15 de febrero de 2004


CRÓNICA

Érase una vez...
San Valentín

Hay muchas historias sobre su origen. Tiene muchos significados.
Sin embargo, para muchos salvadoreños el día a veces se convierte
en un pretexto para sostener una aventura solapada, de esas que se
ven a ráfagas en las puertas de las decenas de hospedajes y moteles
de San Salvador. Y todo comenzó con un santo.

Wilfredo Hernández
vertice@elsalvador.com
Los lugares públicos capitalinos se han convertido en los lugares por exelencia para prodigarse amor.

Para unos, todo comenzó allá por el Siglo III, durante la celebración de las Lupercales. Esos ritos llenos de furor sexual en honor al dios de la fertilidad, Lupercus, en los que el atractivo principal era una rifa de mujeres para que cada hombre tuviera con quien divertirse todo un año, hasta el siguiente 15 de febrero, cuando se realizaba de nuevo el festejo y el sorteo.

Otros, un poco más conservadores y románticos, se remontan a la Escocia del Siglo XVI y cuentan la historia de dos jóvenes enamorados que contrariaron a sus familias a costa del amor que sentían hasta la muerte de uno de ellos, precisamente un 14 de febrero.

Otros se lo atribuyen a San Valentín, un sacerdote que se enfrentó al emperador Claudio II cuando éste prohibió las matrimonios entre jóvenes porque consideraba que los hacía malos soldados. El santo desoyó la orden del emperador, lo que le costó la muerte.
… y así sucesivamente.

Pero al salvadoreño común no le interesan las historias de amor y, además, no espera llegar al ombligo del mes de febrero para demostrar amor, o lo que él considere que es ese sentimiento. Cualquier día de la semana, a cualquier hora, bajo cualquier pretexto, se lanza a la búsqueda de la privacidad que le permita dirimir sus asuntos de corazón abierto.

Y si es fin de semana, día de pago, y casualmente 14 de febrero, mejor.

Por eso hay lugares que se han convertido, a fuerza de leyendas urbanas, en auténticos nidos de amor y en espacios preferidos para los encuentros furtivos.

Cualquier calle, parque o espacio público se puede convertir, de improviso, en el lugar ideal para prodigar amor. Los más cautos y tímidos buscan entre la vasta gama de auto hoteles y hospedajes que ofrecen las ciudades. Incomodidad o comodidad; todo depende de las circunstancias… o de las urgencias.

La más romántica

Si el amor es sólo sexo, San Salvador es quizá una de las ciudades más románticas de la República. Si no, cómo explicar los 60 moteles y los 196 hospedajes que registra la Alcaldía Municipal. Un próspero negocio que deja, en el caso de algunos moteles, ingresos de hasta $1,200 diarios, en temporada normal.

El parque balboa, en los planes de renderos, es fiel testigo de los encuentros furtivos de los amantes capitalinos.

O de los famosos parques Balboa, en Los Planes de Renderos, a unos 15 minutos del centro de San Salvador, o del Cuscatlán, coincidentemente reinaugurado ayer, día del amor y la amistad.

Una fuente de la comuna sugirió, con picardía, que la decisión municipal había sido simbólica. “Usted entiende”, dijo.

A falta de recursos económicos, o quizás guiados por un curioso sentido aventurero, los capitalinos han hecho de estos lugares los ideales para una tarde “romántica”.

Con la soledad y la placidez de los jardines, con religiosa puntualidad, uno a uno van llegando a los lugares ganados a fuerza de constancia. No se conocen; pero se han visto en más de una ocasión. Desde un auto rojo, una pareja observa como se deshacen en caricias los enamorados del carro azul que se acaba de estacionar a escasos tres metros de donde están ellos.

No hay sorpresas, ni sobresaltos. Es el mismo auto que llega todos los días, a esa misma hora, a la “calle del amor”, como se le conoce a esa arteria en el interior del parque Balboa.

LA CALLE DEL AMOR
Infracciones 114
El número de infracciones que reporta la Alcaldía capitalina al Artículo 38 de la Ordenanza Contravencional. Este año ya van 14.
Moteles 60
El total de moteles que tiene registrado la Alcaldía de San Salvador. El precio por cada habitación oscila entre los $14 y $16 las seis horas.
Hospedajes 196
Es la cantidad de hospedajes o casas de huéspedes que registra la comuna. En la mayoría de ellos la tarifa anda por $4 las cuatro horas.
El oso… el icono
Es uno de los hospedajes más populares no solo de San Salvador y su nombre está en boca de todos.
Tal vez el número 243 de la 11a. Avenida Norte no diga nada por sí solo. Pero si es precedido de las tres letras más famosas de la capital quizás despierte más de algún recuerdo o saque alguna que otra sonrisa pícara: El Oso, el icono de la historia sexual furtiva de San Salvador.
“No sé de dónde viene tanta fama”, dice José, el cajero del famoso hospedaje.
Su historia inicia en los 70, y su fin inicial era ofrecer resguardo para acoger a los viajeros que perdían el bus de las 7:00 p.m. que los iba a transportar al Puerto de La Libertad.
Nadie puede precisar cuando fue que se transformó en el refugio de amor para muchos empleados, obreros y comerciantes resbaladizos en busca de un momento de placer.

