Del 15 al 22 de agosto de 2004


CARTAS DE LIBERTAD

La vida después de las rejas

Cuando un preso recibe su carta de libertad inicia una nueva etapa
en su vida. La esperanza brilla en sus ojos. Sin imaginar lo difícil que
será encontrar un nuevo espacio laboral. Al dar la espalda a las rejas,
surgen historias de éxito personal... pero también de recelo y frustración.

Texto: Lilian Martínez
Fotos: Lizette Moreno
vertice@elsalvador.com

José tiene los días contados... Le faltan ocho para recibir su carta de libertad y dejar el Centro Penal La Esperanza en el pasado...

“Esta es mi primera vez en la cárcel y la única, primero Dios”, dice con entusiasmo el hombre de apróximadamente 35 años.

A punto de completar una condena de 10 años de prisión, José es uno de los 32 reos (27 hombres y 5 mujeres) que se encuentran en Fase de Semilibertad.

Este grupo tiene el privilegio de salir del recinto penitenciario... a trabajar y los fines de semana visitan a su familia. “El día de descanso lo ocupo para enseñarles a leer y computación a mis hijos. Y ellos me enseñan otras cosas... ¡porque de Nickelodeon yo no sabía nada!”, confiesa José.

Cuando él sea otra vez un hombre libre, no se quedará de brazos cruzados, sino que se ganará el pan entre nubes de polvo y a pleno sol. “Hacemos pasos a desnivel”, dice en referencia a la empresa constructora donde lo contrataron gracias a las gestiones del Centro de Coordinación Post-Carcelario que funciona desde 2003.

“Aprecio mucho el gesto del hombre que nos dio trabajo”, afirma José, quien junto a otros cuatro compañeros de prisión escuchó el discurso de bienvenida que les dedicó el ingeniero.

“Les voy a ayudar porque mi familia tuvo un problema de cárcel hace años y sé lo que es comer lodo... para mí ustedes son trabajadores comunes y corrientes, ustedes van a tener las mismas prestaciones y las mismas obligaciones que los demás. Olvídense de que están en la cárcel”, sentenció el profesional.

Pero no todos los empresarios piensan así ni todos los que pasaron por la cárcel tienen la misma suerte. A las 6:20 a.m. del 2 de abril de 1990, un coche bomba, colocado sobre la 6ª Calle Poniente de Santa Tecla, dejó un saldo de 25 heridos y 5 muertos. Al menos, esas eran las víctimas que se reportaban en la nota publicada al día siguiente en El Diario de Hoy.

Sin embargo, el futuro de un estudiante de primer año de bachillerato del colegio Santa Cecilia también resultó afectado. A una cuadra de distancia, Luis Roberto Rivas, de 16 años, era capturado por agentes de la Policía Nacional, bajo sospecha de pertenecer a la guerrilla y de haber realizado el atentado...

ADIÓS AL RECITNTO
1- Al recibir la carta de libertad el recluso está autorizado para abandonar la prisión
2-Sin embargo todas sus pertencias quedarán ahí: Colchón y ropa se se regalan a los compañeros

Tras 24 días de presión física y psicológica para que aceptara firmar un documento en el que se reconociera culplable, el estudiante salesiano recibió una carta de libertad extendida por el Juez Primero de lo Penal de Nueva San Salvador “en virtud de no haberse establecido su participación dentro del término de inquirir y no haber mérito para decretar su detención provisional”.

Un año después, el adolescente delgado y alto que un día tocó el barítono y la tuba en la banda colegial, y que colaboró en el protocolo durante varias ediciones de la Semana de la Juventud, terminó su bachillerato en un colegio con menos renombre y empezó a vivir las secuales de su estadía tras las rejas.

Sin oportunidad

Cuando aplica a un empleo Rivas siempre tropieza con las mismas preguntas: “¿Ha tenido usted problemas con la ley?, ¿ha estado detenido?”...

Entonces él trata de decirse a sí mismo que aquello no fue un arresto, sino una privación de libertad. Pero la ansiedad que aún genera recordar la experiencia vivida a tan corta edad le traiciona y “el polígrafo no miente”, como le han dicho infinidad de veces.

