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POLO
DE DESARROLLO
La apuesta dinámica
El
rápido crecimiento de la industria maquilera en poco más
de un quinquenio
ha permitido la generación de empleos que, según cifras
oficiales, benefician
a unos 90 mil salvadoreños.
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Las
mujeres siguen dominando la población empleada por las
maquilas.
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Los polos de desarrollo son el resultado de una mezcla
entre inyección de capital extranjero y condiciones para la generación
de empleo.
Pero esta fórmula no es absoluta si una de las piezas del engranaje
falla.
Así, por ejemplo, en el país hay extremos como una zona
rural convertida en planta industrial (El Pedregal) y otra venida a
menos después de ser el escenario de decenas de proyectos de
desarrollo sin éxito permanente (la Comunidad Segundo Montes).
¿Cómo explicar estos dos lados de una moneda? Entre un
caso y otro hay una brecha abismal, claro está, pero el caso
es ejemplificante si se busca analizar el proyecto que ejecuta el gobierno
salvadoreño desde la administración de Armando Calderón
Sol. Desde aquel momento, El Salvador está tratando de posicionarse
al exterior a partir de sectores como la agricultura, la electrónica
e industria textil.
La Oficina de Promoción de Inversiones (PROESA) es la instancia
que impulsa el desarrollo de nuevas áreas de inversión.
Por ahora, el resultado del trabajo de PROESA son 58 nuevas empresas
que generan 20 mil empleos directos.
En la región, la inversión extranjera directa se encuentra
concentrada en pocos países, y El Salvador es uno de los principales
receptores. Según la CEPAL, nuestro país se encuentra
en cuarto lugar dentro de una lista que incluye a República Dominicana,
Panamá, Costa Rica, Guatemala, Trinidad y Tobago, Jamaica y Honduras.
La inversión extranjera, en el caso concreto de la industria
maquilera, significa un aporte directo. En el Informe sobre Desarrollo
Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD),
El Salvador ha experimentado en los últimos años cinco
transformaciones que pudieran determinar el progreso en cuanto a calidad
de vida. Entre ellas están la expansión de la maquila,
de las exportaciones no tradicionales y el aumento sostenido de las
remesas. Estas han sido expresiones de la nueva inserción
del país en la economía global, sustituyendo el papel
de la
agroexportación.
La industria maquilera es la responsable de ciertos cambios sectoriales
en cuanto a la generación de empleo, especialmente en el área
rural. El PNUD sostiene que el empleo de la maquila se multiplicó
por más de cinco entre 1990 y 2002. Lo que equivale a más
de 90 mil puestos de trabajo, sobre todo para el sector femenino.
Proyecciones
Desde 1989, el sector maquilero es el que mejor ha reaccionado
a la apertura comercial, que ha tenido un repunte desde hace poco más
de un quinquenio.
Las exportaciones aumentaron de 81 millones de dólares en 1990
a 1,884 millones en el 2003. Lo que significa que entre 1990 y el 2002,
el crecimiento significó un 31 por ciento por año, según
el PNUD.
Y aunque la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico
y Social (FUSADES) asegura
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| Las
aproximadamente diez zonas francas que operan en el país
producen para importantes marcas internacionales. |
que este sector fue afectado por el lento crecimiento
de la economía estadounidense en 2001 y 2002, hay, sin embargo,
un mayor dinamismo económico de 2003 y las proyecciones
para 2004 mejoraran el panorama global de la maquila.
El Informe Trimestral de Coyuntura (cuarto trimestral de 2003) de FUSADES
sostiene que las exportaciones maquileras tuvieron una relativamente
moderada tasa de crecimiento de 7.4 por ciento. Aunque poco, este
crecimiento es superior al período que comprende enero-noviembre
de 2002 que fue de 6.5 por ciento.
El crecimiento de esta industria se puede ver detalladamente a partir
de los datos que ofrece la CEPAL. Según esta fuente, las entradas
netas de inversión extranjera en El Salvador pasó de $15
millones en 1990-1994 a $278 millones en 2002.
El éxito de El Pedregal
A siete minutos del Aeropuerto Internacional El Salvador y a dos horas
de viaje hacia los puertos de Cutuco y Acajutla, se encuentra la zona
El Pedregal.
Es sin duda un foco de desarrollo representativo de la influencia positiva
que dichos planteles ejercen sobre los municipios que tienen a su alrededor.
