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ENTREVISTA
“Es
difícil olvidar el genocidio”
Thomas
Kamilindi recibió una noticia que le desgarró el corazón
en 1994... Su hija de cinco años, era otra víctima del
odio que
ensangrentó a Ruanda. Pese a su dolor, este corresponsal de
la BBC reconoce que “las ong’s y los jueces de derechos
humanos
presionan al gobierno y las cosas están mejorando”.
Pero, aún hay tareas pendientes.

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Su credencial como testigo del informe de su país
ante el Comité de los Derechos del Niño, que se reunió
en Ginebra el mes pasado, lo identifica como: “Thomas Kamilindi,
BBC”.
Está allí porque es un periodista especializado en el
tema, víctima del genocidio en su país y desea enterarse
sobre el avance en el cumplimiento de las recomendaciones que hiciera
dicho Comité a Ruanda, comenzando por ratificar la Convención
contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes
(CAT), mejorar los mecanismos para prevenir el contagio del VIH de madre
a hijo, y la atención a los niños portadores.
Thomas está ahí porque quiere conocer de primera mano
cuáles son los compromisos que el gobierno ruandés tendrá
que cumplir .
Kamilindi no es un periodista cualquiera. Cubrió para la BBC
de Londres el horrible e histórico episodio de su país,
pero es a la vez testigo y víctima de ese triste capítulo
que mató a acabó la vida de un millón de personas,
entre ellas, Igihozo, su hija de cinco años, asesinada hace diez
años mientras vacacionaba en la casa de sus abuelos fuera de
la ciudad capital.
La muerte de su hija jamás fue investigada y desde entonces reclamó
justicia. Esto lo llevó a ser prisionero de la etnia hutus, los
asesinos de su hija. Fue sentenciado a muerte, pero el día de
su ejecución fue liberado. Camino a casa Thomas no se explicaba
cómo siendo él un tutsi (perseguido por los hutus) no
lo habían matado. El policía que lo escoltaba le pronosticó:
“Tú no te escaparás”.
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Promotor
de los derechos humanos
Thomas Kamilindi trabaja actualmente para la BBC, pero se autodefine
como un “periodista independiente”.
- Nació en Butare, la segunda ciudad más importante
de Ruanda después de Kigali, la capital.
- Es un periodista empírico, cursó hasta la secundaria.
Se inició en Radio Nacional de Ruanda, luego se entrenó
en países como Francia, Kenya y Suiza.
- Tras ser liberado por los hutus por reclamar justicia por el asesinato
de su hija, abrió un programa radial en el que promueve el
respeto de los derechos humanos a través de testimonios de
víctimas. |
Volvió a su trabajo de periodista radial y desde
entonces es un incansable promotor de la defensa de los derechos humanos
en su país. Concibe esta profesión como uno de los trabajos
con mayor libertad y con el que puede contribuir a su respeto. “Cada
vez que pregunto a las autoridades por qué ésto o cuando
hago reportajes de abusos contras esos derechos humanos contribuyo a
su respeto”, dijo este periodista en una entrevista con Vértice
en la ciudad de Ginebra.
¿Cómo percibe el estado de los derechos humanos
en Ruanda?
Los derechos humanos son un gran problema en mi país porque es
difícil olvida el genocidio, lo que pasó hace diez años.
Tenemos docenas de prisioneros que aún están esperando
juicio.Tenemos muchos huérfanos, muchas viudas, y todas esas
personas son muy pobres y muchos no van al colegio. Hay un programa
gubernamental para ayudarlos, pero no es fácil llegar a todos.
En Ruanda aún tenemos problemas, pero año tras año
la situación va mejorando porque las organizaciones de derechos
humanos y los jueces de derechos humanos están presionando al
gobierno.
Escuché recientemente que alguien quería que otra persona
fuera enviada a prisión pero la policía dijo no, no podemos
arrestar a alguien porque las organizaciones de derechos humanos dicen
que no es bueno mandar a alguien a prisión arbitrariamente. Van
mejorando las cosas cada año, pero tenemos muchos problemas de
pobreza, con prisiones etcétera.
¿Y cómo analiza el respeto a los derechos
de la niñez y las mujeres?
Además de los huérfanos y las viudas que mencioné
tenemos problemas con el SIDA, donde las mujeres son el grupo más
importante de víctimas. Pero en lo político, las mujeres
son bastante fuertes. Representan el 48% de miembros del parlamento.
En Ruanda hay un proceso para promover a la mujer. Con respecto a los
niños, hay muchos huérfanos y no van al colegio. Los prisioneros
tampoco tienen acceso a la educación y eso es un gran problema.
La guerra que ustedes vivieron trascendió al mundo
por sangrienta, ¿en qué se diferencia de otras guerras?
Se diferencia en que el genocidio ha sido cometido por ruandeses contra
ruandeses. Se habla el mismo idioma, hay muchos matrimonios entre hutus
y tutsis, pero los tutsis fueron las víctimas del genocidio.
Así que no sólo fue la guerra civil, sino también
un genocidio, donde ruandeses mataron ruandeses. ¡Es increíble!
¿Qué tiene que ver ese conflicto en el hecho
que el gobierno ruandés no firme el CAT?
Esa es una cuestión política, pero creo que por ejemplo,
en la pena de muerte, es lo mismo, porque vivimos el horror de un gran
genocidio. Hay una especie de resistencia en la opinión pública
para abolir la pena de muerte.
Darle palizas a alguien es normal en Ruanda, y firmar el CAT, de alguna
manera significa dejar atrás esa práctica. Pero hay mucha
presión cada vez más fuerte, y estoy optimista de que
pronto será firmado.
Ruanda
hace diez años
La
muerte de un millón de civiles es la cifra que catapultó
a Ruanda a los titulares internacionales una década atrás.
Para algunos, todo inició el 7 de abril de 1994, cuando el
avión donde viajaba el entonces presidente ruandés
Juvenal Habyarimanas y Cyprien Nytaryamira, presidente de Burundi,
fue supuestamente derribado por un misil.
Ambos pertenecían a la etnia hutus y su muerte habría
iniciado la matanza de miles de tutsis que querían vivir
en Ruanda tanto como los hutus. La pesadilla inició...
Armadas con machetes, hordas enfurecidas asesinaron, violaron y
mutilaron, dejando por rastro decenas de fosas comunes que serían
descubiertas entre 1995 y 1996.
Ruanda fue una colonia de Alemania y luego de Bélgica, antes
de proclamarse Estado independiente en 1961. Pero todo inició
en el siglo XV, cuando el territorio habitado por hutus y tuas recibió
nuevos inquilinos: los tutsis, que llegaban desde Etiopía.
La colonia y las políticas aplicadas luego de la independencia
nunca lograron integrar a los ruandeses. |
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