Nadie se habla. Pero todos se sienten cómplices de efímeros y disimulados juegos sexuales. Y de riesgos corridos.Porque es riesgoso.

Desde 2000, la Alcaldía capitalina, auténtica enemiga de la obra de Cupido, decidió multar entre 500 a mil colones al “que realizare actos sexuales en lugares públicos”, en fiel cumplimiento al Artículo 38.

Pero no importa. El riesgo vale la pena. Los 114 atrapados in fraganti el año pasado y los 14 de este año atestiguan que no se puede contra el espíritu de Cupido.

Pero si no se quiere correr esos riesgos, existe la posibilidad de un “hotel de paso” o “casa de huéspedes”; los nuevos nombres que han adoptado los hospedajes, o la de los moteles.

El día del amor

Si la demanda en días normales es creciente, imaginarse la de fechas como la de ayer no resulta muy difícil de acertar.

“Los días comunes normalmente se hacen 25 habitaciones, de las 46 que tiene el motel, pero cuando es 14 de febrero, día de la secretaria u otra fecha, esto (el local) está a reventar”, acepta una empleada de un auto hotel al poniente de San Salvador.

Y la preferencia y ocasión tienen su premio. Los 16 dólares que se invierten en seis horas de amor, también dan derecho a una rosa para su pareja.

Así es en los lugares de carros. “Allá por la calle de los locos”, dicen algunos. Donde los conductores se ven hablando solos y de repente se pierden a medio camino. Sí, allí. Camino al Puerto de La Libertad, por la UCA, por la calle a Mejicanos, por el estadio Flor Blanca, por la antigua calle a Soyapango, por Agua Caliente. “El Castillo”, “El Palace”, “El Flamingo”, “Las Cabañitas”, “El Íntimo”, “El Hilton”, “La Manzana”, “La Pradera”, etc.

Y si la economía anda resentida, queda la opción de “Los Ancianitos”, “Las Flores”, “El Águila Negra”, “El Soñador”, “El Encanto” y otros 191 nombres sugestivos que siempre tienen la puerta abierta a cualquier pareja. Sólo son cuatro módicos dólares por el rato (cuatro horas). Ahí no hay rosas; pero es probable que sí, mucho, mucho amor.

Basta darse una pasada por las calles de San Salvador para comprobar que -en cuestión de hospedajes- no es para ponerse a llorar.

Hay arterias que tienen hasta seis en fila. Son los moteles populares, los que están al oriente de la capital, “el otro San Salvador”, el del vulgo. Las cuevas de amor de los obreros.

Después de esto y si nos atenemos a la afirmación del sociólogo francés Jean-Claude Kaufmann de que el amor “nace, hoy en día, tras la primer noche de cama” los salvadoreños vivimos eternamente enamorados.

Entonces, si el deseo que sentimos hacia el otro hace que nazca el amor, de acuerdo con la teoría de Kaufmann, cada 14 de febrero superamos con creces esa crucial mañana, tarde, noche.

Sobresalientes

Como lo hicieron Mario y Rosa, así a secas, dijeron. Él, un obrero de la construcción. Ella una empleada doméstica. Él de 36 años, ella, 35.

Ambos se acercan con timidez a la esquina que forman la 13a. Avenida Norte con la 3a. Calle Poniente.

Artículo 38 “el que realizare actos sexuales en lugares públicos, será sancionado con multa de quinientos a mil colones”.
Artículo 37 el que en sitio público o de acceso público realizare tocamientos impúdicos será sancionado con multa de 500 a mil colones.

Él camina a la izquierda, al lado de la cuneta, como debe ser, como todo un caballero. Ella se autoconvence para no desfallecer en el momento crucial.

Hablan de cualquier cosa. Poco a poco, un rótulo amarillo se hace visible. La mirada nerviosa hacia todos lados los delata. Izquierda, derecha y ¡zas! de repente han desaparecido de la acera. Un cartel desteñido los recibe, “Bienvenidos al Hospedaje El Tikal”. Tendrán cuatro horas para evaluar cuánto se quieren. Qué importan las habladurías y las sonrisas de dos dependientes de un negocio contiguo. Para ellos sólo existe el deseo de estar juntos, de alimentar su enamoramiento.

Quizá no sepan que ese sentimiento, de acuerdo con una investigación de la Universidad de Cornell, sólo perdura durante un período de 18 a 30 meses. No les importa; ellos quieren vivir el momento. En solitario, sin riesgos.

Pasaron poco más de 200 años antes de que el Papa Gelasio proclamara al mártir cristiano Valentín “Patrón de los enamorados”.
De alguna manera, con ello el Santo Padre buscaba contrarrestar la fascinación que tenían los Lupercales entre los adolescentes cristianos.

Quizá lo logró. Tal vez no. Lo que sí es cierto es que, con el tiempo, la fiesta pagana y los sorteos se fueron borrando de la mente de los cristianos; aunque el sentimiento afectivo obviamente prevaleció. El amor lo es todo, dicen algunos. Y si el amor es sexo, como decíamos unas líneas arriba, entonces los capitalinos lo tenemos todo porque ¿será el trópico o el eterno verano? pero el salvadoreño no desperdicia el afecto.


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