13 de junio de 2004


ENTREVISTA

“Es difícil olvidar el genocidio”

Thomas Kamilindi recibió una noticia que le desgarró el corazón
en 1994... Su hija de cinco años, era otra víctima del odio que
ensangrentó a Ruanda. Pese a su dolor, este corresponsal de
la BBC reconoce que “las ong’s y los jueces de derechos humanos
presionan al gobierno y las cosas están mejorando”.
Pero, aún hay tareas pendientes.

Lilian Martínez
vertice@elsalvador.com

Su credencial como testigo del informe de su país ante el Comité de los Derechos del Niño, que se reunió en Ginebra el mes pasado, lo identifica como: “Thomas Kamilindi, BBC”.

Está allí porque es un periodista especializado en el tema, víctima del genocidio en su país y desea enterarse sobre el avance en el cumplimiento de las recomendaciones que hiciera dicho Comité a Ruanda, comenzando por ratificar la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes (CAT), mejorar los mecanismos para prevenir el contagio del VIH de madre a hijo, y la atención a los niños portadores.

Thomas está ahí porque quiere conocer de primera mano cuáles son los compromisos que el gobierno ruandés tendrá que cumplir .

Kamilindi no es un periodista cualquiera. Cubrió para la BBC de Londres el horrible e histórico episodio de su país, pero es a la vez testigo y víctima de ese triste capítulo que mató a acabó la vida de un millón de personas, entre ellas, Igihozo, su hija de cinco años, asesinada hace diez años mientras vacacionaba en la casa de sus abuelos fuera de la ciudad capital.

La muerte de su hija jamás fue investigada y desde entonces reclamó justicia. Esto lo llevó a ser prisionero de la etnia hutus, los asesinos de su hija. Fue sentenciado a muerte, pero el día de su ejecución fue liberado. Camino a casa Thomas no se explicaba cómo siendo él un tutsi (perseguido por los hutus) no lo habían matado. El policía que lo escoltaba le pronosticó: “Tú no te escaparás”.

Promotor de los derechos humanos
Thomas Kamilindi trabaja actualmente para la BBC, pero se autodefine como un “periodista independiente”.

- Nació en Butare, la segunda ciudad más importante de Ruanda después de Kigali, la capital.

- Es un periodista empírico, cursó hasta la secundaria. Se inició en Radio Nacional de Ruanda, luego se entrenó en países como Francia, Kenya y Suiza.

- Tras ser liberado por los hutus por reclamar justicia por el asesinato de su hija, abrió un programa radial en el que promueve el respeto de los derechos humanos a través de testimonios de víctimas.

Volvió a su trabajo de periodista radial y desde entonces es un incansable promotor de la defensa de los derechos humanos en su país. Concibe esta profesión como uno de los trabajos con mayor libertad y con el que puede contribuir a su respeto. “Cada vez que pregunto a las autoridades por qué ésto o cuando hago reportajes de abusos contras esos derechos humanos contribuyo a su respeto”, dijo este periodista en una entrevista con Vértice en la ciudad de Ginebra.

¿Cómo percibe el estado de los derechos humanos en Ruanda?
Los derechos humanos son un gran problema en mi país porque es difícil olvida el genocidio, lo que pasó hace diez años. Tenemos docenas de prisioneros que aún están esperando juicio.Tenemos muchos huérfanos, muchas viudas, y todas esas personas son muy pobres y muchos no van al colegio. Hay un programa gubernamental para ayudarlos, pero no es fácil llegar a todos.
En Ruanda aún tenemos problemas, pero año tras año la situación va mejorando porque las organizaciones de derechos humanos y los jueces de derechos humanos están presionando al gobierno.
Escuché recientemente que alguien quería que otra persona fuera enviada a prisión pero la policía dijo no, no podemos arrestar a alguien porque las organizaciones de derechos humanos dicen que no es bueno mandar a alguien a prisión arbitrariamente. Van mejorando las cosas cada año, pero tenemos muchos problemas de pobreza, con prisiones etcétera.

¿Y cómo analiza el respeto a los derechos de la niñez y las mujeres?
Además de los huérfanos y las viudas que mencioné tenemos problemas con el SIDA, donde las mujeres son el grupo más importante de víctimas. Pero en lo político, las mujeres son bastante fuertes. Representan el 48% de miembros del parlamento.
En Ruanda hay un proceso para promover a la mujer. Con respecto a los niños, hay muchos huérfanos y no van al colegio. Los prisioneros tampoco tienen acceso a la educación y eso es un gran problema.

La guerra que ustedes vivieron trascendió al mundo por sangrienta, ¿en qué se diferencia de otras guerras?
Se diferencia en que el genocidio ha sido cometido por ruandeses contra ruandeses. Se habla el mismo idioma, hay muchos matrimonios entre hutus y tutsis, pero los tutsis fueron las víctimas del genocidio. Así que no sólo fue la guerra civil, sino también un genocidio, donde ruandeses mataron ruandeses. ¡Es increíble!

¿Qué tiene que ver ese conflicto en el hecho que el gobierno ruandés no firme el CAT?
Esa es una cuestión política, pero creo que por ejemplo, en la pena de muerte, es lo mismo, porque vivimos el horror de un gran genocidio. Hay una especie de resistencia en la opinión pública para abolir la pena de muerte.
Darle palizas a alguien es normal en Ruanda, y firmar el CAT, de alguna manera significa dejar atrás esa práctica. Pero hay mucha presión cada vez más fuerte, y estoy optimista de que pronto será firmado.

Ruanda hace diez años

La muerte de un millón de civiles es la cifra que catapultó a Ruanda a los titulares internacionales una década atrás.

Para algunos, todo inició el 7 de abril de 1994, cuando el avión donde viajaba el entonces presidente ruandés Juvenal Habyarimanas y Cyprien Nytaryamira, presidente de Burundi, fue supuestamente derribado por un misil.

Ambos pertenecían a la etnia hutus y su muerte habría iniciado la matanza de miles de tutsis que querían vivir en Ruanda tanto como los hutus. La pesadilla inició...

Armadas con machetes, hordas enfurecidas asesinaron, violaron y mutilaron, dejando por rastro decenas de fosas comunes que serían descubiertas entre 1995 y 1996.

Ruanda fue una colonia de Alemania y luego de Bélgica, antes de proclamarse Estado independiente en 1961. Pero todo inició en el siglo XV, cuando el territorio habitado por hutus y tuas recibió nuevos inquilinos: los tutsis, que llegaban desde Etiopía.

La colonia y las políticas aplicadas luego de la independencia nunca lograron integrar a los ruandeses.

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