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Democracias
infectadas Informe Especial
Los
hijos que fundaron una dinastía
Historial.
Hace 20 años, José María Figueres participó
en una estafa de $10 millones. Su soborno era un hecho esperado. De
Calderón se tenían mejores antecedentes
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José
María Figueres no quiere regresar a Costa Rica. Teme que
lo encarcelen, al igual que otros dos ex presidentes. El Congreso
pidió que lo extraditen lo más pronto posible. INTERPOL
lo buscará donde esté.
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Abrí la puerta de la sala de visitas del
diario La Nación, de Costa Rica, y miré extrañado
a aquellos dos estadounidenses: eran dos religiosos evangélicos,
representantes de importantes iglesias de su país.
No les había visto jamás. Tampoco les esperaba. Cuando
pregunté, a la secretaria, por las razones de la visita, me respondió
que aunque no tenían cita, insistían en hablar conmigo
porque querían denunciarme algo grave que les ocurrió.
Dicen que necesitan confiarle a alguien, algo muy grave que les
pasó. Juran que los persiguen y que sus vidas corren peligro.
Con esa introducción, ningún periodista se habría
rehusado a hablar con ellos.
Por eso abrí la puerta de la sala con malicia y expectación
en un país, y en una época, donde no pasaban muchas cosas
importantes.
Primero miré a una mujer vestida conservadoramente. Llevaba una
falda muy larga. Un pañuelo le cubría su cabeza.
En su nariz se había colocado una mascarilla blanca. Después
sabría que era terriblemente vulnerable a las alergias y que
la contaminación de San José la agobiaba.
Al lado suyo estaba un pastor de casi dos metros de altura de una de
esas importantes iglesias renovadas de los Estados Unidos.
Como movido por un resorte, me dijo sin esperar, siquiera, que nos sentáramos:
señor Fernández, los Figueres nos han estafado.
¿Quiénes?, pregunté.
Los Figueres: don Pepe y su hijo José María
respondió.
La estafa
Esa primera conversación con los religiosos estadounidenses sucedió
hace 20 años, una mañana de abril de 1984.
Los dos visitantes me mostraron unos documentos que les entregaron en
la hacienda La Lucha, propiedad de José Figueres (tres veces
presidente de Costa Rica y a quien se le tiene como uno de los desaparecidos
iconos del poder costarricense). Se trataba de varios certificados de
inversión en una supuesta mina de oro localizada al noreste de
San José.
La cantidad invertida era gigantesca. A cambio de esos papeles, los
religiosos habían entregado, a nombre de sus iglesias, casi un
millón de dólares.
Los títulos los había emitido una sociedad anónima
que se llamaba Minas Consolidadas de Centroamérica.
Prometían una rentabilidad muy grande, en muy poco tiempo.
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A cambio de
los papeles, los religiosos entregaron, a los Figueres, casi $1
millón
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Ahora sabemos que en esa mina no hay oro. No hay
nada. Estos dineros no son nuestros. Son de nuestra iglesia. Nos han
timado. Cuando fuimos a presentar una demanda penal a un juzgado, se
nos acercó un tipo y nos dijo que, si nos atrevíamos a
hacer eso, nos matarían o nos expulsarían a Costa Rica.
Nos aseguró que si a algo debíamos temerle era a don Pepe
porque es el hombre más poderoso de Costa Rica, me dijo
John Norton, el pastor.
¿Cómo decidieron invertir en esto?, pregunté.
Porque nos invitaron a hacerlo. Vinimos a Costa Rica y nos alojaron
en la hacienda de don Pepe. No sólo a nosotros nos han timado.
A muchas otras iglesias de los Estados Unidos les pasó lo mismo,
dijo John.
La conversación inicial fue inusualmente larga. Cuando acabó,
no dudé que tenía en mis manos un importante caso periodístico.
Después de eso, durante varios meses hurgué, luché,
examiné sociedades anónimas en el registro mercantil y
visité la supuesta mina que, en ese entonces, ya estaba abandonada.
También revisé cuentas bancarias, viajé para hablar
con afectados y, después de varios meses, publiqué el
resultado de una larga investigación periodística.
Poco antes de hacer eso, hasta me ofrecieron, en un restaurante josefino,
una buena cantidad de dólares, un enviado de dos mafiosos, para
que me callara, de una vez por todas.
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José
M. Figueres, a quien vemos descendiendo de un avión al
lado de su ex esposa, gobernó Costa Rica en tiempos de
Armando Calderón Sol.
