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CARTAS
DE LIBERTAD
La
vida después de las rejas
Cuando
un preso recibe su carta de libertad inicia una nueva etapa
en su vida. La esperanza brilla en sus ojos. Sin imaginar lo difícil
que
será encontrar un nuevo espacio laboral. Al dar la espalda a
las rejas,
surgen historias de éxito personal... pero también de
recelo y frustración.
José tiene los días contados... Le faltan
ocho para recibir su carta de libertad y dejar el Centro Penal La Esperanza
en el pasado...
“Esta es mi primera vez en la cárcel y la única,
primero Dios”, dice con entusiasmo el hombre de apróximadamente
35 años.
A punto de completar una condena de 10 años de prisión,
José es uno de los 32 reos (27 hombres y 5 mujeres) que se encuentran
en Fase de Semilibertad.
Este grupo tiene el privilegio de salir del recinto penitenciario...
a trabajar y los fines de semana visitan a su familia. “El día
de descanso lo ocupo para enseñarles a leer y computación
a mis hijos. Y ellos me enseñan otras cosas... ¡porque
de Nickelodeon yo no sabía nada!”, confiesa José.
Cuando él sea otra vez un hombre libre, no se
quedará de brazos cruzados, sino que se ganará el pan
entre nubes de polvo y a pleno sol. “Hacemos pasos a desnivel”,
dice en referencia a la empresa constructora donde lo contrataron gracias
a las gestiones del Centro de Coordinación Post-Carcelario que
funciona desde 2003.
“Aprecio mucho el gesto del hombre que nos dio trabajo”,
afirma José, quien junto a otros cuatro compañeros de
prisión escuchó el discurso de bienvenida que les dedicó
el ingeniero.
“Les voy a ayudar porque mi familia tuvo un problema de cárcel
hace años y sé lo que es comer lodo... para mí
ustedes son trabajadores comunes y corrientes, ustedes van a tener las
mismas prestaciones y las mismas obligaciones que los demás.
Olvídense de que están en la cárcel”, sentenció
el profesional.
Pero no todos los empresarios piensan así ni todos los que pasaron
por la cárcel tienen la misma suerte. A las 6:20 a.m. del 2 de
abril de 1990, un coche bomba, colocado sobre la 6ª Calle Poniente de
Santa Tecla, dejó un saldo de 25 heridos y 5 muertos. Al menos,
esas eran las víctimas que se reportaban en la nota publicada
al día siguiente en El Diario de Hoy.
Sin embargo, el futuro de un estudiante de primer año de bachillerato
del colegio Santa Cecilia también resultó afectado. A
una cuadra de distancia, Luis Roberto Rivas, de 16 años, era
capturado por agentes de la Policía Nacional, bajo sospecha de
pertenecer a la guerrilla y de haber realizado el atentado...
| ADIÓS
AL RECITNTO |
| 1-
Al recibir la carta de libertad el recluso está autorizado
para abandonar la prisión |
| 2-Sin
embargo todas sus pertencias quedarán ahí: Colchón
y ropa se se regalan a los compañeros |
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Tras 24 días de presión física
y psicológica para que aceptara firmar un documento en el que
se reconociera culplable, el estudiante salesiano recibió una
carta de libertad extendida por el Juez Primero de lo Penal de Nueva
San Salvador “en virtud de no haberse establecido su participación
dentro del término de inquirir y no haber mérito para
decretar su detención provisional”.
Un año después, el adolescente delgado y alto que un día
tocó el barítono y la tuba en la banda colegial, y que
colaboró en el protocolo durante varias ediciones de la Semana
de la Juventud, terminó su bachillerato en un colegio con menos
renombre y empezó a vivir las secuales de su estadía tras
las rejas.
Sin oportunidad
Cuando aplica a un empleo Rivas siempre tropieza con las mismas preguntas:
“¿Ha tenido usted problemas con la ley?, ¿ha estado
detenido?”...
Entonces él trata de decirse a sí mismo que aquello no
fue un arresto, sino una privación de libertad. Pero la ansiedad
que aún genera recordar la experiencia vivida a tan corta edad
le traiciona y “el polígrafo no miente”, como le
han dicho infinidad de veces.
