Del 15 al 22 de agosto de 2004


REPORTAJE

Watergate, 30 años después

Desde el séptimo piso del The Washington Post, Ben Bradlee cuenta
lo que ocurrió dentro del periódico, mientras se investigaba el escándalo
político Watergate. Él fue el editor que dirigió a dos jóvenes periodistas,
Bob Woodward y Carl Bernstein, en la investigación que llevó a Richard
Nixon a renunciar a la presidencia de los Estados Unidos en 1974.

Daysi Carolina Amaya
vertice@elsalvador.com

Ben Bradlee es un hombre muy ameno y parece no aburrirse de contar tantas veces lo sucedido en el escándalo Watergate.
A sus 83 años de edad, dice que ha tenido una buena vida.

Parte de sus mejores experiencias se las debe a una generación de periodistas que estuvieron dispuestos a alzar vuelo y a hacer del The Washington Post lo que es ahora: un periódico de las grandes ligas.

Transmite su afecto por dos extraordinarios reporteros, Bob Woodward y Carl Bernstein, quienes investigaron Watergate.

Se emociona al relatar el caso, como si volviera a vivir el momento.

Todo comenzó el 17 de junio de 1972, con la llamada de un asesor político, para denunciar el arresto de cinco hombres por haber entrado a instalar equipos de espionaje en las oficinas del Partido Demócrata, ubicadas en el edificio Watergate, en Washington, D.C.

Dos de los reporteros asignados a cubrir el hecho fueron Woodward y Bernstein, entre otros más que hacían turno ese fin de semana.

Con el tiempo se descubrió que un grupo que apoyaba al Presidente de los Estados Unidos Richard Nixon había sido el responsable de planear el espionaje de altos políticos demócratas.

El periódico acusó al Presidente de tratar de obstruir las investigaciones. Al final Nixon admitió tener conocimiento del espionaje, y renunció el 8 de agosto de 1974.

“Watergate tuvo la suerte de tener a Richard Nixon como presidente y porque quería demostrar que podía controlar su destino y la presidencia, pero no pudo”, dice Bradlee.

Para cuando otros periódicos se interesaron en lo que comenzó como una ”pequeña historia sin ninguna importancia”, el The Washington Post ya se había ganado la reputación de que era suya la historia.

Bradlee dice que pese a los esfuerzos, el The New York Times no pudo alcanzarlos en la cobertura.

Asegura que la ventaja que tenían era que conocían muy bien las fuentes locales, en especial la Policía de Washington, D.C

EXPERIENCIA MEMORABLES DE PERIODISTAS
De izq a der.: Katherine Graham, dueña de The Washington Post, Carl Bernstein, Bob Woodward, Howard Simons y Ben Bradlee.
Benjamin Bradlee entrevista al Presidente John F. Kennedy cuando era reportero para la revista Newsweek. También llegaron a ser amigos.

Pero lo más importante, manifiesta, fue tener a dos jóvenes reporteros brillantes y muy trabajadores. “Querían demostrar que eran los mejores y sí eran”, señala.

Woodward trabajaba en el periódico desde hacía nueve meses y Bernstein por un par de años.

“Carl tenía pelo largo, tocaba la guitarra y probablemente fumaba demasiado”, recuerda. “Bob era muy correcto así se mantiene hasta la fecha”, agrega.

Woodward tenía 29 años de edad y Bernstein 28.

Se complace en decir que el trabajo de ellos fue tan bueno, que entre las 400 historias que se publicaron, hubo únicamente un error que se corrigió, pero que hizo sentir miserable al equipo por un par de días.

Amigos de los periodistas, entre ellos abogados, llamaban a sus casas después de la jornada de trabajo para saber que se publicaría el siguiente día.

Según Bradlee, el día que Nixon renunció, trataron en la sala de redacción, primero, de no publicar la información con “errores tontos”, y segundo, estar seguros que no causarían la impresión de sentirse orgullosos por lo sucedido.

“No permitimos a otros reporteros dentro del edificio y por un momento tampoco permitimos a nuestros reporteros que aparecieran en la televisión porque queríamos que todos fueran muy serios”, comenta. “Dios! Esa fue la primera vez que un Presidente fue obligado a renunciar en la historia de nuestro país”.

al estrellato

La fama llegó y con ella Hollywood que filmaría una película sobre Watergate. Los protagonistas de “Todos los Hombres del Presidente” (1976) fueron Robert Redford y Dustin Hoffman.

“Redford vino aquí, lo trajo Woodward. Él y yo hablamos y dijo que quería usar nuestros nombres. No queríamos porque pensamos que causaríamos una impresión en el público, porque pensaría que queríamos fama”, dice. Los abogados del periódico les aconsejaron que no podían evitarlo.

“Pienso que fue una buena película, bastante interesante”, opina.

Sin embargo, lamenta que no tomaron en cuenta a colegas suyos que tuvieron una participación importante en las publicaciones. Uno de ellos fue el Gerente de Redacción, Howard Simons.

Bradlee termina la entrevista de la misma manera como comenzó y es diciendo que ha tenido una buena vida.

Al despedirse sigue arreglando su oficina, no si antes haber entrevistado primero a la que esto escribe.

Esas son memorias difíciles de olvidar.

“Me enfoco en dar la historia”

Bob Woodward ha alcanzado tanta credibilidad como periodista, que puede darse el lujo de escribir un libro sin mencionar la fuente.
A finales de 2003, Woodward se presentó en el Club de Prensa en Washington, D.C. Pese a las insistentes preguntas del público y del entrevistador, se negó una vez más a revelar quien es “Garganta Profunda”, como se le llamó a una importante fuente en el caso Watergate, y que se dice tenía lazos directos con la Casa Blanca.
“Hicimos un trato”, reitera.
Opina que el periodismo trata sobre eficiencia, encontrar a la persona correcta y hacer el trabajo rápido. Revisar una y otra vez los documentos, y hablar nuevamente con las fuentes para ganar así su confianza.
También es importante trabajar en un ambiente de disciplina.
Le preocupa los secretos que guarda el gobierno de los Estados Unidos porque eso puede “destruir” al país. Es esto lo que debe motivar a seguir el trabajo de investigación, dice.
Woodward es ahora uno de los ejecutivos del The Washington Post. Trabaja en su casa la mayor parte del tiempo, excepto cuando tiene que editar el periódico los fines de semana. En estas ocasiones le gusta llevar sorbete a los reporteros.
Habla despacio y parece un hombre sereno. Algunos de sus compañeros dicen incluso que es tímido.
Mantiene la buena relación con sus colegas, y lo más importante es que no se ha dejado influenciar por la fama, ya que tiene la paciencia de atender con amabilidad al que se le acerca.
Liderazgo

Benjamin Bradlee reinventó el periodismo de investigación al dirigir exitosamente un equipo de periodistas.

- Nació en Boston, Massachusetts, en 1921. Comenzó su carrera en periodismo en 1946 cuando trabajó como reportero de New Hampshire Sunday News.

- Fue Agregado de Prensa en la embajada de los Estados Unidos en Francia, a mediados de 1950.

- De 1948 a 1961 trabajó como reportero en The Washington Post y en la revista Newsweek.

- Regresó a trabajar en The Washington Post en 1965. Primero como Jefe de Redacción Adjunto y posteriormente como Gerente de Redacción. De 1968 a 1991 fue Editor Ejecutivo, y en la actualidad es Vice Presidente.

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