“Cuando me preguntan si estuve preso digo ‘no’, pero sale que sí. Y a veces he dicho ‘sí’, y aunque diga la verdad las empresas se abstienen de contratarme”, explica este hombre casado y padre de una niña de 3 años por cuyo futuro desespera por un empleo.

Paradójicamente, el único lugar donde el pasado no le impidió ser contratado ha sido en la Policía Nacional Civil. Ahí, ocupó un cargo técnico administrativo al que renunció en mayo de 2000, según los registros de dicha institución.

“Me ponía mal, porque trabajé con gente que estuvo durante mi captura y de vez en cuando me la recordaban. A uno de los que me fregaban no le decía nada porque era mi superior”, explica Rivas.

Poseedor de un técnico en computación, cuatro años de estudios en relaciones públicas y con dominio del inglés, Rivas ha escuchado frases como “lo sentimos, usted está sobrecalificado”, “locos aquí, no queremos” o “es que usted estuvo en la policía”.

A pesar de esto, él no ve en emigrar al norte una alternativa. Tras renunciar a la PNC, viajó a Estados Unidos y trabajó en lo que pudo. Volvió después de los terremotos y cuando intentó irse nuevamente, en un ambiente posatentados, le anularon la visa en el aeropuerto porque durante su primer viaje se quedó más tiempo del autorizado.

“El año pasado estuve casi un año en el taller de zapatería de un amigo en el mercado... Ahorita tenemos un renta videos aquí en la casa y ayudo a mi hermano, que es abogado, en lo que pueda. He hecho mucho por tratar de salir adelantado pero aquí como que se le cierran las puertas a uno y uno sin deberlo”, explica.

LIBRE DE CARGO
El atentado.
En la edición de 3 de abril de ese año. El Diario de Hoy informó que el cohe bomba fue obra del FMLN. Rivas fue liberado 23 de días después

Desesperado, Rivas ha aplicado a plazas de atención al cliente, motorista, técnico en computación y hasta para vendedor de almacén. Sin embargo, aerolíneas, una embajada, hoteles y cadenas de almacenes han rechazado sus solicitudes.

“Tengo solvencia de la policía, tengo solvencia de antecedentes penales, puedo trabajar... y siempre me dicen que salí mal en el polígrafo”. Aunque parezca duro, las dificultades de Rivas no son nada frente al rechazo del que son objeto quienes han pasado temporadas más largas y merecidas en prisión.

La virgen sospechosa

Nunca perteneció a una mara. Pero “por una promesa” pagó con tal que se la tatuaran en 1989, durante su primera temporada en Mariona.

Sin embargo, la Virgen de Guadalupe que cubre la espalda de Felipe Antonio Ayala Portillo no inspira devoción a quienes la contemplan... “Ponete la camisa, aquí no se puede andar trabajando así”, gritó el ingeniero cuando Felipe, que tenía días trabajando en una cuadrilla del MOP, dejó al aire su torso.

“El ingeniero se molestó y le dijo al caporal “decímele al muchacho que no se ande quitando la camisa, que a nosotros nos perjudica por los tatuajes’”, recuerda Ayala.

El segundo de siete hermanos, nacido en la comunidad San Martín de San Salvador, muy cerca de La Chacra, ha ingresado tres veces al Centro Penal la Esperanza: en 1987, en 1992 y en 1994. De dichos ingresos no queda registro en la Dirección de Centros Penales ya que estos expedientes se borran cinco años después de que el ex interno recibió su carta de libertad...
Pero los tatuajes son más difíciles de borrar.

“La última vez que salí no tenía hijos, ahora sí. Creo que Dios a uno se los manda para que uno reflexione y cambia de vida. Entonces hay que hacer el esfuerzo para ayudarle a la familia”, dice en referencia a Bryan, Melanie, Tatiana y Gerson cuyos nombres son el motivo de los cuatro tatuajes sobre hombros y antebrazos del progenitor.

“En este tiempo, como que los tatuajes le quitan algo de valor a uno. Cuando uno va a buscar trabajo y tiene tatuaje no le quieren dar, le dicen que se los borre. Pero cuando son muy grandes no se pueden borrar... duele”, explica Felipe.