“Cuando me preguntan si estuve preso digo ‘no’, pero
sale que sí. Y a veces he dicho ‘sí’, y aunque
diga la verdad las empresas se abstienen de contratarme”, explica
este hombre casado y padre de una niña de 3 años por cuyo
futuro desespera por un empleo.
Paradójicamente, el único lugar donde el pasado no le
impidió ser contratado ha sido en la Policía Nacional
Civil. Ahí, ocupó un cargo técnico administrativo
al que renunció en mayo de 2000, según los registros de
dicha institución.
“Me ponía mal, porque trabajé con gente que estuvo
durante mi captura y de vez en cuando me la recordaban. A uno de los
que me fregaban no le decía nada porque era mi superior”,
explica Rivas.
Poseedor de un técnico en computación, cuatro años
de estudios en relaciones públicas y con dominio del inglés,
Rivas ha escuchado frases como “lo sentimos, usted está
sobrecalificado”, “locos aquí, no queremos”
o “es que usted estuvo en la policía”.
A pesar de esto, él no ve en emigrar al norte una alternativa.
Tras renunciar a la PNC, viajó a Estados Unidos y trabajó
en lo que pudo. Volvió después de los terremotos y cuando
intentó irse nuevamente, en un ambiente posatentados, le anularon
la visa en el aeropuerto porque durante su primer viaje se quedó
más tiempo del autorizado.
“El año pasado estuve casi un año
en el taller de zapatería de un amigo en el mercado... Ahorita
tenemos un renta videos aquí en la casa y ayudo a mi hermano,
que es abogado, en lo que pueda. He hecho mucho por tratar de salir
adelantado pero aquí como que se le cierran las puertas a uno
y uno sin deberlo”, explica.
Desesperado, Rivas ha aplicado a plazas de atención
al cliente, motorista, técnico en computación y hasta
para vendedor de almacén. Sin embargo, aerolíneas, una
embajada, hoteles y cadenas de almacenes han rechazado sus solicitudes.
“Tengo solvencia de la policía, tengo solvencia de antecedentes
penales, puedo trabajar... y siempre me dicen que salí mal en
el polígrafo”. Aunque parezca duro, las dificultades de
Rivas no son nada frente al rechazo del que son objeto quienes han pasado
temporadas más largas y merecidas en prisión.
La virgen sospechosa
Nunca perteneció a una mara. Pero “por una promesa”
pagó con tal que se la tatuaran en 1989, durante su primera temporada
en Mariona.
Sin embargo, la Virgen de Guadalupe que cubre la espalda
de Felipe Antonio Ayala Portillo no inspira devoción a quienes
la contemplan... “Ponete la camisa, aquí no se puede andar
trabajando así”, gritó el ingeniero cuando Felipe,
que tenía días trabajando en una cuadrilla del MOP, dejó
al aire su torso.
“El ingeniero se molestó y le dijo al caporal “decímele
al muchacho que no se ande quitando la camisa, que a nosotros nos perjudica
por los tatuajes’”, recuerda Ayala.
El segundo de siete hermanos, nacido en la comunidad San Martín
de San Salvador, muy cerca de La Chacra, ha ingresado tres veces al
Centro Penal la Esperanza: en 1987, en 1992 y en 1994. De dichos ingresos
no queda registro en la Dirección de Centros Penales ya que estos
expedientes se borran cinco años después de que el ex
interno recibió su carta de libertad...
Pero los tatuajes son más difíciles de borrar.
“La última vez que salí no tenía hijos, ahora
sí. Creo que Dios a uno se los manda para que uno reflexione
y cambia de vida. Entonces hay que hacer el esfuerzo para ayudarle a
la familia”, dice en referencia a Bryan, Melanie, Tatiana y Gerson
cuyos nombres son el motivo de los cuatro tatuajes sobre hombros y antebrazos
del progenitor.
“En este tiempo, como que los tatuajes le quitan algo de valor
a uno. Cuando uno va a buscar trabajo y tiene tatuaje no le quieren
dar, le dicen que se los borre. Pero cuando son muy grandes no se pueden
borrar... duele”, explica Felipe.
