Del 14 al 21 de octubre de 2004


Democracias infectadas • Informe Especial
La cleptocracia de Portillo

Lenguaje cotidiano. Esta es la historia de un presidente y su grupo de “chamusqueros”.
Chamusca, en el lenguaje popular guatemalteco, es un partido informal de fútbol que se juega a veces entre amigos

Guillermo Fernández. Diarios Siglo Veintiuno y Al Día, Guatemala
El Diario de Hoy
vertice@elsalvador.com


El ex gobernante Alfonso Portillo siempre dijo que las acusaciones correspondían a motivos políticos

MILLONES
$1,000

Se presume que ésta es la
cantidad que saqueó el grupo de don Paco a los banco

QUETZALES
Q20

Los millones que fueron
depositados en el Banco
de Crédito Hipotecario Nacional en una sola noche


El remolino de polvo y zacate recién cortado apenas deja ver la bandera nacional y la insignia del Estado Mayor Presidencial estampadas al inicio de la cola de los helicópteros. Una docena de jóvenes soldados corre hacia ellos, con sus cabezas bajas y como viendo hacia atrás para evitar que sus ojos se llenen de basura.

De las dos aeronaves, la presidencial y su colero de seguridad, descienden 12 gentes. Primero lo hace Julio Girón, el espigado secretario particular del mandatario, a quien se le caen los anteojos de sol. Se agacha a recogerlos y así, con su espalda casi en posición horizontal, camina rápido hasta abandonar la circunferencia por donde pasan las aspas de la aeronave.

Lo mismo hacen el Presidente Alfonso Portillo Cabrera, con atuendo deportivo, pantalón y “chumpa” de azul oscuro y zapatos para jugar al fútbol, negros, con el icono de Nike. Detrás suyo vienen cuatro personas más. De la otra aeronave bajan otros seis individuos. El sol quema el campo deportivo de la Base Naval del Puerto San José, en el Pacífico guatemalteco.

Todos acuden a la chamusca presidencial.
Desde los primeros días de su gobierno, el Presidente Alfonso Portillo Cabrera y su grupo más cercano de amigos y servidores acostumbraron tener estos encuentros.

Venían militares, generales activos y retirados, jefes y subjefes del Estado Mayor presidencial, banqueros viejos y jóvenes, sus secretarios privadísimos y amigotes del alma.
El fútbol no era lo importante. La verdadera razón de la cita era otra: negocios, dinero y la magia de transformar lo público en privado.

Muchos de ellos eran sindicados con anterioridad de pertenecer a lo que aquí, en Guatemala, llaman poderes fácticos, integrados por militares y civiles que dirigen las mafias de narcotraficantes, tráfico de migrantes, contrabandistas, secuestradores, ladrones de carros y los saqueadores del Estado en miles de formas.

Pero entre esos personajes destacaba uno: don Paco
Resulta que don Paco, o “El Ingeniero”, es el empresario, banquero e importador de vehículos europeos de lujo cuyo nombre, Francisco José Alvarado Mac Donald, de 70 años de edad, los periodistas sacamos del cómodo anonimato.

Su nombre se pronunciaba con reserva en círculos empresariales y a veces en voz baja entre las autoridades estatales. De hecho, hasta la policía hablaba con cautela sobre los expedientes que documentan el aterrizaje de al menos una narcoavioneta en una finca del banquero.

Sus principales empresas —llegó a tener una veintena— eran dos bancos y una financiera: el Banco Metropolitano y el Banco Promotor. Los bancos gemelos, como les llamaba todo el mundo. Por cierto que llevan cuatro años de haber sido intervenidos administrativa y judicialmente, sin que hasta el momento le cause desplome alguno a su grupo empresarial.


Cuando alfonso portillo ganó la presidencia, don Paco le dio en préstamo una amplia casa en una zona lujosa de la capital guatemalteca, la 14

Don Paco, hombre calmo y de finos modales, cabeza despoblada y bigote cano, era en realidad el jefe del grupo, pese a que el presidente era quien convocaba al grupo chamusquero. Y es que don Paco, desde muchos años antes, tuvo en Portillo al correveidile y cuentachistes a sueldo, vehículo y gastos incluidos, hasta la misma víspera del día en que éste se lanzó como candidato presidencial.

Escribo mal. Portillo nunca dejó de ser su empleado. Y es que el presidente sacapaneco simpaticón, amante de caros relojes y del buen ron, antes de ganar la Presidencia del país fue el “asesor” que manejaba las relaciones públicas, institucionales y políticas de las múltiples empresas de don Paco.

