Santiago Texacuangos, en la
zona central de El Salvador. Fue profesora de educación media,
subdirectora de la ciudad normal “Alberto Masferrer”. Se
doctoró en ciencias de la educación en la Universidad
de El Salvador en donde impartió clases en la década de
los sesenta.
A finales de esa década se convirtió en una de las principales
dirigentes de la asociación gremial ANDES 21 de Junio y condujo
las huelgas de profesores de 1968 y 1971, que pusieron en serios aprietos
al gobierno del coronel Fidel Sánchez Hernández. Precisamente
en 1970, el ex secretario general del Partido Comunista Salvadoreño,
Salvador Cayetano Carpio fundó el primer grupo guerrillero de
El Salvador: Las Fuerzas Populares de Liberación-Farabundo Martí
(FPL).
A mediados de los años setenta, Mélida Anaya Montes, llevó
el gremio magisterial al Bloque Popular Revolucionario, BPR, frente
de masas de las FPL. El BPR protagonizó huelgas, tomas de templos
y embajadas,manifestaciones callejeras y toda la turbulencia que presagiaban
la guerra que iba a sacudir al país en los años siguientes.
La comandante
Fue hasta en los primeros años de los ochenta cuando se dio a
conocer públicamente que Mélida Anaya Montes, no sólo
era dirigente del gremio magisterial, sino también la segunda
responsable de las FPL, con el nombre de guerra de Comandante Ana María.
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| Su
capacidad de liderazgo no sólo la llevó a dirigir
el gremio magisterial, sino también a ser la segunda en el
mando de las fpl. |
Para ese momento su organización junto al Ejército
Revolucionario del Pueblo, ERP; Resistencia Nacional, RN; Partido Revolucionario
de los Trabajadores Centroamericanos, PRTC, y el Partido Comunista Salvadoreño,
PCS, se habían unido para formar el Frente Farabundo Martí
para la Liberación Nacional FMLN.
Salvador Cayetano Carpio, se había curtido desde mediados del
siglo pasado, como líder del sindicato de los panificadores.
Desde muy joven se enroló en las filas del pro soviético
Partido Comunista, la organización más antigua de la izquierda
salvadoreña, de la cual llegó a ser su secretario general.
Salvador Cayetano Carpio era delgado, bajo, ojillos achinados bajo gruesos
lentes de miope y una hirsuta barba que le daba un aire al mítico
Ho Chin Mhin, el líder comunista de Vietnam.
En los sesentas en el partido Comunista había dos tendencias
que generaban amargas pugnas: Una era comenzar la lucha guerrillera
y la otra era continuar penetrando sindicatos, cooptando partidos legales
e infiltrando la fuerza armada. Esta última era la línea
que apoyaba el Partido Comunista de la Unión Soviética,
principal padrino de todos los partidos afiliados al Movimiento Comunista
internacional.
Carpio rompió con el Partido Comunista, cuando se impuso la línea
de Moscú apoyada por Schafik Jorge Handal, que se convirtió
en el nuevo secretario general del PCS. Carpio, junto a otros militantes
que lo apoyaban fundó en 1970 las FPL. En realidad esta organización
sustentaba los mismos principios ideológicos del PCS, incluso
su admiración por la URSS. La diferencia estaba en los métodos
de lucha. Nada más.
La pugna
Como primer responsable de las FPL, Salvador Cayetano Carpio adoptó
el nombre de “Comandante Marcial”. Era un hombre de ideas
básicas y con un fanatismo más propio, de algunas sectas
que de una organización política. A veces tomaba decisiones
motivado más por el rencor personal, que por estrategias militares

Cayetano
carpio era delgado, de baja estatura, ojos achinados bajo gruesos
lentes de miope y una hirsuta barba que le daba un aire al mítico
Ho Chin Mhin, el líder comunista vietnamita... Rompe
lazos con el partido comunista salvadoreño y funda en
1970 las Fuerzas Armadas de liberación, fpl, donde pasa
a llamarse “comandante marcial”. Esta organización
asentaba los mismos principios ideológicos del PCS, pero
se diferenciaba en sus métodos de lucha.
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¿Culpable
o inocente?
Las FPL, en diciembre de 1983, ya bajo el mando de Salvador Sánchez
Cerén, emitieron un comunicado, en el que públicamente
acusaron a Marcial de haber ordenado el asesinato de Ana María
y de haberse “descompuesto ideológicamente”.