Los reos en semilibertada salen de "Mariona" a las 6:00 am y regresan a las 6:00 pm

Así que un día visitó el basurero donde botan las verduras más magulladas en la Tiendona. “Yo iba por los niños”, explica, “llegué y cuandovi bastante gente jalando cosas y llegué también con una mi manta como que era superman.

De bolada algunos días me iba bien, otros no ganaba nada”. Por eso, su compañera de vida y él llegaron a un acuerdo.

Mientras ella trabaja como vendedora ambulante, Felipe hace las labores del hogar: cocina, lava, plancha, barre y atiende a los niños. “El trabajo de la casa es pesado también”, reconoce, “pero sí quisiera ganar trabajando afuera”, dice con mirada húmeda.

La fortuna de José, quien seis meses antes de salir de Mariona ya tenía empleo, solo es compartida por otros 31 internos en semilibertad. Mientras el presupuesto asignado a la Dirección de Centros Penales no dé para más, los Luis y los Felipe seguirán a la espera de una oportunidad.

 


CARTAS DE LIBERTAD

Camino a la reinserción

A la fecha, 174 internos en Fase de Confianza reciben cursos de
capacitación para que cuando el equipo técnico evaluador lo estime
conveniente pasen a la Fase de Semilibertad, donde se les conseguirá
empleo entre las empresas colaboradoras.

Texto: Lilian Martínez
Fotos: Lizette Moreno
vertice@elsalvador.com

En el Ministerio de Trabajo no tiene registro de los ex internos que solicitan empleo: “Tenemos una bolsa de 80 mil personas, pero no ponen ese tipo de información.

En los 8 ocho años que tengo aquí sólo una persona ha venido en esas condiciones”, afirma Leonel José Larios del Departamento de Empleo de dicho ministerio.

En El Salvador, el único programa oficial al que puede remitirse, quien alguna vez haya tenido problemas con la ley, es el que funciona en la Dirección de Centros Penales.

El Centro Coordinador Post-Carcelario es la instancia que hace posible que funcione el régimen abierto que se creó como una opción para disminuir la sobrepoblación de los centros penales, pero que también busca posibilitar la reinserción de los ex internos. “Pasamos por un proceso de casi 3 años, con ayuda sicológica, control, salud mental, tratamiento anti-drogas, educación sexual...”, recuerda José, uno de los beneficiados.

Luego, los reos son evaluados para ver si tienen tolerancia y capacidad para aprender un oficio. “También miran si uno tiene arraigo familiar, o sea, algo porqué volver”, explica el ahora trabajador de la industria de la construcción.

“La Dirección de Coordinación Pospenitenciaria busca la posibilidad de establecer un vínculo laboral de los internos, conseguirles el trabajo y darle seguimiento a la actividad laboral de ellos”, afirma el Director de Centros Penales, Rodolfo Garay. Sin embargo, el trabajo de este centro tiene limitantes.

Según Garay, si se contara con más personal técnico y profesional se podrían realizar más evaluaciones y tratamientos, lo que permitiría incorporar más población penitenciaria a este régimen, ya que de los 11,113 personas recluidas sólo el 1.85% está en régimen abierto.

Eso se arregla “con un refuerzo presupuestario”, en palabras d Garay. Sin embargo, “creo que la dificultad más grave para un interno es regresar a un ambiente hostil”, afirma el Director de Centros Penales.

“Está en la ley penitenciaria”
Desde 1997, la ley establece que el Director General de Centros Penales vele también por la reinserción de los internos.


Art. 113.- Define la labor que desarrollará el Centro de Coordinación Post-Carcelario.
“Promover la reinserción laboral de los ex-condenados y mantener contacto fluido con todas las instituciones o personas dedicadas a la asistencia post-carcelaria”.
“Es difícil romper con la estigmatización. Son muy pocos los sectores dispuestos a dar una oportunidad laboral”.
Dr. Rodolfo Garay Pineda
Director de Centros Penales

Ayuda para ex internos
Los interesados en conseguir empleo puede hablar a la Dirección de Centros Penales.
Tel.: 221-3688
Si prefiere visitar la dirección está se encuentra en el edificio 3-B del Centro de Gobierno.
Tel.: 222-1091

 


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