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El resultado de todo lo que denuncié, podría
resumirse así:
José Figueres, y su hijo José María, quien después
llegó a ser Presidente de Costa Rica (1994-1998), timaron en
casi $10 millones a varias iglesias protestantes de los Estados Unidos
vendiéndoles títulos de inversión en una supuesta
mina de oro en la que, ni siquiera, agua se podía
sacar.
Todo ese negocio lo hicieron asociados con dos hombres estadounidenses,
de apellidos Rudd y Carrano, prófugos perseguidos por la justicia
de su país.
A Rudd lo perseguían por inventarse una supuesta cura del cáncer
y sacarle cientos de miles de dólares a cientos de personas en
una clínica clandestina que estableció en Ohio.
A Carrano lo tenían como un miembro de la mafia de Nueva York
que, igualmente, cometió varios delitos en los Estados Unidos.
Cuando los inversionistas corrieron a reclamar su dinero,
al percibirse estafados, a los más débiles los corrieron
del país y los amenazaron de muerte.
A los que aguantaron un poco más las embestidas del poder de
los Figueres, les dijeron que esperaban los resultados de un negocio
de más de $300 millones para pagarles.
Con las pistas necesarias en mis manos, también hurgué
en ese negocio: los Figueres, y los prófugos estadounidenses,
tenían un descabellado plan.
Tenían en su poder bonos fijados en oro del Tercer Reich que,
supuestamente, los habían robado los nazis alemanes a los judíos
de ese país que acabaron en las cámaras de gas.
Como los títulos estaban prescritos por las reglas de la renegociación
de la deuda alemana que se hizo al acabar la Segunda Guerra Mundial,
la administración alemana únicamente aceptaba el cobro
que se hiciera de gobierno a gobierno.
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Los
figueres también pretendían cobrar unos bonos robados
a los judíos en la segunda guerra mundial.
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Tanto
josé María Figueres como su padre tuvieron una extraña
relación con dos prófugos estadounidenses
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Los Figueres y los prófugos -que más tarde
serían detenidos y extraditados a su país- trataban de
convencer, en 1984, al gobierno socialdemócrata de Luis Alberto
Monge, que los cobrara.
Luis Alberto Monge me reconoció, en su despacho presidencial,
que los Figueres lo estaban embrocando para que hiciera ese negocio
y que, supuestamente, le darían un porcentaje al estado costarricense.
Sin embargo, no sabía que detrás de ese negocio estuviesen
dos prófugos estadounidenses. Por supuesto, después de
la publicación el negocio se les cayó.
No es extraño
Todo eso lo denuncié en el periódico La Nación
en 1984.
Además del odio de un sector importante de la clase política
costarricense, me gané, como resultado de eso, otras dos cosas:
una demanda por injurias y calumnia, y una solicitud para que pagara
$1 millón como daños y perjuicios.
Al final, resulté absuelto por la Corte Suprema de Justicia de
Costa Rica por publicar la verdad (exceptio veritatis).
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El problema
de Calderón y Figueres es que hicieron, de la
herencia de sus padres, una dinastía política.
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También gané una grabación que
todavía guardo en la que José Figueres, el fundador de
la segunda República de Costa Rica y uno de los líderes
más importantes de la historia de ese país, le dijo a
un periodista: Dígale a Lafitte que él, su familia,
y todos sus descendientes, con una pérfidos y unos hijos de puta.
Cuando recuerdo esa cuantiosa estafa en la que estuvo involucrado José
María Figueres, además de su padre, no encuentro nada
extraño en el hecho de que la fiscalía costarricense le
encontrara, en sus cuentas personales, un soborno de casi un millón
de dólares de la empresa francesa Alcatel, a cambio de favorecer
millonarios contratos con la empresa estatal de teléfonos.
Aunque pasaron los años, todavía no logro entender cómo
fue posible que Costa Rica eligiera como gobernante a un hombre con
ese tipo de credenciales.
Mucho menos que llegara a presidir el Foro Económico Mundial
de las Naciones Unidas, al que tuvo que renunciar, hace pocos días,
después de conocerse el nuevo escándalo en el que está
metido en su país, junto a otros dos ex gobernantes.
José María Figueres y Rafael Ángel Calderón
Fournier, otro de los ex gobernantes enjuiciados, tienen algo en común:
son los hijos herederos de todo el imperio político del bipartidismo
que construyeron sus padres.
José Figueres, padre de José María, fundó
el partido socialdemócrata en los años cuarenta, al lado
de un grupo de importantes intelectuales costarricenses de esa época.
