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Democracias
infectadas Informe Especial
Tormenta
en las democracias de C.A.
Peligro.
La buena salud de la democracia en la región cayó en la
peor herencia de la corrupción de toda su historia política.
El virus de la desconfianza, inoculado por ex gobernantes, ha comenzado
a mermar las defensas del sistema al que el Istmo se apegó, con
denuedo, después de varias décadas de conflictos. En esta
edición especial, Vértice
invitó a periodistas de costa Rica, Nicaragua y Guatemala para
que compartieran las historias ocultas de la corrupción presidencial
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Para Joaquín Villalobos, el caso de Arnoldo
Alemán representa en alguna medida el caudillismo que no
necesitan las sociedades porque, aparte que provocan un desencanto,
paralizan su evolución.
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Democracia y corrupción. ¿Hasta
qué punto conviven en nuestro Istmo? Antes de que se descubrieran
casos de corrupción en Costa Rica, Guatemala y Nicaragua, Centroamérica
podía jactarse de vivir un proceso de construcción democrático
sin mayores sobresaltos.
Ahora, tras los sonados escándalos, resulta incomprensible cómo
las acciones de varios ex presidentes hayan permanecido en impunidad
dentro de una región que busca paz, bienestar y desarrollo.
Si bien estos ilícitos han salido a la luz y hoy son sometidos
a juicio, queda el sinsabor que altos jefes de gobierno en quienes habían
confiado su destino naciones tan necesitadas, hayan antepuesto intereses
particulares a los colectivos.
Los procesos que se siguen por actos anómalos a ex gobernantes
y altos funcionarios son, por ahora, varios. Y si a ello se suman las
sospechas en otros jerarcas, el panorama político centroamericano
presenta nubarrones.
El punto de partida para conformar este escenario gris habría
sido el delito que se le comprobó al gobierno de Arnoldo Alemán,
y por lo cual estará preso por 20 años en una cárcel
común.
Pero Alemán y otros funcionarios que gobernaron entre 1997 y
2001 no estaban solos en este cauce ilícito.
El fantasma de la corrupción se extendió a otras naciones.
En Guatemala, la justicia reclama a Alfonso Portillo.
En Honduras, al ex presidente Rafael Leonardo Callejas se le siguen
ocho procesos.
En Panamá, la recién salida presidenta Mireya Moscoso
está acusada por el uso de dinero público para lujos personales.
Nicaragua tiene bajo sospechas al actual gobernante, Enrique Bolaños,
a quien se le cuestiona la procedencia del financiamiento de su campaña
electoral.
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La
credibilidad de la ciudadanía en sus
dirigentes
se puede ver afectada por los actos de corrupción
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Y en Costa Rica, dos de sus ex presidentes, Rafael Ángel
Calderón y Miguel Ángel Rodríguez, fueron denunciados
por actos deshonestos.
El traspié de Rodríguez no quedó oculto y quizá
ha significado el golpe mayor de todos los escándalos. Tuvo que
dimitir como secretario general de la Organización de Estados
Americanos (OEA), a un mes de haber asumido.
Otro ex presidente costarricense, José María Figueres,
también ha sido cuestionado y renunció como director general
del Foro Económico Mundial.
Todo esto lleva a un diagnóstico: la región está
padeciendo una infección: presidentitis aguda.
A Kirio Waldo Salgado, analista político salvadoreño,
no le sorprenden esto porque en su convicción bíblica
dice que responde al cumplimiento de lo que dijo Jesucristo hace más
de dos mil años: No hay nada encubierto que no haya de
ser manifestado.
Ésa es una norma divina que está resonando justamente
hoy en Centroamérica, afirma.
Pero Salgado no cree que sea objetivo apuntar sólo a ex gobernantes
porque entonces es como mirar ciertos árboles y no todo el bosque.
Creo que en estas acusaciones a los ex presidentes hay una mano
peluda oculta para perjudicar... No digo que no ha habido corrupción,
pero ¿por qué hoy? y ¿por qué para determinadas
personas? Si concebimos el combate a la corrupción como un tema
que sale del hígado de las personas, como un revanchismo, ése
es un acto de corrupción; la corrupción se debe mirar
a todo nivel, apunta.
Un coletazo de este huracán ha tocado a El Salvador, donde el
FMLN intentó sin éxito que por decreto legislativo
se exigiera a Francisco Flores cuentas claras y correctas si aspira
a ocupar la silla que dejó Rodríguez en la OEA.
Salgado y el politólogo salvadoreño Napoleón Campos
creen que este tipo de cuestionamientos o exigencias responden aactos
demagógicos o revanchismo político hipócrita.
Aunque El Salvador no está exento de corrupción basta
el ejemplo del caso Anda ahora parece un mero espectador del clima
que se cierne sobre sus vecinos. Pero esto no se puede ver desde la
lejanía.
Daño y beneficio
Dos de los analistas consultados coinciden en que a raíz de estos
juicios Centroamérica vive una crisis que impacta negativamente
en la credibilidad de la ciudadanía y en la percepción
de la comunidad internacional.
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Los enjuiciados
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Los ex gobernantes de C.A.
que enfrentan un proceso
judicial en el que se les
vincula con actos ilícitos.
Los señalados
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Son otros ex mandatarios que están en la mira por supuestas
irregularidades ocurridas
durante sus administraciones.
