Del 14 al 21 de octubre de 2004


Democracias infectadas • Informe Especial
Tormenta en las democracias de C.A.

Peligro. La buena salud de la democracia en la región cayó en la peor herencia de la corrupción de toda su historia política. El virus de la desconfianza, inoculado por ex gobernantes, ha comenzado a mermar las defensas del sistema al que el Istmo se apegó, con denuedo, después de varias décadas de conflictos. En esta edición especial, Vértice
invitó a periodistas de costa Rica, Nicaragua y Guatemala para que compartieran las historias ocultas de la corrupción presidencial

Mirella Cáceres
vertice@elsalvador.com


Para Joaquín Villalobos, el caso de Arnoldo Alemán representa en alguna medida el caudillismo que no necesitan las sociedades porque, aparte que provocan un desencanto, paralizan su evolución.


Democracia y corrupción. ¿Hasta qué punto conviven en nuestro Istmo? Antes de que se descubrieran casos de corrupción en Costa Rica, Guatemala y Nicaragua, Centroamérica podía jactarse de vivir un proceso de construcción democrático sin mayores sobresaltos.

Ahora, tras los sonados escándalos, resulta incomprensible cómo las acciones de varios ex presidentes hayan permanecido en impunidad dentro de una región que busca paz, bienestar y desarrollo.

Si bien estos ilícitos han salido a la luz y hoy son sometidos a juicio, queda el sinsabor que altos jefes de gobierno en quienes habían confiado su destino naciones tan necesitadas, hayan antepuesto intereses particulares a los colectivos.

Los procesos que se siguen por actos anómalos a ex gobernantes y altos funcionarios son, por ahora, varios. Y si a ello se suman las sospechas en otros jerarcas, el panorama político centroamericano presenta nubarrones.

El punto de partida para conformar este escenario gris habría sido el delito que se le comprobó al gobierno de Arnoldo Alemán, y por lo cual estará preso por 20 años en una cárcel común.

Pero Alemán y otros funcionarios que gobernaron entre 1997 y 2001 no estaban solos en este cauce ilícito.
El fantasma de la corrupción se extendió a otras naciones.
En Guatemala, la justicia reclama a Alfonso Portillo.

En Honduras, al ex presidente Rafael Leonardo Callejas se le siguen ocho procesos.

En Panamá, la recién salida presidenta Mireya Moscoso está acusada por el uso de dinero público para lujos personales.

Nicaragua tiene bajo sospechas al actual gobernante, Enrique Bolaños, a quien se le cuestiona la procedencia del financiamiento de su campaña electoral.

La credibilidad de la ciudadanía en sus
dirigentes
se puede ver afectada por los actos de corrupción

Y en Costa Rica, dos de sus ex presidentes, Rafael Ángel Calderón y Miguel Ángel Rodríguez, fueron denunciados por actos deshonestos.

El traspié de Rodríguez no quedó oculto y quizá ha significado el golpe mayor de todos los escándalos. Tuvo que dimitir como secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), a un mes de haber asumido.
Otro ex presidente costarricense, José María Figueres, también ha sido cuestionado y renunció como director general del Foro Económico Mundial.

Todo esto lleva a un diagnóstico: la región está padeciendo una infección: “presidentitis aguda”.
A Kirio Waldo Salgado, analista político salvadoreño, no le sorprenden esto porque en su convicción bíblica dice que responde al cumplimiento de lo que dijo Jesucristo hace más de dos mil años: “No hay nada encubierto que no haya de ser manifestado”.

“Ésa es una norma divina que está resonando justamente hoy en Centroamérica”, afirma.
Pero Salgado no cree que sea objetivo apuntar sólo a ex gobernantes porque entonces es como mirar ciertos árboles y no todo el bosque.

“Creo que en estas acusaciones a los ex presidentes hay una mano peluda oculta para perjudicar... No digo que no ha habido corrupción, pero ¿por qué hoy? y ¿por qué para determinadas personas? Si concebimos el combate a la corrupción como un tema que sale del hígado de las personas, como un revanchismo, ése es un acto de corrupción; la corrupción se debe mirar a todo nivel”, apunta.

Un coletazo de este huracán ha tocado a El Salvador, donde el FMLN intentó —sin éxito— que por decreto legislativo se exigiera a Francisco Flores cuentas claras y correctas si aspira a ocupar la silla que dejó Rodríguez en la OEA.
Salgado y el politólogo salvadoreño Napoleón Campos creen que este tipo de cuestionamientos o exigencias responden a“actos demagógicos” o “revanchismo político hipócrita”.

Aunque El Salvador no está exento de corrupción —basta el ejemplo del caso Anda— ahora parece un mero espectador del clima que se cierne sobre sus vecinos. Pero esto no se puede ver desde la lejanía.

Daño y beneficio

Dos de los analistas consultados coinciden en que a raíz de estos juicios Centroamérica vive una crisis que impacta negativamente en la credibilidad de la ciudadanía y en la percepción de la comunidad internacional.


Los enjuiciados
5
Los ex gobernantes de C.A.
que enfrentan un proceso
judicial en el que se les
vincula con actos ilícitos.

Los señalados
3
Son otros ex mandatarios que están en la mira por supuestas irregularidades ocurridas
durante sus administraciones.

