16 de mayo de 2004


INTERNACIONAL

La pelea por los últimos pedazos

El Muro de Berlín, que durante casi treinta años dividió a la más
grande de las ciudades alemanas en dos mitades, ha desaparecido
ya prácticamente de la superficie urbana. Pasados 14 años de su
caída, tan sólo quedan algunos restos repartidos por diferentes
lugares de la capital reunificada.

Ernest Gill/ DPA
vertice@elsalvador.com

Más que trozos de concreto es un trozo de la historia germana la que intentan salvar defensores del extinto Muro de Berlín.

El propietario de uno de los fragmentos del Muro que todavía se levantan en su emplazamiento original ha puesto el grito en el cielo en vista de los planes del Ministerio de Medio Ambiente de construir en el lugar su nueva sede.

Se trata de apenas 25 metros de pared construida en hormigón reforzado, con numerosos agujeros, y en la que se pueden observar los efectos del paso del tiempo y los cientos de miles de turistas que cada año visitan el lugar y tratan de diversas maneras de llevarse a casa algún pedazo.

El berlinés Erich Stanke adquirió esos fragmentos de historia en forma de piedra cuando obreros estaban a punto de retirarlos, antes de la reunificación del país en 1990 y, ahora, está tratando de hacer todo lo posible para protegerlos y conseguir que estos puedan seguir siendo visitados por los turistas.

“Van a negar al público acceder a ellos”, afirma Stanke, enfadado, ante los planes de levantar la nueva sede del Ministerio en la Plaza de Leipzig, donde está situado su pedazo de Muro, no muy lejos de la Plaza de Potsdam.

Sin embargo, tanto el Ministerio como los arquitectos encargados del proyecto aseguran que los fragmentos del Muro no desaparecerán. “Los fragmentos del Muro serán recolocados en el vestíbulo del nuevo edificio, libremente accesibles para cualquiera”, insiste Juergen Pleuser, del despacho de arquitectos Geier, Maass y Pleuser.

Defender la historia

Aun así, esto no ocurrirá hasta que no finalice la construcción, dentro de un par de años. Mientras tanto, serán retirados del lugar, según el portavoz del Ministerio de Medio Ambiente, Michael Schroeren. Las obras comenzarán a finales de este mes y finalizarán previsiblemente en 2006, aseguró el portavoz.

De todas maneras, Stanke no está tranquilo con lo que le dicen. “¿Qué va a pasar con mi muro?”, se pregunta. “Todavía no estoy convencido de que verdaderamente será accesible al público. Es un edificio de gobierno. Seguramente habrá que pasar un control de seguridad para entrar”, afirma.

“En cualquier caso, no será lo mismo que ver los paneles de muro al aire libre, donde tendrían que estar”, dice Stanke. Mientras habla, otro autobús de turistas llega al lugar y de nuevo numerosas personas con cámaras empiezan a fotografiar la pared.

“Lo que ustedes ven es un genuino pedazo de historia”, afirma el guía del grupo. “Estos restos representan lo que llamamos la cuarta generación del Muro, el cual fue construido en diferentes fases a lo largo de muchos años”, añade, mientras las cámaras disparan una fotografía detrás de otra.

El Muro de Berlín fue levantado en la noche del 13 de agosto de 1961, en un fin de semana en el que muchos berlineses dormían mientras el gobierno germano-oriental comenzaba a cerrar la frontera. A primeras horas de la mañana de aquel domingo, la mayor parte de los accesos a Berlín oeste ya estaban cortados, mientras las tropas del este continuaban colocando alambre espino junto a la línea divisoria.

El muro de la primera generación, que estuvo listo en pocos meses, estaba formado por elementos de hormigón y bloques cuadrados. Sin embargo, éste no impedía que los ciudadanos del este huyeran, por lo que al año siguiente, en junio de 1962, se construyó un segundo muro y más tarde, en 1965, otro tercero.

La tercera generación del Muro estaba formada por bloques de hormigón con vigas de acero en su interior y un tubo de hormigón en su parte superior. Sin embargo, a partir de 1975, llegó otra cuarta fase de construcción, formada por segmentos de hormigón más resistente a los intentos de huida y a la contaminación ambiental. El Muro de cuarta generación suponía una superficie perfecta para los pintores de graffiti de finales de los años 70 y 80.

Antes de que parta el autobús de turistas, mientras éstos hacen todavía fotografías, Stanke apunta a uno de los paneles del Muro en el que alguien ha pintado con spray “No destruyan la historia”. “Esperemos que el gobierno cumpla su promesa y no sean destruidos estos pedazos de historia de hormigón”, afirma.


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