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Democracias
infectadas Informe Especial
La
cleptocracia de Portillo
Lenguaje
cotidiano. Esta es la historia de un presidente y su grupo de chamusqueros.
Chamusca, en el lenguaje popular guatemalteco, es un partido informal
de fútbol que se juega a veces entre amigos
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El ex gobernante
Alfonso Portillo siempre dijo que las acusaciones correspondían
a motivos políticos
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MILLONES
$1,000
Se presume
que ésta es la
cantidad que saqueó el grupo de don Paco a los banco
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QUETZALES
Q20
Los millones
que fueron
depositados en el Banco
de Crédito Hipotecario Nacional en una sola noche
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El remolino de polvo y zacate recién cortado
apenas deja ver la bandera nacional y la insignia del Estado Mayor Presidencial
estampadas al inicio de la cola de los helicópteros. Una docena
de jóvenes soldados corre hacia ellos, con sus cabezas bajas
y como viendo hacia atrás para evitar que sus ojos se llenen
de basura.
De las dos aeronaves, la presidencial y su colero de seguridad, descienden
12 gentes. Primero lo hace Julio Girón, el espigado secretario
particular del mandatario, a quien se le caen los anteojos de sol. Se
agacha a recogerlos y así, con su espalda casi en posición
horizontal, camina rápido hasta abandonar la circunferencia por
donde pasan las aspas de la aeronave.
Lo mismo hacen el Presidente Alfonso Portillo Cabrera, con atuendo deportivo,
pantalón y chumpa de azul oscuro y zapatos para jugar
al fútbol, negros, con el icono de Nike. Detrás suyo vienen
cuatro personas más. De la otra aeronave bajan otros seis individuos.
El sol quema el campo deportivo de la Base Naval del Puerto San José,
en el Pacífico guatemalteco.
Todos acuden a la chamusca presidencial.
Desde los primeros días de su gobierno, el Presidente Alfonso
Portillo Cabrera y su grupo más cercano de amigos y servidores
acostumbraron tener estos encuentros.
Venían militares, generales activos y retirados, jefes y subjefes
del Estado Mayor presidencial, banqueros viejos y jóvenes, sus
secretarios privadísimos y amigotes del alma.
El fútbol no era lo importante. La verdadera razón de
la cita era otra: negocios, dinero y la magia de transformar lo público
en privado.
Muchos de ellos eran sindicados con anterioridad de pertenecer a lo
que aquí, en Guatemala, llaman poderes fácticos, integrados
por militares y civiles que dirigen las mafias de narcotraficantes,
tráfico de migrantes, contrabandistas, secuestradores, ladrones
de carros y los saqueadores del Estado en miles de formas.
Pero entre esos personajes destacaba uno: don Paco
Resulta que don Paco, o El Ingeniero, es el empresario,
banquero e importador de vehículos europeos de lujo cuyo nombre,
Francisco José Alvarado Mac Donald, de 70 años de edad,
los periodistas sacamos del cómodo anonimato.
Su nombre se pronunciaba con reserva en círculos empresariales
y a veces en voz baja entre las autoridades estatales. De hecho, hasta
la policía hablaba con cautela sobre los expedientes que documentan
el aterrizaje de al menos una narcoavioneta en una finca del banquero.
Sus principales empresas llegó a tener una veintena
eran dos bancos y una financiera: el Banco Metropolitano y el Banco
Promotor. Los bancos gemelos, como les llamaba todo el mundo. Por cierto
que llevan cuatro años de haber sido intervenidos administrativa
y judicialmente, sin que hasta el momento le cause desplome alguno a
su grupo empresarial.
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Cuando alfonso
portillo ganó la presidencia, don Paco le dio en préstamo
una amplia casa en una zona lujosa de la capital guatemalteca,
la 14
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Don Paco, hombre calmo y de finos modales, cabeza despoblada
y bigote cano, era en realidad el jefe del grupo, pese a que el presidente
era quien convocaba al grupo chamusquero. Y es que don Paco, desde muchos
años antes, tuvo en Portillo al correveidile y cuentachistes
a sueldo, vehículo y gastos incluidos, hasta la misma víspera
del día en que éste se lanzó como candidato presidencial.
Escribo mal. Portillo nunca dejó de ser su empleado. Y es que
el presidente sacapaneco simpaticón, amante de caros relojes
y del buen ron, antes de ganar la Presidencia del país fue el
asesor que manejaba las relaciones públicas, institucionales
y políticas de las múltiples empresas de don Paco.