Con una capacidad de techo industrial de 160 mil metros cuadrados, de
los que 100 mil son ocupados por 17 empresas actualmente y que ofrecen,
entre otros servicios, el de maquila de ropa y lavandería a marcas
internacionales de prestigio.
Es así como El Pedregal cubre un 16% del mercado de las zonas
francas en todo el país, lo que la convierte en una importante
fuente de empleo no sólo para los habitantes de las ciudades
y pueblos diseminados 17 kilómetros a la redonda de dicha zona
franca, que suman un total de 250 mil personas, sino también
para los habitantes de otros municipios con acceso a esta zona gracias
a la carretera del Litoral.
Actualmente, 8,539 salvadoreños tienen su centro de trabajo en
El Pedregal. Según su directora ejecutiva, María Teresa
de Rendón, las mujeres representan el 60% de la fuerza laboral
empleada, frente a un creciente porcentaje de hombres que están
rompiendo con el mito de que las labores de costura son exclusivamente
realizadas por las féminas.
Pero, además de empleos directos, esta zona franca ha significado
la oportunidad de convertirse en micro y pequeños empresarios
a los habitantes de la zona. Tal es el caso de los propietarios de buses,
microbuses y pick ups que ofrecen transporte a los trabajadores y de
vendedores de comida que se han instalado en un pequeño mercado
que funciona en un terreno adyacente a la zona franca.
El poder adquisitivo de los empleados es otro factor que repercute en
la economía de los pueblos donde habitan. De Rendón afirma
que aunque la ley establece un salario mensual de 155 dólares,
el promedio es de 200 en El Pedregal. Este dinero les permite adquirir
bienes y hacer uso de los servicios que se ofrecen en los pueblos y
caseríos donde viven, lo que al final repercute positivamente
en los ingresos municipales.
Atracción de inversionistas
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Las
mujeres constituyen el 60% de la fuerza laboral en El Pedregal.
Los hombres también realizan labores de costura. Entre
todos suman 8,500 empleados.
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El Pedregal y las demás zonas francas que operan
en el país no sólo tratan de ofrecer sus servicios a los
inversio-nistas extranjeros.
También buscan vender a El Salvador como un país donde
se respetan las reglas del juego comercial, las normativas locales y
que cuenta con una mano de obra leal, responsable y dispuesta a aprender.
No como la más barata, aclara María Teresa
de Rendón, pues tenemos el segundo salario mínimo más
caro de Centroamérica, por encima del que se paga en Honduras,
Nicaragua y Guatemala.
De Rendón asegura que el índice de deserción laboral
es muy bajo, casi inexistente, pues por cada operario hay cientos de
personas deseosas de hacerse con un puesto de trabajo, y por los incentivos
que brindan a sus empleados cada una de las 17 empresas que operan dentro
de este parque industrial.
Las expectativas frente al CAFTA (el tratado comercial entre Estados
Unidos y Centroamérica) y las facilidades que el país
otorga como la exención de impuestos y eliminación de
trámites burocráticos, permiten proyectar un aumento en
el número de puestos de trabajo en los próximos tres años.
Así, pobladores de municipios como San Luis Talpa, La Herradura,
Santiago Nonualco, San Rafael Obrajuelo, Zacatecoluca, podrían
beneficiarse con esa apertura.
De Rendón es una de esas empresarias convencidas de que la existencia
de estos parques industriales es un modelo, una forma para lograr desarrollo
económico y social que nuestro país necesita.
El
inicio de un sueño
La perseverancia de sus fundadores hizo de El Pedregal un proyecto
pionero.
Hace 30 años, El Salvador no contaba con una Ley de Zonas
Francas. Adelantados a su tiempo, un grupo de hombres emprendedores
tuvo la visión de proyectarse a futuro. Faltaban cuatro años
para que iniciara la construcción del Aeropuerto Internacional
El Salvador y esto implicaría que en dicha zona se construiría
una carretera.
Así nació la idea de comprar 300 manzanas de terreno
y fundar la zona franca El Pedregal. Sin embargo, la única
ley que en 1974 contemplaba la existencia de planteles que brindarán
excepción de impuestos para los inversionistas, facultaba
únicamente al Estado para administrar zonas francas. Fue
así como los empresarios de nuestra historia debieron esperar
a que la Ley de Zonas Francas de 1986 permitiera que dichos planteles
pudieran ser admini |
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DE DESARROLLO
Prestigio y calidad
Miles
de pantalones Levis son elaborados por 1,153 salvadoreños que
laboran en Ibis
de El Salvador y Allwash de El Salvador. Un ejemplo de los altos estándares
de
producción que distinguen a los clientes de El Pedregal.