Algunas fuentes de alto nivel en el FMLN, aseguran que altos dirigentes
cubanos y nicaragüenses obligaron a Marcial a suicidarse, sin
embargo no hay suficientes indicios que sostengan esta especie.
En el alegato el abogado defensor de Bazzaglia, Alejandro Gutiérrez
Mayorga, dijo que los grandes responsables del crimen de Mélida
Anaya Montes son “los enemigos del pueblo salvadoreño
que han obligado a los jóvenes y niños de El Salvador
a aprender a luchar con las armas en la mano y los han conducido
a una escuela en la cual se aprende a disparar para defender tiro
a tiro los puntos de vista considerados justos”.
Bazzaglia, quien en el juicio sostuvo que la decisión fue
personal, dijo que “la profunda calidad humana de nuestra
practica revolucionaria nos imponía la obligación
de ejecutar el objetivo sin el propósito de causar sufrimiento
innecesario”. Agregó que ordenó el crimen porque
“deseaba fervientemente y con profundo amor revolucionario
el triunfo de la revolución salvadoreña, lo cual Ana
María ponía en peligro”.
El juzgado segundo del crimen de Managua que ventiló el caso,
sobreseyó definitivamente a Marcial del crimen de Mélida
Anaya Montes. Rogelio Bazzaglia y el resto del comando que cometió
el asesinato fueron puestos en libertad por una amnistía
del gobierno de Violeta Chamorro. |
Un ejemplo de ello ocurrió cuando en una manifestación
del BPR, en mayo de 1979, fue abatida a balazos la profesora Emma Carpio,
hija de Marcial. Enfurecido, Marcial ordenó el asesinato del
ministro de educación Carlos Herrera Rebollo, quien fue ametrallado,
cuando se dirigía en automóvil a su despacho en el centro
de San Salvador.
El FMLN estaba convencido de que la revolución triunfaría
en enero de 1981. Incluso sus principales jefes, que dirigían
la guerra desde Managua, donde los sandinistas les habían dado
elegantes residencias ubicadas, la mayoría, en la Carretera Sur,
tuvieron amargas discusiones por el reparto de ministerios.
Sin embargo, la ofensiva del 10 de enero de ese año, no fue la
final, sino la inicial de una guerra que se prolongaría hasta
enero de 1992. Luego del fracaso de la ofensiva la mayoría de
jefes guerrilleros impulsaron la idea de proponer al gobierno una amplia
negociación para poner fin a la guerra y establecer un Gobierno
de Amplia Participación integrado por representantes de sectores
de toda la sociedad.
Sin embargo Marcial, rechazó esa estrategia.
Sostenía que se debía luchar hasta el fin para establecer
un gobierno con hegemonía de los obreros y campesinos y que la
única negociación posible era la que llevaría a
“rendirse al ejército y a la burguesía”. En
enero de 1983, la mayoría de jefes guerrilleros de las FPL, liderados
por Mélida Anaya Montes, se puso en contra de las extremas posiciones
de Marcial.
En el fondo ambas posiciones querían el mismo objetivo: utilizar
el mecanismo de diálogo y negociación con el enemigo como
un arma para ganar espacios políticos mientras se hacía
la guerra. La diferencia estaba en las formas de impulsar la estrategia
y en las desconfianzas ideológicas hacia los potenciales aliados
de “la burguesía”.
Marcial, a quien en las FPL se le rendía un verdadero culto,
estaba herido en su amor propio. Sus posiciones estaban siendo derrotadas
no sólo por las demás organizaciones del FMLN, sino por
sus mismos compañeros de la FPL, la organización que el
creó para “hacerle la guerra a los ricos y darle el poder
a los pobres”. Su liderazgo estaba siendo desplazado por el de
la comandante Ana María.
Decidió entonces ingresar a El Salvador, para tratar de conquistar
adeptos a sus posiciones en los jefes guerrilleros y cuadros intermedios,
y para no perder el control de la organización. Primero haría
un viaje a Libia en abril de ese año, y desde allí, usando
los mecanismos clandestinos viajar a El Salvador.
La conspiración
Antes de su partida, Carpio sostuvo en Managua varias reuniones con
Rogelio Antonio Bazzaglia Recinos, comandante “Marcelo”.
Según lideres de las FPL, en esas reuniones Carpio ordenó
a Marcelo el asesinato de Mélida Anaya Montes.