Especialmente las de sus bancos gemelos, que hoy se mueven en un litigioso pero inmóvil tren de denuncias en 15 juzgados, que carga gigantescos expedientes de presunta quiebra o insolvencia, fraudes y estafas al Estado, que hasta ahora cuesta a los guatemaltecos no menos de 1,500 millones de quetzales (unos $187 millones de dólares)
Cuando Portillo ganó la Presidencia —tras una campaña electoral cuyo principal patrocinador individual fue don Paco—, el patrón le compró una amplia casa en la lujosa zona 14 guatemalteca. No había tomado el poder Portillo y los guatemaltecos ya sabían esto contado por Siglo Veintiuno, el diario que comanda las denuncias por corrupción en Guatemala.

Fue también don Paco quien tras apenas dos semanas de que su empleado tomó el poder le envió un memorando en el cual le daba instrucciones de cómo debería manejar su política salarial en el sector privado.

Ya para entonces Portillo le había nombrado a sus dos hijos en dos puestos claves: al mayor, José Francisco Alvarado, le colocó de gerente de la Presidencia de la República, al mismo tiempo que era miembro del Consejo de Administración del Banco Metropolitano y tesorero de una empresa que vende autos europeos de lujo.

Pero también coordinaba la Comisión Multisectorial del Transporte, donde el gobierno manejaba todos los asuntos de los autobuseros, muchos de los cuales son clientes de esa compañía que representa una marca de automotores.
El hijo menor, Alfredo Alvarado, se desempeñaba como Secretario de Asuntos Particulares de la Presidencia. También era miembro del Consejo de Administración del otro banco, El Promotor.

Don Paco y sus dos hijos actualmente son procesados por el Ministerio Público y la justicia guatemalteca.
Don Paco y el resto de chamusqueros eran los cuates del presidente que actuaban cual gabinete paralelo. En esos encuentros realmente se discutía y decidía políticas públicas, inversiones o manejos financieros cuantiosos y asuntos bancarios del Estado. Este grupito decidía sobre todos los fondos públicos. Fácil imaginar cuál era la dirección preferida que le asignaban a esos dineros.


Sobre este personaje pesa una orden de captura emitida por las autoridades
de Guatemala. El ex presidente Portillo se refugia en México.

Mejor dicho, era el grupo de hombres de negocios que con su “ficha” presidiendo el gobierno disponía del poder a su antojo como para dictar políticas arancelarias que les permitiera importar y comerciar, con jugosas ganancias, tal o cual producto. O trasladar tal o cual cantidad de millones de quetzales y dólares a cualquiera de sus bancos privados o a alguno de los estatales que controlaban y manejaban por medio de otros miembros del grupo.

Toda una corporación del delito, de la corrupción, del crimen, que disponía que el Ministerio de Finanzas transfiriera sumas millonarias a tal o cual entidad y con ello poder “contratar” algún bien o servicio que finalmente ni se prestaba o entregaba, pese a que el dinero sí salía de las arcas estatales.

Estos señores llegaron a saquear —casi literalmente— no menos de 8 mil millones de quetzales. Esto es unos mil millones de dólares que en realidad quien hasta ahora ha debido pagar las deudas es el pueblo guatemalteco.

Solamente don Paco logró que su ex empleado ordenase a la Junta Monetaria, presidida por el Presidente del Banco central de Guatemala, que le inyectase Q 900 millones (unos $112 millones de dólares ) apenas 60 días antes de que la misma junta declarara en quiebra e interviniera sus bancos.

Y no ha pagado nada. El Estado tuvo que cubrir las pérdidas de los ahorrantes y hasta asumir las de las instituciones públicas que habían invertido aproximadamente $100 millones, parte de los cuales estaban depositados a cero interés. Sí, a cero interés y aun hoy nadie sabe explicar por qué. La mismísima Procuraduría Penal, o Ministerio Público (MP), depositó el dinero que tenía para construir un nuevo edificio a cero interés y, por supuesto, lo perdió.

Otros desmanes

Por un lado, Portillo colocó a otro militar e igualmente miembro del grupo: Napoleón Rojas, ex miembro de la Contrainteligencia Militar.

Por el otro, nombró a Vinicio Salam Sánchez (cercano al mismo grupo), como subsecretario ejecutivo de la Presidencia de la República, por donde se trasegaron miles de millones de quetzales por medio de Organizaciones no Gubernamentales para contratar obras públicas que nunca se construyeron, pero desaparecieron el dinero. Nadie las controlaba porque son entidades privadas no lucrativas y la ley no permite a la Contraloría actuar en ellas.

Otro chamusquero importante fue el general retirado Luis Francisco Ortega Menaldo, quien fue el jefe del Estado Mayor Presidencial del ex presidente Jorge Serrano Elías, gobernante destituido por el Congreso y quien, tras abandonar el país para asilarse en Panamá, es hoy considerado prófugo de la justicia guatemalteca acusado de corrupción.