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| Los
reos en semilibertada salen de "Mariona" a las 6:00 am
y regresan a las 6:00 pm |
Así que un día visitó el basurero
donde botan las verduras más magulladas en la Tiendona. “Yo
iba por los niños”, explica, “llegué y cuandovi
bastante gente jalando cosas y llegué también con una
mi manta como que era superman.
De bolada algunos días me iba bien, otros no ganaba nada”.
Por eso, su compañera de vida y él llegaron a un acuerdo.
Mientras ella trabaja como vendedora ambulante, Felipe hace las labores
del hogar: cocina, lava, plancha, barre y atiende a los niños.
“El trabajo de la casa es pesado también”, reconoce,
“pero sí quisiera ganar trabajando afuera”, dice
con mirada húmeda.
La fortuna de José, quien seis meses antes de salir de Mariona
ya tenía empleo, solo es compartida por otros 31 internos en
semilibertad. Mientras el presupuesto asignado a la Dirección
de Centros Penales no dé para más, los Luis y los Felipe
seguirán a la espera de una oportunidad.
CARTAS
DE LIBERTAD
Camino
a la reinserción
A
la fecha, 174 internos en Fase de Confianza reciben cursos de
capacitación para que cuando el equipo técnico evaluador
lo estime
conveniente pasen a la Fase de Semilibertad, donde se les conseguirá
empleo entre las empresas colaboradoras.
En el Ministerio de Trabajo no tiene registro de los
ex internos que solicitan empleo: “Tenemos una bolsa de 80 mil
personas, pero no ponen ese tipo de información.
En los 8 ocho años que tengo aquí sólo una persona
ha venido en esas condiciones”, afirma Leonel José Larios
del Departamento de Empleo de dicho ministerio.
En El Salvador, el único programa oficial al que puede remitirse,
quien alguna vez haya tenido problemas con la ley, es el que funciona
en la Dirección de Centros Penales.
El Centro Coordinador Post-Carcelario es la instancia que hace posible
que funcione el régimen abierto que se creó como una opción
para disminuir la sobrepoblación de los centros penales, pero
que también busca posibilitar la reinserción de los ex
internos. “Pasamos por un proceso de casi 3 años, con ayuda
sicológica, control, salud mental, tratamiento anti-drogas, educación
sexual...”, recuerda José, uno de los beneficiados.
Luego, los reos son evaluados para ver si tienen tolerancia y capacidad
para aprender un oficio. “También miran si uno tiene arraigo
familiar, o sea, algo porqué volver”, explica el ahora
trabajador de la industria de la construcción.
“La Dirección de Coordinación Pospenitenciaria busca
la posibilidad de establecer un vínculo laboral de los internos,
conseguirles el trabajo y darle seguimiento a la actividad laboral de
ellos”, afirma el Director de Centros Penales, Rodolfo Garay.
Sin embargo, el trabajo de este centro tiene limitantes.
Según Garay, si se contara con más personal técnico
y profesional se podrían realizar más evaluaciones y tratamientos,
lo que permitiría incorporar más población penitenciaria
a este régimen, ya que de los 11,113 personas recluidas sólo
el 1.85% está en régimen abierto.
Eso se arregla “con un refuerzo presupuestario”, en palabras
d Garay. Sin embargo, “creo que la dificultad más grave
para un interno es regresar a un ambiente hostil”, afirma el Director
de Centros Penales.
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“Está
en la ley penitenciaria”
Desde 1997, la ley establece que el Director General de Centros
Penales vele también por la reinserción de los internos.
Art. 113.- Define la labor que desarrollará
el Centro de Coordinación Post-Carcelario.
“Promover la reinserción laboral de los ex-condenados
y mantener contacto fluido con todas las instituciones o personas
dedicadas a la asistencia post-carcelaria”. |
“Es
difícil romper con la estigmatización. Son muy pocos
los sectores dispuestos a dar una oportunidad laboral”.
Dr. Rodolfo Garay Pineda
Director de Centros Penales
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Ayuda
para ex internos
Los interesados en conseguir empleo puede hablar a la Dirección
de Centros Penales.
Tel.: 221-3688
Si prefiere visitar la dirección está se encuentra
en el edificio 3-B del Centro de Gobierno.
Tel.: 222-1091 |
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