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En
el área de confección de Ibis de El Salvador hombres
y mujeres produce unos 80 mil pantalones cada semana.
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Los sonidos de la producción se confunden con
el último éxito de Britney Spears. El calor propio de
la costa salvadoreña es contrarrestado con el color blanco que
predomina dentro y fuera de las instalaciones de Ibis de El Salvador,
una empresa con capital mexicano, pero fundada por un salvadoreño
que aprendió en el país de los mariachis cómo confeccionar
las mejores chamarras para Levis.
Él fundó en Aguascalientes la empresa Ibis y al momento
de contar con el apoyo de dicha marca para expandirse y confeccionar
pantalones de lona decició operar en su país de origen
y crear fuentes de empleo para sus compatriotas.
Actualmente, en el área que Ibis ocupa en El Pedregal desde 2001
laboran 900 operarios. Ahorita estamos haciendo un promedio de
85 mil unidades semanales... Este año quisiéramos llegar
a 140 mil unidades semanales, explica Francisco Shuyá,
Gerente de Confección en Ibis de El Salvador.
Para alcanzar esa meta de producción, Ibis proyecta contratar
a 300 personas más para trabajar en los procesos de corte y confección.
Por el momento queremos ser fuerte en la confección del
pantalón, queremos crecer y crear más empleos, agregó
Shuyá.
Representantes de la reconocida marca visitan constantemente las instalaciones
de Ibis para verificar que se esté cumpliendo con los requerimientos
que exigen a sus proveedores en todo el mundo. Estamos bastante
bien, siempre hay pequeñas observaciones, pero siempre estamos
trabajando para que todo esté bien, afirmó el Gerente
de Confección.
El toque final
Una vez que la materia prima que Levis envía desdes Estados Unidos
es transformada en jeans, las unidades son trasladas a Allwash
de El Salvador. Dicha empresa brinda el servicio de lavandería
exclusivamente a la marca Levis y da trabajo a 253 personas en los procesos
de lavado planchado y revisión. En estas instalaciones ocho máquinas
lavadoras son utilizadas para realizar el lavado en piedra y dar a los
jeans el acabado más característico de Levis. Pero así
como la moda cambia constantemente, esta lavandería se prepara
para ofrecer nuevos acabados especiales como el lavado en arena y el
que se realiza con lija de metal.
En diciembre pasado, ambas naves industriales alcanzaron un nivel de
producción de 120 mil unidades semanales, cifra que esperan superar
en los próximos meses para satisfacer la demanda que alcanza
su nivel más alto entre mayo y agosto, antes del regreso a clases
en Estados Unidos.
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DE DESARROLLO
Queremos ser el centro de generación de empleo
A 51
kilómetros de la capital, un grupo de emprendedores ciudadanos
está embarcado
en la tarea de llevar el progreso al municipio de Verapaz. Están
decididos a llevar
la maquila hasta el pueblo, como complemento a la agricultura para generar
empleo.
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El
edil verapasense, Valentín Alfaro, está convencido
de que con la maquila llevará progreso a su municipio.
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Verapaz está enclavada en uno de los valles más
fértiles de El Salvador: el Jiboa. Allí, el empleo no
falta, pero tampoco sobra. Aquí hay empleo, pero es agrícola,
exclusivo para hombres, dice el alcalde Valentín Alfaro.
Por eso, desde hace dos años surgió un sueño en
los verapacenses: tener su propio parque maquilero capaz de generar
más de tres mil fuentes de ingresos para los 7,640 habitantes
de ese municipio vicentino a 51 kilómetros al oriente de San
Salvador.
Alfaro está convencido de que esa es la mejor manera para generar
mayores oportunidades de desarrollo local y para poder enrolarnos,
por decir así, en la globalización.
Está decidido y entusiasta. Pero no tiene prisa. Nosotros
no queremos comenzar a la loca. Es un proyecto que lo traemos desde
hace dos años y hemos venido gestionando a través del
Ministerio de Economía, pero no hemos tenido mayores respuestas,
se queja del que quizás es el único pero en su empeño.
Distinta
Sin embargo, no es una maquila cualquiera. Ni antojadiza. Nosotros,
primero, estamos organizando las bases legales para poder funcionar
con la maquila, habla sin tapujos, como convencido del que sabe
lo que quiere, y como lo quiere.
No teme a las malas interpretaciones, ni a los prejuicios que despierta
esa forma de producción.