Especialmente las de sus bancos gemelos, que hoy se mueven en un litigioso
pero inmóvil tren de denuncias en 15 juzgados, que carga gigantescos
expedientes de presunta quiebra o insolvencia, fraudes y estafas al
Estado, que hasta ahora cuesta a los guatemaltecos no menos de 1,500
millones de quetzales (unos $187 millones de dólares)
Cuando Portillo ganó la Presidencia tras una campaña
electoral cuyo principal patrocinador individual fue don Paco,
el patrón le compró una amplia casa en la lujosa zona
14 guatemalteca. No había tomado el poder Portillo y los guatemaltecos
ya sabían esto contado por Siglo Veintiuno, el diario que comanda
las denuncias por corrupción en Guatemala.
Fue también don Paco quien tras apenas dos semanas de que su
empleado tomó el poder le envió un memorando en el cual
le daba instrucciones de cómo debería manejar su política
salarial en el sector privado.
Ya para entonces Portillo le había nombrado a sus dos hijos en
dos puestos claves: al mayor, José Francisco Alvarado, le colocó
de gerente de la Presidencia de la República, al mismo tiempo
que era miembro del Consejo de Administración del Banco Metropolitano
y tesorero de una empresa que vende autos europeos de lujo.
Pero también coordinaba la Comisión Multisectorial del
Transporte, donde el gobierno manejaba todos los asuntos de los autobuseros,
muchos de los cuales son clientes de esa compañía que
representa una marca de automotores.
El hijo menor, Alfredo Alvarado, se desempeñaba como Secretario
de Asuntos Particulares de la Presidencia. También era miembro
del Consejo de Administración del otro banco, El Promotor.
Don Paco y sus dos hijos actualmente son procesados por el Ministerio
Público y la justicia guatemalteca.
Don Paco y el resto de chamusqueros eran los cuates del presidente que
actuaban cual gabinete paralelo. En esos encuentros realmente se discutía
y decidía políticas públicas, inversiones o manejos
financieros cuantiosos y asuntos bancarios del Estado. Este grupito
decidía sobre todos los fondos públicos. Fácil
imaginar cuál era la dirección preferida que le asignaban
a esos dineros.
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Sobre este
personaje pesa una orden de captura emitida por las autoridades
de Guatemala. El ex presidente Portillo se refugia en México.
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Mejor dicho, era el grupo de hombres de negocios que
con su ficha presidiendo el gobierno disponía del
poder a su antojo como para dictar políticas arancelarias que
les permitiera importar y comerciar, con jugosas ganancias, tal o cual
producto. O trasladar tal o cual cantidad de millones de quetzales y
dólares a cualquiera de sus bancos privados o a alguno de los
estatales que controlaban y manejaban por medio de otros miembros del
grupo.
Toda una corporación del delito, de la corrupción, del
crimen, que disponía que el Ministerio de Finanzas transfiriera
sumas millonarias a tal o cual entidad y con ello poder contratar
algún bien o servicio que finalmente ni se prestaba o entregaba,
pese a que el dinero sí salía de las arcas estatales.
Estos señores llegaron a saquear casi literalmente
no menos de 8 mil millones de quetzales. Esto es unos mil millones de
dólares que en realidad quien hasta ahora ha debido pagar las
deudas es el pueblo guatemalteco.
Solamente don Paco logró que su ex empleado ordenase a la Junta
Monetaria, presidida por el Presidente del Banco central de Guatemala,
que le inyectase Q 900 millones (unos $112 millones de dólares
) apenas 60 días antes de que la misma junta declarara en quiebra
e interviniera sus bancos.
Y no ha pagado nada. El Estado tuvo que cubrir las pérdidas de
los ahorrantes y hasta asumir las de las instituciones públicas
que habían invertido aproximadamente $100 millones, parte de
los cuales estaban depositados a cero interés. Sí, a cero
interés y aun hoy nadie sabe explicar por qué. La mismísima
Procuraduría Penal, o Ministerio Público (MP), depositó
el dinero que tenía para construir un nuevo edificio a cero interés
y, por supuesto, lo perdió.
Otros desmanes
Por un lado, Portillo colocó a otro militar e igualmente miembro
del grupo: Napoleón Rojas, ex miembro de la Contrainteligencia
Militar.
Por el otro, nombró a Vinicio Salam Sánchez (cercano al
mismo grupo), como subsecretario ejecutivo de la Presidencia de la República,
por donde se trasegaron miles de millones de quetzales por medio de
Organizaciones no Gubernamentales para contratar obras públicas
que nunca se construyeron, pero desaparecieron el dinero. Nadie las
controlaba porque son entidades privadas no lucrativas y la ley no permite
a la Contraloría actuar en ellas.
Otro chamusquero importante fue el general retirado Luis Francisco Ortega
Menaldo, quien fue el jefe del Estado Mayor Presidencial del ex presidente
Jorge Serrano Elías, gobernante destituido por el Congreso y
quien, tras abandonar el país para asilarse en Panamá,
es hoy considerado prófugo de la justicia guatemalteca acusado
de corrupción.