No podía faltar el compañero de farra, el salvadoreño Luis Armando Llort Quiteño, quien aportaba un yate y las mujeres para las juergas que con frecuencia armaban sobre las plácidas aguas del Río Dulce en la región atlántica del país. Llort Quiteño presidía el banco estatal Crédito Hipotecario Nacional CHN. Lo que no aportaba este salvadoreño lo ponía Julio Girón, en su calidad de secretario “íntimo” más que privado, y quien dirigía la operación de apertura de cuentas bancarias en Panamá.


El ex mandatario supo aprovechar sus candentes discursos para convencer al electorado guatemalteco. En la foto, tomada durante su campaña proselitista, se dirige a pobladores de Sacatepéquez..

Cuando todo esto sucedía nadie escuchó la voz del Superintendente de Bancos, del Contralor General de Cuentas ni de la Procuraduría de la República, Fiscalía General o Ministerio Público. Ahora todos están, respectivamente, siendo investigados, procesados, presos o en fuga.

Pero en materia bancaria la historia no acaba aquí. Los dos bancos estatales que sobrevivieron hasta el arribo de Portillo, el CHN y el Banco del Ejército (Banejer), están hoy así: el CHN en quiebra técnica, sostenido en unidad de cuidados intensivos mientras el actual gobierno le encuentra una salida viable, especialmente para el Fondo Monetario Internacional si es que desea prolongar el convenio suscrito con ese organismo mundial.

El Banejer fue fusionado con el CHN y sin que mediara la más mínima discusión nacional. No podía haberla. Se tapaba una operación millonaria en perjuicio de los ciudadanos.

Lo mismo fue ejecutado en el caso de otro banco privado. El Banco de Nororiente (Banoro), institución de la que era presidente Ángelo Bruno Straga, quien en febrero de 2002 regaló un terreno de 13,975 metros cuadrados a Portillo, que por cierto es el lote donde el ex mandatario recién construyó una enorme mansión cuyo costo se calcula en un millón de dólares. Tres meses atrás le devolvió a Paco Alvarado la casa que éste le prestó durante todo su gobierno en la lujosa zona 14 capitalina.

En ambos casos bancarios, el Estado guatemalteco debió cubrir multimillonarias pérdidas. Todo fue hecho de un plumazo. Una noche cualquiera, el entonces vicepresidente Francisco Reyes anunció que, “ de emergencia”, sin tomar el criterio del Banco Central de Guatemala, anunció que el Banoro era absorbido también por el CHN. “Se trata de una decisión de Estado”, dijo Reyes.

El mayor
implicado en los delitos
huyó a méxico. Antes pasó
por territorio salvadoreño
Para robar parte del
dinero se
hicieron -en poco tiempo- 18 depósitos
en efectivo

Entretanto, como lo publicó Siglo Veintiuno, la siguiente historia se daba en esos días: “Montones de billetes empacados en cajas arriban a bordo de una Cherokee negra y una Pathfinder roja hasta la Bóveda de Reserva del Banco Crédito Hipotecario Nacional. 20 millones de quetzales en efectivo llegaron la noche del 6 de marzo de 2001”.

Apenas horas antes Portillo había ordenado al banco de Guatemala girar Q900 millones a los bancos Promotor y Metropolitano, los famosos gemelos de don Paco “ para devolver a sus clientes el dinero que tenían depositado”.

El mismo día de este depósito Portillo canceló, repentinamente, su viaje a España, donde se reuniría con el grupo Consultivo para Guatemala, “para atender su agenda interna”.

Quizás por ello es que los testigos recuerdan que los billetes eran casi nuevos y venían empaquetados con “precintos” con sellos del Banco Central de Guatemala.
Se hicieron por lo menos 18 depósitos por Q42.8 millones en efectivo y a deshoras recibió el banco en menos de dos meses, entre el 9 de febrero y el 30 de marzo de 2001

En esos meses de febrero y marzo de 2001 fue cuando se abrieron las cuentas en Panamá.
El diario Siglo Veintiuno dio a conocer la apertura de esas cuentas el 5 de marzo de 2002. Cuando el saqueo máximo ya había pasado.

De los chamusqueros no hay ninguno preso. Esto es, el gabinete paralelo no tiene bajas.
El gabinete oficial, todo lo contrario, está a punto de poder sesionar en la prisión preventiva de la zona 18 de la capital guatemalteca.

No pueden sesionar aun porque, para empezar, el ex presidente Portillo escapó del país. Furtivamente se fue a México —luego de escapar primero a El Salvador por vía terrestre— apenas días después de haber dejado el cargo constitucional y a menos de 24 horas de que el Parlamento Centroamericano le retirara su inmunidad y la de su Vicepresidente, Juan Francisco Reyes, quien guarda prisión bajo los cargos de peculado y estafa. Otros presuntos implicados aguardan órdenes de arresto.



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