Van a hablar de explotación. Explotación hay en
todos lados. Realmente lo que nosotros buscamos no es explotar a la
gente, sino que generar una oportunidad de empleo para nuestra gente,
en las mejores condiciones.
Esta gente va a ser cotizante del Seguro Social, si es despedida va
a ser indemnizada, trataremos de evitar los accidentes profesionales,
etc. nosotros vamos a estar abogando por que eso se cumpla. Nosotros,
como funcionarios, ofrecemos el respaldo para el trabajador, no para
el maquilero, promete el edil.
Por eso, quizás, pretende convertir al pueblo entero en un parque
maquilero, las casas albergarán los haceres de las mujeres verapacenses.
Las naves industriales no tendrán cabida.
Estamos hablando de un proceso más que todo ciudadano,
en donde en una casa se va a hacer cuellos; en la de
enfrente, ojales; en la del vecino, las plantillas, etc..
Y no está solo. Atrás de él está un equipo
de ciudadanos agrupado en la Asociación de Desarrollo Microempresarial
de Verapaz (ADMIVE).
Sin temor
Alfaro es un funcionario atípico. Habla de frente, con plena
razón, consciente de los pro y los contra y no esconde su sentir
sobre los actores que, irremediablemente, aparecerán en su gestión.
No le teme a los sindicatos. Es más, tiene una concepción
que, en labios de un funcionario parecería hasta inverosímil.
Los sindicatos cuando hablando cuando exigen lo hacen con razón,
entonces lo que hay que hacer es ser buen negociador y ponerse en el
zapato del otro. Hay que ceder y conceder, dijo con determinación.
Lo tiene claro. Obstáculos van a ver, pero tenemos la mejor
de las disposiciones, se esperanza.
Y con la oposición no hay resquemores. Yo lo único
que le pido es que me ayude a trabajar, pide.
Además, los verapesenses están conscientes que son uno
solo y que el proyecto municipal le traerá muchos beneficios
en desarrollo local. Van a crecer los pequeños negocios,
habrá más demanda de servicios de comunicación,
de transporte, etc., dicen muchos.
El proyecto no es nuevo. Mejicanos, al norte de San Salvador, ya lo
ejecuta. Los resultados son satisfactorios. Verapaz espera hacerlo luego.
Por lo pronto, 100 máquinas esperan en Apopa listas para ser
enviadas al municipio. Sólo falta la capacitación y un
poco de atención de la cartera de Economía. No se explican
por qué el silencio, aunque conjeturan.
Quizás no nos creen capaces, pero nosotros tenemos mucha
capacidad de generar y de cumplir con metas
Queremos ser el centro
de generación de empleo, dice un optimista Alfaro.
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DE DESARROLLO
El ocaso de un sistema
El
experimento no logró los objetivos deseados. Lo que comenzó
como una estructura
social comunitaria fue caminando, poco a poco, a la individualización.
Los pobladores
tienen una hipótesis del declive: malos manejos financieros.
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Una
desvacijada estructura donde estuvo
la carpintería es testigo de la decadencia
de un modelo de producción que alguna
vez despertó esperanza
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Don Manuel V. habla quedito (suave) para
que no le escuchen. Entre dientes y con la cabeza gacha. Sus ojos tristes
clavados en una vieja cuma que afila con una oxidada lima denotan la
desazón y el desconsuelo de vivir con la pobreza como compañera.
Ellos se han aprovechado de las cosas del pueblo, deja escapar
de entre sus dientes curtidos por el tabaco. Se refiere a los directivos
de la Comunidad Segundo Montes. No se atreve a decir nombres. En
estos tiempos es peligroso, dice y deja escapar la típica
sonrisa del campesino que sabe que uno entiende a lo que se refiere.
Lo único que funciona aquí es para beneficio de
ellos, espeta mientras oprime la cuma contra la banca en la que
está sentado. Da la sensación que en cada queja, en cada
reclamo, se desquita su enojo con el cuchillo.
De todo lo que había en un principio, la única fábrica
que ha quedado es donde trabajan ropa y bolsones. Sólo eso ha
quedado, expresa.
Y sus palabras no están solas. Es el sentir de la mayoría
de los pobladores. Quedito, sin que nadie oiga, mirando
al suelo, escarbando, como buscando el rumbo que perdieron por la desaforada
ambición de algunos.
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La
decadencia y la esperanza
La Comunidad Segundo Montes, en Morazán, vive con los recuerdos
de un pasado próspero. Ahora sólo queda la desazón
y las quejas de sus pobladores.