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| Oponerse a las ideas
extremistas de Cayetano habrían propiciado su asesinato. |
Marcelo, quien en ese momento tenía 29 años,
había ingresado a las FPL siendo apenas un adolescente. Era uno
de los más jóvenes miembros del Comité Central
y un hombre incondicional de Marcial. Cuando Carpio partió para
Libia, Marcelo reunió a un grupo de combatientes de su más
absoluta confianza: Julio Armando Sosa Orellana, alias Efrén;
Santos Andrés Vásquez Molina, alias Jacinto y Walter Ernesto
Elías, alias Francisco.
Marcelo, al ordenarles el “ajusticiamiento” les dijo: “Ana
María ya no es compa, ella planea desprestigiar la personalidad
revolucionaria del comandante Marcial y llevar al plano público
las divergencias políticas internas”. Les ordenó
evitar a toda costa hacer disparos y les informó que el personal
de seguridad de Ana María estaba enterado y que actuarían
de manera coordinada.
El crimen se llevó a cabo el 6 de abril. La fiscal
del caso, la abogada Ninoska Arguello, expresó en su acusación
que la muerte de Mélida Anaya Montes “fue provocada por
ochenta y un punzadas, siendo degollada posteriormente”. La autopsia
reveló que había rastros de semen en la víctima,
pero se descartó totalmente que los victimarios la hayan violado.
Se supone que poco antes del asesinato, la comandante había tenido
relaciones sexuales con un amante desconocido.
El suicidio
Marcial fue informado telefónicamente del asesinato de Ana María.
El nueve de abril regresó a Managua para asistir a los funerales.
Hasta ese momento la comandancia general del FMLN y el gobierno sandinista
acusaron a la Agencia Central de Inteligencia CIA, de haber perpetrado
el crimen. El New York Times, de esos días, muestra una foto
del sepelio de Ana María, en donde aparece un preocupado Marcial,
en medio de los comandantes sandinistas Tomás Borge y Daniel
Ortega.
El mismo día de los funerales fue apresado Rogelio Bazzaglia,
por agentes del Ministerio del Interior nicaragüense. El 12 de
abril los agentes nicaragüenses habían capturado a todos
los participantes en el asesinato.
Un día antes, dijo un comunicado del Ministerio del Interior,
Bazzaglia declaró que “su acción le había
sido orientada por Salvador Cayetano Carpio”. Ya en el juicio
Bazzaglia se retractó de esta afirmación.
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Su muerte fue sangrienta. Mientras dormía, recibió
en su tórax 81 punzadas y luego fue degollada.
- En Su muerte habrían conspirado desde su personal de
seguridad hasta altos dirigentes guerrilleros.
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El diario Barricada de Managua, informó que “al
conocer las declaraciones de Bazzaglia Carpio se negó a comentarlas,
no negándolas, ni aceptándolas y sumiéndose en
un silencio absoluto”. Marcial, de hecho, ya estaba bajo arresto
domiciliario, desde la misma noche del nueve de abril.
Ese día 12 de abril, emisarios del ministerio del Interior llegaron
a la casa de Carpio, en la Carretera Sur y lo acusaron directamente
de haber ordenado el asesinato. Le pidieron que renunciara a su cargo
de comandante y que sería trasladado a un destino que no se ha
podido precisar. Algunas versiones sostienen que entre los emisarios
estaba el mismo ministro del Interior Tomás Borge.
Testimonios de militantes de las FPL que pidieron no ser identificados,
indican que cuando los emisarios se fueron, Marcial pidió a su
mujer, Tulita, que le preparara un par de huevos fritos.
Mientras ella cocinaba él se encerró en su estudio a escribir
dos cartas, una dirigida a las jefaturas de las FPL y el FMLN y otra
“al pueblo salvadoreño”. Luego tomó una pistola
de cuatro bocas, que le había regalado el fallecido ex hombre
fuerte de Panamá. Omar Torrijos y se disparó directo al
corazón.
Si el suicidio fue inducido o, como lo afirman otros, se trató
de un ajusticiamiento llevado a cabo por sicarios, la muerte de Marcial
marcaba un macabro dueto con la de Mélida Anaya Montes en los
alrededores de la Carretera Sur.
* El
autor es editorialista de El Diario de Hoy.
Este artículo está basado en las siguientes fuentes: transcripciones
del proceso que tuvo lugar en el juzgado segundo del distrito el crimen
en Managua en 1983. Comunicados del FMLN y la FPL emitidos entre abril
y diciembre de 1983. Artículo de Adolfo Gilly aparecido en la
revista Nexos de México en abril de 1984 y testimonios de antiguos
militantes de las FPL, que pidieron al autor no ser identificados.
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