C.A.
y la OEA posibilidad
Para Joaquín Villalobos, que un salvadoreño aspire
a la secretaría de la OEA es viable y beneficioso porque
significa un salto de imagen para el país.
no es viable
Para Napoleón Campos, C. A. perdió una gran oportunidad
con el escándalo de Miguel Ángel Rodríguez.
Duda que lo releve un centroamericano.
no a flores
Kirio W. Salgado no cree que Francisco Flores sea un buen secretario
general de la OEA, pero hay que ser objetivos dice,
tampoco hay que echarle una zancadilla perversa.
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Hay una afectación de pérdida de
credibilidad en la ciudadanía. Imaginate el caso de Costa Rica,
tenía una cosa como súper pecaminosa porque se trataba
de sus presidentes en complicidad con los países nórdicos,
considerados como adalides de la pureza; era algo así como encontrar
a un cura y a una monja en una cama, parodia Joaquín Villalobos.
Y en efecto, el tropiezo de líderes de la democracia costarricense
puede haber aumentado la incredulidad en el sistema de partidos políticos,
una de las expresiones de la democracia.
En Costa Rica se habla ya de que un 20% de la ciudadanía no quiere
saber nada de partidos ni de políticos. La confianza en un sistema
político que fue abanderado de la democracia en Centroamérica
y reconocido en el mundo, parece resquebrajado.
Es bien paradójico que la construcción democrática
en la región tenga que pagar estos costos, porque no nos vamos
a poder quitar en muchos años la imagen de que se ha estado robando
a la sombra de la democracia, apunta Campos.
Para él, un profesor de política internacional en España
e Italia, el impacto en la comunidad internacional es de desilusión.
Dice tener informes de que, en adelante, países y organismos
de financiamiento pretenden ejercer más revisión del manejo
de las cooperaciones o préstamos destinados a Centroamérica.
Por eso, a juicio del ex diputado Salgado, países como el nuestro
deben sacudirse este cáncer o enemigo.
Pero para lograrlo argumenta hay que acabar con la impunidad
que existe por una especie de conspiración entre funcionarios
públicos.
De hecho, Villalobos encuentra en el caso de Costa Rica que la corrupción
tenía características de una práctica socialmente
aceptada en la clase política.
En El Salvador, la clase política no está libre de sospecha
o falta de plena confianza. En una encuesta realizada en octubre de
2003, previa a las elecciones de este año, un 53% de la población
encuestada dijo que no tenía preferencias por ningún partido.
¿Por falta de confianza o simple apatía? Eso habría
que averiguarlo.
Precisamente, la pérdida de credibilidad puede ser el principal
efecto nocivo de la mezcla corrupción y gobierno.
Villalobos dice que cuando los medios de comunicación se unen
a esa antipolítica, surgen los redentores que al final desencantan,
como ha ocurrido en Venezuela con Hugo Chávez.
Tanto Villalobos como Salgado coinciden en que la gente tiende a confundir
la política con los que la ejercen cuando las cosas salen mal.
La política trata de conseguir el bienestar común,
aclara Salgado; Villalobos la entiende como una de las labores
más nobles porque busca que las familias vivan en paz,
pero que ésta debe ser impersonal.
Los ciudadanos deben ir educándose y entendiendo que en
una sociedad hay malos y buenos doctores, buenos y malos políticos...
la política no es intrínsecamente perversa. Si tú
la corriges, tienes que ajustarla a medidas institucionales; las sociedades
necesitan que sus instituciones funcionen no las personas, afirma
Villalobos.
A la luz de estos escándalos y desencantos, ¿qué
lección podemos aprender? Campos cree que lo más aleccionador
es que ya no se puede robar a la sombra de la democracia, que la próxima
cumbre presidencial de la región debe girar en torno al tema
de la corrupción y que de ella surja un acto de contrición
pública de los actuales gobernantes para reparar daños.
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Una
lección es
que ya no se puede
robar a la sombra de la democracia
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Villalobos es más optimista al analizar estos
hechos: que el descubrimiento de ilícitos y el rol protagónico
del sistema judicial representa una evolución en el desarrollo
institucional de los pueblos.
Pero, ¿cómo asimilar que estos escándalos son buenos
o malos para la democracia? Campos y Villalobos piensan que estas crisis
nos enseñan que los centroamericanos carecemos de una cultura
cívica.
Salgado prefiere alertar a los diputados para que reformen el artículo
240, inciso final, de la Constitución de la República,
donde se establece que los actos de corrupción realizados por
empleados estatales prescribirán en diez años después
de haber concluido el cargo.
El artículo 240 es perverso, es la exhibición más
grande del modelo de impunidad que tiene El Salvador. Los diputados
deberían ponerse de acuerdo para que diga: los juicios por enriquecimiento
sin justa causa no prescribirán en ningún tiempo,
añade Salgado.
Sin duda, las naciones centroamericanas y especialmente los actuales
líderes tienen un reto: limpiar el camino de males como
la corrupción y empezar a reconstruir la senda perdida, especialmente
en materia de credibilidad ciudadana.
De otra forma, los nefastos caudillos populistas podrían tener
en este fenómeno el mejor de los caldos de cultivos para sus
intereses.
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Lo bueno y lo malo
de los escándalos
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Todo esto
le ha caído al FMLN como anillo en trompa de cuche
Kirio W. Salgado
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Hay un riesgo:
que la política en C.A. se debilite y entremos a una crisis
Joaquín Villalobos
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Queda el
sinsabor que se le entregó la
democracia a unos pillos
Napoleón Campos
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