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ALPENSA
está en paro
La sociedad productora de concentrado decidió, en enero,
parar la producción por la baja en el mercado local.
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Una
sí, otra no
La fábrica de calzado (Izq.) ya no funciona.
Solo la de ropa (Der.) se ha quedado
atendiendo pequeños pedidos.
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Los
esfuerzos
La Fundación Segundo Montes capacita a
las distintas directivas para garantizar su sostenibilidad.
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La
esperanza
La educación es uno de los pilares de la comunidad.
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Viera, aquí ha habido robos de ayudas extranjeras,
acusan sin nombres. No se vaya a ofender, pero como usted sabe,
cuando recibían pisto (dinero), siempre hacían
algo y con un gesto evidente se llevan la mano a la bolsa y enarca
las cejas.
Poco queda ahora de aquel prometedor sistema productivo que emergió
en esa porción de tierra del departamento de Morazán,
a unos 180 kilómetros de San Salvador, donde toda la producción
iba a ser de beneficio para todos, donde todos trabajarían para
la comunidad.
El todos para uno y uno para todos en su esencia. Pero todo eso terminó
en 1994. Hasta el 94 todo eso era galán aquí. Desde
entonces hay grupos de intereses. Hoy cada quien tiene que buscar. Le
dijeron a cada uno que de ahí para acá tenía que
ser sostenible en su área, dice Celia Sáenz mientras
posa su mirada en los sacos de concentrado que acumulan en una bodega
que dirige la asociación que representa.
El éxodo
Quizá no se equivoca. Casi todos los habitantes de esa comunidad
que alberga a unas 1,100 familias sienten nostalgia de aquellos tiempos
cuando aún se sentía el olor a la pólvora por esos
lares. Cuando todos llegaron repatriados de Colomoncagua, Honduras,
en 1990, y se asentaron en el cantón La Joya, Caserío
San Luis, en Morazán.
Entonces la asistencia llegaba a borbotones. Se crearon fábricas
de calzado, de ropa, granjas de cerdos, de pollos, la ganadería
era floreciente, se montaron talleres de oficios, y todo en virtud de
favorecer a la comunidad.
Ahora, del taller de carpintería sólo queda una desvencijada
estructura que poco a poco va cediendo a los embates del tiempo. La
fábrica de calzado cerró. La de ropa funciona pero sólo
para pequeños pedidos, ya casi nadie recuerda que, en sus tiempos
de mayor productividad, llegó a uniformar a la Policía
Nacional Civil.
Del antiguo sistema sólo sobreviven algunas estructuras,
como ellos les llaman. Pero la unión se ha perdido, a pesar de
los esfuerzos denodados de la Fundación Segundo Montes por mantenerla.
En la intimidad, quedito, con miedo, surgen las críticas,
las desazones.
Los remanentes
ALPENSA (Alimentos Pecuarios del Norte Salvadoreño S.A. de C.V.),
Productores Corporados, S.A. de C.V., Asociación Cooperativa
de la Construcción San Luis, S.A. de C.V. La primera dedicada
a la distribución de productos agrícolas, la segunda regenta
la fábrica de ropa y bolsones y la tercera realiza obras de infraestructuras
en todo el país, son las sobrevivientes.
Pero ahora lo hacen bajo las leyes de la libre competencia, del mercado,
y como sociedades privadas. Nada de comunidad. El individualismo le
ganó la batalla a la colectividad. Sin embargo aún hay
esperanza.
La convivencia siempre existe. La crisis nacional ha perjudicado
mucho. Unión siempre existe, si no todos hubiéramos buscado
para el lado que nos conviene. Por lo menos en eso la comunidad responde,
dice una esperanzada Sáenz.
Pero, quiérase o no, hay frutos de aquellos tiempos. La Segundo
Montes es una comunidad de técnicos muy bien capacitados. Carpinterías,
talleres de soldadura, fábricas de materiales de construcción,
sastrerías, panaderías son ahora los medios de sobrevivencia
que, ayudados por las remesas familiares ayudan a llevar la pesada carga
de la pobreza.
Al menos el sistema educativo es satisfactorio. Varias escuelas de educación
básica y parvularia y un instituto nacional muy bien equipado
son testigos y las mejores opciones para los lugareños aledaños.
La comunidad vive de recuerdos de tiempos mejores. Esos que podrían
volver talvez con un poco de ayuda e interés de todos los involucrados
porque, como dice Sáenz, aquí estamos olvidados.
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