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LA
COLUMNA

El
valor del ciudadano
Lo dijo el presidente de Concultura esta
semana en una entrevista radial, y parafraseando un poco, que no hay
dinero para hacer muchas cosas que se desean en función de elevar
el valor de nuestro patrimonio cultural ante los ojos de la ciudadanía.
Así respondió Federico Hernández a la instancia
de un oyente preocupado -entre otras cosas- porque de una vez por todas
se convierta nuestro bello Palacio Nacional en un museo, que sea un
edificio funcional, útil, un activo centro cultural como sucede
en otros países.
En ese programa -muy ameno y popular por cierto- se habló por
largo rato de la necesidad de fomentar en la población el amor
por nuestra cultura. Pero hubo un detalle que llamó mi atención,
y es que entre risas y bromas se enfatizaba en el hecho de que todo
proyecto que vaya en función de esa educación cultural
“cuesta mucho dinero”.
Por años he venido escuchando cómo los funcionarios públicos
argumentan no poder realizar muchos proyectos beneficiosos para la población
porque el mayor obstáculo que enfrentan es uno llamando dinero,
es la falta de recursos, es el deficiente presupuesto, etcétera,
etcétera.
Pero, por otro lado, existe un despilafarro terrible de los fondos públicos
en ciertas dependencias estatales y semiestatales. ¿Cómo
se explica entonces la vida inactiva que llevan muchos empleados de
oficinas públicas? ¿Cómo explicar esa contratación
de personas sin que tengan algo que hacer o que hacen tan poco? Y encima
de eso, irrespetan al ciudadano que demanda sus servicios con una escasa
o nula atención.
Quién puede explicarme, por ejemplo, cómo una institución
como el Seguro Social que se supone está para velar por la salud
de sus cotizantes y sus familias, le diga a una angustiada abuela que
busca medicina para su pequeño nieto en estado febril y sus bronquios
atrofiados, que no pueden atenderlo porque están de vacaciones,
que vaya al hospital Benjamín Bloom.
Esto sucedió en la unidad médica del ISSS de Ilopango
durante los festejos agostinos. ¿Dónde estaba el personal
de emergencia, dónde el valor de la salud de ese niño
que como muchos los necesitan? La abuela con el hijo de una cotizante
que les paga puntualmente su cuota tuvo que buscar ayuda en otra parte.
¿Qué sentido tiene sostener entidades burocráticas
que por un lado se lamentan de escasos presupuestos y por el otro despilfarran
y le cierran las puertas a quienes se deben? Injusticias de un sistema
de administración pública que está enfermo desde
hace mucho y no lo curan, que se deben al ciudadano y no le cumplen.
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