Del 15 al 22 de agosto de 2004


ENTREVISTA

“El hombre tiene conferido un poder”

Jorge Corsi, un psicólogo argentino especialista en el tema de la violencia
intrafamiliar, estuvo de visita en el país para hablar sobre la gravedad de
esta expresión de la violencia social y su vínculo con la construcción de la
masculinidad que tradicionalmente se forja a muy temprana edad.

Mirella Cáceres
vertice@elsalvador.com

Su planteamiento es sencillo: el fenómeno de la violencia al interior de las familias no es un problema de hogar ni particular, es un problema de salud pública.

Para Jorge Corsi este fenómeno afecta los derechos humanos y refleja su nivel más dramático cuando se expresa a través de las muertes, especialmente de mujeres.

Por eso insiste en que si bien es importante atender las consecuencias lo es mucho más actuar sobre las causas, plantearse los orígenes y de esa manera cambiar hacia una perspectiva más preventiva.

Vértice:
¿Optar por la vía preventiva es lo más conveniente para tratar con este problema?
Jorge Corsi: Sí, lo que ocurre en la realidad es que las urgencias tapan la posibilidad de pensar en esta segunda vía, se da respuesta a las brasas que queman y evidentemente va quedando postergado siempre el tema de la prevención.

Cuando plantemos la prevención y examinamos las causas, encontramos que la violencia es ejercida abrumadoramente por parte de los hombres, y es allí donde tenemos que indagar en las causas y preguntarnos por qué son los hombres los que con más frecuencia utilizan la violencia para resolver problemas.

Su historial
Jorge Corsi es psicólogo y estuvo en el país invitado por el PNUD para un taller sobre violencia intrafamiliar.
Dirige la carrera de especialización en violencia familiar de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires.

Descubrimos la vinculación que existe con la construcción de la identidad masculina.
En la socialización del género masculino vemos una gran presión por parte del medio a edades muy tempranas para que adopten determinadas conductas o actitudes que los asimilen a un modelo masculino tradicional que está caracterizado por un estereotipo que no muestren sus sentimientos, que reprimen sus emociones, que no puede permitirse equivocarse. Tiene conferido un poder, que la cultura le asigna por el hecho de ser hombre que luego lo designa como jefe del hogar o de familia, por ejemplo, y eso se trasforma en una serie de ideas que -en su conjunto- forman un sistema de creencias machistas según el cual hay una jerarquía, una diferencia de valores, donde el masculino es más valorado. Luego se refleja en las relaciones privadas, de pareja, mediante un uso abusivo de ese poder... El marido percibe a la mujer o a los hijos de su propiedad, y que tiene el derecho de hacer de ellos lo que se le ocurre.

¿Por dónde comenzar a construir una masculinidad que no cometa abusos?

En principio habría que plantearse una profunda reforma en el sistema educativo que apunte a una educación no sexista, de equidad entre los géneros, y talvez desde la propia escuela que abra canales para una reeducación de las familias, para que aprendan el nuevo modelo.
Los programas que mejor funcionan son los que trabajan con las familias cuando se forman.
Pero esas parejas llegan con años de tradición, con un modelo ya diseñado...
Claro, eso es difícil de modificar; pero, si se les proporcionan nuevos modelos, va a ser mucho mejor que si no tienen ninguno. Por ejemplo, proporcionar modelos de resolución de problemas no violentos, que no establezca diferencias jerárquicas entre ellos, modelos de expresión emocional entre los varones, que es lo primero que le retienen desde pequeño.
Cuando lo reprimo diciéndole que los niños no lloran o que no sea mariquita, estoy haciendo que busque salidas como aquellas acciones que dañan a otra persona. Tengo que enseñarle a los varones a aprender a entender a la otra persona, a ponerse en su lugar.
Los varones no aprenden el ejercicio de la paternidad del mismo modo en que las mujeres aprenden la maternidad...

¿A las mujeres les enseñan, por ejemplo, a tratar con ternura una muñeca?
Exactamente. Al varón se le enseña a patear una pelota. Eso marca una diferencia que más tarde se va a expresar con padres que no saben cuidar a sus hijos o no se comunican afectivamente en la relación de pareja. Eso lleva a una gran cantidad de frustraciones que a la vez generan conflictos y, como la única manera de resolver conflictos que ha aprendido es mediante el uso de la fuerza -pues la usa- así es como la construcción de esta masculinidad desemboca en violencia.
Todas las formas de violencia que conocemos, desde la guerra para abajo, lo que proponen es mantener el poder que ya se tiene o aumentarlo.
Si eso mismo nos proponenos como hombres, estamos avalando la violencia. La única manera de que los hombres renuncien a la violencia es renunciando a su cuota excedente de poder.

Pero eso suena bastante difícil...
Sí, por eso los hombres no lo hacen, hay resistencia y renunciar a su cuota excedente de poder no les resta ser hombres, lo transforma no en más hombres, sino en más humano, puede relacionarse en un nivel más equitativo e igualitario.

Si lo llevamos a un plano más amplio, ¿lograr esta relación igualitaria y más humana es beneficioso para todos?
Exactamente, está comprobado que eso trae beneficios en todos los niveles, pero lo que no está tan claro es que beneficia a los propios hombres, pues las estadísticas muestran que son ellos los que menos expectativas de vida tienen y todas sus enfermedades están relacionadas con la represión de las emociones. Así, podríamos enumerar las desventajas que tiene la masculinidad tradicional.

Después de tantos años de venir hablando de igualdad entre géneros, ¿cuánto cree que hemos avanzado?
Hay una confusión en el sentido de que el concepto de igualdad lo perciben como una diferenciación. Si yo soy igual tengo que ser como una mujer y una mujer como un hombre.
En realidad, lo que se está tratando de modificar no son las diferencias y no deben confundirlas con jerarquías porque al hacerlo ahí comienza el problema. Les cuesta adoptar características que tradicionalmente han sido identificadas como femeninas, como la capacidad de cuidar, de expresión de afectos, poder mostrar su interior.
Eso los asusta mucho.

La delegada de Lousiana, Elfie Burkhalter, espera que la Convención del Partido Demócrata sea un anticipo oara el cambio

¿Talvez porque temen que un día se inviertan los roles?
Eso es es uno de los factores estructurantes de la masculinidad tradicional: la homofobia y que últimamente es un factor que se está investigando en algunos países porque es uno de los que más inducen a la presión de los hijos pequeños a adoptar pautas rígidas de masculinidad porque existe el temor de que se transforme en homosexual, y los adultos no tenemos ningún tipo de posibilidad de modificar la orientación sexual de nuestros hijos, hagamos lo que hagamos.
Eso origina que los niños se transformen en verdaderos machitos u hombrecitos y las mujeres reciben una serie de pautas educativas negativas como cuando se les enseña a ser obedientes, sumisas, a ocupar lugares secundarios, etcétera. Allí es donde se genera el desequilibrio de poderes.

Pero la educación para evitar eso es un proceso largo...
Hay que animarse de una vez por todas a apostarle al futuro porque en la medida que sigamos sólo apagando incendios, allí nos quedaremos; hay que animarse a preguntar qué acciones podemos emprender hoy para ver resultados dentro de veinte años. Y eso, contésteme, ¿a qué gobierno le interesa?

¿No ven rentabilidad a corto plazo?
Exactamente, no tenemos claro lo que verdaderamente va a tener impacto y que vemos hoy...
La atención de los casos en marcha es imprescindible.
No se pueden evadir. Que eso tampoco nos impida mirar el problema de una manera más amplia.


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