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INTERNACIONAL
La
pelea por los últimos pedazos
El
Muro de Berlín, que durante casi treinta años dividió
a la más
grande de las ciudades alemanas en dos mitades, ha desaparecido
ya prácticamente de la superficie urbana. Pasados 14 años
de su
caída, tan sólo quedan algunos restos repartidos por diferentes
lugares de la capital reunificada.

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Más
que trozos de concreto es un trozo de la historia germana la que
intentan salvar defensores del extinto Muro de Berlín. |
El propietario de uno de los fragmentos del Muro que
todavía se levantan en su emplazamiento original ha puesto el
grito en el cielo en vista de los planes del Ministerio de Medio Ambiente
de construir en el lugar su nueva sede.
Se trata de apenas 25 metros de pared construida en hormigón
reforzado, con numerosos agujeros, y en la que se pueden observar los
efectos del paso del tiempo y los cientos de miles de turistas que cada
año visitan el lugar y tratan de diversas maneras de llevarse
a casa algún pedazo.
El berlinés Erich Stanke adquirió esos fragmentos de historia
en forma de piedra cuando obreros estaban a punto de retirarlos, antes
de la reunificación del país en 1990 y, ahora, está
tratando de hacer todo lo posible para protegerlos y conseguir que estos
puedan seguir siendo visitados por los turistas.
“Van a negar al público acceder a ellos”, afirma
Stanke, enfadado, ante los planes de levantar la nueva sede del Ministerio
en la Plaza de Leipzig, donde está situado su pedazo de Muro,
no muy lejos de la Plaza de Potsdam.
Sin embargo, tanto el Ministerio como los arquitectos encargados del
proyecto aseguran que los fragmentos del Muro no desaparecerán.
“Los fragmentos del Muro serán recolocados en el vestíbulo
del nuevo edificio, libremente accesibles para cualquiera”, insiste
Juergen Pleuser, del despacho de arquitectos Geier, Maass y Pleuser.
Defender la historia
Aun así, esto no ocurrirá hasta que no finalice la construcción,
dentro de un par de años. Mientras tanto, serán retirados
del lugar, según el portavoz del Ministerio de Medio Ambiente,
Michael Schroeren. Las obras comenzarán a finales de este mes
y finalizarán previsiblemente en 2006, aseguró el portavoz.
De todas maneras, Stanke no está tranquilo con lo que le dicen.
“¿Qué va a pasar con mi muro?”, se pregunta.
“Todavía no estoy convencido de que verdaderamente será
accesible al público. Es un edificio de gobierno. Seguramente
habrá que pasar un control de seguridad para entrar”, afirma.
“En cualquier caso, no será lo mismo que ver los paneles
de muro al aire libre, donde tendrían que estar”, dice
Stanke. Mientras habla, otro autobús de turistas llega al lugar
y de nuevo numerosas personas con cámaras empiezan a fotografiar
la pared.
“Lo que ustedes ven es un genuino pedazo de historia”, afirma
el guía del grupo. “Estos restos representan lo que llamamos
la cuarta generación del Muro, el cual fue construido en diferentes
fases a lo largo de muchos años”, añade, mientras
las cámaras disparan una fotografía detrás de otra.
El Muro de Berlín fue levantado en la noche del 13 de agosto
de 1961, en un fin de semana en el que muchos berlineses dormían
mientras el gobierno germano-oriental comenzaba a cerrar la frontera.
A primeras horas de la mañana de aquel domingo, la mayor parte
de los accesos a Berlín oeste ya estaban cortados, mientras las
tropas del este continuaban colocando alambre espino junto a la línea
divisoria.
El muro de la primera generación, que estuvo listo en pocos meses,
estaba formado por elementos de hormigón y bloques cuadrados.
Sin embargo, éste no impedía que los ciudadanos del este
huyeran, por lo que al año siguiente, en junio de 1962, se construyó
un segundo muro y más tarde, en 1965, otro tercero.
La tercera generación del Muro estaba formada por bloques de
hormigón con vigas de acero en su interior y un tubo de hormigón
en su parte superior. Sin embargo, a partir de 1975, llegó otra
cuarta fase de construcción, formada por segmentos de hormigón
más resistente a los intentos de huida y a la contaminación
ambiental. El Muro de cuarta generación suponía una superficie
perfecta para los pintores de graffiti de finales de los años
70 y 80.
Antes de que parta el autobús de turistas, mientras éstos
hacen todavía fotografías, Stanke apunta a uno de los
paneles del Muro en el que alguien ha pintado con spray “No destruyan
la historia”. “Esperemos que el gobierno cumpla su promesa
y no sean destruidos estos pedazos de historia de hormigón”,
afirma.
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