No podía faltar el compañero de farra, el salvadoreño
Luis Armando Llort Quiteño, quien aportaba un yate y las mujeres
para las juergas que con frecuencia armaban sobre las plácidas
aguas del Río Dulce en la región atlántica del
país. Llort Quiteño presidía el banco estatal Crédito
Hipotecario Nacional CHN. Lo que no aportaba este salvadoreño
lo ponía Julio Girón, en su calidad de secretario íntimo
más que privado, y quien dirigía la operación de
apertura de cuentas bancarias en Panamá.
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El ex mandatario
supo aprovechar sus candentes discursos para convencer al electorado
guatemalteco. En la foto, tomada durante su campaña proselitista,
se dirige a pobladores de Sacatepéquez..
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Cuando todo esto sucedía nadie escuchó
la voz del Superintendente de Bancos, del Contralor General de Cuentas
ni de la Procuraduría de la República, Fiscalía
General o Ministerio Público. Ahora todos están, respectivamente,
siendo investigados, procesados, presos o en fuga.
Pero en materia bancaria la historia no acaba aquí. Los dos bancos
estatales que sobrevivieron hasta el arribo de Portillo, el CHN y el
Banco del Ejército (Banejer), están hoy así: el
CHN en quiebra técnica, sostenido en unidad de cuidados intensivos
mientras el actual gobierno le encuentra una salida viable, especialmente
para el Fondo Monetario Internacional si es que desea prolongar el convenio
suscrito con ese organismo mundial.
El Banejer fue fusionado con el CHN y sin que mediara la más
mínima discusión nacional. No podía haberla. Se
tapaba una operación millonaria en perjuicio de los ciudadanos.
Lo mismo fue ejecutado en el caso de otro banco privado. El Banco de
Nororiente (Banoro), institución de la que era presidente Ángelo
Bruno Straga, quien en febrero de 2002 regaló un terreno de 13,975
metros cuadrados a Portillo, que por cierto es el lote donde el ex mandatario
recién construyó una enorme mansión cuyo costo
se calcula en un millón de dólares. Tres meses atrás
le devolvió a Paco Alvarado la casa que éste le prestó
durante todo su gobierno en la lujosa zona 14 capitalina.
En ambos casos bancarios, el Estado guatemalteco debió cubrir
multimillonarias pérdidas. Todo fue hecho de un plumazo. Una
noche cualquiera, el entonces vicepresidente Francisco Reyes anunció
que, de emergencia, sin tomar el criterio del Banco Central
de Guatemala, anunció que el Banoro era absorbido también
por el CHN. Se trata de una decisión de Estado, dijo
Reyes.
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El
mayor
implicado en los delitos
huyó a méxico. Antes pasó
por territorio salvadoreño
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Para
robar parte del
dinero se
hicieron -en poco tiempo- 18 depósitos
en efectivo
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Entretanto, como lo publicó Siglo Veintiuno,
la siguiente historia se daba en esos días: Montones de
billetes empacados en cajas arriban a bordo de una Cherokee negra y
una Pathfinder roja hasta la Bóveda de Reserva del Banco Crédito
Hipotecario Nacional. 20 millones de quetzales en efectivo llegaron
la noche del 6 de marzo de 2001.
Apenas horas antes Portillo había ordenado al banco de Guatemala
girar Q900 millones a los bancos Promotor y Metropolitano, los famosos
gemelos de don Paco para devolver a sus clientes el dinero que
tenían depositado.
El mismo día de este depósito Portillo canceló,
repentinamente, su viaje a España, donde se reuniría con
el grupo Consultivo para Guatemala, para atender su agenda interna.
Quizás por ello es que los testigos recuerdan que los billetes
eran casi nuevos y venían empaquetados con precintos
con sellos del Banco Central de Guatemala.
Se hicieron por lo menos 18 depósitos por Q42.8 millones en efectivo
y a deshoras recibió el banco en menos de dos meses, entre el
9 de febrero y el 30 de marzo de 2001
En esos meses de febrero y marzo de 2001 fue cuando se abrieron las
cuentas en Panamá.
El diario Siglo Veintiuno dio a conocer la apertura de esas cuentas
el 5 de marzo de 2002. Cuando el saqueo máximo ya había
pasado.
De los chamusqueros no hay ninguno preso. Esto es, el gabinete paralelo
no tiene bajas.
El gabinete oficial, todo lo contrario, está a punto de poder
sesionar en la prisión preventiva de la zona 18 de la capital
guatemalteca.
No pueden sesionar aun porque, para empezar, el ex presidente Portillo
escapó del país. Furtivamente se fue a México luego
de escapar primero a El Salvador por vía terrestre apenas
días después de haber dejado el cargo constitucional y
a menos de 24 horas de que el Parlamento Centroamericano le retirara
su inmunidad y la de su Vicepresidente, Juan Francisco Reyes, quien
guarda prisión bajo los cargos de peculado y estafa. Otros presuntos
implicados aguardan órdenes de arresto.
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