C.A. y la OEA posibilidad
Para Joaquín Villalobos, que un salvadoreño aspire a la secretaría de la OEA es viable y beneficioso porque significa un salto de imagen para el país.
no es viable
Para Napoleón Campos, C. A. perdió una gran oportunidad con el escándalo de Miguel Ángel Rodríguez. Duda que lo releve un centroamericano.
no a flores
Kirio W. Salgado no cree que Francisco Flores sea un buen secretario general de la OEA, pero “hay que ser objetivos —dice—, tampoco hay que echarle una zancadilla perversa”.

“Hay una afectación de pérdida de credibilidad en la ciudadanía. Imaginate el caso de Costa Rica, tenía una cosa como súper pecaminosa porque se trataba de sus presidentes en complicidad con los países nórdicos, considerados como adalides de la pureza; era algo así como encontrar a un cura y a una monja en una cama”, parodia Joaquín Villalobos.

Y en efecto, el tropiezo de líderes de la democracia costarricense puede haber aumentado la incredulidad en el sistema de partidos políticos, una de las expresiones de la democracia.

En Costa Rica se habla ya de que un 20% de la ciudadanía no quiere saber nada de partidos ni de políticos. La confianza en un sistema político que fue abanderado de la democracia en Centroamérica y reconocido en el mundo, parece resquebrajado.

“Es bien paradójico que la construcción democrática en la región tenga que pagar estos costos, porque no nos vamos a poder quitar en muchos años la imagen de que se ha estado robando a la sombra de la democracia”, apunta Campos.

Para él, un profesor de política internacional en España e Italia, el impacto en la comunidad internacional es de desilusión. Dice tener informes de que, en adelante, países y organismos de financiamiento pretenden ejercer más revisión del manejo de las cooperaciones o préstamos destinados a Centroamérica.

Por eso, a juicio del ex diputado Salgado, países como el nuestro deben sacudirse este “cáncer” o “enemigo”. Pero para lograrlo —argumenta— hay que acabar con la impunidad que existe por una especie de conspiración entre funcionarios públicos.

De hecho, Villalobos encuentra en el caso de Costa Rica que la corrupción tenía características de una “práctica socialmente aceptada en la clase política”.

En El Salvador, la clase política no está libre de sospecha o falta de plena confianza. En una encuesta realizada en octubre de 2003, previa a las elecciones de este año, un 53% de la población encuestada dijo que no tenía preferencias por ningún partido. ¿Por falta de confianza o simple apatía? Eso habría que averiguarlo.

Precisamente, la pérdida de credibilidad puede ser el principal efecto nocivo de la mezcla “corrupción y gobierno”. Villalobos dice que cuando los medios de comunicación se unen a esa antipolítica, surgen los redentores que al final desencantan, como ha ocurrido en Venezuela con Hugo Chávez.

Tanto Villalobos como Salgado coinciden en que la gente tiende a confundir la política con los que la ejercen cuando las cosas salen mal. “La política trata de conseguir el bienestar común”, aclara Salgado; Villalobos la entiende como “una de las labores más nobles” porque busca que las familias vivan en paz, pero que ésta debe ser impersonal.

“Los ciudadanos deben ir educándose y entendiendo que en una sociedad hay malos y buenos doctores, buenos y malos políticos... la política no es intrínsecamente perversa. Si tú la corriges, tienes que ajustarla a medidas institucionales; las sociedades necesitan que sus instituciones funcionen no las personas”, afirma Villalobos.

A la luz de estos escándalos y desencantos, ¿qué lección podemos aprender? Campos cree que lo más aleccionador es que ya no se puede robar a la sombra de la democracia, que la próxima cumbre presidencial de la región debe girar en torno al tema de la corrupción y que de ella surja un acto de contrición pública de los actuales gobernantes para reparar daños.

Una lección es
que ya no se puede
robar a la sombra de la democracia

Villalobos es más optimista al analizar estos hechos: que el descubrimiento de ilícitos y el rol protagónico del sistema judicial representa una evolución en el desarrollo institucional de los pueblos.

Pero, ¿cómo asimilar que estos escándalos son buenos o malos para la democracia? Campos y Villalobos piensan que estas crisis nos enseñan que los centroamericanos carecemos de una cultura cívica.

Salgado prefiere alertar a los diputados para que reformen el artículo 240, inciso final, de la Constitución de la República, donde se establece que los actos de corrupción realizados por empleados estatales prescribirán en diez años después de haber concluido el cargo.

“El artículo 240 es perverso, es la exhibición más grande del modelo de impunidad que tiene El Salvador. Los diputados deberían ponerse de acuerdo para que diga: los juicios por enriquecimiento sin justa causa no prescribirán en ningún tiempo”, añade Salgado.

Sin duda, las naciones centroamericanas —y especialmente los actuales líderes— tienen un reto: limpiar el camino de males como la corrupción y empezar a reconstruir la senda perdida, especialmente en materia de credibilidad ciudadana.

De otra forma, los nefastos caudillos populistas podrían tener en este fenómeno el mejor de los caldos de cultivos para sus intereses.

Lo bueno y lo malo de los escándalos
“Todo esto le ha caído al FMLN como anillo en trompa de cuche”
Kirio W. Salgado
“Hay un riesgo: que la política en C.A. se debilite y entremos a una crisis”
Joaquín Villalobos
“Queda el sinsabor que se le entregó la
democracia a unos pillos”
Napoleón Campos



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