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REPORTAJE
Watergate,
30 años después
Desde
el séptimo piso del The Washington Post, Ben Bradlee cuenta
lo que ocurrió dentro del periódico, mientras se investigaba
el escándalo
político Watergate. Él fue el editor que dirigió
a dos jóvenes periodistas,
Bob Woodward y Carl Bernstein, en la investigación que llevó
a Richard
Nixon a renunciar a la presidencia de los Estados Unidos en 1974.
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Ben Bradlee es un hombre muy ameno y parece no aburrirse
de contar tantas veces lo sucedido en el escándalo Watergate.
A sus 83 años de edad, dice que ha tenido una buena vida.
Parte de sus mejores experiencias se las debe a una generación
de periodistas que estuvieron dispuestos a alzar vuelo y a hacer del
The Washington Post lo que es ahora: un periódico de las grandes
ligas.
Transmite su afecto por dos extraordinarios reporteros, Bob Woodward
y Carl Bernstein, quienes investigaron Watergate.
Se emociona al relatar el caso, como si volviera a vivir el momento.
Todo comenzó el 17 de junio de 1972, con la llamada de un asesor
político, para denunciar el arresto de cinco hombres por haber
entrado a instalar equipos de espionaje en las oficinas del Partido
Demócrata, ubicadas en el edificio Watergate, en Washington,
D.C.
Dos de los reporteros asignados a cubrir el hecho fueron Woodward y
Bernstein, entre otros más que hacían turno ese fin de
semana.
Con el tiempo se descubrió que un grupo que apoyaba al Presidente
de los Estados Unidos Richard Nixon había sido el responsable
de planear el espionaje de altos políticos demócratas.
El periódico acusó al Presidente de tratar de obstruir
las investigaciones. Al final Nixon admitió tener conocimiento
del espionaje, y renunció el 8 de agosto de 1974.
“Watergate tuvo la suerte de tener a Richard Nixon como presidente
y porque quería demostrar que podía controlar su destino
y la presidencia, pero no pudo”, dice Bradlee.
Para cuando otros periódicos se interesaron en lo que comenzó
como una ”pequeña historia sin ninguna importancia”,
el The Washington Post ya se había ganado la reputación
de que era suya la historia.
Bradlee dice que pese a los esfuerzos, el The New York
Times no pudo alcanzarlos en la cobertura.
Asegura que la ventaja que tenían era que conocían muy
bien las fuentes locales, en especial la Policía de Washington,
D.C
EXPERIENCIA
MEMORABLES DE PERIODISTAS |
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| De
izq a der.: Katherine Graham, dueña de The Washington Post,
Carl Bernstein, Bob Woodward, Howard Simons y Ben Bradlee. |
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| Benjamin
Bradlee entrevista al Presidente John F. Kennedy cuando era reportero
para la revista Newsweek. También llegaron a ser amigos.
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Pero lo más importante, manifiesta, fue tener
a dos jóvenes reporteros brillantes y muy trabajadores. “Querían
demostrar que eran los mejores y sí eran”, señala.
Woodward trabajaba en el periódico desde hacía nueve meses
y Bernstein por un par de años.
“Carl tenía pelo largo, tocaba la guitarra y probablemente
fumaba demasiado”, recuerda. “Bob era muy correcto así
se mantiene hasta la fecha”, agrega.
Woodward tenía 29 años de edad y Bernstein 28.
Se complace en decir que el trabajo de ellos fue tan bueno, que entre
las 400 historias que se publicaron, hubo únicamente un error
que se corrigió, pero que hizo sentir miserable al equipo por
un par de días.
Amigos de los periodistas, entre ellos abogados, llamaban a sus casas
después de la jornada de trabajo para saber que se publicaría
el siguiente día.
Según Bradlee, el día que Nixon renunció, trataron
en la sala de redacción, primero, de no publicar la información
con “errores tontos”, y segundo, estar seguros que no causarían
la impresión de sentirse orgullosos por lo sucedido.
“No permitimos a otros reporteros dentro del edificio y por un
momento tampoco permitimos a nuestros reporteros que aparecieran en
la televisión porque queríamos que todos fueran muy serios”,
comenta. “Dios! Esa fue la primera vez que un Presidente fue obligado
a renunciar en la historia de nuestro país”.
al estrellato
La fama llegó y con ella Hollywood que filmaría una película
sobre Watergate. Los protagonistas de “Todos los Hombres del Presidente”
(1976) fueron Robert Redford y Dustin Hoffman.
“Redford vino aquí, lo trajo Woodward. Él y yo hablamos
y dijo que quería usar nuestros nombres. No queríamos
porque pensamos que causaríamos una impresión en el público,
porque pensaría que queríamos fama”, dice. Los abogados
del periódico les aconsejaron que no podían evitarlo.
“Pienso que fue una buena película, bastante interesante”,
opina.
Sin embargo, lamenta que no tomaron en cuenta a colegas suyos que tuvieron
una participación importante en las publicaciones. Uno de ellos
fue el Gerente de Redacción, Howard Simons.
Bradlee termina la entrevista de la misma manera como comenzó
y es diciendo que ha tenido una buena vida.
Al despedirse sigue arreglando su oficina, no si antes haber entrevistado
primero a la que esto escribe.
Esas son memorias difíciles de olvidar.
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“Me
enfoco en dar la historia”
Bob Woodward ha alcanzado tanta credibilidad como periodista, que
puede darse el lujo de escribir un libro sin mencionar la fuente.
A finales de 2003, Woodward se presentó en el Club de Prensa
en Washington, D.C. Pese a las insistentes preguntas del público
y del entrevistador, se negó una vez más a revelar
quien es “Garganta Profunda”, como se le llamó
a una importante fuente en el caso Watergate, y que se dice tenía
lazos directos con la Casa Blanca.
“Hicimos un trato”, reitera.
Opina que el periodismo trata sobre eficiencia, encontrar a la persona
correcta y hacer el trabajo rápido. Revisar una y otra vez
los documentos, y hablar nuevamente con las fuentes para ganar así
su confianza.
También es importante trabajar en un ambiente de disciplina.
Le preocupa los secretos que guarda el gobierno de los Estados Unidos
porque eso puede “destruir” al país. Es esto
lo que debe motivar a seguir el trabajo de investigación,
dice.
Woodward es ahora uno de los ejecutivos del The Washington Post.
Trabaja en su casa la mayor parte del tiempo, excepto cuando tiene
que editar el periódico los fines de semana. En estas ocasiones
le gusta llevar sorbete a los reporteros.
Habla despacio y parece un hombre sereno. Algunos de sus compañeros
dicen incluso que es tímido.
Mantiene la buena relación con sus colegas, y lo más
importante es que no se ha dejado influenciar por la fama, ya que
tiene la paciencia de atender con amabilidad al que se le acerca.
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Liderazgo
Benjamin Bradlee reinventó el periodismo de investigación
al dirigir exitosamente un equipo de periodistas.
- Nació en Boston, Massachusetts, en 1921. Comenzó
su carrera en periodismo en 1946 cuando trabajó como reportero
de New Hampshire Sunday News.
- Fue Agregado de Prensa en la embajada de los Estados Unidos en
Francia, a mediados de 1950.
- De 1948 a 1961 trabajó como reportero en The Washington
Post y en la revista Newsweek.
- Regresó a trabajar en The Washington Post en 1965. Primero
como Jefe de Redacción Adjunto y posteriormente como Gerente
de Redacción. De 1968 a 1991 fue Editor Ejecutivo, y en la
actualidad es Vice Presidente. |
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