Rafael Ángel Calderón Guardia también sentó
la base de la democracia cristiana, inspirado en la doctrina social
de la Iglesia Católica y sus estudios en la universidad de Lovaina,
Bélgica.
La trampa
Quizá el principio de los males de los costarricenses radica
en el bipartidismo mismo.
Desde hace mucho tiempo se producen quejas y críticas por acusados
arreglos entre los socialdemócratas y demócratas cristianos.
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José
María Figueres y Arnoldo Alemán acabaron envueltos
en ruidosos casos de corrupción en sus países. Alemán
está en prisión. Figueres huye.
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Pero, las dificultades pueden haberse profundizado con
el hecho de que, por la influencia de Figueres y Calderón en
la historia política de Costa Rica, sus hijos decidieron crear
de la historia, una dinastía.
Que en una misma cuenta bancaria de Panamá aparecieran sobornos
para los hijos de Calderón y Figueres lo que revela es un hecho:
Alcatel, la firma francesa, pagó a uno y a otro para que les
aprobaran los contratos por más de $200 millones sin tropiezos.
¿Por qué era necesario hacer eso? Porque existe un acuerdo
entre los dos partidos para que las juntas de directores de las principales
instituciones autónomas, se repartieran en proporción
de 4 a 3.
Cuatro directores le corresponden al partido que gobierna. Tres a la
oposición.
Entonces, si alguien quiere asegurarse un contrato estatal en Costa
Rica, lo mejor es sobornar a quienes ejerzan influencia directa en los
directores de esas instituciones descentralizadas.
Quizá por eso tampoco fue especialmente difícil para los
fiscales encontrar a los culpables: un tanto para uno. Otro tanto igual
para el otro.
El padrino
La reputación de José María Figueres siempre tuvo
techo de vidrio en Costa Rica. Además, su gobierno acabó
con uno de los índices de popularidad más bajo de la historia
costarricenses.
La de Rafael Ángel Calderón Fournier era distinta.
Se le reconocía que, tras la muerte de su padre, le tocó
construir, extremadamente joven, un partido político bajo la
marca de la democracia cristiana.
Su gobierno (1990-1994), no estuvo marcado por grandes escándalos
de corrupción, como sí los mostró, históricamente,
las administraciones socialdemócratas.
En esa medida, el hecho de que pillaran a Calderón Fournier en
actos de corrupción significó una sorpresa para muchos
costarricenses.
Su caso, sin embargo, es diferente: lo que sucedió es que él
colocó a uno de sus hombres más cercanos en el instituto
del seguro social.
El médico Eliseo Vargas promovió un préstamo de
cooperación del gobierno de Finlandia para comprar equipo médico,
exclusivamente, a una compañía de ese país.
El
crédito llegó a Costa Rica aparejado de $8 millones en
sobornos. Eso provocó un óleo de dinero que llegó
a manos de muchos, incluído Rafael Ángel Calderón
Fournier.
Lo que quedó después al descubierto fue algo que se puede
describir así: muchos robamos pero al jefe mayor del partido
también le corresponde una parte importante (más de medio
millón de dólares).
La pregunta que se hacen ahora los costarricenses frente a la figura
de Rafael Ángel Calderón es: ¿Todo funcionó,
durante muchísimos años, de esa manera? ¿Esa era
la manera de repartirse los botines en las compras del Estado?
La mayoría cree que sí. Por lo menos así lo demuestran
las más recientes encuestas públicas.
El camino de los sobornos
Así se hizo
La empresa francesa Alcatel giró dinero a un despacho
de abogados poco conocidos. Estos abrieron una cuenta en un banco de
Panamá desde donde se giró el dinero a los ex presidentes
costarricenses.
Figueres
No quiere regresar a Costa Rica a explicar su conducta. Teme que le
encarcelen.
Los diputados pidieron que lo extraditen.
Calderón
Está en una prisión común. Le ordenaron detención
provisional por seis meses mientras se examina, penalmente, su conducta.
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EL FUTURO DE JOSÉ
FIGUERES
Extradición
Una comisión investigadora de la Asamblea Legislativa pidió
a las autoridades que extraditen al ex Presidente Figueres Olsen,
quien se encontraría en Suiza.
INTERPOL
Las autoridades costarricenses también le pidieron a la
Policía Internacional (INTERPOL), que lo busquen en cualquier
país donde se encuentre.
Su temor
Después de hallársele un soborno de casi un millón
de dólares, probablemente teme que lo encarcelen como se
hizo con otros dos ex presidentes.
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