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LA
COLUMNA

El
intelecto de las bellas
Los concursos de belleza siempre han llamado mi
atención. He visto un par de ediciones en la televisión
y cada vez creo experimentar diferentes sensaciones. Alguna vez me provocó
expectativas de saber quien ganaría el trono de “la mujer
más bella de El Salvador”. Pero, últimamente me
he visto en la imperiosa necesidad de reflexionar sobre el verdadero
sentido de estos eventos.
Por más que intento encontrar el provecho de los concursos de
belleza, mi esfuerzo resulta vano. No encuentro más que lindas
muchachas a las que se les premia -supongo que con justicia- la mejor
cabellera, las mejores piernas, la mejor silueta, la más fotogénica,
la mujer integral y otros más que se me quedan en el tintero.
Más que satisfacciones encuentro vanidades. Quisiera ver más
allá de contorneadas figuras y bellos rostros (entiéndase
el concepto de belleza, según los cánones socialmente
establecidos).
Quisiera escucharles hablar más allá de sus posibilidades
en competencias como la de traje de baño porque “mi fuerte
es mi cuerpo”, o de confusas reflexiones como que “...la
concentración a la hora de la expresión juegan un papel
fundamental, ya que puede transmitir su inteligencia con seguridad”.
Esto es para dudar que en los concursos de belleza las capacidades intelectuales
de una mujer -con intención o sin ella- pasan a segundo plano.
Otras han relegado sus mismísimas carreras universitarias cuando
comentan lo felices que están porque han realizado su “máximo
sueño” de participar en el certamen. Me pregunto si el
horizonte de la juventud es tan limitado porque a ninguna le he escuchado
decir que tras coronar sus carreras universitarias desea ayudar a este
país contra sus múltiples problemas y necesidades.
Creo que ya es tiempo de romper con la tradición de presentar
maniquíes que repiten movimientos y palabras carentes de relevancia.
Es tiempo de que estos concursos se conviertan en ventanas de la inteligencia
de la mujer y no en simples pasarelas donde derrochan gracia y repiten
el mismo discurso de siempre: que la mayor virtud que tienen es tener
confianza en sí misma, que si ganan el trono llevarán
un mensaje de amor y solidaridad al mundo, que contarán al mundo
que los salvadoreños somos gente cálida y trabajadora.
Nada más obsoleto.
Pero si las candidatas y los organizadores tienen la misión de
proyectar algo más que una bella apariencia, los periodistas
tenemos el reto de hurgar más allá de la trivialidad.
Si esto se logra, se abonaría en mucho a la construcción
de un renovado concurso que nos permita contar con una “Señorita
El Salvador” del siglo XXI, que constituya más que un concentrado
de atributos físicos.
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